Novedades bibliográficas

Carlos V, el emperador al que destrozó el mundo

Juan Carlos Tellechea

martes, 19 de mayo de 2020
Der Kaiser, dem die Welt zerbrach © 2020 by C.H. Beck

Al menos tres exhaustivas biografías de Carlos V (1 de España) fueron publicadas en los últimos 20 años en Alemania. La más reciente es la del catedrático de Historia Europea de la Universidad Humboldt de Berlín, Heinz Schilling, Karl V. Der Kaiser, dem die Welt zerbrach* (Carlos V. El emperador al que destrozó el mundo), que acaba de sacar a luz la prestigiosa editorial C. H. Beck de Múnich.

Otras dos obras biográficas fueron publicadas también por esta editorial, respectivamente en 2000, al conmemorarse el quinto centenario del nacimiento del hijo de Felipe el Hermoso y Juana de Castilla, Karl V. Kaiser zwischen Mittelalter und Neuzeit* (Carlos V. Emperador entre la Edad Media y la Época Moderna), escrito por la profesora de la Universidad de Francfort del Meno, Luise Schorn-Schütte; y en 2014, Karl V. 1500 – 1558. Eine Biographie* (Carlos V. 1500 – 1558. Una biografía), al evocarse su nombramiento como duque de los Países Bajos Borgoñones en 1515, antes de convertirse en rey de España un año más tarde, por el profesor de la Universidad de Viena, Alfred Kohler.

Para completar el panorama temático, la misma casa ha editado la historia de Borgoña, el milenario imperio desaparecido, del historiador y autor belga (flamenco) Bart Van Loo Burgund. Das verschwundene Reich. Eine Geschichte von 1111 Jahren und einem Tag* (Borgoña. El imperio desaparecido. Una historia de 1111 años y un día).

No todos abordan del mismo modo la imponente figura de Carlos V, el gobernante más poderoso e importante de su tiempo. En sus casi 600 páginas, Schilling lo libera del mito decimonónico de los Austrias y lo lleva de vuelta a su mundo histórico, la Borgoña culturalmente rica de su juventud y a España con su espacio atlántico de ultramar. Schilling entreabre incluso en este libro al impenetrable Carlos con su erotismo, sus cortas relaciones amorosas, con su menospreciado lado musical y le da el justo lugar en las luchas religiosas de la época, retratándolo como una persona profundamente creyente, y en tal sentido igual que el monje agustino y reformador Martín Lutero.

Schorn-Schütte se ocupa por su parte de la complejidad del momento intermedio que le tocó vivir a Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico y Carlos I de España, un monarca que no era ni medieval ni moderno y que el destino ubicó incómodamente entre diferentes épocas.

Para Kohler, ningún emperador entre los gobernantes europeos tuvo una base de poder y de gobierno tan amplia como Carlos V. No fue tanto la persona, sino el fenómeno de Carlos V lo que fascinó siempre y fascina aún a historiadores y escritores; un soberano que escapa en gran medida a los criterios nacionales y que debe ser entendido como un personaje europeo.

Mientras Van Loo nos hace un relato sobre la primavera borgoñesa y Schilling sobre la vida y la muerte del emperador universal, el lector se plantea hipótesis históricas incontrastables ¿Qué hubiera ocurrido si Carlos el Temerario de Borgoña no hubiera caído en Nancy en 1477? ¿Qué habría pasado si Carlos V hubiera quebrado su caballeresca promesa de munir de un salvoconducto a Lutero después del Reichstag de Worms en 1521 y hubiera estrangulado la Reforma protestante?.

Son cuestiones que nadie se formula hoy en día, porque la época en cuestión apenas si está presente en la memoria colectiva, y, sin embargo, es probable que ha moldeado el presente más de lo que uno pudiera suponer o imaginar. Van Loo vive con su familia en un pueblo del Flandes occidental, a unos 50 kilómetros de Gante y de Brujas, a 40 de Lille y de Tournai, una región que alguna vez fue el corazón de Europa y ahora lo es de nuevo.

A partir de aquí se formó el imperio de los Francos, aquí surgió la industria textil moderna y el sector financiero, que aún resuena hoy en la denominación de la bolsa de valores. Ter Beurze era la casa de dinero más importante de Brujas, la cuna del capitalismo de Europa occidental, para Van Loo, Flandes era el Silicon Valley de la Edad Media; y menciona al historiador cultural neerlandés Johan Huizinga con su famosa obra El otoño de la Edad Media (1919), pionera en el campo de la historiografía.

El período de esplendor del ducado de Borgoña (desde mediados del siglo XIV hasta la mitad del siglo XVI) y su historia tiene lugar en gran medida entre los años 1361 a 1477, en la transición entre la Edad Media y los tiempos modernos, durante el reinado de los cuatro duques de la llamada casa más joven de Borgoña. Su territorio alrededor de Dijon se estableció a fines del siglo IX. En 1361, el rey Juan el Bueno de Francia se lo otorgó como un feudo a su hijo Felipe el Atrevido o el Audaz.

Felipe recibió el sobrenombre de el Atrevido porque siempre cubría las espaldas de su padre en 1356 en la Batalla de Poitiers en la Guerra de los Cien Años contra los ingleses, momento en que comenzaría el siglo de Borgoña. A través de una inteligente política de matrimonios, tomó posesión de Flandes y de Holanda, y dió inicio a la Borgoña de los Países Bajos.

La genitura secundaria francesa se convertiría en una potencia autónoma. El hijo de Felipe, Juan sin Miedo, aceleraría el pinzamiento del cordón umbilical del gran hermano mayor, Francia, que luchaba entonces por su existencia contra Inglaterra, y caería en una guerra civil en 1407 por el asesinato de su primo Luis de Orleans. Su hijo, Felipe el Bueno reinaría durante casi medio siglo, engendraría innumerables hijos naturales, y entregaría a Juana de Arco en 1430 a los ingleses.

Le sucedería en 1467 su hijo Carlos, el duque más famoso -y el último- de Borgoña. También se le conoce como el Audaz, pero Van Loo prefiere llamarlo el Temerario (le Téméraire) como en francés. La frenética ambición de este hombre, terriblemente violento, impulsivo e insensible a los consejos, de convertir el Gran Ducado en Occidente en un reino de Borgoña lo perdería finalmente. Nada menos que contra la Confederación Helvética caería Carlos -quien para Van Loo reunía en su persona algo de Napoleón, pero también gran parte del arriesgado Federico el Grande- en tres vergonzosas derrotas, como dice un conocido refrán popular erst das Gut, dann den Mut und schliesslich das Blut (primero la excelencia, luego el coraje y finalmente la sangre).

Pero el sueño de Borgoña no habría de terminar aquí. El ducado retornaría rápidamente a Francia, donde todavía existe como la región de Bourgogne-Franche-Comté; las tierras bajas permanecen con la hija y heredera de Carlos, María, y su prometido Maximiliano de Austria, el último caballero en el trono alemán. Su nieto Carlos lo defendería con éxito contra su vecino francés en cuatro sangrientas guerras (aunque principalmente en y alrededor del norte de Italia), y, pese a todo, moriría como un hombre fracasado como su bisabuelo.

Este nieto, el emperador Carlos V, fue el primer emperador de un imperio mundial para Heinz Schilling, autor de libros como Martín Lutero* y 1517*, pero también fue el único gran gobernante de la Europa moderna, quien renunció voluntariamente al trono, en un acto de profunda humanidad como soberano, en un momento en que el realismo sin escrúpulos de la teoría política maquiavélica estaba abriendo camino en Europa, y un acto de retiro hacia la universalidad privada de la fe.

El bisnieto de Carlos el Temerario creció como un borgoñón, su lengua materna era el francés. Nacido en la orgullosa ciudad de Gante, el nieto de Isabel de Castilla, quien apoyara a Cristóbal Colón en sus travesías a América, soñaba como emperador con la monarquía universal en esos vastos territorios donde nunca se ponía el sol.

Escrupuloso y reflexivo sobre sí mismo ante las normas religiosas y morales, Carlos no solo derrotaría al rey Francisco I de Francia cuatro veces - incluso en Pavía lo tomaría prisionero en 1525- sino que también superaría el primer asedio turco de Soleimán el Magnífico en Viena en 1529, recuperaría seis años más tarde Túnez del corsario turco Jeireddín Barbarroja; y en 1547 humillaría cerca de Mühlberg al líder político del protestantismo, la Liga de la Esmalcalda, el príncipe elector sajón Juan Federico I.

Pero este beligerante emperador también fue el hombre que planteó la política colonial como una cuestión de conciencia y que se ocupó internamente de los problemas religiosos, legales y sociales de la conquista. El novelista católico Reinhold Schneider (cuyas obras contribuirían a la resistencia contra el régimen nazi de Adolf Hitler) inmortalizaría este asunto en el área de habla germana en su libro Las Casas vor Karl V. (Las Casas antes de Carlos V), escrito entre 1937 y 1938. No serviría de nada. Los problemas derivados de la explotación despiadada y la conquista los conocía de sobra el emperador. Pese a las reformas introducidas, muchos conquistadores españoles, sobre todo Hernán Cortés no se atuvieron a las leyes, subraya por su parte la historiadora Schorn-Schütte.

Después de tantas guerras y conflictos, Carlos entraría en una fase de reflexión: sobre sí mismo, sobre la vida y sus vivencias y, además, sobre el estado de Europa. Los grandes protagonistas, que junto con él habían trazado la escena europea en la primera mitad del siglo XVI, habían fallecido: Enrique VIII de Inglaterra y Francisco I de Francia en 1547, Martín Lutero en 1546, Erasmo de Róterdam diez años antes y el papa Paulo III en 1549.

El balance de su vida y de aquello que había completado no era del todo positivo, sobre todo en relación con los objetivos que se había fijado. Su sueño de un Imperio universal bajo los Habsburgo había fracasado, así como su objetivo de reconquistar Borgoña. Él mismo, aunque autonombrándose el primero y más ferviente defensor de la Iglesia Romana, no había conseguido impedir el asentamiento de la doctrina luterana.

Sus posesiones de ultramar se habían acrecentado enormemente, pero sin que sus gobernadores hubiesen podido implantar estructuras administrativas estables. Tenía consolidado el dominio español sobre Italia, que se aseguraría después de su muerte con la Paz de Cateau-Cambrésis en 1559 y duraría ciento cincuenta años. Carlos comenzaba a tener conciencia de que Europa se encaminaba a ser gobernada por nuevos príncipes, los cuales, en nombre del mantenimiento de los propios Estados, no intentaban mínimamente alterar el equilibrio político-religioso al interior de cada uno de ellos. Su concepción del Imperio había pasado y España se consolidaba como potencia hegemónica.

Carlos, quien soñaba con un imperio europeo y una iglesia quizás modernizada, pero unida, tendría que admitir que su concepto de orden y de paz no se podría implementar y abdicaría, nada menos que en Bruselas en 1555 en una triste ceremonia. Su sueño de ser enterrado junto a sus antepasados borgoñeses en la Cartuja de Champmol, en Dijon, tampoco se cumpliría. Se mudaría, en cambio, al monasterio de Yuste en Extremadura, donde moriría de paludismo (sumado a la gota que también padecía de forma aguda) el 21 de septiembre de 1558.

La idea de unidad y paz de Carlos V, escribe Schilling, era para una Europa preestatal y prenacional. Reemplazando el pre por el post se tiene a la Unión Europea de hoy. Las bases para ello se sentaron a caballo entre la Edad Media y los tiempos modernos (Schilling), en lo que, según Van Loo, comenzaría en el siglo XIV en el campo de batalla de Poitiers, donde, al igual que una década antes en Crécy, no solo la caballería experimentaría su canto de cisne, sino también Felipe el Atrevido se calificaría para su futuro borgoñés.

Por supuesto: Van Loo escribe claramente la historia de Borgoña como una magistral narración belga. Schilling la de Carlos como borgoñés. Borgoña, una Europa en miniatura, en la que la composición multiétnica de los súbditos era la regla. Carlos como emperador originario de Borgoña, expresaría al igual que Lutero una religiosidad muy personal (…). Esa es la profunda tradición religiosa y humanista de su patria neerlandesa abierta a la reforma.

Carlos, el emperador viajero, se veía a sí mismo en realidad no como un alemán, sino como un español, y sobre todo como un borgoñón. Por esta razón y por su catolicidad, quizás el gobernante alemán más fascinante desde la Edad Media, apenas tuvo el aprecio que merecía, no solo en la larga tradición nacionalprotestante alemana, sino también en la histórica europea.

Los Países Bajos y Bélgica, como escribe Van Loo, y quizás incluso la moderna Europa moderna son un diseño borgoñés. No se trata de un territorio claramente definido, sino de una idea, la idea de universalidad, la coexistencia tolerante de fuerzas mutuamente opuestas, pero dependientes entre sí. Una idea que requiere una tensión constante para su realización, y que Europa solo está reconsiderando en medio de su grave amenaza actual, que extrañamente recuerda a los primeros tiempos modernos afectados por la peste.

Notas

1. Heinz Schilling, "Karl V. Der Kaiser, dem die Welt zerbrach", München: C.H. Beck, 2020. ISBN ISBN: 978-3-406-74899-8

2. Luise Schorn-Schütte, "Karl V. Kaiser zwischen Mittelalter und Neuzeit", C.H.Beck Wissen, 2000. ISBN ISBN: 978-3-406-44730-3

3. Alfred Kohler, "Karl V 1500-1558", C.H. Beck, 2014. ISBN ISBN: 978-3-406-66920-0

4. Bart van Loo, " Burgund. Das verschwundene Reich", München: C.H. Beck, 2020. ISBN ISBN: 978-3-406-74927-8

5. Heinz Schilling, "Martin Luther: Rebell in einer zeit des umbruchs", München: C.H. Beck, 2016. ISBN ISBN: 978-3-406-70105-4

6. Heinz Schilling, "1517", München: C.H. Beck, 2017. ISBN 978-3-406-70069-9

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