Novedades bibliográficas

Las corporaciones financieras

Juan Carlos Tellechea

miércoles, 24 de junio de 2020
Wer schützt die Welt ...? © 2020 by Westend Verlag

Su lectura atrapa como si fuera una novela de suspense, pero no hay nada de ficcion aquí, es realidad todo lo que describe el renombrado periodista Jens Berger, especializado en la investigación sobre los tejes y manejes del mundo de la economía y de las finanzas, en su nuevo libro Wer schützt die Welt vor den Finanzkonzernen?* (¿Quien protege al mundo de los consorcios financieros?), publicado por la laureada editorial independiente Westend de Francfort del Meno.

Solamente los tres consorcios financieros más grandes del mundo administran más de 15 billones de dólares en activos. La dominación de estas élites y sus entusiastas asistentes en los negocios y en la política es silenciosa y secreta; son bancos paralelos que actúan en las sombras. Desnudarlos, como ocurre en esta obra, es dar apenas el primer paso para evitar que ocurra lo peor.

La delincuencia, el lavado de dinero y la corrupción son parte del sistema capitalista neoliberal y no se trata de casos aislados de algunas ovejas negras en la familia de los financieros. Tampoco son fenómenos nuevos, pero se han agudizado con el neoliberalismo y la contaminación de la moral (la inmoralidad y la amoralidad), tanto en Londres como en Nueva York; da igual donde, en Europa, América del Norte, Latinoamérica, África y Asia.

Quizás nuestros lectores hayan oído o leído estos nombres alguna vez: las estadounidenses BlackRockVanguard State Street. La primera de las mencionadas, una corporacion con poco menos de 15.000 empleados en todo el mundo, pero con casi 7 billones de dólares en capitales bajo su administración, es el mayor accionista de Apple, Exxon Mobil, Microsoft, General Electric, Royal Dutch Shell y Nestlé. El trío participa asimismo en diversas proporciones en empresas de las industrias del armamento (incluso atómico), como no podía ser de otra manera.

Desde que uno se levanta para desayunar y salir a toda prisa al trabajo, hasta que se acuesta para descansar no cesa de toparse con productos en los que aquellos grandes consorcios tienen participación. El gel para ducha de la marca Axe es fabricado por el consorcio neerlandés-británico Unilever, cuyo mayor accionista es BlackRock. El agua corriente la suministra alguna compañía participada directa o indirectamente por alguno de esos consorcios.

El dentífrico es de la compañía Colgate-Palmolive, en la que BlackRock, Vanguard y State Street poseen el 22%. Los jeans de Levi Strauss & Co tienen como grandes accionistas a Price (T. Rowe) y Vanguard. Los polos de Ralph Lauren (Vanguard y BlackRock) y los sneaker de Adidas (BlackRock). Los cereales del desayuno, de Kellogg Company (BlackRock, Vanguard y State Street). La concurrencia del consorcio suizo Nestlé cuenta con una participación similar de las tres corporaciones financieras.

Según Jens Berger, autor asimismo de The Kick of Money (2015) y Who Owns Germany? (2014), de gran éxito, hay solo unas pocas grandes corporaciones en todo el mundo no dominadas por BlackRock y sus dos principales competidores, Vanguard y State Street. Su dominio puede tener un impacto significativo en el liderazgo y en las políticas comerciales de casi todas las corporaciones. Esta situación puede conducir a obstáculos significativos en la competencia a expensas de los consumidores y de otras compañías.

Si damos marcha atrás a los relojes y nos situamos mentalmente en el mundo antes del neoliberalismo, veríamos que cuando Ronald Reagan entró en la Casa Blanca en 1981 las 400 familias más ricas de Estados Unidos contribuían al fisco con el 47% de sus ingresos, mientras que la mitad inferior de la escala de ingresos pagaba el 27%. Hoy ese último tramo contribuye con el 25% y las 400 familias más ricas con el 22%, es decir, menos de lo que contribuye un ciudadano normal. Por eso no es de extrañar que ocurran convulsiones en esa sociedad y que la mayoría de la población se sienta desprotegida y discriminada en todos los sentidos, socialmente y en la atención de la salud.

Berger critica el hecho de que las actividades de estas corporaciones no son de dominio público. Si bien algunos iniciados en el mundo de las finanzas conocen el modus operandi de BlackRock, Vanguard y State Street, para la mayoría son ilustres desconocidas, pese a que manejan gigantescos activos que alcanzan de una u otra forma a todo el mundo. Parece hasta sorprendente que estén siempre completamente fuera del alcance del radar de la atención pública en sus vuelos furtivos. Todo el orbe sabe qué es el Deutsche Bank o Goldman Sachs, pero hay incluso expertos que ni siquiera atinan a ubicar exactamente los nombres de BlackRock, Vanguard y State Street en el tablero de ajedrez de las finanzas mundiales.

Detrás de este libro, escrito de manera comprensible para todo lego en la materia, hay un gran esfuerzo investigativo de Jens Berger para mostrar claramente el entrelazamiento entre el refinado trabajo preparatorio de las escuelas estratégicas de pensamiento (léase neoliberalismo) con la política. Sumamente interesante es cómo obtienen estas corporaciones financieras sus fondos: de los mismos trabajadores que juntan capital en el verano de su vida activa y lo confian a esos consorcios con la esperanza de poder vivir de sus ahorros en la vejez, lo que muchas veces no ocurre así. El dinero no desaparece, solo se redistribuye en beneficio de unos cuantos. Por otra parte, los consorcios, identificados aquí hasta sus entrañas por el autor, se respaldan asimismo entre sí participándose mutuamente en sus inversiones.

El periodista aborda correctamente las cuestiones y su obra de casi 300 páginas mueve a la reflexión. Estos gigantescos grupos financieros dominan el planeta y poseen acciones en casi todas las grandes empresas, con consecuencias para todos, al quedar ramas industriales enteras dominadas por unas pocas entidades con capital.

La otra interrogante importante es qué papel desempeñan el fundador de BlackRock, Larry Fink , y su principal cabildero en Alemania, el político Friedrich Merz (de la Unión Demócrata Cristiana, CDU), aspirante a la candidatura para alcanzar la cancillería federal, tras las elecciones parlamentarias federales de 2021.

Merz insinuó no hace mucho incluso que los futuros pensionistas de Alemania debieran poner las barbas en remojo e ir pensando en colocar todos sus ahorros en acciones para asegurarse el futuro y no confiar más en el Estado, lo cual cayó como una bomba de olor a huevo podrido en este país. Más áun, tratándose de alguien que procura suceder a la canciller Angela Merkel en el gobierno federal alemán. Aunque...después de este desliz es dificil creer que pueda triunfar en sus propósitos.

Cuando Donald Trump busca asesoramiento en su guerra comercial contra China no se reúne con los representantes elegidos por el pueblo o con sindicalistas, sino con el jefe de Apple, Tim Cook, para conocer su opinión y saber qué efectos podría tener sobre esa compañía (participada por BlackRock). Otro tanto ocurre en Alemania cuando se trata de la crisis de la industria automotora y la contaminación del medio ambiente con los motores diesel. La canciller Merkel se cita con los máximos representantes de Volkswagen, BMW y Daimler, así como con los jerarcas del lobby que los agrupa, la Unión de empresas de la industria automotora (VDA), pero no lo hace con los de las entidades ecologistas no gubernamentales.

Como dijera la propia canciller alemana en una conferencia de prensa el 1 de septiembre de 2011: vivimos en una democracia, y por eso la legislación presupuestaria es un derecho medular del parlamento, y en ese sentido vamos a encontrar vías para que la cogestión parlamentaria sea estructurada de tal forma que, no obstante, sea acorde con el mercado. En otras palabras, no tenemos mercados acordes con la democracia, sino una democracia acorde con el mercado.

La gran pregunta del título del libro, ¿Quien protege al mundo de los consorcios financieros? sigue en pie y sin respuesta, pero al menos sugiere algunos primeros pasos: clasificar a estos consorcios de relevantes para el sistema y de esta forma forzarlos a ser transparentes; obligarlos a crear reservas para asegurar el patrimonio de los ahorristas en caso de un crash; denegar a través de la legislación antimonopolio la participación de estos consorcios en varias empresas que compiten entre sí en una misma rama económica; fijarles límites máximos de participación en cada empresa; cerrar las lagunas fiscales para reducir una parte significativa de sus ganancias; y si todo esto no ayudara, desmantelar esos consorcios.

Las propuestas lamentablemente no son realistas, porque no hay voluntad política y a nivel nacional la influencia se ve restringida por acuerdos internacionales y tratados comerciales. Una parte de las propuestas podría implementarse a través de la Unión Europea. Pero la Comisión Europea es un refugio muy especial para los grupos de presión (lobbies) de dichos consorcios financieros. El ejecutivo de la UE es todo oídos a sus cabilderos, e incluso presta a BlackRock más atención que a los otros. Este consorcio tiene nueve representantes muy activos, incluso cinco acreditados ante el parlamento europeo, y destina un presupuesto de más de 1,4 millones de euros anuales a su labor.

La mejor respuesta a esta marcha triunfal de las corporaciones sería convertirlas en superfluas, y esto se lograría solo si nos despidiéramos de las equivocadas doctrinas neoliberales y nosotros mismos dictáramos las reglas de juego de nuestras sociedades y no los mercados, y en consecuencia los consorcios financieros.

Por citar un ejemplo contundente, el jefe de BlackRock en Alemania, Christian Staub, precisaba la estrategia de su corporación en declaraciones a la prensa alemana en 2015:

nosotros no hablamos ni hacemos preguntas ni formulamos propuestas en las asambleas generales (de las empresas) para influir sobre las rentabilidades, los dividendos o las decisiones en materia de personal. Nosotros intercambiamos directamente con el directorio o con el consejo de administración y les hacemos saber claramente cuáles son nuestros intereses a largo plazo.

Dicho de forma más poética quizás, quien detenta el poder de verdad, no lo muestra en el ojal de la solapa, como una condecoracion o una escarapela, sino que lo lleva oculto detrás del doblez. ¿Más claro?.. ¡Échele agua!

Notas

Jens Berger, "Wer schützt die Welt vor den Finanzkonzernen?", Fránfurt: Westend Verlag, 2020, 304 Seiten. ISBN 978-3864892608

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