Artes visuales y exposiciones

Seis desnudos para Felipe

Agustín Blanco Bazán

martes, 12 de mayo de 2020
'Venus y Adonis' de Tiziano © 2020 by Museo del Prado

El 16 de marzo pasado la National Gallery de Londres abrió una exhibición nudista que la censura cerró tres días después por miedo al Coronavirus, pero no sin que antes yo corriera a verla en sus últimas horas.  Para entonces las calles estaban tan vacías como la sala donde me esperaban los seis desnudos que el Tiziano pintó por encargo de Felipe II, luego de un encuentro orquestado por su papá Carlos durante la Dieta de Augsburgo en 1551.

La frustrada exposición de Tiziano en la National Gallery de Londres

National Gallery, Londres, 18.3.2020. Tiziano, Love, Desire and Death. Seis poesías basadas en la Metamorfosis de Ovidio dedicadas por Tiziano a Felipe II. 1. Danae (Wellington collection, Apsley House, Londres). 2. Venus y Adonis (Museo del Prado, Madrid). 3. Diana y Acteón. 4. Diana y Calisto (National Gallery, Londres y Edimburgo). 5. Perseo salva a Andrómeda (Wallace Collection, Londres). 6. La violación de Europa (Isabella Stewart Gardner Museum, Boston). Exposición de la National Gallery, El Prado y el Isabella Stewart Gardner Museum. 

Parece que Felipe pidió temas mitológicos y nada más, y que fue el pintor quien eligió inspirarse en la Metamorfosis de Ovidio. Y también parece que Felipe pagó al Tiziano tarde y mal por esta empresa, que insumió once años de trabajo en una época donde los artistas no podían hacer firmar contratos de servicio a los monarcas para después demandar su cumplimiento. En un documental de la BBC alusivo a la exhibición, el actual jefe del banco Fugger informa que mientras Tiziano trabajaba en su encargo, sus antepasados habían decidido no prestar más dinero a la endeudadísima casa de Habsburgo. Es así que el artista recibió como pago pequeñeces tan mezquinas como la de eximirle de pagar impuestos por la importación de arroz a través de Nápoles. 

No está claro si Felipe alguna vez reunió a las seis obras en una sola sala, como lo hizo la National Gallery antes del viaje que a partir de este otoño las llevará a Madrid y a Boston. De cualquier manera, ¡finalmente juntas, estas poesías, inspiradas por la mas poética de las literaturas! Tiziano llamó “poesías” a estas obras por la cadencia dramática con que cada una de ellas narra un mito diferente utilizando el pincel en lugar de la palabra. Y no es sólo a la poesía que pretende equipararse esta serie. Con ella Tiziano toma partido en la famosa disputa del paragone sugiriendo que, si a diferencia de lo que ocurre con las esculturas, es imposible reflejar el verso y el reverso de un cuerpo en la misma cara de una tela, por lo menos es posible utilizar dos para llegar a un resultado similar. Y tal vez con una mayor vitalidad para expresar la pasión el amor y la muerte a que alude el lema de esta exhibición. Por ejemplo: el vientre fláccido de la Danae de la Wellington Collection recibiendo a Júpiter en gotas de oro es tan sensual como la espalda de la Venus del Prado, en especial esas nalgas que apoya con firmeza para ayudar la fuerza del abrazo con que trata de impedir la partida de Adonis a la muerte. 

Venus y Danae hubieran permanecido juntas en España si Wellington no hubiera interceptado la huida de José Bonaparte con cantidad de pinturas robadas a la colección real. Es así que ahora están en la casa de Wellington, junto a otros trofeos del botín, que incluye no solo a Danae sino también algunos importantes Velázquez. Con o sin pandemias, poca gente acude a verlos a la Apsley House. 

En cuanto a la Venus del Prado, Tiziano corrige para su poesía el relato de Ovidio según el cual aquella deja solo a Adonis pidiéndole que espere su regreso. Al revertir esta propuesta en la de una divinidad desesperada por retener un amante mortal, Tiziano da vida a su tela con una recíproca mirada fugaz que termina siendo una despedida definitiva. 

Las poesías de Diana y sus dos víctimas, Acteón y Calisto, ambas en la colección de la las National Gallery, narran el triunfo de la crueldad sobre la inocencia: Acteón contempla como una revelación la desnudez de una Diana también sorprendida con sus ninfas cuando se apresta a bañarse en la selva con ruinas que reemplaza la simple gruta de Ovidio. Calisto es una mujer preñada por Júpiter y por ello expulsada por Diana de su círculo de ninfas virginales. En este caso, la desnudez de una diosa bellísima y tiránica contrasta con el vago expresionismo del vientre de Calisto, cruelmente deformado por el embarazo y por la violencia que le infligen las otras ninfas. Ambos cuadros contienen alusiones a los castigos finales: transformado en un ciervo, Acteón será despedazado por sus propios canes. Y Calisto, convertida en oso, será matada por su hijo durante una excursión de caza. La guía grabada de la exposición incluye algunas reflexiones de Stephen Fry para quienes quieran meditar sobre estas obras prestando más atención al mito que a su relevancia pictórica. Según Fry, hace a la esencia de los mitos que el mal triunfe sobre el bien; sólo así puede la inocencia ser exaltada con genuino valor estoico. Y sólo así es posible que los inocentes agraviados adquieran una trascendencia literalmente “estelar”, en estos dos casos como rectores del cielo nocturno: la constelación del Orión es asociada con Acteón, y la de la Osa Mayor con Calisto. 

Pero hay un final feliz: el de Perseo y Andrómeda. En este caso Tiziano sigue al pie de la letra la descripción de Ovidio que caracteriza la belleza de una Andrómeda encadenada como “una estatua de mármol”, que sólo delata su humanidad en el color de sus mejillas y la contorsión de su cuerpo a punto de ser devorada por un monstruo marino. Para aniquilarlo, Perseo se precipita de los cielos con un dinamismo exaltado: vuela, pero parece a punto de caer en las fauces de su víctima.  El encuentro de Perseo y Andrómeda con los demás desnudos para Felipe en la National Gallery de Londres solo fue posible gracias a una violación de la ley. La viuda de Richard Wallace, el ultimo comprador de la obra, había instruido en su testamento que ninguna pieza de la colección debía jamás abandonar el palacete de Manchester Square, pero el curador actual se saltó esta cláusula con la excusa de “very special circumstances.” No está demás advertir que, como la Apsley House, la Wallace Collection es otra galería londinense afortunadamente ignorada por el turismo masivo. 

Frente al fervor feminista que en los Estados Unidos y Gran Bretaña insiste en cuestionar la exhibición de algunas obras de arte como una afrenta ética, el documental de la BBC aludido al principio trata de excusar risueñamente la licitud de enviar en gira El rapto de Europa. A diferencia del castellano, la expresión inglesa rape define más el acto mismo de violación que la violencia del secuestro previo a ella, y en este caso la metamorfosis de Júpiter en toro es suficientemente explícita: el animal se lleva a cuestas una Europa cuyo seno derecho aflora a través de unos paños transparentes sobre un cuerpo abierto y extenuado. Todo parece en movimiento gracias al reflejo de la víctima de asirse a uno de los cuernos del toro para no caer en un mar donde Cupido cabalga sobre un pez monstruoso. El drama se corta con el humor de la cabeza de ese toro con mirada vacante y (literalmente) bovina, coronada  por la guirnalda que utilizó para atraer la curiosidad de la ninfa. En el documental de la BBC la célebre historiadora Mary Beard evoca la hilarante sensualidad que la obra despertaba en hombres y mujeres en sus épocas de juventud. Ahora parece que hay un publico dispuesto a combinar admiración con horror y asco. Otra especialista advierte que también hay que levantar las cejas frente las demás obras, en especial la de esa Andrómeda que el señor Wallace contemplaba en el baño de su casa pensando o haciendo vaya uno a saber qué. También se advierte doctoralmente que estos cuadros pasaron por más dueños que dueñas, lo cual no aportaría sino una nueva sospecha sobre la libidinosidad machista que aflora en ellos, incluida la de Felipe II, un absolutista aparentemente tan promiscuo como el liberalísimo Tiziano. No hay excusas para el primero, pero sí para el artista, ya que, nos informan un pintor veneciano contemporáneo y su modelo, el posar en desnudez no implica en sí explotación sexual, aunque claro, es posible que muchos pintores hayan usado prostitutas para después acostarse con ellas. Tal vez entre tanta banalidad hubiera cabido alguna alarma sobre la forma en que Diana abusó de Acteón y de Calisto. Pero no, ni una palabra sobre esto. 

Finalmente, queda a cargo del público apreciar o criticar como le plazca la sensualidad incomparable estos vientres, senos, muslos y brazos empeñados en esconder, defenderse o exhibir un erotismo que, ni aún en las escenas mas violentas, deja de merecer el nombre de “poesía” que le otorgó su creador. En mi caso dejé a Danae, Diana, Andrómeda y Venus con el tiempo necesario para despedirme, vaya a saber hasta cuando, de otras obras de arte ahora sin admiradores y en los salones vacíos de esta magnífica galería. De este paseo espectral quedan algunas fotos que he pasado al editor. 

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