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Silent cities

Juan Carlos Tellechea

miércoles, 27 de mayo de 2020
Silent cities © 2020 by Steidl Verlag

Habitantes de superpobladas urbes, como Nueva York, Londres o Ciudad México, formulan comentarios en estos días acerca del silencio casi sepulcral que domina el paisaje de sus calles y avenidas desde el estallido de la pandemia del coronavirus. Para muchos de ellos la ausencia de sonido es profundamente inquietante; al contrario de la experiencia tranquilizadora y vivificante que disfrutan quienes viven en zonas más bucólicas y recoletas.

En Nueva York, precisamente, está afincado el renombrado fotógrafo alemán Mat Hennek (Friburgo de Brisgovia, 1969). Reside allí desde hace algunos años junto con su compañera, la célebre pianista Hélène Grimaud. A partir de 2015, Hennek se paseó por el mundo para retratar grandes ciudades, desde París hasta Shanghai, pero sin gente. Cual no sería su sorpresa al ver que las calles vacías pronto se convertirían en la nueva normalidad, tras la pandemia de coronavirus. Cuando disparaba con su cámara no tenía ni idea de lo que sobrevendría poco tiempo después a esos lugares.

La experiencia fue llevada a un libro titulado Silent Cities, dedicado a Hélène y publicado por la editorial Steidl de Göttingen, que presenta imágenes desde Nueva York, Scottsdale, Los Ángeles, Miami, Roma, Viena, Leipzig, Seúl, Xian, Guangzhou y Londres, hasta Aix en Provence, San Gotardo, Gstaad, Tokio, Taipé, Düsseldorf, Múnich, Costa Mesa, Róterdam, Estocolmo y Abu Dhabi.

Concebidas y construídas por el Hombre como estructuras para la actividad humana, Hennek transforma estas metrópolis y estos parajes en monumentos de silencio; sitios vacíos, a veces inquietantes, para rituales de trabajo y de recreación que tendrán lugar de forma inminente, ya sea por las relucientes ventanas de un edificio de oficinas de Dallas o por un exuberante jardín de palmeras, flores y fuentes de Hong Kong o por las famosas fachadas en tonos pastel de Mónaco o por las filas de carritos para el transporte de equipajes alineadas fuera del monstruo de concreto del aeropuerto Charles de Gaulle de París. Las imágenes de Hennek demuestran un rigor formal, consistente, con entornos familiares reformulados como nuevas fuentes de enfoque y de reflexión.

Captadas a poca altura sobre el suelo, sus fotografías dan al observador la sensación de estar anclado, como si curiosamente estuviera descubriendo la ingravidez. La pasión de Hennek por la fotografía de la naturaleza lo llevó a prescindir de las personas en sus imágenes. Tuvo que esperar varias horas en algunos sitios hasta que la escena estuviera completamente despejada para poder apretar el botón del obturador.

Dicho sea de paso, Hennek nació en la región de la Selva Negra y Steidl publicó en 2017 asimismo un libro de él dedicado a los bosques, titulado Woodlands que presentó con Grimaud en la Elbphilharmonie de Hamburgo como el concierto multimedia Woodlands and Beyond, combinando fotos con la interpretación de composiciones musicales románticas e impresionistas.

Los edificios se convierten en los temas principales del trabajo del fotógrafo, especialmente la forma en que se combinan sus materiales y colores. Vistas ahora, las imágenes de Hennek parecen proféticas, ya que se hacen eco de escenas callejeras en todo el mundo, como las que se pueden ver desde el estallido de la pandemia por el COVID-19.

Su intención es inducir a la contemplación pura. En la simple experiencia de mirar, todo se vuelve puro. Sus fotografías reúnen tantos elementos que tienen el poder de los mandalas hinduistas y budistas que representan el universo en un fragmento y provocan ese estado contemplativo.

En el aeropuerto parisino, el artista acentúa la simetría, uniendo incluso las diferencias: un letrero en francés y otro en inglés. Las imágenes de Hennek despojan a la ciudad de lo esencial, limita la presencia de personas, rechazando todo tipo de narración para privilegiar la emoción. Las ciudades no siempre pueden ser decodificadas fácilmente.

Al igual que lo hace con sus paisajes, evita al máximo las escenas turísticas y busca el alma de las personas que construyeron estas ciudades o que viven allí. En Munich, Hennek se concentró en el espacio entre las lonas colgadas frente a un antiguo edificio objeto de obras de remozamiento.

En medio de la pandemia, científicos del Massachussetts Institute of Technology (MIT) siguen en parte las huellas de Hennek, pero instalando además micrófonos en ciudades como Singapur, San Francisco y Nueva York para medir la disminución del ruido ambiental de esas urbes (circulación de automóviles, obras de construcción, público) que ha sido remplazado por el trinar de los pájaros y otras sutilezas sonoras.

Según psicólogos que investigan desde hace mucho tiempo la contaminación acústica de las grandes ciudades y los efectos sobre sus pobladores se ha constatado desde mediados de marzo pasado cómo éstos echan de menos las bocinas, las multitudes, y probablemente habrían sido los primeros en criticar esos sonidos, pero no es que los extrañen, sino que extrañan sus propias vidas. El ruido del metro, por ejemplo, ha sido remplazado ahora en muchos casos por el susurro del viento y de las aves. Si tuvieran jardín o pasearan por los parques y pusieran mayor atención, probablemente oirían también el zumbido de las abejas cuando flirtean con las flores.

Los pájaros ahora parecen ser mucho más ruidosos y llegar a las ciudades en mayor número. De hecho es probable que estén más tranquilos que antes de la pandemia. No tienen que cantar más alto para ser escuchados en medio del barullo de la ciudad, un comportamiento conocido como el efecto Lombard que también se ha observado en otros animales, y son éstos en definitiva los que regresan por sus fueros cuando el Hombre les deja sus espacios.

Notas

Mat Hennek, "Silent Cities", Göttingen: Steidl Verlag, 2020, 120 pp. ISBN 978-3958296558

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