Novedades bibliográficas

Una historia breve con un gran anexo

Alfredo López-Vivié Palencia

viernes, 20 de marzo de 2020
Breve storia della direzione d’orchestra © 20128 by Pendragon

Desconocía la existencia de Breve storia della direzione d’orchestra. Ieri, oggi… e domani?* hasta que a finales de 2019 se publicó su edición en inglés. Preferí entonces hacerme con la versión original aparecida en el mercado un año antes, por aquello del traditore y porque el italiano, con su natural abundancia de hipérboles y superlativos, hace de esta lengua la más musical del mundo incluso cuando sólo se lee. Además, Aldo Ceccato (Milán, 1934) es un director bien conocido en España por haber ostentado la titularidad de la Orquesta Nacional y de la Filarmónica de Málaga (e invitado habitual en la Orquesta de RTVE); también lo fue de la Sinfónica de Detroit y de la Orquesta de la RAI de Turín (por no citar más que algunos de los puestos que ha ocupado, ya que nunca mantuvo el cargo más de unos pocos años en cada institución).

Ciertamente la historia que cuenta Ceccato es breve -98 de las 300 páginas del libro-. Comienza con la referencia bíblica a la orquesta de Nabucodonosor y llega a nuestros días en las primeras 40 páginas, repasando de manera telegráfica la evolución de la orquesta y la paralela evolución de su dirección: la época helénica, la medieval, el barroco –por supuesto narra el fatal accidente de Jean Baptiste Lully-, las orquestas cortesanas, el compositor-director, el paso de batir el tiempo a la interpretación, o las aportaciones teóricas de Berlioz y Wagner. Las siguientes 50 páginas se dedican al análisis del oficio en la actualidad: el estudio de la partitura, dirigir los conciertos con o sin ella, la autoridad y la persuasión ante los instrumentistas, el gesto y la técnica, el diferente tratamiento de las orquestas sinfónicas y las de foso, y las opciones interpretativas referidas al tiempo, las dinámicas, o las texturas orquestales.

No hay grandes sorpresas. Así, Ceccato considera que el uso de la batuta es imprescindible a efectos de claridad gestual; que jamás debe estudiarse la partitura escuchando una grabación de la obra; que las orquestas sin director no tienen sentido porque necesitan un excesivo número de ensayos para acabar tocando mecánicamente; que se debe economizar la duración de los ensayos; que a una orquesta le basta ver cómo sube un director a la tarima para saber si va a mandar él o ellos; y que se declara ferviente seguidor de las teorías wagnerianas sobre el arte de dirigir (el melos es el elemento básico que determina el tempo, de modo que al metrónomo beethoveniano no hay que hacerle demasiado caso, e incluye una curiosa tabla comparativa de las duraciones de su Primera Sinfonía en las grabaciones de los grandes maestros, pero sólo de los del siglo pasado), al tiempo que echa pestes del movimiento historicista.

Eso sí, todo escrito en tono muy serio pero con un lenguaje sencillo y fluído; incluso cuando Ceccato sostiene –contra toda evidencia- que Stravinski “dirige con gestos claros y simples” y es además un “creyente, y por lo tanto antimaterialista”. Tal vez la única aportación original consiste en que, tras subrayar la importancia de la comunicación visual del director con los músicos de su orquesta, Ceccato desaconseja vivamente dirigir con gafas (que se lo digan a Karl Böhm). Pero es que el subtítulo del libro incluye la pregunta e domani?: Ceccato deja la respuesta en el aire, salvo el anuncio de un futuro libro sobre las clases de su maestro Sergiu Celibidache (eso sí será una novedad, y espero con impaciencia su publicación). Ceccato equipara esa escuela de dirección de orquesta, “la más científica”, con las de Franco Ferrara, Hans Swarowski o Jorma Panula. No dudo del profundo contenido de las lecciones de Celibidache; sin embargo, los años han demostrado que –contrariamente a lo sucedido con quienes estudiaron con los otros tres profesores- ninguno de los alumnos del maestro rumano ha llegado al Olimpo batutero.

Mucho mayor interés tiene el resto del libro, en el que Ceccato compila algunos estudios fundamentales sobre la dirección de orquesta. Empezando por el célebre tratado de Wagner (1869), del que -con buen criterio- se incluye una versión reducida (“respecto de una observación para la que bastarían diez líneas, Wagner dedica tres o cuatro páginas”); siguiendo por breves textos de Liszt (instrucciones para dirigir sus poemas sinfónicos), Berlioz (quien en 1855 ya habla de la relevancia de la tradición), consejos de Schumann (“la práctica frecuente de El clave bien temperado ya hará de ti un buen músico”), Gounod (sobre cómo interpretar a Mozart); y terminando con aportaciones de directores profesionales como Wilhelm Furtwängler (resumen de los “diálogos” con Abendroth de 1949) o Tullio Serafin (Errore enorme! no ensayar separadamente la orquesta y la compañía de canto en las funciones operísticas). Para mí ha sido muy revelador el extenso ensayo de Felix Weingartner de 1913 –que se reproduce íntegro, y cuya lectura recomiendo a todo el mundo-, porque confronta de manera crítica la teoría de Wagner con la práctica de Hans von Bülow (a quien dedica tantos elogios como denuestos, citando ejemplos concretos referidos a conciertos de Bülow a los que asistió); y porque, entre otras cosas, ya hace cien años que Weingartner advertía del riesgo de caer en la rutina a aquellos teatros de ópera en los que se ofrezcan demasiadas funciones.

El libro presenta algún problema de carácter editorial. Y no me refiero a la media docena de formas diferentes en que figura escrito el apellido Stravinski. En ciertos capítulos de la antología, la falta de entrecomillados obliga al lector a discernir qué es texto original, y qué es comentario de Ceccato (por ejemplo, se incluye un extracto del libro Music of our day del compositor ucraniano Lazare Saminsky -publicado en 1932- en el que se habla de aquellos directores que “siguen las trazas de Celibidache”, cuando en ese año “Celi” acababa de cumplir los 20 de edad. Además de algún lapsus del mismo Ceccato, verbigracia citar a la clarinetista Sabine Meyer como la primera mujer en formar parte de la plantilla de la Filarmónica de Berlín -ese honor recayó (recae aún) en la violinista suiza Madeleine Carruzzo.

Las últimas 40 páginas del libro constituyen una Breve storia della famiglia. Contienen unas concisas biografías de muchos de los más famosos directores de la historia particularmente todos los italianos, con independencia de su grado de celebridad*,  entre los que se encuentra -éste sí con todo merecimiento- Victor de Sabata, suegro del autor. A lo largo del libro Ceccato se encarga de recordar hasta en cuatro ocasiones que el maestro de Trieste sabía tocar cualquier instrumento de la orquesta; y previamente se ha incluído una entrevista de Adriano Lualdi con de Sabata a propósito de un concierto que dirigió a la Filarmónica de Viena en Salzburgo en 1953 (cuya lectura resulta completamente inútil si no se tienen a mano las partituras de las obras interpretadas en aquella ocasión). Únicamente se consigna la autoría de la traducción de uno de los textos antológicos –el mencionado de Schumann y desde la versión en francés, debida a Eliana de Sabata, esposa del autor. Y el libro remata con una serie de deliciosos aforismos y anécdotas sobre directores y compositores –esos chismes que alimentan la mitomanía, razón por la cual son felizmente inmunes a la verdad- recopilados por Victor de Sabata Jr., médico, violinista y (“cuñado”, dirán ustedes; pues no) primo político del autor.

Notas

Aldo Ceccato: "Breve storia della direzione d’orchestra. Ieri, oggi… e domani?", Bolonia: Edizioni Pendragon, 2018. 300 páginas. ISBN-13: 9781077632608

Si se cita a Cleofonte Campanini, esposo de Luisa Tetrazzini, el mismo mérito conyugal tiene Richard Bonynge, cuyo nombre se omite

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