Alemania

Un magnífico cierre

Juan Carlos Tellechea
viernes, 3 de abril de 2020
Tabea Zimmermann © by Marco Borggreve Tabea Zimmermann © by Marco Borggreve
Essen, domingo, 8 de marzo de 2020. Gran sala auditorio Alfried Krupp de la Philharmonie Essen. Theater und Philharmonie (TUP) Festtage 2020. Año de Beethoven. Ludwig van Beethoven, Trío de cuerdas en mi bemol mayor opus 3, Trío de cuerdas en re mayor opus 9 número 2, Trío de cuerdas en do menor opus 9 número 3. Daniel Sepec (violín), Tabea Zimmermann (viola), Jean-Guihen Queyras (violonchelo). 33% del aforo
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En relación directa con el incremento exponencial de los casos de coronavirus en Europa y en Alemania, el público asistente a los conciertos locales se reduce diariamente a un ritmo también vertiginoso. Esta velada, enteramente dedicada a tres de los cinco tríos de cuerdas de Ludwig van Beethoven y última del festival TUP (Theater und Philharmonie) Festtage 2020 fue presenciada por unas 400 personas, apenas 33% del aforo de la sala Alfried Krupp de la Filarmónica de Essen. Sea como fuere, la epidemia no ha arredrado al ex presidente del parlamento federal alemán (Bundestag), Norbert Lammert, quien estuvo presente en el recital acompañado por una de sus hijas.

Las interpretaciones estuvieron a cargo de la célebre violista Tabea Zimmermann, galardonada este año con el Premio Ernst-von-Siemens, el violinista Daniel Sepec y el violonchelista Jean-Guihen Queyras, Zimmermann, presidenta desde 2013 de la Beethoven-Haus, la casa natal de Beethoven, en Bonn, fue sucedida en ese honroso puesto desde hace un par de días por el famoso violinista Daniel Hope. Dicho sea de paso, Zimmermann, Sepec y Queyras, junto con la violinista Antje Weithaas integran el renombrado cuarteto Arcanto que fundaron en 2002.

El maravilloso concierto concluyó, tras dos horas y media, entre aclamaciones a viva voz. La velada comenzó con el Trio de cuerdas en mi bemol mayor opus 3, una obra temprana de Beethoven en el que se perciben tanto las influencias de los grandes maestros clásicos, como Wolfgang Amadé Mozart y Joseph Haydn, como las de sus primeros modelos en Renania, Antonio Rossetti o Christian Gottlob Neefe. 

Este es el trío más antiguo de los cinco compuestos por Beethoven. Se desconoce si se originó en Bonn antes de 1792 o en los primeros años en Viena entre 1792 y 1794. En todo caso, una copia de la obra se desvió a través de un emigrante francés que había huído de Bonn a Leicester (Inglaterra) en 1794, donde la composición fue interpretada con gran entusiasmo por un conjunto no profesional, mucho antes de que Beethoven se convirtiera en una celebridad europea. El Trío en mi bemol mayor aparecería impreso en Viena a finales de 1796. La editorial Schott-Music de Mainz que nació en 1770, al igual que Beethoven, hace 250 años, presenta en su catálogo todos los tríos para cuerdas del genial compositor alemán. 

En el tema principal del primer movimiento (Allegro con brio), en forma de sonata al comienzo, se escucha una división de un motivo de tres tonalidades que recorre toda la sección como un lema y que se procesa de manera muy típica en la coda. El cantabile en el tema principal y el desafiante crescendo casi al cierre son rasgos inequívocamente beethovenianos.

El segundo tema y las figuras de transición sonaban muy clásicos y convencionales. El Andante se oía con gran exquisitez, como una preciosa caminata por una pradera o por un bosque en medio de un trinar de pájaros. Uno evoca en él otros movimientos beethovenianos de su tipo, como por ejemplo el Andante cantabile con moto de la Sinfonía nº 1. Zimmermann, Sepec y Queyras (con su violonchelo Gioffredo Cappa de 1696), coordinados visualmente entre sí a la perfección, se desempeñaron de forma impecable durante todo el concierto, modelando con sus instrumentos estas oniricas imágenes.

En la búsqueda constante del primer minueto (Menuetto: Allegretto – Trio), caracterizado por sorpresas rítmicas y un pasaje muy calmo, se consolidaría su absoluta seguridad en el toque. En el Adagio en la bemol, muy reflexivo, se entablaría un precioso dueto entre el violín (un Jakob Stainer de 1650) y la viola (Etienne Vatelot, contemporánea) de gran delicadeza.

El segundo minueto (Menuetto: Moderato – Minore), muy vivaz y danzarín, con un solo de violín en medio, antecedió al Finale: Allegro, un jolgorio con su vertiginoso remolino, y un virtuoso pasaje en do menor que sigue el modelo clásico de la sonata rondo, los movimientos de cierre, tal como los impusieran Haydn y Mozart.

Tras el intervalo, la segunda parte del recital estuvo consagrada al Trío de cuerdas opus 9 número 2 y al Trío de cuerdas opus 9 número 3. Éstos ocupan un lugar destacado en los primeros trabajos de Beethoven e iban más allá de este género tradicional. Mostraban de forma especial su carácter de música de transición, no solo estilísticamente entre los siglos XVIII y XIX, sino también sociológicamente como música de cámara que rompía los círculos privados y apuntaba a las salas de conciertos.

A diferencia de Bach o de Mozart, que creció en un orden urbano o firmemente establecido desde el punto de vista patrimonial, Beethoven publicó su primera obra en la era de las Guerras Revolucionarias, en un período de agitación. La cultura musical pasaría gradualmente del salón aristocrático a la sala pública de conciertos. Para la música de cámara en particular, esto significaría una expansión de sus formas y medios sonoros. 

En el Trío en re mayor los músicos enfatizaron las facetas líricas (Allegretto) con una melodía suave, risueña y mesurada en lugar del majestuoso esplendor de la tonalidad; sin duda, una ingeniosa combinación del joven Beethoven. El Andante, quasi Allegretto que le sigue es acelerado, en estilo serenata, muy estimulante. Este precede al Menuetto: Allegro que en realidad suena como un scherzo, con sus vívidos ataques, pero con gran sensibilidad; antes de pasar al Rondo: Allegro final, andariego y quisquilloso, en el que el trío se escucha como una orquesta de más músicos, saboreando insaciablemente la composición como si fuera una fuente inagotable de néctar.

El Trío en do menor comienza con un descenso a las profundidades: desde el Allegro con spirito, pasando por el Adagio con espressione y el Scherzo. Allegro molto vivace hasta el Finale: Presto. Hay como una energía y un vigor muy atávico en toda la obra, como si sus sonidos surgieran de las entrañas de la Tierra. Las notas se oscurecen; hay una atmósfera melancólica, y un toque fantasmal con sonidos sombríos que se desarrollan sobre las líneas cromáticas descendentes del tema principal. El Scherzo muestra aún más inquietud, con una extraña danza de la muerte en ritmos obstinados y acordes repetidamente reprimidos. La tensión final ejecutada por el trío con gran agilidad y fuerza concluye sin resolverse y permanecerá abierta, hasta que la música se evapora, con gran elegancia y fineza, de forma muy etérea. 

No hubo bises, pero los músicos que entraron y salieron del escenario en cinco oportunidades, fueron ovacionados a rabiar por el público. Fue un magnífico cierre del festival 2020 de la Filarmónica de Essen.

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