Alemania

Il Viaggio a Essen

Juan Carlos Tellechea

jueves, 19 de marzo de 2020
Essen, jueves, 5 de marzo de 2020. Gran sala auditorio Alfried Krupp de la Philharmonie Essen. Jessica Pratt, soprano, Dmitry Korchak, tenor. Orquesta del Teatro Real de Madrid. Director invitado Ivor Bolton. Gioachino Rossini, arias de Semiramide, Otelo, El conde Ory, Guillermo Tell, Tancredi, El Barbero de Sevilla, Matilde de Shabran y La Cenicienta, así como la Sinfonía de Guillermo Tell. Benjamin Britten, Simple Symphony para orquesta de cuerdas opus 4. Theater und Philharmonie (TUP) Festtage 2020. 75% del aforo.
Dmitry Korchak © 2020 by Vaan Pavel

El Teatro Real de Madrid bien puede sentirse muy orgulloso de su orquesta, aclamada frenéticamente, tras un concierto bajo su director musical Ivor Bolton, con los solistas Jessica Pratt y Dmitry Korchak en la Philharmonie de Essen. El concierto estuvo dedicado a Gioachino Rossini, para conmemorar, si bien con algo de retraso, su cumpleaños número 228 el pasado 29 de febrero.

A la presentación acudió menos público del habitual en esta gran sala, probablemente por temor al coronavirus que campea en una cercana localidad de Baja Renania, a unos 70 kilómetros de aquí. Los que no pudieron o prefirieron no acudir al recital por las razones que fueran, se perdieron lamentablemente uno de los mejores espectáculos líricos de los últimos tiempos por estos lares, en el marco del Theater und Philharmonie (TUP) Festtage 2020.

Las voces de Pratt y de Korchak, magníficos cultores del área belcantista, ofrecieron inolvidables versiones de famosas arias de Rossini, acompañados magistralmente por la Orquesta del Teatro Real. Bolton, artista en residencia este año de la Filarmónica de Essen, dirigió al colectivo español con sus manos (sin batuta) y con su singular gestualidad, obteniendo tonalidades conmovedoras. Algunas damas del público sacaban apresuradamente pañuelos de sus bolsos para secar sus lagrimas, conmovidas por la emoción en diferentes pasajes de la velada.

Jessica Pratt abrió el concierto con el aria "Bel raggio lusinghier" de la ópera Semiramide en la que la mítica reina babilónica, esperando al joven general Arsace, olvida sus preocupaciones y confía en un amor feliz con el militar asirio sin saber en ese momento que él es su hijo Ninias que creía muerto. La soprano fascinaba con sus tonalidades más altas y diferenciadas, así como con su flexibilidad en los registros medios, de modo que ya con este primer número se ganaría efusivos aplausos iniciales y altisonantes exclamaciones de ¡brava, brava! de la platea.

A esta primerísima hora del recital era dificil creer que todavía sería posible una superación de esta ya excelente calidad vocal. Vino entonces y con todo éxito la escena y aria de Adèle y del conde Ory "En proie à la tristesse", de El conde Ory, la primera ópera cómica de Rossini en francés y penúltima de su carrera. Algún que otro fanático de Rossinni puede recordar la muy aplaudida interpretación de Pratt en ese papel hace tres años en el Festival (de música y canto) Klangvokal en la Konzerthaus de Dortmund (también Cuenca del Ruhr).

En esta aria la condesa busca el consejo de un ermitaño, porque está enamorada de Isolier, el paje del conde, pero junto con las demás damas de la nobleza que viven en el castillo ha jurado castidad hasta que su hermano regrese de las Cruzadas. Lo que Adèle no sabe es que detrás del supuesto ermitaño se esconde el libertino del conde Ory, capaz de todo para conquistar mujeres, que ya le ha echado el ojo a la condesa y que le aconseja ceder a sus pasiones amorosas, sin saber que no es por él que suspira ella, sino por su criado.

Esta parte de la música proviene de Il Viaggio a Reims una ópera incidental que habia compuesto Rossini algunos años antes para la coronación de Carlos X, pero que debido a considerar el tema inadecuado para el repertorio, lo retiró del programa después de cuatro funciones.

Sin embargo, esta turbulenta farsa a la italiana contiene tantas melodías adorables y pegadizas que Rossini recicló una parte de la música para El conde Ory con un texto en francés completamente nuevo. El aria en cuestion servía en Il viaggio a la condesa di Folleville para llorar la pérdida de su guardarropa. Pratt no solo brilla con sus cristalinos agudos, sino que logra incluso darle con acierto un toque lagrimoso a las coloraturas.

Con estas dos apariciones, la soprano colocó relativamente alto el listón de calidad para su colega Dmitry Korchak. El tenor, al igual que Pratt, huéspedes habituales y muy bienvenidos en el Festival de Ópera Rossini, de Pesaro, sustituyó esta tarde al español Xabier Anduaga, quien tuvo que cancelar su actuación por razones de salud.

Con tonalidades radiantes y gran brillo tenoral Korchak mostó su valía al mismo nivel de la sobresaliente soprano. Entre las dos intervenciones de Pratt, el tenor cantó el aria de Rodrigo "Che ascolto! Ahimè!" de la ópera Otelo, en la que el joven quiere vengarse, porque Desdémona, a quien ama, ya esta casada con Otelo.

La primera parte del concierto concluyó con el dueto "Qui, vous l'arrachez à mon âme" de la gran ópera Guillermo Tell en el que Arnold y Mathilde admiten su amor. Aquí Pratt y Korchak se lucen enormemente y sus voces se tornan compatibles a las mil maravillas. Ella y él con los tonos más cálidos y sentimentales que salían de sus gargantas subyugaban a los espectadores, mientras Bolton se esmeraba al máximo en mantener el equilibrio de la orquesta. Las ovaciones y aclamaciones alcanzarían aquí niveles increibles.

Entremedio había sonado a modo de pausa para los cantantes la Simple Symphony de Benjamin Britten, para orquesta de cuerdas, en la que la Orquesta del Teatro Real de Madrid también mostró su excelencia y precisión.

Tras el intervalo el programa continuó con Rossini y la Sinfonía de Tancredi en la que Bolton vuelve a mostrar con enorme y ostensible satisfacción el buen desempeño del conjunto orquestal hispano en el repertorio del Bel Canto. Mientras que la primera parte estuvo dedicada a las últimas óperas de Rossini, creadas o bien en Italia poco antes de su partida a París o bien en la Ciudad Luz, la segunda se centraría en las obras comprendidas entre su fase inicial y la etapa intermedia.

Con la ópera seria Tancredi habría de comenzar su marcha triunfal por la península itálica. Pratt presenta con preciosas tonalidades de soprano y esplendorosos agudos la gran aria de Amenaide "Gran Dio!...Giusto Dio che umile adoro", del segundo acto de esa obra, pidiendo a Dios que ayude a su amado Tancredi en la lucha por su inocencia.

Las piezas más famosas de la segunda parte corren por cuenta de Korchak. Primero presenta el aria del conde Almaviva "Cessa di più resistere", de El barbero de Sevilla, a menudo eliminada de las representaciones escénicas por su extrema dificultad, pero cuya melodía es bastante conocida. Almaviva se identifica a sí mismo como el Conde y esposo de Rosina y aconseja a Bartolo que deje de resistir.

Rossini tomó esta melodía para el célebre rondo final de Angelina, "Non più mesta", de La cenicienta. Korchak relumbró también en esta exigente aria con agudos dados con mucho vigor. Otro tanto ocurrió con la gran aria del príncipe Ramiro, "Sì, ritrovarla io giuro", en la que jura encontrar a la maravillosa mujer con la que bailó en la fiesta. Aquí tambien se destacó enormemente Korchak con fulgurantes tonalidades elevadas a la máxima potencia.

La extraordinaria velada culminó con Bolton y la Orquesta del Teatro Real de Madrid ejecutando la Sinfonía de Guillermo Tell, por la que fueron aplaudidos y ovacionados tan calurosamente que tuvieron que repetir la pieza antes de poder abandonar el escenario en medio de interminables aclamaciones. ¡Un éxito total!

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