Opinión

«¡La supervivencia de los artistas, como la de las empresas, está amenazada!»

Remitido

jueves, 23 de abril de 2020

Bajo este título publicaba el Figarovox en la sección Tribune del 8 de abril una segunda carta del prestigioso barítono Ludovic Tézier en la que plantea al Presidente de la República Francesa la amenaza que con la presente crisis se cierne sobre la condición de artista. Francia debería mostrar el camino en Europa y ayudar a quienes tienen la misión de mantener viva una elevada idea de la cultura.

Carta de Ludovic Tézier

Señor Presidente. La miseria merodea alrededor del futuro de todos los que, de escenario a escenario, reconfortan el corazón de su pueblo.

Si no se va con cuidado, el virus se cargará el espectáculo en vivo, y en particular el arte lírico. A menudo abucheado y sempiterna víctima expiatoria de las malas conciencias presupuestarias de nuestra república, atrae sin embargo una cantidad importante de nuestros conciudadanos, entre ellos un número de nuestros magníficos médicos, que encuentran en nuestras salas la evasión que su vida laboral les concede parsimoniosamente.

La vida de los artistas es un combate cotidiano sin otra certidumbre que una firma al final de una página

Hablo en nombre de los trovadores y saltimbanquis que van por los caminos, a menudo lejos de los suyos, y cuya única posibilidad de construir su vida se basa en la intangibilidad del próximo contrato. Hay muy pocos millonarios en este pequeño mundo laborioso, muy pocos que tengan un calendario superior a los diez meses venideros. La vida de los artistas es un combate cotidiano sin otra certidumbre que una firma al final de una página.

Hoy esas páginas son rasgadas sin más preocupación que la -loable desde cierto punto de vista- que tienen nuestros teatros por preservar su propia supervivencia. Es comprensible: su presupuesto anual se calcula con una previsión de los ingresos de taquilla …

Señor Presidente, si el Estado que usted representa no cubre de inmediato la pérdida total de esos ingresos que se han evaporado, indispensables para nuestros teatros,  seremos nosotros, los artistas independientes, quienes pagaremos de rebote los gastos de tal elección.

Somos parte no despreciable de la economía

Sabemos que la medida de confinamiento durará; nadie puede aquí ver las cosas de otro modo. Y cuanto más dure, más devastador será el impacto en todos los ámbitos de la economía. Somos parte no despreciable de la economía, entre la actividad generada durante nuestras temporadas y la de los festivales de verano. Aun más: esa fatalidad resulta ensombrecida, para nosotros, por la amenaza de un eventual retraso ‘sanitario’ de la reapertura de las salas y teatros de más de mil localidades.

Seis meses.

Seis meses, lo que nos lleva a septiembre de 2020.

Seis meses, ya que el resto de la temporada en curso está, resulta bien claro, totalmente suprimido, y cada día es más de temer que el verano de los festivales quede en blanco.

¿Quién, de toda la constelación de las profesiones artísticas, puede resistir sin una fuerte ayuda los seis próximos meses?

¿Quién de nosotros, de toda la constelación de las profesiones artísticas, puede resistir sin una fuerte ayuda los seis próximos meses? Mucho se habla de la supervivencia de las empresas, y sin duda es indispensable. Los artistas somos nuestra propia empresa, y nuestra supervivencia, junto con la de los nuestros, está directamente amenazada.

Señor Presidente, usted conoce bien el valor del arte en una vida, y el esfuerzo que representa su ejercicio, ya que, según creo, usted mismo ha estudiado piano hasta un buen nivel. Apelo a usted en su calidad de garante de la cultura francesa y de la cultura en Francia, de su vitalidad y de su irradiación… Ambos somos dos enamorados de Europa; mis colegas y amigos son de todos los países que la forman. ¡Muestre usted el camino a esa Europa que podría renegar de sus valores en un momento de gran temor!

Salvar al mundo artístico francés es enviar el mensaje de esperanza que los artistas de nuestro continente esperan

Proteger la cultura en Francia también es ser europeo, salvar al mundo artístico francés es enviar el mensaje de esperanza que los artistas de nuestro continente esperan en su angustia. ¡Tome usted en su mano esta antorcha, Señor Presidente! ¡Otorgue a los teatros los medios que merecen: su trabajo es ejemplar en todo el país y, por lo tanto, otorgue a todos nuestros empleadores la capacidad vital de cumplir con nuestros contratos. El arte es la grandeza de Francia desde la época de Colbert. Ayude usted a conservar la luz y las «luces», esas que todo el mundo nos envidia, esas que los pueblos de Europa, que nos siguen con su mirada, de nosotros esperan. 

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