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Negros nubarrones sobre el futuro de Bayreuth (II)

Juan Carlos Tellechea

viernes, 15 de mayo de 2020
Herrin des Hügels © 2020 by Pantheon/Randomhouse

Si con Katharina Wagner concluyera la sucesión dinástica al frente de los Festivales de Bayreuth, se desataría probablemente un terremoto de incalculables proporciones en el universo de este género musical que daría la puntilla a todos los empeños puestos con denodada energía por Cosima Wagner desde un principio (1876) para que este evento permaneciera en manos familiares.

De no haber cambiado de opinión en estos días y de continuar así en el futuro próximo, tanto Eva Wagner-Pasquier, hermanastra de Katharina, como su prima Nike Wagner (hija de Wieland Wagner) no estarían dispuestas a sucederla en la dirección que ha tenido que abandonar transitoriamente por una seria enfermedad. Al menos es lo que se sabe hasta ahora.

Cosima Wagner sobrevivió a Richard Wagner por 50 años. Fue ella quien aseguraría que el festival quedara preservado para la familia después de su muerte y quien fundaría la dinastía, sostiene el historiador Oliver Hilmes, autor de la biografía Herrin des Hügels. Das Leben der Cosima Wagner (Señora de la Colina. La vida de Cosima Wagner), publicado en su cuarta edición por Penguin TB Verlag de Múnich.

La hija natural de Franz Liszt y Marie d'Agoult, divorciada del pianista y director de orquesta Hans von Bülow, tras el sonado escándalo por adulterio con Richard Wagner, fue la admirable mujer que en definitiva construiría el culto a este compositor, su segundo marido, y la que se convertiría en el verdadero custodio de su lírico grial.

Toda su biografía convierte a Cosima en una figura muy especial, verdadera creadora de los Festivales de Bayreuth. Sin ella, este gran experimento que hoy conocemos y que hasta antes de la llegada de Katharina Wagner alcanzara enorme éxito, habría fallado en los tiempos de Richard Wagner y no habría tenido ningún futuro. Su mujer salvó efectivamente el festival y lo convirtió en una institución con proyección, musical, social y, desafortnadamente también, política.

El matrimonio de Cosima con von Bülow fue básicamente un gran error y se conocieron en las condiciones incorrectas; se convencieron de que había amor entre ellos, donde básicamente solo había piedad o compasión, y todo falló relativamente rápido. Ella se encontraría con Richard Wagner en su luna de miel con Bülow. Fue una fatalidad. Al principio no pensaba unir su vida a la de Wagner, pero las cosas cambiarían al poco tiempo y todo terminaría en una tragedia matrimonial realmente dramática que sería tema ideal para una de esas telenovelas que ocupan al público de entrecasa por las tardes o quizás para una ópera, la realidad supera siempre a la ficción, mentiras, engaños, cuernos, tres hijos fuera del matrimonio...

Von Bülow sorprendió en una oportunidad a los dos amantes in flaganti, pero no hubo ninguna discusión, solo una vuelta de página en la agenda. El director de orquesta, quien como Hofkapellmeister de Múnich había estrenado Tristán e Isolda (1865) y Los maestros cantores de Nuremberg (1868), era amigo y admirador de Wagner hasta entonces; un hombre cuyo honor era sagrado para él, hasta la hipocresía. Probablemente adivinó todo lo que estaba sucediendo dentro de su núcleo familiar y prefirió incubar esos tres huevos de cuco, porque si no la situación se volvería socialmente insoportable en aquellos años y en la capital de Baviera, sostiene Hilmes.

Antes de divorciarse, Cosima tuvo a Isolde, Eva y Siegfried con Wagner; obviamente había asumido que de alguna manera iba a ser posible solucionar el tema con un Ménage à Trois. En su carta de despedida a Hans, Cosima afirmaría que siempre creyó en poder alcanzar una solución satisfactoria para los tres. Por supuesto, tenía sentimientos de culpabilidad hacia von Bülow; los tuvo durante el resto de su vida, y sus últimas palabras en el lecho de muerte fueron ¡Perdóname!, probablemente en dirección a su primer marido.

Hilmes menciona todos estos detalles íntimos en su libro, pero no juzga ni condena a Cosima Wagner por su conducta, una figura que en última instancia nadie sabe qué era realmente y por qué actuaba así. El historiador, en su comprensión de lo que debe ser una buena biografía, cree profunda y firmemente en la inteligencia de sus lectores para formarse una opinión propia. El historiador oficia aquí de minucioso presentador de diferentes fuentes y hechos e intenta armar una imagen, aunque dejando al lector la creación de su juicio particular, por lo que el libro se lee con suma atención

Lo realmente dificil de juzgar es si Cosima amaba a Richard o al genio musical que era Wagner. Hilmes cree que ambos se amaron, pero por supuesto Cosima adoraba a Wagner. Hay frases de ella que denotan sumisión; expresiones como: (…) Cada frase de Richard es un dogma para mí (…), ella lo adoraba profundamente y, por supuesto, está fuera de toda cuestión que también amaba su música.

Si fueron felices el uno con el otro es también otro asunto complicado de evaluar, porque cada uno tiene una visión subjetiva de lo que es la felicidad conyugal. Richard Wagner tuvo ocasionalmente asuntos menores, de los que todavía se debate cuán platónicos fueron o no (como pudimos apreciar recientemente en la serie dedicada a la historia de 250 años de la editorial Schott-Verlag, de Mainz, el despacho del actual editor Peter Hanser-Strecker lo ocupaba en su tiempo Richard Wagner para su labor de composición del Anillo del Nibelung y en él, por contrato, había una chaise longue para las visitantes femeninas que recibía). Aunque en definitiva se puede suponer que Cosima y Richard fueron felices, y sus personalidades encajaban perfectamente en ese matrimonio.

Para Cosima fue una misión casarse con Wagner. Sobre todo después de la muerte de Richard, fue para ella una gran responsabilidad continuar el legado y establecer una dinastía. Hilmes lo llama en su libro el principio dinástico, según el cual la Señora de la colina preservó el festival para la familia después del fallecimiento de Richard Wagner y se sintió asimismo como la gobernadora de su hijo Siegfried, todavía relativamente pequeño. Cuando Siegfried fuera lo suficientemente mayor, tomaría algún día el cetro de manos de su madre, y así ocurrió en 1908. Cosima renunciaría en 1906 debido a una enfermedad y a su avanzada edad.

En 1907 no hubo festival y al año siguiente Siegfried dirigiría la primera edición bajo su mandato. Después hubo un receso por la Primera Guerra Mundial. Cosima arreglaría incluso el casamiento en septiembre de 1915 de Siegfried con la inglesa Winifred Marjorie Williams, quien se convertiría desde 1923 en amiga personal de Adolf Hitler y dirigiría el festival desde la muerte de su marido hasta 1944. Siegfried fallecería en 1930 poco después de su madre; ella el 1 de abril, a la edad de 92 años, él el 4 de agosto con 61. Winifred presentía ya en el funeral de Cosima que algo grave iba a ocurrirle a Siegfried, tras la muerte de su madre. Se sentía muy apegado a ella, la fundadora de ese principio dinástico que ha perdurado hasta ahora en Bayreuth.

Si Katharina, de 41 años, hija del segundo matrimonio de Wolfgang Wagner, lo quebrara renunciando indeclinablemente a su puesto de directora general del festival, este sería un gran golpe para la familia y todo el peso de la responsabilidad recaería sobre ella, Su madre, Gudrun Wagner, casada en segundas nupcias con Wolfgang, fue co-organizadora del festival y habría contribuído decisivamente en vida a la desunión de la familia, pero esto es ya otro cantar, materia para otra biografía, quizás hasta para una nueva serie de telenovelas.

Cosima tuvo asimismo un gran papel en lo que se denomina la nebulización incienzada de la figura de Wagner como sustituto de la religión. Como todo artista, Richard ya tenía una autoconfianza elitista en su persona y en su obra. Pero posiblemente hubiera sido muy desagradable para él haber tenido que presenciar los tejes y manejes que organizó Cosima con la memoria de su marido, tras su muerte.

Póstumamente se habrían de pronunciar palabras magistrales y se hablaría de cosas solemnes; algo que en realidad era totalmente ajeno a la personalidad de Wagner. Él quería ser solamente un ser humano más entre los seres humanos y era muy reacio a ser elevado a los altares como un semidios; y esa fue ciertamente la gran obra de Cosima.

Hilmes sostiene que Cosima había formado a los admiradores de Wagner en un movimiento colectivo antisemita antes de 1933. Esa es una de las principales preocupaciones manifestadas en su libro. El historiador, formado en las universidades de Marburgo, París y Potsdam, cierra una brecha, entre 1883 (muerte de Wagner) y la primera aparición del partido nazi y de Hitler en Bayreuth en 1923.

El historiador, formado además en psicología, deja en claro que hubo también una historia intermedia y que el hitlerismo y el nazismo no cayeron del cielo sobre Bayreuth, sino que los antisemitas, los chovinistas y los nacionalistas alemanes se sintieron ya muy a gusto allí alrededor de 1895 o de 1900. Cosima lo logró canonizando el pensamiento político e ideológico de Wagner, que era muy contradictorio, reinterpretándolo en una dirección muy específica.

No solo Wagner era antisemita, también Cosima lo era. Pero Cosima canonizó el antisemitismo de Wagner y así, al final, para muchos solo existía el antisemita Richard Wagner, el Wagner del denominado período tardío de los escritos de regeneración. El hecho de que Richard Wagner fuera un izquierdista en sus primeros días, un revolucionario que apoyara y admirara la revolución europea de marzo de 1848 -también en Polonia, por ejemplo- que tuviera que huir de su Sajonia natal para dirigirse a Suiza y después a París, quedaría completamente eliminado de la percepción del público, por lo que solo permanecería este Wagner; y esa fue ciertamente la obra de interpretación de Cosima.

Cosima sentaría las bases para que los nazis pudieran apropiarse de la figura de Wagner y del festival bajo Winifried Wagner. Como quien dice, la Señora de la colina puso el tren sobre los rieles y lo impulso de un puntapié para que continuara su marcha y así fue. De lo contrario, esto no hubiera sido posible. Así que Bayreuth era ya, sin ninguna duda, susceptible a las ideas antisemitas de los camisas pardas, de los nazis, y esto muchos años antes de que Hitler apareciera en la arena política.

Sorprende realmente que todavía no haya telenovelas con el título de ¿que está pasando con los Wagner? Se informa de cada minucia en sus disputas familiares actuales, y Cosima fue en última instancia responsable de ello durante toda su vida. Para Hilmes hay algo así como la maldición de la abnegación que se puede entender especialmente con los hijos de Cosima. Siempre hubo en esa casa una superestructura y ese concepto de servicio a una causa específica.

Esta obligación de trabajar por el legado de Richard Wagner pudo haber creado un fango en el que ciertas cosas florecieron particularmente bien. Verbigracia, con el hijo de Cosima, Siegfried, quien prácticamente se formó como director de orquesta y director del festival, aunque en realidad hubiera preferido ser arquitecto y posiblmente se habría convertido en un muy buen profesional en esa rama, ya que como compositor fue, en el mejor de los casos, mediocre. Lo que trata de explicar Hilmes es de que hubo algo así como un ejercicio de doma, de domesticación y que sobre los miembros de la familia pesa una maldición por su autonegación. Una de las preguntas que se formulan quienes siguen los acontecimientos en Bayreuth es si es cancer la seria enfermedad que padece Katharina Wagner en estos momentos o alguna forma de dolencia psicosomática, debido al estrés y las tensiones que tiene que afrontar en el cargo.

Hilmes no está en condiciones de juzgar la situación actual, pero sigue observando muy atento la evolución del clan. Katharina, Eva y Nike están calificadas como para continuar el legado, pero quienes deciden realmente son los integrantes de la fundación Richard-Wagner-Stiftung, integrada por representantes del gobierno federal de Alemania y del gobierno estadual de Baviera, de otras instituciones regionales y locales, así como por la Sociedad de amigos de Bayreuth y miembros de la familia Wagner. El presupuesto del festival es de cerca de 20 millones de euros, con 5% de aportes estatales aproximadamente, por lo que los representantes oficiales tienen también voz y voto en las decisiones del consejo que controla sus actividades.

Notas

Oliver Hilmes, "Herrin des Hügels. Das Leben der Cosima Wagner", München: Siedler, 2007. 4ª edición, München: Penguin TB Verlag, 2017, 496 Seiten. ISBN 978-3328101604

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