Recensiones bibliográficas

El 250º aniversario de Friedrich Hölderlin, una biografía

Juan Carlos Tellechea
viernes, 24 de abril de 2020
Hölderlin © 2019 by Carl Hanser Verlag Hölderlin © 2019 by Carl Hanser Verlag
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Había una vez un poeta solitario, radical y díscolo llamado Friedrich Hölderlin que no encontraba asidero en esta vida, pese a que amaba con devoción y era amado de la misma manera. Tutor, poeta, filósofo, traductor y revolucionario, Hölderlin vivía en un ambiente de desgarradoras tensiones bajo las cuales finalmente sucumbiría. El siglo XX descubriría la importancia de su obra y algunos lo transfigurarían en un mito.

Sin embargo, Hölderlin sigue siendo un gran desconocido entre los clásicos de la literatura alemana. Bien lo sabía esto el destacado escritor, intelectual y político español Jorge Semprún, con quien tuvimos oportunidad de compartir una inolvidable charla décadas atrás en la Feria del Libro de Francfort del Meno. Semprún tenía siempre versos de Hölderlin y de Charles Baudelaire a flor de labios. El poeta alemán era para él -ex prisionero del campo de concentración nazi de Buchenwald (cerca de Weimar)- una de esas asertivas voces antifascistas de habla germana, como las de Heinrich Heine, Karl Marx y Edmund Husserl, entre otros, que perduran imborrables en nuestras mentes.

Este año se conmemora el 250º aniversario del nacimiento de Hölderlin y el escritor y filósofo Rüdiger Safranski, también un pensador contestatario, acaba de publicar con tal motivo una nueva biografía titulada Hölderlin. Komm! Ins Offene, Freund! (Hölderlin. ¡Ven! ¡Al aire libre, amigo!), publicada por la editorial Hanser-Verlag de Múnich y Berlín.

El autor relata la vida de Hölderlin como la del hombre moderno en su desgarro y belleza. No es una historia de decadencia, sino la del fuego divino que ilumina y abrasa. Una aventura, como decía el propio Hölderlin, Alles prüfe der Mensch, sagen die Himmlischen, / Daß er, kräftig genährt, danken für Alles lern', / Und verstehe die Freiheit, / Aufzubrechen, wohin er will (El hombre lo prueba todo, afirman los seres celestiales / Que él, fuertemente alimentado, agradece todo lo que aprende / Y entiende la libertad / Salir, hacia donde quiera).

La libertad entendida como ruptura, de ello trata esta biografía que sigue a Hölderlin en su eterno deambular por Tubinga, Stuttgart, Heidelberg, Francfort del Meno y desde el Jura de Suabia a Suiza; a lo largo del Neckar hasta Nürtingen y desde allí a Jena, el anhelado lugar, no lejos de Weimar, donde tampoco pudo quedarse el lírico alemán.

Es una biografía convencional que comienza en 1770 con el nacimiento de Hölderlin en Lauffen a orillas del Neckar, hasta su reclusión en la Torre de Tubinga, pocos kilómetros río arriba, donde moriría en 1843. La obra se cierra con un capítulo final sobre la receptividad que tuvo el poeta en vida y hasta nuestros días.

A propósito, el Deutsche Literaturarchiv, de Marbach, realiza una amplia exposición titulada Friedrich Hölderlin, Paul Celan y el lenguaje de la poesía, de la que hablamos al final de esta reseña y que provisionalmente permanece cerrada por la pandemia de coronavirus, pero que muy pronto podrá ser visitada por Internet.

Este libro de Safranski es peculiarmente hermoso y está embebido por ese fuego divino que no suelta a Hölderlin en su anhelo de nueva libertad. Göttliches Feuer auch treibet, bei Tag und bei Nacht, / Aufzubrechen, So komm! daß wir das Offene schauen, (El fuego divino también impulsa, de día y de noche, / Hay que salir ¡así que vamos! Para que miremos al aire libre), exhorta el poeta en una de sus elegías. La cuestión central en esta obra es de qué naturaleza es ese fuego que arde en la vida y en la poesía de Hölderlin.

Safranski, quien en la década de 1970 fuera uno de los miembros fundadores del Kommunistische Partei Deutschlands/Aufbauorganisation (KPD/AO) de orientación maoísta y se formara en la Universidad de Francfort del Meno, con Theodor W. Adorno, y posteriormente en la Universidad Libre de Berlín, no ofrece tesis originales ni respuestas simples, pero cuenta con gran maestría y abre ante nuestros ojos ese vasto mundo, curiosamente hermoso, de los inicios hacia la era moderna.

Dónde podría relatarse mejor esa vida si no en la región del valle del Neckar, donde los jóvenes, plenos de esperanzas, ideales e ilusiones, atendían seminarios y celebraban a Immanuel Kant mientras planeaban la conquista universal, especialmente la intelectual. Hölderlin compartía estudios de teología y alojamiento en el Seminario de Tubinga con Friedrich Hegel y con Friedrich Schelling. Allí, después de la Reforma Protestante, eran encorralados y preparados los jóvenes superedotados del ducado de Württemberg.

Safranski despliega los datos biográficos de Hölderlin entretejiéndolos con sus más sentidos versos e himnos que iluminan con esplendor los paisajes entre el Neckar, el Rin y el Meno, enorme diorama entre el cielo y la Tierra, In deinen Tälern wachte mein Herz mir auf. / Zum Leben, deine Wellen umspielten mich (En tus valles mi corazón me despertó. / A la vida, tus olas jugaron a mi alrededor). En la angostura suaba, la luz de lo nuevo parecía brillar de forma especialmente deslumbrante. No en balde, y hasta hoy, crecieron y crecen allí también otros pensadores solitarios y hasta esotéricos.

El escritor y filósofo nos habla asimismo del origen del poeta, de la respetabilidad de esa burguesía del pobre ducado de Württemburg con privilegiados estamentos que desde el principio habían alcanzado un considerable grado de participación. El elegante paisaje estaba lleno de figuras singulares, hijos de pastores protestantes y genios.

Hegel era considerado un tipo pesado y engorroso por sus compañeros y Schelling un joven precoz. Todavía más genial era, sin embargo, el primus inter pares del grupo, Karl Christoph Renz, de quien el trío (Hegel, Hölderlin y Schelling) esperaba que llegara a ser algo en esta vida. Sin embargo, Renz se conformaría con ser pastor protestante en una aldea y por nada del mundo deseaba cambiar esa feliz situación por la de profesor universitario, pese a los múltiples ofrecimientos que tuvo.

Renz es una figura minúscula en esta rica biografía, un contrapunto a la imagen de Hölderlin. Éste arde de ambición, atormentado por la sed de perfección masculina, como él mismo lo expresara con palabras críticas hacia sí mismo, pero también con confianza en sus propias capacidades. Tal vez era ese el fuego divino del que hablaba...Einen Sommer gönnt, ihr Gewaltigen! / Und einen Herbst zu reifem Gesange mir (¡Permitid solo un verano vosotros poderosos! / Y un otoño para madurar canciones para mí), rogaba a esas fuerzas celestiales omnipotentes. Por la ambición sacrificaría el amor, los planes que tenía su madre para su futuro, la domesticidad y el encanto de la existencia, todo lo cual quedaría para él sumergido en la infancia.

Mas, Safranski, autor asimismo de numerosas obras sobre Friedrich Schiller, E. T. A. Hoffmann, Arthur Schopenhauer, Friedrich Nietzsche, Johann Wolfgang von Goethe y Martin Heidegger, entre otras figuras del pensamiento alemán, no cae en la tentación de relatar la biografía de Hölderlin como la de un mártir revolucionario, como habitualmente se lo presenta desde la década de 1960, diezmando la complejidad multifacética de las ansias de libertad y su irrupción por causas políticas.

El ducado de Württemberg no era simplemente un refugio de la tiranía; afirmarlo sería emitir un juicio ahistórico. Los estudiantes del Seminario (antigua abadía católica antes de la Reforma) no ocultaban su credo político en favor de la libertad, adoraban a Friedrich Schiller, expulsado de ese, su terruño natal. Hölderlin visitaría incluso a Christian Schubart, celebrado y honrado como un luchador por la libertad, tras su encarcelamiento por criticar el absolutismo y la decadencia allí.

El profesorado acercaba la filosofía más nueva a los estudiantes, Spinoza, Leibniz y Kant una y otra vez. De hecho, el despertar y el fuego divino eran particularmente evidentes aquí, bajo la forma revolucionaria de pensar de la nueva filosofía que imbuía a Tubinga. Kant derribaría las catedrales de la metafísica.

Pese a las prohibiciones, los jóvenes se reunían por la noche para cantar y beber, politizar y ganar renombre. Para Hölderlin y sus compañeros sería pertinente el rescripto ducal contra los seminaristas en 1790: desprecio por la teología, aversión hacia la profesión de pastor, inclinación hacia la frivolidad y el bienestar, insubordinación y un falso sentido de la libertad. Al duque no le gustaba el asunto, pero había límites a su poder. Cuando Schelling fue llamado a declarar, éste contestaría: Alteza, nostros carecemos de diversidad.

El pietismo de su madre, una bella viuda, y todo el aparato de la fe protestante no solo debería entenderse como una aflicción para el gran espíritu de Hölderlin. Él vivía en esa religiosidad y nunca se liberaría de ella. Schelling, Hölderlin y Hegel recurrían a las ideas y el lenguaje luteranos; hablaban del Reino de Dios como un sueño juvenil que trascendía lo religioso y alcanzaba lo político.

El fuego divino del amor, el anhelo de lo absoluto, sea el que fuere su significado, impulsaban hacia la libertad. Hölderlin no solo encontraría materia erudita en el mundo de los dioses de la Antigüedad, sino que descubriría aquí también la religión verdadera. Es más, incluso en su religiosa Grecia veneraría a la República: Rauschte dort die Stimme des Volks, die stürmisch-bewegte, / Aus der Agora nicht her? (Susurraba allí la voz del pueblo, que se movía tempestuosamente / ¿No venía del Ágora?), evoca Safranski, quien tal vez sienta hoy, hasta donde le sea posible, cierta nostalgia de aquello que en sus tiempos de estudiante se llamaba también fe revolucionaria.

Los jóvenes de Tubinga seguían los acontecimientos de la Revolución Francesa y sabían que allí había un despertar y que ardía el fuego. La política se abría desde las cortes y retornaba a los corazones de la gente. Para ellos el amor a la patria era el amor a la libertad en los paisajes de su tierra natal. En esta biografía Hölderlin deja de ser el genio ignorado en la aburrida Alemania. Mujeres y hombres procuraban estar cerca de este genial y bello poeta. Lo llamaban Apolo.

Hölderlin tenía suerte y numerosos amigos que le proporcionaron puestos honorables, lo veneraban, le traían nuevas ediciones de poesía o simplemente le daban comida y alojamiento. Schiller presentaría a Hölderlin al mundo como a su suabo favorito. Sin embargo, seguiría siendo célebre entre los conocedores e iniciados y un gran desconocido para muchos; un autor de gloria póstuma.

Al final, la locura que padeció Hölderlin la mitad de su vida, 36 años, no es relatada por Safranski como algo angustiante. Tampoco necesita de las tesis del germanista Pierre Bertaux que creía ver en el poeta a un jacobino que simulaba su demencia para eludir lo que denominaba la mezquindad de las mentes alemanas. Los estudiantes de Tubinga visitaban al poeta y escuchaban sus discursos en sus postreros años. Las despreciadas autoridades le pasaban una pensión, tenía un buen pasar y encontraría la paz. Vivía con la familia del maestro carpintero Zimmer y desde la habitación que ocupaba en la torre de la casa, mirando hacia abajo, podía ver el río Neckar que no tenía ninguna premura por desembocar en el Rin.

Sin embargo, es una época de transición, el resurgimiento duele y ocurriría con demasiada frecuencia no tendría éxito. El curriculum vitae no solo estaba limitado a las mujeres que aparecían como amantes, como amonestadoras, como cuidadoras y como admiradoras en su devenir. También la vida masculina se veía limitada.

Hölderlin no lograría independizarse, no tenía ni para comer, no podía ganarse la vida como poeta. Tal vez tendría que haberse casado y ser pastor protestante como le había aconsejado su familia. Incluso su amor con Susette Gontard, la esposa del banquero de Francfort, no tendría salida. No podían liberarse de la situación, y lo sabían. Pero el amor vive en la poesía y concilia: Größers wolltest auch du, aber die Liebe zwingt / All uns nieder; das Laid beuget gewaltiger; / Doch es kehret umsonst nicht / Unser Bogen, woher er kommt (Tú también querías algo más grande, pero el amor obliga / a todos nosotros; el sufrimiento flexiona poderosamente; / Pero no regresa en vano / Nuestro arco, de donde venga). La relación con Susette fracasaría finalmente.

Pero lo que importa, en definitiva, es la poesía. Aquí es donde arde el fuego, donde tiene lugar la verdadera acción de la libertad. La poesía no está ligada a la realidad, crea nuevas realidades; no es sencillamente una imagen y una explicación del mundo, sino que crea el mundo en el sentido más eminente del término.

Incluso cuando el nuevo amancer tenía éxito, a menudo resultaría cuestionable. Los Hombres se alienan a sí mismos. En Hiperión, la única novela, y de gran aceptación general, de Hölderlin, publicada por Friedrich Schiller en su legendaria revista Thalia, el héroe es alguien que se encuentra en eterna búsqueda. Hölderlin se pondría en marcha y sufriría por ello.

El Yo, enajenado de la naturaleza por la divinización de la Razón, habrá de reencontrar la armonía con la naturaleza; esta es la premisa necesaria para una nueva moralidad. Le encantaba la Revolución Francesa, pero se sentía más que consternado por el terror y por las incursiones del ejército francés en Alemania. Hölderlin utilizaría las tendencias hacia la secularización y, sin embargo, el mundo sin dioses se volvería demasiado frío para el hijo de aquella madre pietista. La refracción y la limitación, mal que nos pese, son inherentes a este nuevo mundo.

Hiperión es una novela epistolar de alto contenido lírico y en clave a muchos niveles. Las figuras protagonistas (Hiperión, Alabanda y Diotima) son personificaciones de los ideales de esa revolución; y la solución no podía ser política (fracasarían en principio los intentos republicanos en Francia) sino filosófica, o mejor todavía, utópica. La obra tomaba como espacio la Grecia de aquel momento, tan del gusto del autor; los amores de Hiperión y Diotima se fundan en los de Hölderlin y Susette Gontard. En un espacio idealizado se sucederán las declaraciones de amor a modo de monólogos junto con el desarrollo de una comunidad de hombres libres en un mundo recién nacido.

¿Que es poesía? ¿Que hacemos con los poemas? ¿Como nos transforman a nosotros mismos y como transforman nuestra percepción, tal vez incluso un poco nuestra propia vida? ¿Que versos nos ponen la piel de gallina, cuales nos hacen llorar, cuales nos dejan fríos?

La exposición Hölderlin, Celan y en lenguaje de la poesía que mencionábamos más arriba hace que uno sienta enorme placer en la lectura de poemas, incluso los más difíciles. Los poemas de Hölderlin son mostrados aquí desde perspectivas muy diferentes: desde su creación hasta su diseño y sus efectos. Permité además descubrir sus huellas en la literatura de los siglos XIX y XX, en obras que van desde Wilhelm Waiblinger y Eduard Mörike hasta Norbert Hellinrath, Rainer Maria Rilke y Hermann Hesse, Hannah Arendt, Mascha Kaléko, Nelly Sachs, Ingeborg Bachmann y Paul Celan hasta nuestros días.

La biografía y la obra de Celan, cuyo amplio legado se encuentra también en el Deutsche Literatur Archiv (Archivo de literatura alemana) de Marbach y fue asimismo un apasionado lector de Hölderlin, merece además un enfoque especial: habría cumplido 100 años en 2020; en el que se conmemora además el 50 aniversario de su prematura muerte.

Con ayuda de planeamientos experimentales, los visitantes pueden explorar cómo leer los textos de Hölderlin y conocer su efecto poético, qué es lo que hace que las huellas de la receptividad de Hölderlin sean tan especiales y cómo cambian nuestra experiencia literaria el conocimiento, pero también determinados espacios y situaciones.

Las entidades que participan en esta investigación son el Leibniz-Institut für Wissensmedien de Tubinga y el Instituto de psicología de la Universidad de Tubinga, el Centrum für reflektierte Textanalyse (CRETA) y el SRC Text Studies de la Universidad de Stuttgart, así como el Instituto de filología alemana de la Universidad de Würzburgo.

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