Entrevistas

¿Una nueva era de la ópera? Entrevista con Gastón Rivero

Juan Carlos Tellechea

jueves, 21 de mayo de 2020
Gastón Rivero © 2019 by Petra Reinhard

Quiérase o no, la pandemia del coronavirus está obligando a la Humanidad a cambiar su estilo de vida, a asumir una mayor humildad ante las incontenibles fuerzas de la naturaleza, y a gestar un renacimiento del bienestar común en las sociedades; tema éste último que dominará sus agendas en los próximos 30 o 40 años, vaticinan no pocos filósofos y psicólogos en estos angustiosos días. Nada será como antes, está naciendo una nueva era, también para el género operístico mundial, afirma con cierta circunspección el tenor uruguayo Gastón Rivero en Leipzig, donde al menos hasta septiembre próximo no tendrá ninguna función en la histórica Ópera de esa ciudad, en la que debería encarnar a Pinkerton, en Madama Butterfly, y después a Manrico, en Il Trovatore, si se mantuvieran los planes actuales.

Nuestro último encuentro con Rivero data de comienzos de 2019, con motivo del exitoso estreno de una nueva producción de Otelo en el Aalto-Theater de Essen, donde planeábamos volver a reunirnos para otra entrevista a mediados de marzo pasado por la première de Don Carlos en ese mismo escenario.

La temporada fue cancelada, como todas las actividades culturales en Alemania desde hace dos meses. Ahora se ha iniciado una paulatina reanudación de la vida artística, primero con la apertura de los museos y salas de exposiciones, mientras las autoridades siguen observando con acribia la evolución de la pandemia que aún se encuentra en una fase inicial y no es de descartar una segunda oleada de infecciones.

La Humanidad ha salido hasta ahora relativamente indemne de la pandemia, no todos los casos son letales, constatan virólogos como la investigadora y catedrática emérita alemana Karin Mölling, pero preocupa además a los epidemiólogos e infectólogos la posibilidad de que el COVID-19 pueda repetir, en un segundo episodio como fuera el caso de la influenza.

Este forzoso parón de la vida cultural ha llevado asimismo a una honda reflexión sobre cómo recuperar a las artes de este golpe, afirma el tenor uruguayo que vive y trabaja entre Europa y Estados Unidos y cruza reiteradamente el charco entre ambas márgenes del Atlántico. Solo a través del trabajo en equipo, a base de amor y respeto será posible ponernos de nuevo en pie, señala Rivero en una entrevista exclusiva con mundoclasico.com

Gastón Rivero. Nuestra situación ya era difícil antes del Covid-19, y por muchas razones, entre ellas, los recortes en los presupuestos para la educación y la cultura por parte de los gobiernos mundiales, mala administración dentro de algunos teatros, demasiada tolerancia para la corrupción, falta de amor propio y de amor a las artes por parte de muchos artistas y representantes, y un conocimiento muy limitado por parte de algunos directivos de teatros, acota.

El coronavirus marca el final de un período y el principio de un nuevo orden; es esencial que aquellos con amor por las artes, la cultura y las cuestiones espirituales nos unamos para que, sea lo que sea que nos traiga la vida, comencemos a reedificar las artes que fueron creadas para elevar las buenas cualidades humanas.

Sin ir más lejos, la histórica casa real de Sajonia (región de la cual Leipzig es una de sus urbes más importantes) ha ejercido desde hace siglos el mecenazgo de las actividades culturales en su reino; el ejemplo más destacado ha sido la obra de Johann Wolfgang von Goethe en Weimar entre los siglos XVIII y XIX; así como en Baviera hiciera lo propio Luis II Wittelsbach con Richard Wagner desde la segunda mitad del XIX.

Un gran amigo mío, el príncipe Alejandro de Sajonia-Gessaphe, Margrave de Meissen, sigue ayudando a los artistas, entre ellos a mí, sabedor de que una sociedad sin una estructura cultural sólida, sería como construir una casa sin cimientos y sobre la arena, sostiene Rivero. Su bisabuelo, el rey Federico Augusto III de Sajonia, invirtió fortunas para el desarrollo cultural, logrando que Sajonia sea uno de los mayores centros de la música clásica en el planeta, evoca.

Me imagino que los gobiernos saben bien lo que están haciendo y yo me adhiero a las decisiones de los directivos dentro de los teatros donde estoy trabajando, a pesar de la situación inestable y poco clara por la que estamos pasando en el mundo artístico.

El maestro profesor Ulf Schirmer, director general (intendente) y director general musical de la Ópera de Leipzig, nos mantiene informados con encuentros semanales, añade. Lo mismo el director general (intendente) de la Ópera, la Filarmonía y de la orquesta Filarmónica de Essen, Hein Mulders, así como los directores de los diferentes escenarios de Berlín e Italia, donde también actúo.

Con el problema de mantener las obligatorias distancias de seguridad, por la complejidad que se necesita para llevar a cabo una ópera, veo muy difícil que se puedan crear eventos líricos con artistas y público distanciados para evitar contagios. Hay muchos teatros que están analizando estas posibilidades y diferentes métodos para que la vida cultural no muera durante la próxima temporada.

Escuchar y ver ópera en YouTube o de forma virtual jamás va a compararse a una función en vivo en un teatro, donde se apela a los sentimientos y al estímulo de todos los sentidos. Por esa razón la ópera en los cines no funciona, simplemente porque un micrófono jamás va a hacerle honor a la voz humana. La ópera es música, la música puede mover los sentimientos más profundos en nuestros corazones, puede hacer que la corta vida de un ser humano sea más facil, pacífica y se sienta eterna; la música puede acercarnos a nuestra esencia espiritual e iluminar este mundo de forma infinita.

Personalmente son pocos los momentos que puedo considerar perfectos desde todo punto de vista artísticamente hablando. Tengo mas de 20 años de carrera profesional, pero aún así soy muy exigente conmigo mismo. Después de cada función hago un análisis completo de mi interpretación yendo nota por nota, palabra por palabra con referencia a lo interpretado en cada velada, así también como mi actuación sobre el escenario y mi interacción con mis colegas.

Siempre parto de la base de que todo aquello que es arte debe contar una historia. Ópera es mi pasión y sin corazón no puede ser interpretada correctamente, pero la técnica es la que debe marcar la diferencia entre una interpretación extraordinaria y otra ordinaria. Por lo general, después de cada función, siempre salgo con un sentimiento de que lo puedo hacer todavía mejor, y eso es lo que me estimula a perfeccionarme semana a semana, agrega.

De todos modos debo decir que he quedado altamente satisfecho con mi último Otelo en el Aalto Theater de Essen la temporada pasada; creo que logré llevar ese rol a un nivel nuevo, no solo a través de las cualidades vocales, sino también a través del dinamismo en la actuación durante la interpretación del mismo. Recuerdo haber quedado muy satisfecho con mi ultima interpretación de Gabriel Adorno en Simon Boccanegra junto a Daniel Barenboim en la Staatsoper Berlin , así también como con mi Dick Johnson en La Fanciulla del West bajo la batuta del maestro Ulf Schirmer; cabe mencionar el Romeo de Gounod que representé en Tel Aviv bajo la dirección de Jean Louis Grinda, lo mismo puedo decir en referencia a mi Carmen en Catania junto al maestro Fabrizio Carminati el pasado febrero, y mi representación de Radamés en Aida en el Teatro de la Monnaie en Brusselas.

Todas estas producciones llevadas a cabo en los últimos años han estado al borde de mi satisfacción plena como artista por la interpretación artística que logré desarrollar, trabajando con altos profesionales que a través de su competente colaboración permitieron que yo como artista trabaje libremente, sintiéndome respetado, dando todo mi potencial durante ese período, subraya.

Rivero, ganador de más de 30 competencias internacionales de canto, ha paseado además su voz de tenor dramático por la Deutsche Oper Berlin, la Ópera de París Bastille, la Tokyo National Oper, la Monte Carlo Opera y el Teatro Regio de Turín, encarnando a Calaf (Turandot), Cavaradossi (Tosca), Ismaele (Nabucco), Don Álvaro (La fuerza del destino), Renato Des Grieux (Manon Lescaut), Turiddu (Cavalleria Rusticana), Fausto (Fausto), Riccardo (Un ballo in maschera), Rodolfo (La bohème) y Don José (Carmen), entre otros escenarios y papeles. Ha rechazado, y con sobrada razón, reiterados ofrecimientos para interpretar óperas de Richard Wagner en diversos templos líricos del mundo; prefiere continuar con su brillante repertorio belcantista. ¡Enhorabuena!

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