Artes visuales y exposiciones

Dalí y el cráneo de Beethoven

Juan Carlos Tellechea

viernes, 13 de marzo de 2020
Medalla de Beethoven © 1985 by Salvador Dalí

El dibujo a plumilla, titulado Beethoven's cranium, en el que Salvador Dalí fijaba en 1940 una impresión inolvidable recibida en su juventud, mide tan solo 27, 5 x 20,5 cm y es mostrado en estos meses (desde el 16 de febrero al 16 de agosto) en la exposición Salvador Dalí-Hans Arp, Die Geburt der Erinnerung (El nacimiento de la memoria) del Museo Arp de Rolandseck, Remagen (30 kilómetros al sureste de Bonn).

El notable catálogo de 180 páginas de la muestra, de la editorial Strezelecki-Books de Colonia, es un dechado de moderna creación artística gráfica, no solo por sus ilustraciones, sino por la diagramación y composición de los interesantes artículos aportados al tema por los especialistas de la exhibición, entre ellos el director del Museo, el historiador de arte Oliver Kornhoff. Esas innovadoras técnicas gráficas y de impresión empleadas por la casa Strzelecki son las que hacen más atractiva aún la pormenorizada lectura de la publicación, digna de una antología poética.

Uno de esos textos, Salvador Dalí y la música, es de la autoría del musicólogo de la Universidad Johannes Gutenberg de Mainz, profesor Dr. Karl Böhmer, director científico de la renombrada institución cultural Villa Musica de esa ciudad (capital del Estado federado de Renania-Palatinado) que promueve los conciertos que se celebran en el Museo Arp durante este Bicentenario del nacimiento de Beethoven.

La cabeza de Beethoven, escribe Böhmer, les parecía a Salvador Dalí y a su amigo, el violonchelista Ricard Pichot, como un nubarrón sobre el paisaje de su tierra. Beethoven's Cranium (Beethovens Schädel) reza el título autógrafo de ese dibujo que sirvió de ilustración para la primera edición de su autobiografía The Secret Life of Salvador Dalí.

De aquella impresión visual de su juventud Dalí no se liberaría jamás y le duraría toda la vida, porque se trataba de una aparición tempestuosa. Algo similar le ocurriría a Beethoven en sus años juveniles, afirma Böhmer, cuando la condesa Hortensia von Hatzfeld cantaba en el concierto de la corte de Bonn la escena de Elettra, del primer acto de Idomeneo de Wolfgang Amadé Mozart, el excitado recitativo Estinto é Idomeneo y el aria en re menor Tutte nel cor vi sento / Furie del crudo Averno que pasa fluidamente al primer borrascoso coro de la ópera. El joven Beethoven y su amigo Anton Reicha no pudieron olvidar durante semanas la impresión recibida entonces.

(…) Esa condesa tenía una voz tan bella y cantaba con tanta alma que electrizaba a todo el mundo. (…), escribiría tiempo después Reicha al evocar y subrayar aquella (…) impresión que nunca olvidaré.

La impresión que dejó la imagen de la cabeza con abundante cabellera de Beethoven sobre el joven Dalí, es comparable con aquella tempestuosa aria de Mozart que se grabaría en los sueños del compositor. El poder de la memoria tuvo efectos contundentes en ambos genios por igual. Mientras que en Beethoven generó sonidos revolucionarios que continuarían expandiendo el camino del Idomeneo de Mozart en el futuro musical, la testa de Beethoven sería para Dalí exclusivamente una impresion visual. La enorme frente de pensador con los cabellos desordenados se convertirían para el artista español en el arquetipo del genio que inventa el futuro.

En 1973 Dalí llevaría por segunda vez a Beethoven a otra obra sobre papel. En gran formato y pintada la cabeza con tinta de calamar, se le ve de frente y con expresión autoritaria. Al pequeño dibujo de l940 le seguiría este de gran tamaño que se convertiría en un icono de la receptividad de Beethoven en los tiempos actuales.

Sin embargo, Beethoven no era el compositor predilecto de Dalí. En vista de la notoria desconfianza con que enfrentaba toda aspiración artística de la música, su aproximación a este género se realizaba a través del teatro y del cine. Se sentía más unido a Richard Wagner. En su análisis de Être Dieu (1985), opéra-poème, audiovisuel et cathare en six parties con libreto de Dalí y música de Igor Wakhévitch, Böhmer remite al prestigioso filólogo Adrian La Salvia quien demostró la importancia central de Wagner en la obra de Dalí en su artículo El pulpo con aspecto sedoso (2005).

Cuando fue estrenado en París en 1929 el filme mudo Un chien andalou, de Luis Buñuel, con guión suyo y de Dalí, el acompañamiento musical de la cinta se hacía con un gramófono instalado detrás de la pantalla que tocaba alternativamente música de Wagner (Tristán e Isolda) y tangos argentinos. Cuando estaba por morir Dalí 60 años después en Figueres escuchaba en sus últimos instantes de vida el aria final Isoldes Liebestod...

Mild und leise

wie er lächelt,

wie das Auge

hold eröffnet

seht ihr's, Freunde?

Seht ihr's nicht?

Immer lichter

wie er leuchtet,

Stern-umstrahlt

hoch sich hebt?

Seht ihr's nicht?

Wie das Herz ihm

mutig, schwillt,

voll und hehr

in Busen ihm quillt.

Wie den Lippen,

wonnig mild,

süßer Atem sanft entweht:

Freunde! Seht!

Fühlt und seht ihr's nicht?

Höre ich nur

diese Weise,

die so wunder voll und leise,

Wonne klagend,

alles sagend,

mild versöhnend

aus ihm tönend,

in mich dringet, auf sich schwinget,

hold erhallend, um mich klinget?

Heller schallend, mich umwallend,

sind es Wellen sanfter Lüfte?

Sind es Wogen wonniger Düfte?

Wie sie schwellen, mich umrauschen,

soll ich atmen,

soll ich lauschen?

Soll ich schlürfen, untertauchen?

Süß in Düften mich verhauchen?

In dem wogenden Schwall

in dem tönendem Schall,

in des Weltatems

wehendem All -

ertrinken,

versinken,

unbewußt -

höchste Lust!

Así podría interpretarse también la vida de Dalí, marcada por Wagner, a quien profesaba constantemente gran admiración, apunta La Salvia. Esto se corresponde con su clara afirmación en favor de la música ruidosa, la única capaz de estimularlo: como no tengo oído musical me sirvo con placer del ruido de la música a todo volumen y visceral que se adecúa en consecuencia al heroísmo y a mi trabajo. también heroico, admitiría Dalí.

La palabra clave heroico tiende un puente hacia Beethoven. El estilo heroico del período creativo medio de Beethoven (1802-1814) es y seguirá siendo el mensaje central del genio de Bonn en la consciencia de la mayoría de los oyentes, desde la Tercera a la Séptima Sinfonía. En los dibujos de Dalí es precisamente esa impresión del heroico Beethoven la que caracterizará su estilo. Más intensas aún serán, sin embargo, las relaciones creativas con Wagner. Con el maestro de Bayreuth comparte la autoestilización como héroe del arte verdadero, en una época marcada por las ideas inanimadas del tecnicismo.

Si Dalí se hubiera ocupado intensamente de Beethoven, principalmente con sus extractos filosóficos y religiosos, conceptos subyacentes en sus posteriores cuartetos de cueda, no habría llegado a la conclusión de que la música es solo una eyaculación sentimental que no puede reproducir el pensamiento del ser humano. No hay que tomar al pie de la letra cada una de esas boberías, toda vez que la creación de Dalí expresa algo muy diferente, señala Böhmer.

La profesora agregada de musicología Caroline Barbier de Reulle (Salvador Dalí et les échecs), mencionada asimismo por el autor del artículo, apunta que Salvador Dalí afirmaba una y otra vez que despreciaba la música. Sin embargo las referencias a ese arte están omnipresentes en su creación, aunque en los más diferentes dominios: la pintura, el dibujo, la escultura, el ballet, los happenings, la fotografía y los escritos. La disonancia entre la palabra y la obra está en el centro de mi disertación, confesaría por último Dalí.

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