Discos

La frontera entre la ausencia y la presencia

Paco Yáñez
lunes, 20 de abril de 2020
Mark Andre: riss. Ensemble Modern. Ingo Metzmacher, director. Hessischer Rundfunk. hr2-kultur y Ensemble Modern, producción. Lisa Harnest, ingeniera de sonido. Un CD DDD de 47:41 minutos de duración grabado en la Festeburgkirche de Fráncfort del Meno (Alemania), los días 30 de abril y 1 de mayo de 2019. Ensemble Modern Medien EMCD-045.
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Después de que a lo largo de las últimas semanas hayan visitado la sección discográfica de mundoclasico.com algunos de los compositores franceses más importantes del siglo XXI, como Pierre Boulez, Philippe Manoury, o Franck Bedrossian, recibimos hoy a Mark Andre (París, 1964), otra de las principales figuras de la composición gala, un autor que destaca por una personalísima creación que trasciende cualquier encasillamiento en escuelas, grupos o corrientes. Es por ello el vuelo cual pájaro solitario de un compositor para el cual tal analogía sanjuanista vendría como anillo al dedo, debido al confesional enraizamiento religioso que su música destila: una filiación que vuelve a fertilizar y a dar un sentido último y trascendente a las tres partes del ciclo que protagoniza este disco, riss (2014-17), partitura(s) para ensemble de una primorosa calidad que se nos ofrece(n), a mayores, en unas versiones superlativas.

Así pues, de nuevo tenemos que adentrarnos en el pensamiento religioso de Mark Andre para poner en perspectiva cuanto nos ofrece este ciclo, conduciéndonos a los ensayos de Margareta Gruber en los que la teóloga alemana aborda un tema por ella investigado durante décadas: la presencia y la ausencia de Dios. Mark Andre y Margareta Gruber se conocieron en Jerusalén, en el año 2014; precisamente, cuando el compositor llevaba a cabo grabaciones de las resonancias en la Iglesia del Santo Sepulcro y en otros recintos bíblicos de cara a la composición de su ópera wunderzaichen (2008-14). wunderzaichen se suma, así, a otras partituras en las que Andre reflexiona sobre la presencia y la ausencia divina en los llamados «interespacios», algo que -de acuerdo con la autora de las notas para esta edición, Ellen Freyberg- el compositor francés no sólo llevaría a cabo a partir de un estudio de la Biblia (fundamentalmente, centrándose en el Espíritu Santo), sino en lugares donde la ciencia analiza empíricamente la materia oscura, como el acelerador de partículas de Ginebra. De este modo, Mark Andre pretende reconciliar y fundir en su creación musical dos formas de conocimiento aparentemente no sólo disociadas, sino históricamente enfrentadas, como la científica y la religiosa, alquitarando reflexiones compartidas para dar una sustancia metafísica, empírica y teológica a estas presencias de lo (in)material que recorren los «interespacios» del tríptico riss.

Así, tanto riss 1 (2015-17) como riss 2 (2014) y riss 3 (2014-16) comparten una naturaleza acústica formada por pequeñas palpitaciones cuyas resonancias se abisman una y otra vez al silencio, siendo graduadas de diversos modos, ya independientemente, ya por su eco en otros instrumentos, lo que imposibilita comprender los fenómenos musicales como elementos aislados, pues -cual en la teología católica- cada partícula forma parte de un todo que la sobrepasa, comprende y dota de sentido. Por tanto, podemos comprender las tres partes del ciclo riss como tres formas de estudiar la fragilidad y la inestabilidad del sonido, el modo en que una sustancia acústica adquiere presencia y, sobre todo, la pierde, pues es central en este tríptico la gradación de su desaparición y su progresiva reintegración al todo, como un proceso de reverberación en la comunidad: una forma de comunión musical.

Según Ellen Freyberg, el título del tríptico riss se refiere tanto a la lágrima como a la hendidura, pues en los distintos resquicios que en el discurso musical se van creando se deslizan una serie de lágrimas en las que reverberaran los materiales precedentes, siendo por medio de esos reflejos y descomposiciones lumínico-acústicas cómo la forma va perdiendo su sustancia hasta disolverse en el conjunto de unas reverberaciones que acaban siendo una forma de silencio ocupado, pues el silencio mismo, como nada absoluta, sería imposible en un discurso teológico como el de Mark Andre. Este proceso de desapariciones sucesivas y encadenadas es compartido por las tres partes del tríptico, si bien con diferente número de lágrimas en cada una de ellas y con diversas sustancias tímbricas: uno de los aspectos más destacados en la música de un Mark Andre que no cesa de descubrir paisajes acústicos de la mayor belleza en cada una de sus obras, como aquí es el caso. Son paisajes acústicos que, aunque de naturaleza acústica netamente post-lachenmanniana, se sitúan entre un lenguaje de alturas y el ruido (quizás, más cerca de este último); de ahí, la antes aludida imposibilidad de clasificar el trabajo de Andre en ninguna corriente al uso, pues bebe de tan diversas fuentes y consigue un lenguaje tan personal y diferenciado, que la suya es una de las creaciones más sustantivas de la música europea del siglo XXI. Ello no quita el que escuchemos ecos de otros creadores también muy personales en sus indagaciones tímbricas, artísticas y musicales, como el propio Helmut Lachenmann, Salvatore Sciarrino, Pierluigi Billone, o José María Sánchez-Verdú, además de (aunque resulte sorprendente, tratándose aquí un tema netamente católico) Luigi Nono, cuyas construcciones microtonales y reverberantes, como las de No hay caminos, hay que caminar... Andrej Tarkowskij (1987), se infiltran en diversos momentos de riss (especialmente, en riss 2). Incluso, con una partitura francesa que visitó nuestra sección discográfica hace tan sólo siete días, la B-Partita (2016) de Philippe Manoury, comparte riss en momentos puntuales ya no sólo un batir obsesivo que parece puntuar el paso del tiempo, sino el recorrido de materiales entre diversos instrumentos en un proceso de cambio de sustancia en camino de la desmaterialización (aquí, ¿transmigración?).

Entre las técnicas extendidas que dibujan este fascinante tríptico repleto de sonoridades atmosféricas y ruidos, en los vientos pide Mark Andre a los músicos que susurren las vocales A y O a las embocaduras de sus instrumentos: sonido de aire netamente lachenmanniano que, según señala Ellen Freyberg, adquiere en riss una presencia mística y misteriosa que recuerda al sonido del viento, así como da forma musical al Alfa y el Omega de la divinidad expresada en el Libro de las revelaciones; pudiéndose sumar el que este sonido reverbere el soplo de vida insuflado por Dios en el comienzo de la creación (cuyo texto bíblico cita Mark Andre en riss 1). Diversos estratos técnicos, musicales, artísticos y teológicos, así pues, que se superponen y fertilizan en las coordenadas arquetípicas del compositor francés, con momentos de una belleza hipnótica, como la que escuchamos en el final de riss 3, abismados a un proceso de silenciamiento de los materiales previos que parece remedar, precisamente, ese mundo electrónico, cuántico y magnético que Andre habría conocido en Ginebra, pues creeremos escuchar el pálpito más ínfimo, irreductible y esencial de la materia: punto en el que Andre nos pide un salto de fe para pasar de lo puramente físico a una lectura teológica que ya demanda otra forma (o no, pues así parece creerlo Mark Andre) de pensamiento y relación con la realidad.

Por lo que a la versión del tríptico riss recogida en este disco se refiere, ésta es estupenda, interpretada por el que quizás es el conjunto que mejor toca la música de Mark Andre: el Ensemble Modern de Fráncfort; una agrupación que ha tenido al francés como uno de sus compositores en residencia y que desgrana aquí sus tres partituras con una calidad tímbrica impresionante por su conjunción de firmeza y levedad: la que se produce en este continuo tránsito entre la materia y su eco, entre la presencia y la ausencia. Al frente del Ensemble Modern se encuentra Ingo Metzmacher, ex pianista del propio grupo y uno de los mejores directores de música actual, por lo que las garantías a nivel interpretativo son todas, con una calidad que ayuda a mantenernos en vilo a lo largo de los 10:07, los 19:45 y los 17:28 minutos que, respectivamente, duran riss 1, riss 2 y riss 3.

Las tomas de sonido, a cargo de la ingeniera Lisa Harnest (apoyada por los extraordinarios medios de la Hessischer Rundfunk), son, asimismo, impactantes, con un ligero eco propiciado por el recinto eclesiástico en el que las grabaciones fueron efectuadas, la Festeburgkirche de Fráncfort del Meno, por lo que la calidad y la naturaleza de las resonancias (bellísimamente captadas) tienen un sabor de lo más pertinente conforme a la propia dramaturgia rissiana. Completa esta edición un libreto de 27 páginas (bilingüe, en alemán e inglés) que incluye el varias veces citado ensayo de Ellen Freyberg, así como las biografías de los intérpretes, numerosas fotografías y los datos técnicos de un registro de una calidad superlativa a todos los niveles, ya hablemos de las propias partituras, de sus interpretaciones, o de su edición: la habitual del siempre exquisito Ensemble Modern Medien.

Este disco ha sido enviado para su recensión por el Ensemble Modern.

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