Portugal

Casa da Música: ciudad global

Paco Yáñez

lunes, 16 de marzo de 2020
Oporto, sábado, 7 de marzo de 2020. Casa da Música. Jocelyn B. Smith, mezzosoprano. David Moss, voz y percusión. Orquestra Sinfónica do Porto Casa da Música. Worten Digitópia, electrónica. Heiner Goebbels, concepción escénica y diseño de luces. Peter Rundel, director. Heiner Goebbels: Surrogate Cities. Ocupación: 85%.
Heiner Goebbels © 2020 by Paco Yáñez

Dentro de este año dedicado (por segunda vez, la primera lo fue en 2012) a Francia como país-tema en Casa da Música (un año que tendrá como flamantes compositores y artistas en residencia a Philippe Manoury, Pierre-Laurent Aimard y Nuno Lobo), destacamos hoy un interesantísimo ciclo de conciertos que, bajo el título Olhai os líricos da cidade, se hubiese desarrollado del 7 al 21 de marzo en Oporto, si bien en el momento de escribir esta reseña hemos recibido de Casa da Música la notificación de que, por motivo de la pandemia del coronavirus, tanto este ciclo (con excepción de su primer concierto, ya celebrado) como sus actividades musicales se suspenden hasta el próximo 3 de abril.

Queremos dejar constancia, en todo caso, de que Olhai os líricos da cidade nos invitaba a conocer un buen número de ejemplos de cómo la música ha reflexionado sobre la ciudad desde muy diversas perspectivas: de lo puramente arquitectónico a lo más espiritual, adentrándonos, de la mano de las agrupaciones residentes en el auditorio portuense, en los trasuntos musicales de urbes como Oxford, Basilea, Praga, Tokio, o Nueva York para empaparnos no sólo de la abigarrada multiculturalidad que se respira en las metrópolis del presente, cuyas plazas y avenidas musicales nos hubiesen dado a conocer, entre otros, John Adams, Tristan Murail, Philippe Manoury, o Bruno Mantovani, sino en las más uniformes ciudades del pasado, musicalizadas por algunos de sus más ilustres paseantes, como Joseph Haydn, Wolfgang Amadè Mozart, o Ígor Stravinski.

Sin embargo, la jornada de apertura de Olhai os líricos da cidade no nos emplazaba en ninguna ciudad en concreto, a pesar de que la partitura que, monográficamente, capitalizaba este concierto del 7 de marzo fue un encargo de la Alte Oper de Fráncfort para celebrar tanto el vigésimo aniversario de la Junge Deutsche Philharmonie como los venerables mil doscientos años que en 1994 cumplía la ciudad del Meno. Nos referimos a Surrogate Cities (1994), obra para voz, mezzosoprano, electrónica y orquesta del artista, director de escena y compositor alemán Heiner Goebbels (Neustadt an der Weinstraße, 1952), una de las figuras más poliédricas, iconoclastas y transculturales de la música europea actual. La interpretación en vivo de Surrogate Cities es, de por sí, un acontecimiento, y como tal lo hemos vivido en Oporto en lo que constituyó el estreno en la península ibérica de la obra, movilizándose para tal evento un importante contingente de recursos del auditorio luso para alcanzar unos resultados que, adelantémoslo, han sido deslumbrantes, propiciando una velada que quedará para el recuerdo entre las más importantes de (las muchas que acumula ya) Casa da Música.

Conocía únicamente Surrogate Cities a través del disco publicado en el año 2000 por ECM (1688), con registros efectuados en 1996 y 1999 con Peter Rundel al frente, titular del Remix Ensemble que hoy dirigía a la Orquestra Sinfónica do Porto para dar varias vueltas de tuerca a una partitura que conoce al dedillo, pues no sólo se trata de la batuta que estrenó la partitura en Fráncfort, sino del director que más veces la ha dirigido (en quince ocasiones): algo que se nota en la más redonda lectura de tan compleja propuesta como la que hemos escuchado en Oporto, más impactante que la del propio disco de ECM. En todo caso, no debemos hablar de una única Surrogate Cities, pues Heiner Goebbels ha construido su partitura como un ensamblaje modular que puede cambiar su configuración en cada concierto, así como programar sus partes autónomamente. De este modo, tendríamos que referirnos a Surrogate Cities, versión Porto 2020, y lo haríamos con pleno derecho, pues el propio Goebbels estuvo durante la semana previa al concierto en Casa da Música para ajustar la forma final de Surrogate Cities que disfrutamos el pasado 7 de marzo, a nivel de estructura musical, a nivel interpretativo y a nivel escénico, ya que fue Heiner Goebbels quien diseñó la impresionante dramaturgia lumínica que ha realzado su propia música, en un despliegue escenográfico que diría sin precedentes en Casa da Música.

Primera partitura orquestal de Heiner Goebbels, Surrogate Cities fue, también, el centro de la mesa redonda a la que antes del concierto nos invitó Casa da Música, y en la que participaron Heiner Goebbels, Peter Rundel y el director artístico del auditorio portuense, António Jorge Pacheco, volviendo a demostrar con sus aportaciones al debate que la excelente programación que nos ofrece este auditorio es fruto de un conocimiento de la música histórica y actual como el que sus intervenciones han puesto sobre la mesa, pues no sólo nos ha movido a la reflexión en lo que a Surrogate Cities se refiere, sino sobre la propia institución orquestal y su habitual condición museística, tan anquilosada con respecto a la potenciación de la creación musical de nuestro tiempo, así como condicionada por rutinas enquistadas que limitan sobremanera la flexibilidad y la renovación que deberían presidir la música del siglo XXI.

De hecho, Heiner Goebbels reconoció que han sido muchas las ocasiones en las que ha rechazado encargos orquestales, por la exigua y anecdótica duración que le proponían, o por la dinámica de estreno-y-abandono que suele caracterizar a la programación de nuevas partituras por parte de las orquestas. Otra de las figuras sobre las que se conversó fue la del director, apuntando Goebbels que, aunque guarda buenos recuerdos de ilustres maestros como Herbert von Karajan o Sergiu Celibidache, es ésta una figura que centra en demasía la atención en la música culta occidental, abriendo la posibilidad de que Surrogate Cities se interprete sin director, pues daría lugar a un mayor diálogo y a un trabajo comunitario entre los músicos: proceso que, en cierto modo, se acerca más al sentido de la propia partitura como construcción de la ciudad desde diversos enfoques y perspectivas, cambiantes según el tiempo y el espacio.

Y es que Surrogate Cities no se refiere a ninguna ciudad específica, sino que construye su arquitectura musical por medio de diferentes experiencias acústicas vividas por el propio Goebbels en varias urbes del mundo, empapándose de su ambivalencia: vivencias que condicionarán esa estructura modular e intercambiable de la partitura (de hecho, Goebbels nos comentó que ha estado presente en prácticamente todas las interpretaciones de la obra, ajustando cada ejecución en función de cada ciudad, sus experiencias en ella y las posibilidades interpretativas que ofrecía cada orquesta y auditorio). Es por ello que Peter Rundel afirmó que Surrogate Cities es, más que una pieza orquestal o un concierto, una «experiencia para la imaginación», una invitación para abrir nuestras ventanas como músicos y público, conectando con diversas ciudades y culturas: topología acústico-multicultural que cuenta en el catálogo de Heiner Goebbels con ejemplos esplendorosos que ya han visitado las páginas de mundoclasico.com, como Landschaft mit entfernten Verwandten (2002): otra impresionante vivencia de la diversidad del mundo actual. Las palabras de Goebbels en Oporto en ello han incidido, pues reconoció que cree profundamente en las experiencias artísticas y en el intercambio de cada individuo con el mundo que lo rodea: experiencias que le pueden cambiar a uno la mirada, la vida y el propio futuro, tanto individual como colectivo; destacando la importancia de encontrarse con lo desconocido en el arte, con aquello para lo cual, incluso, carecemos de nombre, trascendiendo las categorías en las que asentamos nuestra comodidad intelectual, lo que nos abre a la novedad y a nuestra propia reinvención.

Todo ello converge, así pues, en Surrogate Cities, una obra que en Casa da Música conoció el espacio arquitectónico más reciente -según afirma Heiner Goebbels en las notas al programa- de en cuantos hasta ahora ha sido interpretada. El auditorio diseñado por Rem Koolhaas es, en sí mismo y como la propia partitura, un espacio abierto a la ciudad; en esta ocasión, a una Plaza de Boavista que pudimos ver mientras contemplamos, al entrar a la Sala Suggia, la particular disposición de una OSPCM que contaba sobre la tribuna posterior al escenario con una plataforma elevada en la que se ubicaban cinco percusionistas con un ingente efectivo instrumental que, sumado a los timbales, hacen de la percusión una de las secciones orquestales con más peso en Surrogate Cities (a lo que hemos de añadir los numerosos efectos percusivos en otras familias instrumentales, así como en la electrónica). Ahora bien, al comenzar esta interpretación portuense fue bajado el telón para desubicarnos de la propia Oporto y conducirnos a un espacio puramente urbanístico-musical, que es el que Goebbels construye en Surrogate Cities: estas ciudades utópicas en las que las contradicciones y los conflictos, pero, también, las muchas posibilidades de las metrópolis modernas, se hacen música, sin obviar los ecos del ayer, que se infiltran en la partitura, ya desde la electrónica, ya a través de los ecos de la música histórica que escuchamos en varias de sus partes (especialmente, en Samplersuite).

Precisamente, la versión discográfica antes mencionada de Surrogate Cities comienza con Samplersuite, si bien en Casa da Música Heiner Goebbels y Peter Rundel decidieron empezar por D&C: pieza para gran orquesta que es definida por su creador como «una construcción acústica», así como la espina dorsal de una ciudad, con sus ángulos, pilares, paredes y fachadas. A ello le sumamos, según Peter Rundel, el que D&C es, asimismo, un retrato de la orquesta, como topología, medioambiente y sociedad; una orquesta aquí inspeccionada por Goebbels al modo de un arqueólogo que rebusca en sus sucesivos estratos históricos vestigios de diferentes épocas, firmemente asentados en las dos notas que dan nombre a este movimiento, D (re) y C (do), a partir de las cuales se lanza la orquesta a sucesivas variaciones desde un poderoso motivo de apertura cuya estupenda ejecución por parte de la OSPCM nos puso sobre aviso de que la cosa iba esta tarde muy en serio y de que la lectura portuense de Surrogate Cities prometía fuertes emociones desde su comienzo (en paralelo al súbito encendido de las luces, acompañando con su fogonazo al que los instrumentos lanzaron desde la orquesta, así como a la bajada del telón posterior de la Sala Suggia para desubicarnos geográficamente).

La dilatada experiencia de Heiner Goebbels como escenógrafo le permitió jugar con las luces haciendo de lo lumínico (en formas, cromatismos e intensidades) una suerte de partitura visual paralela a la musical, según los distintos ritmos, armonías, o caracteres acústicos de esta ciudad que D&C iba desvelando. De este modo, y por tomar un ejemplo, los compases de flauta y vientos expuestos en motivos microtonales cercanos a lo espectral fueron acompañados por Goebbels de una bella gradación de azules que, si bien no han sido de orden sinestésico a lo largo de toda la obra, en algunos momentos sí equilibraban la escala cromática en lo musical con su correspondiente paleta visual. Es éste un buen ejemplo de las muchas sutilezas que la OSPCM ha ofrecido esta tarde en Oporto, si bien destacaría la enorme fuerza y agresividad que Rundel ha imprimido a su orquesta en D&C, con una mención especial para unos metales graves inmensos, atacando la partitura con un sentido muy percusivo, cual si cada nota requiriese de un staccato para acentuar su articulación y violencia, lo pujante de un motivo que, progresivamente, se convierte en destructor de las muchas capas que Goebbels teje en este movimiento, entre cuyos estratos las cuerdas parecen remedar la obsesión de las metrópolis por la construcción y la horizontalidad: expansión que la mayor verticalidad de los metales desbarata periódicamente con unos trombones y una tuba principal que me han parecido en estado de gracia.

Aún impresionados por la furibunda lectura de D&C, la segunda parte de Surrogate Cities interpretada en Casa da Música fue In the Country of Last Things (mientras que en el disco de ECM lo son las Drei Horatier Songs). Nos encontramos aquí con el primero de los textos que Heiner Goebbels ha insertado en Surrogate Cities, proveniente de uno de los narradores de las metrópolis contemporáneas más leídos hoy en día, Paul Auster, cuya novela In the Country of Last Things (1987) da nombre a este segundo movimiento. Es por ello que escuchamos aquí por primera vez a un extraordinario David Moss que lee con cierta distancia un pasaje de la novela de Auster, añadiendo puntuales efectos guturales que adelantan el deslumbrante ejercicio de creatividad vocal que Moss (intérprete del estreno y de la versión discográfica de ECM) realizaría en la tercera parte de Surrogate Cities. Antes de llegar a ésta, destacar la estupenda lectura de la OSPCM en In the Country of Last Things, un movimiento más contenido y sereno, sin mayores alardes en la escritura instrumental y con un cierto regusto norteamericano que escucharemos en distintos momentos de la obra: parte de esa fascinación que numerosos creadores alemanes de la segunda posguerra han experimentado por las metrópolis estadounidenses, con sus brillos y contradicciones (pensemos en las paradigmáticas, al respecto, películas de Wim Wenders rodadas en los Estados Unidos). En este segundo movimiento, además de la gran lectura de David Moss, hay que destacar a la cuerda de la OSPCM, tan densa y oscura, así como los destellos de la mezzosoprano neoyorquina Jocelyn B. Smith (también presente en el registro discográfico de ECM), redondeando un elenco vocal de lujo.

Como tercera parte de Surrogate Cities, escuchamos en Oporto Die Faust im Wappen (movimiento que no se recoge en el disco de ECM), página para voz y orquesta libremente basada en Das Stadtwappen (c.1920), relato de Franz Kafka que da lugar a una histriónica improvisación por parte de David Moss en la ha hecho patente su amplia experiencia en el terreno de la música contemporánea, incluidas páginas de supina dificultad vocal, como la xenakiana Aïs (1980). Al igual que en Aïs, en Die Faust im Wappen se producen continuos contrastes de lo más extremo entre diversos estados anímicos, convertidos por David Moss en una hiperactividad vocal que comprende desde palabras quebradas a efectos guturales, carcajadas, gritos y todo un larguísimo reguero de técnicas extendidas cuya impresionante exposición hemos de contar entre lo mejor de este concierto. Además, el propio Moss se hace cargo de un pequeño set de percusión que, con cajas y hi-hats, acompaña rítmicamente los momentos más delirantes de su ejecución vocal, aportando un sonido propio del rock a esta acumulación de estilos musicales que, en su conjunto, es Surrogate Cities. En este episodio kafkiano, soberbiamente acompañado por una OSPCM que ha concedido todo el protagonismo a un David Moss que ha dejado boquiabierto al público (incluido a quien estas líneas firma), Goebbels ha jugado con la gran pantalla acústica dispuesta sobre el escenario de la Sala Suggia, haciéndola bajar al tiempo que activaba numerosas luces en la propia pantalla y en los contornos de la sala para acusar la violencia implícita a este movimiento, con su delirante frenesí, rubricando uno de los puntos verdaderamente álgidos del concierto.

La cuarta y más extensa parte de Surrogate Cities fue esta tarde Samplersuite (en el disco de ECM la cuarta parte es Surrogate): esa gran invitación a escuchar los rastros de la historia en el presente, incluidas las presencias de Scarlatti y Bach, de los viejos gramófonos, o de los cantos judíos antiguos; pero, también, ruidos pregrabados de ciudades contemporáneas como Berlín, Nueva York, Tokio, o San Petersburgo que la electrónica infiltra en la escena haciendo ambigua su presencia, pues se espejea con la de la propia orquesta: ambivalencia que es una de las señas de identidad de los hologramas acústicos que Heiner Goebbels eleva en Samplersuite para mostrar las verticalidades históricas de la ciudad, con su cata en el palimpsesto histórico de sus músicas superpuestas. A pesar de los títulos de las diez secciones que componen Samplersuite (esta tarde interpretada con la siguiente secuencia -que vuelve a diferir de la seguida en ECM-: 'Sarabande/N-touch', 'Allemande/Les ruines', 'Courante', 'Gigue', 'Bourrée/Wildcar', 'Passacaglia', 'Chaconne/Kantorloops', 'Menuett/L'ingénieur', 'Gavotte/N-touch Remix' y 'Air'), no estamos, como afirma Peter Rundel, ante las estructuras barrocas que los títulos de cada pasaje nos podrían sugerir, si bien cada una de las diez secciones tiene en común con una suite antigua su fuerte pulsión rítmica, así como la importancia de lo concertante, funcionando la orquesta, en diversos momentos, cual concerto grosso. Dicha forma se alimenta y amplía por la saturación de fuentes literarias y musicales insertadas por Goebbels en esta Samplersuite, con textos de Quintiliano, Sigmund Freud, Edmond Jabès y Karlheinz Stierle; además de grabaciones en forma de samples de la David Moss Dense Band, Xavier García, Joseph Schmidt, Ben Zion Kapov-Kagan, David Moshe Steinberg, Yehoshua Wieder, Gershon Sirota, Samuel Vigoda, Entouch, Third Person, Otomo Yoshifide...

...con tal profusión de fuentes interactuando (perfecto trasunto de las ciudades actuales), Samplersuite se convierte en la parte más abigarrada y compleja, musicalmente hablando, de Surrogate Cities, como esta tarde Peter Rundel ha dejado claro al frente de la OSPCM. Incluso, el hecho de haber bajado la pantalla acústica como Goebbels lo ha hecho, ha cambiado la proyección de la orquesta, más directa en Samplersuite, lo que enfatiza, ya desde la inicial 'Sarabande/N-touch', la violencia de las percusiones, con sus golpeos de haces de madera contra las membranas: de tal contundencia, que fragmentos de los palos salían despedidos al rebotar en los bombos. Pero no todo en Samplersuite es violencia y agresividad, con pasajes en los que la OSPCM tiene la posibilidad de que sus solistas vayan destacando en sus respectivos solos. Entre estos, hemos de mencionar al concertino Álvaro Pereira, así como a Jonathan Ayerst (pianista del Remix Ensemble) en el sintetizador: instrumento en el que se han fundido tanto dejes ancestrales barroquizantes, como ecos de la electrónica primitiva. Los espejeos e intercambios entre sintetizador y orquesta han estado hoy muy finos, superponiéndose y confundiéndose en línea con la idea de ambigüedad que Heiner Goebbels pretende construir en estas metrópolis utópicas y mestizas que se entrecruzan en Surrogate Cities, hablándonos (como la infinita potencialidad de la música de Johann Sebastian Bach) de lo universal en lo local. Por ello, la estructura polifónica adquiere aquí una nueva dimensión, respondiendo a ello la OSPCM de forma primorosa, tanto técnica como estructural y estilísticamente: algo para lo cual se intuye crucial el trabajo de Peter Rundel en los ensayos previos con la orquesta.

La elevación de la pantalla acústica, en un movimiento que, unido a los cambios de luces, parece propio de una escena de ciencia ficción, ha dotado de más amplitud al sonido de la orquesta, si bien en los compases subsiguientes ha primado el bello interludio de piano en el que Paulo Álvares ha creado un momento de profunda belleza y poesía, muy recogido y sensible, así como repleto de ecos antiguos: pasaje que marca un fortísimo contraste con los sucesivos episodios dominados por la electrónica y una percusión nuevamente violenta. Otra sección esta tarde muy destacada ha sido la de contrabajos, que hemos de aplaudir especialmente en 'Chaconne/Kantorloops', así como a arpa, a contrafagot (estupendas resonancias en el registro grave), o a la cuerda en un marcadísimo pizzicato. En la tumultuosa construcción de las partes más abigarradas de esta vasta polifonía orquestal, los asomos de voces y sonidos pregrabados en la electrónica se infiltran en la OSPCM de forma muy sutil, pareciendo que, por momentos, aullaran voces y fantasmas en el seno de la orquesta, por la idónea ubicación y direccionalidad de los altavoces, y aquí es de recibo felicitar el enorme trabajo de Worten Digitópia: el servicio de producción electrónica de Casa da Música. Por momentos es tal la prolija heterogeneidad de 'Chaconne/Kantorloops', que la OSPCM parece lanzada a un concierto para orquesta en el que instrumentos como los metales o el piano cobran gran protagonismo, viajando estilísticamente desde un lirismo postromántico a ecos de la música árabe. De la final liviandad destilada en 'Chaconne/Kantorloops' pasamos, en 'Menuett/L'ingénieur', a lo mecánico, con un gran trabajo de los vientos simulando texturas y una percusión que parece una fábrica musical: todo ello de forma tan febril como impactante; un impacto que se acrecienta en 'Gavotte/N-touch Remix' por los ecos reconstruidos de la 'Sarabande/N-touch' y su furibunda percusión. Por último, 'Air' materializa su título en la orquesta por medio del viento-madera, así como de la percusión más reverberante y etérea: la de la marimba, los tam-tams, o las campanas, junto con el propio aire en la electrónica: todo ello conformando un paisaje aéreo que va volatilizando una Samplersuite para el recuerdo por la excelencia con la que Peter Rundel y sus músicos han creado este inmenso fresco urbanístico, histórico y musical.

Tras la -aproximadamente- media hora que duró Samplersuite, escuchamos, como quinta parte, las Drei Horatier Songs (en el registro de ECM la quinta -y última sección- es In the Country of Last Things). Como en D&C, una inmensa masa orquestal y un gran fogonazo de luz nos conducen a estas tres canciones que se han convertido en uno de los pasajes más célebres y autónomamente interpretados de Surrogate Cities. La referencia textual proviene aquí del inolvidable Heiner Müller (dramaturgo que tantas partituras contemporáneas ha inspirado: de Wolfgang Rihm a Georges Aperghis -cuyo Die Hamletmaschine-oratorio (1999-2000) que esperamos escuchar en Casa da Música el próximo 13 de junio). Con los textos reunidos en Der Horatier (1977), Müller y Goebbels evocan las luchas fratricidas en la antigua Roma, apuntando Peter Rundel que este movimiento presenta un carácter diferenciado por referirse a hechos históricos concretos, eludiendo la mayor ambigüedad o referencias superpuestas de otras partes de la obra, para enfocar aquí cómo asimilamos los crímenes del pasado y los ríos de sangre sobre los que la civilización occidental se ha construido (y construye). Es por ello ese ambiente que Rundel califica de operístico, si bien vuelven a proliferar ecos de la música norteamericana (como el blues), lo que justifica si cabe, aún más, la presencia en estas tres canciones de una maravillosa Jocelyn B. Smith que igualmente se hacía cargo de las Drei Horatier Songs en el disco de ECM, pudiendo afirmar que, hoy en día, es la principal intérprete de Surrogate Cities en sus partes para mezzosoprano.

Si bien otras lecturas de estas Drei Horatier Songs las había encontrado un tanto efectistas, en Oporto han sonado perfectas en su equilibrio entre emoción y distancia histórica; en gran medida, por el tan aquilatado canto de Jocelyn B. Smith, de una sensibilidad y un oscuro color que no admiten discusión. En la primera canción, Rome and Alba, hay que destacar, de nuevo, a los metales y a los contrabajos de la OSPCM, ambos muy marcados en su articulación, con un punto percusivo muy interesante, por las referencias bélicas que comporta el texto. En la segunda canción, So that the Blood dropped to the Earth, destaca el acompañamiento prosódico que la orquesta ha realizado del canto, respirando los versos OSPCM y Jocelyn B. Smith en un mismo pulso, perfectamente acoplados. Dentro de esta bella fusión vocal-instrumental, señalar la individualización de las percusiones, incluidas thunder sheets y bidón de gasolina, así como a la propia mezzosoprano neoyorquina, cuyos sobreagudos resultan aquí impresionantes (y perfectamente audibles por el excelente trabajo de microfonía, amplificación y límpida proyección que Worten Digitópia ha efectuado de los extremos registros de Jocelyn B. Smith en estas tres canciones). Asimismo, los cambios de tono y color en la voz fueron acompañados por gradaciones cromáticas en la escenografía lumínica, con la aparición de un dominante rojo sangre que en So that the Blood dropped to the Earth se antoja programático, si atendemos al texto de Heiner Müller: marco visual sobre el que la mezzosoprano expone, con sus variaciones en canto, parlato y cambios de registro, el drama fratricida de la antigüedad. La última canción, Dwell where de Dogs dwell, a pesar de lo desgarrador del texto, ha sonado de un modo más sensual, con ecos del jazz y del blues, demostrando Goebbels que en la actualidad también se puede escribir una música melódica de altura, con un poso de desengaño y melancolía bellísimos: todo ello expresado por Jocelyn B. Smith con una sensibilidad exquisita, sumándose la OSPCM y Peter Rundel a este asomo de delicadeza que es Dwell where de Dogs dwell. De este modo, si el momento cumbre, en cuanto a expresionismo, lo había marcado Die Faust im Wappen, por lo que a emotividad se refiere, ha sido esta tercera canción el pasaje más destacado, ya no sólo en el canto de Smith, sino por las sutilezas cromáticas en la orquesta, con un acompañamiento sedoso, profundo y musical.

Tras vivir de forma tan intensa y emocional las Drei Horatier Songs, es cierto que la segunda parte de In the Country of Last Things estuvo, quizás, de más, resultando un tanto insípida y haciendo decaer la tensión global de Surrogate Cities en este punto. En todo caso, y como en la primera parte de este movimiento austeriano, David Moss, en la narración (incluyendo los ya citados efectos guturales), y Jocelyn B. Smith, con sus pinceladas de sobreagudos, han estado fantásticos a nivel interpretativo, como la propia OSPCM, convertida en un organismo deambulante por las calles de la metrópolis neoyorquina, con una acusada reflexividad, tan sombría como inquietante.

Afortunadamente, la conclusiva Surrogate elevó el nivel musical muchos enteros, rubricando esta interpretación portuense a lo grande, así como actualizando formas musicales canónicas del pasado, lo que ha vuelto a evidenciar no sólo los diversos planos geográficos que se entrecruzan en Surrogate Cities, sino las muchas capas históricas que en la partitura se superponen. De este modo, unos nuevamente estupendos contrabajos han dado comienzo a la larga y tensa fuga que va construyendo este movimiento final a diversas velocidades dentro de la orquesta, convirtiéndola en un mecanismo implacable por la magnífica interpretación de la OSPCM (en una de las mejores tardes que le recuerdo). Dicha fuga hemos de comprenderla de un modo, nuevamente, programático, pues remeda la tensión y el desasosiego de la inmigrante que huye por las calles de la gran ciudad en la narración, proveniente de Surrogate City (1990), novela del dublinés Hugo Hamilton (y aquí creo oportuno destacar el excelente libreto que Casa da Música nos ofreció para este concierto, con los textos completos de cada una de las partes que fueron recitadas y cantadas, así como con numerosos ensayos y entrevistas que, a cargo de Fernando Pires de Lima, Peter Rundel y Heiner Goebbels, nos ofrecen un perfecto retrato textual de Surrogate Cities para desentrañar sus múltiples planos urbanístico-musicales). El acompañamiento a David Moss volvió a ser ejemplar, impactándonos el cantante neoyorquino por su expresividad e histrionismo, con unos jadeos y una guturalidad que la batuta de Peter Rundel ha hecho respiración instrumental en la propia orquesta: una OSPCM que concluye este movimiento y el conjunto de la monumental Surrogate Cities en voz y arpa de un modo muy delicado, devolviéndonos, al alzarse el telón de la Sala Suggia, a la contemplación de la Plaza de Boavista y, por tanto a la ciudad de Oporto, cuyo público ovacionó semejante tarde de excelencia musical poniéndose unánimemente en pie nada más silenciarse la última nota.

Concluía, así, otra jornada para el recuerdo en Casa da Música, una velada caracterizada por un nivel interpretativo a la altura de lo mejor que conocemos en Surrogate Cities, tal y como Peter Rundel y el propio Heiner Goebbels me reconocían tras el concierto, ambos muy satisfechos tanto con la excelente lectura por parte de los solistas (algo que era de esperar, pues se trata de los mayores especialistas en esta partitura) como de una magnífica Orquestra Sinfónica do Porto que vuelve a demostrar que su gran crecimiento en el repertorio contemporáneo es una realidad sólida y extensible a partituras estilísticamente tan diversas como las que Casa da Música nos ofrece cada año en una programación que, en lo que a música actual se refiere, sigue estando entre las más interesantes de Europa. Es por ello que no tengo duda de que el paso de Heiner Goebbels por Casa da Música lo habrá estimulado y nutrido de forma tan proteica, que en el futuro las sucesivas versiones de Surrogate Cities destilarán entre sus pentagramas las experiencias vividas por el compositor alemán durante los primeros días de marzo en esta vibrante ciudad del siglo XXI en la que Oporto se ha convertido.

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