Alemania

Un hilo de comunicación exclusivo

Juan Carlos Tellechea

jueves, 26 de marzo de 2020
Essen, viernes, 21 de febrero de 2020. Gran sala auditorio Alfried Krupp de la Philharmonie Essen. Gustav Mahler, Sinfonía número 5. Rotterdam Philharmonic Orchestra. Director Yannick Nézet-Séguin. 100% del aforo  
Yannick Nézet-Séguin © 2020 by Philharmonie Essen

El director Yannet Nézet-Séguin sigue teniendo un hilo de comunicación exclusivo con cada músico de la Orquesta Filarmónica de Rotterdam, de la que fue su conductor principal entre 2008 y 2018. Así lo volvimos a constatar esta tarde en el auditorio de la Philharmonie Essen, colmado de público que lo ovacionó hasta el paroxismo, como a una estrella de pop o de rock, tras la ejecución de la Sinfonía nº 5 de Gustav Mahler. 

El colectivo, de gira por varias ciudades de Alemania, ofrece una extraordinaria homogeneidad, ya sea en la sección de las cuerdas como en la de las maderas o en la de los metales, de redondez envidiable, particularmente en los grandes estallidos que reclama esta obra de hora y media de duración escrita por Mahler entre 1901 y 1902 y estrenada mundialmente en la sala Gürzenich de Colonia en 1904, por la orquesta local bajo la dirección del propio compositor.  

Escuchar la Quinta sinfonía de Mahler es como leer una buena novela. Uno se sumerge profundamente en el universo del sonido y experimenta el acontecer musical con los oídos del otro yo lírico. Parafraseando a Virginia Woolf, digamos que el mundo real se desvanece en el sinfónico monólogo interior y solo de vez en cuando se escucha un destello de música que de alguna manera recuerda a algo familiar. 

Para Mahler es en este caso la familiaridad de la fanfarria del solo de trompeta que marca la tónica marcial del primer movimiento (1. Trauermarsch in gemessenem Schritt. Streng. Wie ein Kondukt), la que lo retrotrae a su infancia, cuando oyó en Jihlava (la antigua frontera entre Moravia y Bohemia, hoy región Checa de Vysočina) las rígidas marchas a la funerala, a paso regular, del ejército austro-húngaro estacionado allí. 

Nézet-Séguin lleva a esta poderosa formación a expresar la magia del sonido bombástico de esta obra en toda su diversidad de una manera extremadamente expresiva, delimitando estrictamente las tres secciones en que está dividida, y en las que hay tonalidades muy diferentes entre sí, así como acordes puros, casi etéreos. Cuanto más dramática se torna la música, más efectivamente resuelve el director los aumentos de volumen de la orquesta hasta culminar con una explosión real. 

Dicho sea al margen, la Rotterdam Philharmonic Orchestra y Nézet-Séguin venían de presentar el día anterior en Dortmund su también aclamada versión concertante de la ópera La mujer sin sombra, de Richard Strauss, con destacados solistas, así como el coro sinfónico de Rotterdam, y el coro infantil de la Radio del Oeste de Alemania (WDR). 

Una novedad en la exitosa carrera de Nézet-Séguin: dirigirá esta misma pieza en la temporada 2020/2021 en la Metropolitan Opera de Nueva York, de la cual es su director musical, junto con nuevas producciones de Aida, Don Giovanni y Dead Man Walking (de Jake Heggie), así como Fidelio, y Romeo y Julieta, además de ofrecer dos conciertos en el Carnegie Hall. 

Pero, volviendo a la Sinfonía nº 5 de Mahler, el enfoque con gran efecto de Nézet-Séguin reveló muchos detalles singulares y bellezas de esta obra. El torbellino polifónico del segundo movimiento (Stürmisch bewegt, mit größter Vehemenz) reflecta ciento por ciento el espíritu melodioso del compositor, incluida la vehemencia que ordena a los violines, hasta llegar a un clímax apoteósico, en el que comprobamos una vez más la conexión directa que tiene el director con las diferentes secciones y con cada instrumentista de la orquesta, antes de que la música se diluya como por arte de magia. 

Los pasajes más divertidos, danzarines, juguetones y hasta grotescos (sorpresivo golpe de matraca) si se quiere, del Scherzo. Kräftig nicht zu schnell (de la segunda sección), previos a los instantes de más dramatismo y tensión (contrabajos), salieron a la perfección, impecables. Nézet-Séguin parece sintetizar muy delicadamente los más complejos sonidos con sus manos como si fueran multicolores globos inflados con helio que deja volar a su libre albedrío en la sala, al tiempo que mira al cielo para contemplar sus evoluciones. 

Lo enigmático está firmemente presente en el Adagietto. Sehr langsam, ese remanso interior (ya en la tercera sección), tierno dulce; esa búsqueda y necesidad de amor, con tanto sentimiento, tanta ternura que el director consigue extraer de la orquesta (arpa y cuerdas) de forma tan abrumadora. 

Esa incertidumbre, tan característica de Mahler, y que Sigmund Freud psicoanalizó a partir de 1910, permanece reflejada allí de forma patente. La apoteosis exagerada del pasaje hacia el Rondo-Finale, Allegro - Allegro giocoso. Frisch (trompas, maderas), dictada a la orquesta en pleno con gestos y mímicas por Nézet-Séguin, suena grandiosa, segura de sí misma, y no hace más que remarcar exactamente la antítesis de la propia personalidad del autor de la sinfonía. 

Al término del concierto el millar de espectadores se puso unánimemente de pie en la gran sala Alfried Krupp de la Philharmonie Essen para rendir merecido homenaje con cálidas ovaciones y altisonantes expresiones de aprobación a la magnífica presentación de la Rotterdam Philharmonic Orchestra y de Yannick Nézet-Séguin, quienes continúan su tournée europea.

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