Novedades bibliográficas

Mozart, un semidios al límite de sus fuerzas

Juan Carlos Tellechea

miércoles, 25 de marzo de 2020
Mozart: Genius und Eros © 2020 by C. H. Beck

Wolfgang Amadé Mozart se fue de este mundo dejándonos muchas cuestiones sin responder, con pocas certezas sobre su vida y, como siempre, tendiendo consecuentemente trampas a quienes escriben sobre él. Así lo experimenta también la historiadora, musicóloga, filóloga y psicóloga Eva Gesine Baur en su libro Mozart. Genius und Eros. Eine Biographie (Mozart. Genio y eros. Una biografía), publicado ahora en una nueva versión por la editorial C. H. Beck de Múnich.

Aproximarnos más a Mozart parece una tarea imposible, y en realidad nada ha cambiado desde las últimas biografías referenciales y ensayos sobre este compositor publicados con motivo del 250º aniversario de su nacimiento en 2006. En definitiva, el genio y su vida no encajan perfectamente; no por ignorancia o desconocimiento, ya que, fuera de Richard Wagner, ningún otro compositor ha sido objeto de tantas investigaciones, publicaciones y documentaciones como Mozart.

Lo cierto es que vivía siempre al límite. De los treinta y cinco años, diez meses y nueve días de su existencia, estuvo de viaje durante 3.720 días, es decir diez años, dos meses y ocho días. Excluyendo su primera infancia, es posible afirmar que durante un tercio de su vida estuvo de aquí para allá sin parar.

También psíquicamente viviría Mozart siempre al límite entre el oscuro pesimismo y el luminoso optimismo; a veces se sentía frío, helado y vacío, totalmente triste, como el mismo afirmaba, mas por lo general era un espíritu de naturaleza sumamente alegre, tojours si gai.

En el desilusionante siglo XX se puso fin a esa postura de no querer saber nada más sobre el compositor, a excepción hecha de la estrategia de glorificación que practicara y practica sin interrupción el sector turístico con todas las herramientas de mercadeo y comercialización a su alcance.

Muy pocos serán los que no caigan en la trampa que tendiera el propio Mozart, un intercesor entre Dios y el Hombre, cuando afirmaba en su profesión de fe que la verdad de todas las cosas está en el medio. Con las técnicas de ejecución de sus obras, entre difíciles y fáciles, la mayoría toma a Mozart muy a la ligera; sus obras se tocan hasta demasiado rápido. A Mozart le enfurecía esto y regañaba siempre -por no decir puteaba- cuando alguien lo hacía: Prima-Vista spielen und scheißen ist einerlei (tocar a prima-vista y cagar es lo mismo). 

Sus biógrafos tratan siempre de suavizar su figura humana hasta convertirla en un objeto de culto, pese a que para Mozart la personalidad, la representación del yo nunca primaba sobre la música; y el poder de su música, además, no necesita ni de palabras ni de comparaciones lingüísticas; y es hasta hoy una sensación liberada de cualquier aspecto terrenal.

En fin, todo en Mozart es extraño, da miedo. Uno no se explica cómo pudo haber vivido tan poco tiempo. Los musicólogos no pueden aceptar de ninguna manera el hecho de que hasta ahora no haya sido posible llegar al núcleo de su ser y han estado intentando durante algún tiempo dar sesgos psicológicos y filosóficos a aspectos de su interés.

Con el tema del eros, entendido como el conjunto de tendencias e impulsos sexuales de la persona, Baur parece sentirse animada por Richard Strauss y su ensayo sobre Mozart (1944), según el cual 

La melodía mozartiana, separada de cualquier forma terrenal, es algo en sí misma, flotando como el eros de Platón entre el cielo y la tierra, entre lo mortal y lo inmortal, liberada de la voluntad - la penetración más profunda de la imaginación artística, del inconsciente, en los últimos secretos, en el reino de los arquetipos.

La musicóloga aplica a la vida de Mozart la tesis del mensajero que actúa entre lo divino y lo humano, del demonio que es impulsado por un anhelo insaciable. Sin embargo, cualquiera que persiga este principio rector debiera tener cuidado de no desconectarse del tema de su investigación, porque la biografía tiene más que ver con la historia cultural que con la filosofía; más con el arduo trabajo que con la metafísica.

El libro de casi 600 páginas, dividido en 22 capítulos, lo abre Baur con una amplia visión de Leopold Mozart, su padre, de quien, dicho sea de paso, la ciudad de Augsburgo acaba de reabrir su casa, tras obras de remozamiento que demandaron casi dos años de labor; aunque la ha tenido que volver a cerrar desde el 17 de marzo por la pandemia del coronavirus. 

Allí en la Frauentorstraße al número 30 del casco antiguo de la ciudad tiene también su sede la Mozart Gesellschaft, cuyas actividades públicas han quedado asimismo interrumpidas provisionalmente por las severas prohibiciones implantadas por el Estado federado de Baviera.

La autora se descarga contra Leopold Mozart, un músico ambicioso y de talento moderado que inesperadamente 'gana el Gordo de la lotería' en el último período de su vida y que no tiene ningún escrúpulo en arrastrar al niño prodigio que cayó en sus manos para pasearlo por toda Europa.

Un hombre que anuncia a su hijo como si fuera una sensación de feria, que lo hace más joven para que el asombro del público fuera en aumento y hacer más duradero el efecto. Un hombre contra el que se rebela su hijo cuando alcanza los 21 años de edad y pasa la época del niño prodigio; cuando se cansa de que lo llamen Bursche o Bub (chico o muchacho) y de hacer Scheiß-Musik (música de mierda), porque se lo ordena el domador. Es natural que Wolfgang Amadé Mozart se sintiera engañado y defraudado, jodido por estos actos de su progenitor.

Pese a todo, Leopold Mozart sale bastante bien parado en esta biografía, porque la psicóloga se reafirma en su tesis del eros que por pequeño que fuera sería el responsable de lo que estaría por venir. Wolfgang con cinco años habría quedado traumatizado al presenciar un accidente en el que un hombre moría ahogado ante sus ojos. Su eros habría comprendido entonces lo que él todavía no podía entender, el carácter definitivo de la muerte.

Mozart hijo se excedería en los conciertos, los escribiría con la visión de un niño de seis años; era ya entonces un artista adulto consciente de su valía. Cuando escribía sus primeras sinfonías, con ocho de edad, el padre se empeñaría sin éxito en reprimir ese eros, señala Baur. Pero durante una gira por Italia con su hijo de 13 años Leopold apenas podía atender las necesidades espirituales de su hijo pubescente.

Esta tesis de Baur despierta cierta admiración. Cuando Mozart compone algo nunca antes escuchado es eros el que rompe esas cadenas. Lo mismo cuando escribe una melodía pegadiza. Algo similar ocurre cuando le pide a su hermana que difunda su legado. Aquí es eros el que se desplaza entre dos mundos contrapuestos.

Eros es egoísta y grosero, miente e intriga: Soy, fui, yo sería, he sido, había sido yo, seria yo, oh si yo fuera, oh que yo fuera, Dios quería que yo fuera, sería yo, seré, si yo fuera, oh si yo hubiera sido, lo sería, si lo hubiera sido, oh lo que hubiera sido, escribiría Mozart en 1778, destrozado ya y a 13 años de su muerte, a Maria Anna Thekla Mozart (Bäsle), su prima (hija del hermano menor de su padre, Franz Alois Mozart).

La investigación musicológica comenzó hace tiempo ya a considerar a Mozart no como al eterno niño, sino como a una persona que tuvo que luchar mucho para dejar atrás a la odiada ciudad de Salzburgo y al padre dominante, a fin de llevar una vida propia, con autodeterminación. Wolfgang Amadé Mozart era un genio pero no cayó del cielo; más bien era un joven de su tiempo, a finales del siglo XVIII.

La musicóloga e historiadora no profundiza en estos aspectos, sino que insiste como buena psicóloga en su tesis del eros y difumina un poco los hechos ya archisabidos; el matrimonio con Constanze y la muerte de sus niños; las enormes dificultades para vivir como compositor libre bajo el absolutismo ilustrado de aquellos tiempos en Austria. Es otro ámbito el que toca Eva Gesine Baur en su interesante libro; más inclinado al análisis en el terreno de la psicología social de una figura y sus arquetipos inconscientes, desconocidos para el mismo Mozart y, por ende, para todos nosotros.

Notas

BAUR, Eva Gesine, Mozart, Genius und Eros. Eine Biographie, Munchen: C. H. Beck, 2020. ISBN 978-3-406-74939-1

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