Ópera y Teatro musical

La lírica en cuarentena y los problemas históricos de la ópera argentina

Redacción

miércoles, 27 de mayo de 2020
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El pasado 20 de mayo Ópera en Argentina publicó un amplio artículo de Noelia Pirsic analizando la situación de la ópera en Argentina y cómo esta pandemia y la situación de emergencia han intensificado algunos de los problemas que históricamente arrastra la ópera argentina.

Por gentileza de Ópera en Argentina y de Noelia Pirsic reproducimos este artículo

La lírica en cuarentena por Noelia Pirsic

 

Quienes no transitan el circuito de la música académica probablemente se sorprenderían de saber que, cada año, 500 personas se inscriben para intentar conseguir una de las cincuenta vacantes para la carrera de Canto Lírico en el Conservatorio Manuel de Falla. A los 325 alumnos que actualmente se forman allí como intérpretes, se suman los cientos que cursan en otras instituciones públicas: solo en la Ciudad de Buenos Aires, la Universidad Nacional de las Artes (UNA) cuenta con 238 alumnos en la Licenciatura de Música con orientación en Canto; en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón (ISATC), que requiere un conocimiento avanzado de la técnica vocal para ingresar, hay en total 40 personas entre los diferentes niveles. También hay jóvenes formándose en el Plan Intérprete de la Escuela Superior de Educación Artística en Música “Juan Pedro Esnaola”, y en institutos privados o con clases particulares. La mayor parte de los estudiantes en establecimientos oficiales continúa sus estudios en cuarentena por medio de aulas virtuales, pero no saben cuándo podrán pisar un escenario. 

Quienes no transitan el circuito de la música académica -e incluso algunas personas que pertenecen a él- también podrían pensar que el único destino para una persona formada en el canto lírico es el Teatro Colón, ya sea como solista en uno de los ocho títulos que constituyen habitualmente la temporada anual, o entre los cien integrantes del Coro Estable de esa institución, pero estas plazas no llegan a cubrir la necesidad de trabajo de todos los profesionales en actividad. “Los músicos en general, y los cantantes en particular, para lograr cierta estabilidad económica, necesitan desde el vamos un ingreso fijo que generalmente buscan en los coros de organismos oficiales que hay, que son pocos en relación a la demanda -explica el tenor Pablo Pollitzer-. La otra manera de mantenerse es dando clase en conservatorios, universidades o de manera particular, pero esto último requiere contar con experiencia docente”.

La carrera de Pollitzer reúne diferentes aspectos que puede llegar a tener la trayectoria de un cantante lírico en Argentina: comenzó en el Coro de Niños del Teatro Colón, se graduó en la UNA y en el ISATC, participa como solista en elencos oficiales a nivel nacional e internacional, es docente en diversas instituciones a la vez que da clases particulares, y lleva adelante, junto a Bea Odoriz -directora escénica teatral/musical-, su propia agrupación lírica independiente, Compañía ¡Enhorabuena!. “Hace muchos años, en una de las tantas crisis que hubo en el país, se intentó hacer una Asociación de Cantantes Líricos Argentinos que no prosperó -recuerda-. En cada debacle económica de nuestro país lo primero que se resiente es la cultura, por eso siempre hay una sensación de desamparo entre los artistas”.

Además de los organismos estables, existe en Argentina una treintena de agrupaciones independientes que produce el 60% del total de las funciones de teatro lírico en todo el país, según confirman las estadísticas de los últimos dos años (hace clic aquí para consultar la estadística de 2018 y aquí para 2019). No solo dominan la cartelera a nivel nacional sino que componen el campo de desarrollo de cantantes que no tienen la oportunidad de integrar los elencos oficiales. Estas asociaciones movilizan, además, a cientos de trabajadores entre instrumentistas, directoras y directores musicales y escénicos, bailarines, especialistas en iluminación, vestuario, caracterización, escenografía, subtitulado, audiovisuales, comunicación. La actividad de estas compañías, que se despliega en auditorios alternativos a los espacios tradicionalmente asignados de este género, contribuye a la formación profesional de cada participante y es una fuente de ingresos, además de generar nuevas propuestas estéticas y temáticas que dialogan con los estándares canónicos del arte lírico.

Gabriel Vacas es barítono y director artístico de la compañía Sol Lírica, una agrupación que desde 2014 produce espectáculos protagonizados por artistas de ópera ascendentes de la escena porteña. “Desde siempre es preocupante la situación de los jóvenes profesionales en este género, que encontraban hasta hace poco muchos inconvenientes a la hora de insertarse en un reducido y muy competitivo mercado laboral. Hoy en día la posibilidad de subsistencia de este sector se ve aún más amenazada”, sostiene el músico. La agrupación analiza cómo retomar sus actividades: “Se ha depositado sobre el streaming la responsabilidad de sostener toda la industria del espectáculo, pero la experiencia del vivo digital es muy diferente de la del teatro, ya que el hecho teatral es único e irremplazable. A su vez recaen impuestos y regulaciones obligatorias a esta forma de negocio en una instancia por demás endeble del entramado artístico y de producción de espectáculos líricos, que ya se encuentra ahogado. La situación es alarmante, sumada a la ausencia de financiamiento especialmente en el sector privado, que en buena medida sostiene a nuestro rubro. Debemos impulsar políticas y prácticas de largo plazo que resuelvan los problemas estructurales del sector y que pueda sortear las diferentes coyunturas. Esto se construye entre todos los actores”.

Otra de las compañías que conforma la escena independiente es Magna Lírica, fundada en 2015 por la soprano Mariana Carnovali, quien se desempeña como solista desde hace quince años. “En esta cuarentena, tuve que re-acomodar las clases particulares presenciales a clases en plataformas online, es mi fuente de ingresos principal -afirma la cantante-. Me ayudó esta modalidad a abrir clases grupales de niños y adultos donde también hemos hecho vídeos musicales. Siento que, más allá del aprendizaje, esta forma de conectarnos nos unió como artistas transitando la incertidumbre emocional, acompañados. También abrí a la comunidad artística las clases de autogestión, una rama de nuestro trabajo que está muy poco difundida aún. Es importante poner a disposición la información de qué nos puede ayudar a subsistir económicamente cuando los teatros no nos cuentan en sus elencos”. Junto con su compañía, se encuentra produciendo la puesta en escena virtual de una versión disidente de La Bohème de Puccini.

La problemática de los artistas líricos tiene distintos aspectos a considerar según el tipo de carrera: por un lado está la situación de los solistas que suelen ser contratados como parte de los elencos oficiales, quienes publicaron una carta exponiendo su condición de “trabajadores cuya fuente laboral se transformó en una actividad de riesgo al estar impedidas las presentaciones masivas”. Este grupo subsiste únicamente de las actuaciones en vivo que se instrumentan por medio de contratos con instituciones oficiales o privadas, que por el momento pausaron su producción. Quienes tenían arreglos de este tipo, y no cuentan con otras entradas, reclaman al Estado una protección ante la suspensión de oportunidades laborales por tiempo indeterminado. “Las características de nuestra profesión y nuestros ingresos tan irregulares conllevan que no haya ningún gremio o sindicato que nos cobije, de modo que cualquier situación de emergencia nos encuentra sin protección colectiva”, alertan cuarenta cantantes líricos en la nota que circula en las redes sociales.

Por otro lado está la realidad de quienes hacen su recorrido profesional principalmente en el circuito independiente, que no es reconocido por las autoridades de la cultura en nuestro país, ni por los grandes medios que, cuando difunden las actividades del ambiente lírico, se basan en las iniciativas de los teatros oficiales, como el Teatro Colón, el Teatro Argentino de La Plata -que, en una nota aparte, va por su tercer año consecutivo sin programación-, el Teatro del Bicentenario de San Juan y otros auditorios estatales en las distintas ciudades del país. En Buenos Aires, pocas personas conocen la existencia del mundo de la ópera que viene desarrollándose por fuera de estas entidades desde hace tres décadas. En las demás provincias del país, son escasas las agrupaciones del off ya que es necesario contar con mayor apoyo para que esta actividad pueda desarrollarse y crecer.

“Los sectores independientes quedan sin su sustento de vida, creo que el Estado debe atender de forma eficiente este reclamo -afirma Vacas-. Habría que crear, a nivel local, formas de visibilización de nuestra situación. Creo que todos los actores que componen la actividad lírica estamos llamados a reflexionar y decidir si queremos modificar esta realidad. Luego dependerá de la capacidad de organización y poder que el sector pueda crear en un contexto donde la organización a distancia implica nuevas dificultades para la democratización del debate público”. Esta necesidad viene a sumarse a una problemática histórica de los profesionales de la lírica, como confirma Pollitzer: “Somos una gran cantidad de artistas independientes que buscamos espacios. No siempre es fácil conseguir por más que uno tiene años de trayectoria y de contactos, y mucho más difícil es lograr subsidios, apoyo financiero para desarrollar las actividades”.

Un ejemplo claro de la falta de visibilidad del circuito son los mecanismos para el otorgamiento de subsidios, que en sus clasificaciones separan el teatro de la música, sin tener en cuenta que el arte lírico es multi-disciplinar, con complejidades particulares por la cantidad de integrantes que cada producción requiere y las condiciones espaciales y acústicas que necesita para llevarse a cabo. “Nunca sabemos cómo presentarnos, no está ni siquiera contemplada la idea de un apoyo financiero a la gente que hace artes combinadas y puntualmente ópera, o la música clásica con representación escénica, como la que produce nuestra compañía -apunta Pollitzer-. Eso habla a las claras de la falta de apoyo que hay, una falta de contemplación”.

Ezequiel Fautario es director musical, pianista, coreuta en el Ensamble Vocal Extramuros, y director de la compañía Lírica Lado B, que tenía planificada para este año una temporada completa de ópera en espacios alternativos. “El gran dilema es qué hacer en la transición -plantea-. Da lo mismo si se trata del género operístico, sinfónico o camerístico: los ciclos de conciertos o montajes de títulos líricos requieren de una estructura económica que los respalde, en la que inciden los distintos sistemas de subsidios públicos casi en su totalidad. Sin ellos, aún con una sala llena, ni siquiera se cubren los gastos mínimos de una producción. Tanto el sistema de mecenazgo como el Fondo Nacional de las Artes y otros similares se sostienen por distintos rubros impositivos que hoy están totalmente afectados por la crisis sanitaria que nos atraviesa. La consecuencia es lo que vemos: aún con salas de concierto abiertas en noviembre o diciembre, con una visión positiva, será prácticamente imposible el montaje de espectáculos de nuestro género con una ecuación de gastos promedio. En Lírica Lado B vemos difícil llevar a escena lo que estaba previsto y encaminado para este año, principalmente por razones financieras, y un tema que tampoco es menor: la confianza del público para adentrarse en una sala y ver un espectáculo sin la tensión del riesgo de contagio. Este último factor es el que llevará, imagino, al menos dos años normalizar”.

En cuanto a los reclamos parciales que van surgiendo en el sector, el músico se solidariza con la solicitada de los cantantes solistas: “De alguna manera son la cara de todos los artistas freelance que hoy se encuentran en una situación de incertidumbre económica. Cuando hablo de solidaridad, no es solamente reclamar que el Estado haga algo, sino también entender como una responsabilidad de la sociedad toda sostener al arte y a los artistas. Quienes tenemos la suerte de tener ingresos fijos por pertenecer a algún organismo estable debemos acompañar a quienes no gozan de esa situación. Ser solidario también es apoyar los reclamos de integrantes de organismos que hoy pueden estar amenazados, como pasó hace unas semanas ante el cierre de otra orquesta municipal, esta vez en José C. Paz”.  

María Eugenia Caretti, cantante lírica y docente de la carrera de Canto en el Conservatorio Manuel de Falla, vio muchos de sus proyectos profesionales truncados este año, al igual que sus colegas. Logra sostener parte de su ingreso gracias a la modalidad de clases online, aunque afirma que el 40% de los estudiantes particulares no pudo continuar por motivos económicos. “Los alumnos también están angustiados, muchos se veían recibiéndose, yendo a audicionar, a probarse, ilusionados con los coros y todo eso por ahora no va a volver -se lamenta-. ‘Esto esta lejos de mejorar’, nos decimos todos. Empezamos a imaginarnos cómo sería un mundo sin teatro y sin coros, cómo sería en una plataforma virtual para hacer algo transitorio por internet, un tipo de producción a la que no estamos acostumbrados”.

El ambiente lírico es conocido por sus producciones de ópera, música de cámara y conciertos sinfónicos, pero también comprende a compositores académicos que escriben hoy, otro sector que históricamente recibe apoyos escasos para poder llevar adelante su actividad. Existen pocas oportunidades en el país para que autoras y autores presenten sus creaciones que incluyen dramas líricos, teatro musical, y formatos híbridos. El Centro de Experimentación del Teatro Colón, auditorio en el subsuelo del establecimiento, tampoco resulta suficiente para dar lugar a toda la producción. Las obras no se completan si no se encuentran con el público.

En este sentido, el circuito independiente cuenta con Contemporánea Lírica, una compañía que se dedica a estrenar títulos nacionales. Para abril pasado, la agrupación había planificado un re-estreno que tuvo que ser suspendido debido a la emergencia sanitaria. “Me dolió mucho por la gente que había hecho esfuerzos particulares para poder ser parte de este proyecto”, afirma la compositora Mailén Ubiedo Myskow, directora de la asociación, quien a su vez dirige la orquesta-escuela Juvenil de Adultos. “En orquestas de adultos tuvimos muchas bajas, mucha gente está estresada con esta situación de estar encerrada. Continuamos las prácticas por Zoom, vamos dando tareas para elevar el nivel de la orquesta. No es lo mismo, ya que no hay posibilidad de ensayar y ensamblar por videollamada, pero hay integrantes que se mantienen y gracias a eso podemos seguir trabajando también”.

Ubiedo Myskow lleva adelante el Centro Artístico Solidario Argentino (CASA), una ONG que brinda enseñanza gratuita de música a niños y niñas de Bajo Flores y Villa Soldati. “Estamos tratando de llegar a la escuela en los barrios para poder entregar los instrumentos y que los chicos sigan practicando. Generamos material virtual y tratamos de acompañarlos para que no todo pase por el alimento, para que no estén pensando solo en eso, para que la música sea una excusa para poder hablar”. Desde la organización brindan clases virtuales para recaudar fondos que son destinados de manera íntegra a abastecer a los barrios. Además coordinan campañas para acercar recursos a las familias de la zona, que tienen integrantes sin trabajo, o que no tienen acceso a comida y elementos de higiene. “Cuando empezó la cuarentena, me dije: ‘Voy a aprovechar esto para componer mi próxima ópera’, tenía una primera idea para empezar una obra acerca de un femicidio, pero encontré que no hay un segundo de la vida para ponerse a componer hoy”, señala la artista.

Luciana Bianchini, socióloga especializada en el ambiente lírico, tiene experiencia en producción de espectáculos líricos tanto en el circuito oficial como en el independiente. Recalca la importancia del rol del Estado para apuntalar al circuito off: “El Estado debería hacer un acompañamiento a las agrupaciones independientes, que son agentes de la sociedad civil y generan trabajo para todas las personas que están involucradas en este rubro. La pregunta no es si el Estado debe o no financiar al arte en épocas de pandemia, lo que sí debe hacer es defender los puestos de trabajo a través de apoyo a estas compañías, que generalmente tienen la forma de ONG o Asociaciones Civiles y tienen el conocimiento de la producción autogestionada, con pocos recursos pero altos estándares artísticos, y se vienen desarrollando ya desde hace varios años”.

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