Ópera y Teatro musical

Réquiem para un teatro

Florian Vlashi

miércoles, 27 de mayo de 2020
Teatro Kombetar © by SkyscraperCity

Kafka escribe que despertar es el momento más arriesgado del día. El domingo por la mañana del 17 de mayo, a las 4:30 de la madrugada, comenzó la demolición del Teatro Nacional de Tirana. Las imágenes recordaban la escena de la demolición del viejo cine en el Cinema Paradiso, pero, a diferencia con la película de Tornatore donde la gente estaba de pie en un silencio lleno de respeto y nostalgia por la sala que tanto les había dado, en la capital de Albania la ejecución del teatro fue mucho más dramática: ataque de las fuerzas especiales en la oscuridad, desalojo violento de los artistas y los activistas que estaban encerrados dentro para defender el edificio, protestas de las personas desde fuera. Y, lo más triste: se eligió para la ejecución una excavadora.

Una muerte lenta y tortuosa, una agonía. Miré el video del golpe muchas veces, como si quisiera ver una última señal antes de la muerte. La excavadora, que parecía un auténtico Dinosaurio, golpea el edificio en el corazón, justo en las letras "Nación…". Y se derrumba hacia la izquierda. El ruido del derrumbe de 11 segundos como el lenguaje secreto de las olas del mar, es indescifrable, sssssshqptrtmtrdhtnnprrshprtmdjtmjuuuuuuuuu...

El Teatro Nacional

La intuición me dice que la información más precisa sobre la historia de este edificio y todo lo que simboliza, en lugar de tomarla de los políticos, mucho menos de aquellos que firmaron su eliminación, es mejor escuchar a los especialistas del tema y, uno de ellos es el erudito profesor Aurel Plasari. Él describe el edificio del Teatro como "un monumento histórico múltiple - historia cultural, artística, social, historia de la albanología, historia política del estado albanés – así era el antiguo complejo famoso llamado Skanderbeg. Leyendo su historia, aprendemos que el edificio fue diseñado por el famoso arquitecto italiano Giulio Bertè a finales de los años 30. Inicialmente se creó el “Circulo Italiano-Albanés Scanderbeg", cine-teatro Savoja, luego se hizo la base del Instituto de Estudios Albaneses donde se establecen los fundamentos del Diccionario de la Lengua y la Enciclopedia Albanesa.

Dieron conciertos las "Divas" de la época como Tefta Tashko-Koço, Kristaq Antoniu, Marie Kraja con Lola Gjoka y Tonin Guraziu al piano. También se celebraron exposiciones de pintura como la de las hermanas Zengo. Durante la ocupación alemana, continuaron los conciertos con una orquesta de cámara dirigida por el maestro Fioli. Después de la guerra, las películas italianas y alemanas se reemplazaron por películas soviéticas, inglesas y estadounidenses. Y continuaban los conciertos de la orquesta de Radio Tirana dirigida por Umberto Oscari así como los conciertos vocales dirigidos por Kostandin Trako.

También hubo páginas negras en su historia como los procesos de los infames juicios comunistas. Allí comenzó el Grupo de Teatro Profesional del Estado, que más tarde se convirtió en el Teatro Nacional.

Todas las figuras emblemáticas del arte escénico albanés tienen allí sus comienzos. Es casi imposible encontrar un edificio en Albania que pueda albergar tanta historia adentro. ¿Podría tal edificio ser demolido solo porque no cumplía con las condiciones para ser la sede del Teatro Nacional y construir uno nuevo? En una conferencia de prensa con la escritora Arlinda Guma en agosto de 2018, cuando me preguntó sobre el edificio del Teatro, respondí que "estoy absolutamente en contra de la demolición del Teatro y absolutamente a favor de construir un nuevo teatro. No tiene por qué suponer el nacimiento del segundo, la muerte del primero. Un teatro nuevo y moderno es más necesario que nunca en Albania. Pero son los urbanistas quienes necesitan pensar en un lugar adecuado. El viejo teatro es parte de la historia del arte albanés; tiene que ser protegido, renovado y, si ya no funcionase como un teatro, puede convertirse en un museo o archivo. En Buenos Aires he visitado un teatro convertido en una librería llamada Ateneo. Según The Guardian, unas de las más bellas del mundo. He estado totalmente en contra también del cambio de la plaza principal de Durres (en 2014).

 En aquella ocasión escribí que las cosas no tienen porque ser bonitas para amarlas. Se aman porque, sin darte cuenta, son parte de tu vida. Por desgracia, nos damos cuenta de eso solamente cuando las perdemos para siempre…" (Entrevista en Difekt-teknik, agosto 2018)

Sería impensable demoler el Teatro Rosalía, del S. XIX, en La Coruña para construir el nuevo Palacio de la Ópera. O demoler el Salón-Teatro de Santiago, de la misma edad que el Teatro de Tirana, para construir el nuevo Auditorio de Galicia. Además, si buscas en Google “demolición del teatro”, lo primero que aparece es el de Palmira, en Siria, destruida por ISIS.

No voy a olvidar la Sala Dorada (Musikverein) en Viena cuando toqué allí con la Sinfonía de Galicia. Su esplendor me dejó sin palabras, pero lo que me conmovió fue el viejo parquet del escenario, lleno de arañazos, hoyos y marcas como un memorial íntimo. También las sillas de los músicos eran retorcidas y con las patas traseras cortadas para adaptarse a los niveles del escenario. Los viejos teatros tienen alma. Están llenos de hermosas fantasmas. Tienen memoria y por eso son sagrados.

Sentí profundamente la tristeza de mi padre cuando le conté lo de la demolición. Una vida dedicada al teatro. En silencio, perdió la vista hacia el océano sin decir nada. Mientras que mi madre, que ha trabajado como maestra de niños, lloró. Y cuando una maestra llora, algo grave ocurrió...

¿Cómo se puede justificar un acto así?

El primer ministro albanés Edi Rama, como él mismo afirma, ha estado pensando durante más de 20 años en demoler el edificio del Teatro. ¿Cómo? ¡20 años! Extraña esta idea fija. Esta obsesión como la del Capitán Ahab con la ballena blanca. ¿Pero será el Teatro su Moby-Dick? Personalmente, aprecié su cultura, el colosal trabajo que desarrolló en Tirana cuando era alcalde y su talento como pintor. Pero a veces tengo la sensación de que él piensa que Albania es un lienzo blanco de su propiedad, donde él puede pintar lo que quiera. Pero no es así. Este lienzo es de todos. Escuché por casualidad una entrevista del Primer Ministro Rama en Euronews Albania tres días después de la demolición de Teatro; justificó la demolición del antiguo edificio del teatro, hablando con desprecio de sus defensores, llamando al edificio del Teatro un "almacén con aserrín y latas construida para entretener a los soldados italianos”. Entre otras cosas, dijo: "En Francia, la mitad de un barrio histórico en el corazón de París ha sido demolido para dar paso al Centro G. Pompidou. Cuando eso sucedió, Francia se produjo una protesta enorme… ".  Por lo que yo sé, los hechos son bastante diferentes:

Primero, no se ha demolido un barrio histórico, sino que se ha construido en un área vacía la cual era parte del mercado Les Halles. El presidente Pompidou propuso construir allí un gran centro multicultural para revitalizar la zona; Segundo, no se hizo el ruido por la demolición de edificios históricos, sino por no aceptar la obra de los arquitectos Renzo Piano y Richard Rogers porque era muy moderno para los años 70 como una de las primeras construcciones al estilo industrial de high-tech. Allí están los libros, la maldita hemeroteca.

El único caso en la historia del Siglo XX en que se ordenó la demolición de edificios históricos de París, fue durante la Segunda Guerra por Hitler, el 24 de agosto de 1944. El general Von Choltitz, con gran suerte para la humanidad, rechazó la orden del Furer. Inexplicable la locura de Hitler que apreciaba mucho a París y sus teatros y museos, no solo porque era "culto", sino porque se dedicó a la pintura cuando era joven.

La historia de la humanidad está llena de tales dramas en todos los regímenes totalitarios. No hay excusa para destruir un edificio antiguo para hacer uno nuevo más grande y hermoso. No puedes quemar libros para escribir otros mejores; no puedes destruir cuadros para un nuevo arte; no se pueden volar objetos de culto como la iglesia de Santa María de Vau i Dejes (Sh. XIII) por "otra religión" o cambiar la cara del centro de una ciudad por otra más moderna, como sucedió en Durres. ¿Qué pasa con la playa de Durres, el hormigonado de la arqueología, la eliminación de los parques, el cierre de las librerías, la desaparición de los hermosos cines de Tirana, las antiguas villas…? Para ser justos, hay que decir que se han realizado muchas restauraciones de iglesias, museos o áreas históricas, pero la mayoría de ellas se encuentran fuera del "cuadrado de oro" Tirana-Durres, donde la lucha con los “dinosaurios de hormigón” está casi perdida. Parece que el destino de los monumentos históricos, como las personas, depende mucho de las coordinadas geográficas donde nacen.

Por lo tanto, la única solución es dejar las decisiones en manos de expertos en el campo, a historiadores, urbanistas, bibliotecarios, especialistas científicos, siempre fuera de los políticos. Y, si es necesario, celebrar referéndums sobre temas tan importantes relacionados con el patrimonio histórico. Las protestas en Kosovo el día de la caída de Teatro Nacional, como la mayoría de la prensa internacional, fueron muy emocionantes. La cancelación de todas las representaciones teatrales en el país hermano fue un gesto noble que pasará a la historia. Por lo tanto, se debe tener cuidado de no ofender a quienes piensan de manera diferente, tanto por un lado como por el otro. Me parece que fue Voltaire quien escribió: "No estoy de acuerdo con lo que dices, pero daría mi vida por tu derecho a decirlo". Y Voltaire sabía algo sobre derechos humanos y sobre la razón.

Las decisiones históricas no pueden ser el capricho del político de turno en el poder. Esto no solo sería injusto, sino también peligroso. Recuerdo las dramáticas palabras de Simón Bolívar: “Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos.”

La Casa de las hojas

En la capital albanesa hay un edificio curioso llamado "La Casa de las hojas". Ha sido la base de la Seguridad del Estado durante la dictadura. Ese edificio ahora ha sido restaurado y convertido en un museo. Durante casi medio siglo, los dramas más inimaginables de la mente del diablo se tejieron allí. Artistas, actrices, directores, escenógrafos, especialmente dramaturgos teatrales fueron la presa favorita de "La Casa de las hojas" porque entre el Arte y la Dictadura sigue desde siempre el duelo eterno de la Luz con la Oscuridad, del Bien y del Mal, de Dios con el Diablo "donde el campo de batalla es nuestra alma" según Dostojevski.

“La Casa de las hojas" contenía 212.145 archivos, mucho más que dramas y comedias escritas para el teatro; había listas de 120.000 colaboradores de seguridad, mucho más que todos los escritores, músicos y artistas albaneses juntos; fueron 32,000,000 de páginas compiladas por la policía secreta, mucho más que toda la creatividad artística escrita y reproducida dentro de los frágiles muros de Teatro Nacional. Si alguien ha pasado por "La Casa de las hojas" en la noche del 17 de mayo a las 04:30, habrá escuchado un extraño y siniestro ruido de hojas parecido a cristales rotos...

***

Estos días me da vueltas en la cabeza un mini-relato del escritor Augusto Monterroso. Ha sido considerado como el mejor cuento breve de la historia. Son solamente siete palabras, tanto como todo el universo kafkiano:

 "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí".

Comentarios

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27/05/2020 0:50:09

Para no quedarnos con la idea de que esto sea algo reciente y  exclusivo  baste recordar lo que aconteció con el antiguo Met que pese a todas las protestas fue arrasado para utilizar su espacio con fines comerciales más interesantes nada menos que en una capital cultural como Nueva York, y no me remonto a la demolición del viejo Colón porteño en el siglo pasado para edificar uno sin duda mejor y más nuevo, pero sí recuerdo al teatro de los inmigrantes pobres italianos, el Marconi, defunto sin pena ni gloria, o el gran teatro Odeón que tras su época musical logró sobrevivir como sede espectáculos teatrales y algunos musicales no 'clásicos' hasta que la piqueta acabó con él. Y no sigo, sólo en la ciudad de Buenos Aires

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