España - Madrid

Buena música de cámara (con piano), también oriunda de Pozuelo (1)

Juan Krakenberger
viernes, 7 de junio de 2002
Bohuslav Martinů © Dominio público Bohuslav Martinů © Dominio público
Pozuelo de Alarcón, martes, 4 de junio de 2002. Fundación Carlos de Amberes. Esc. Sup. de Música Reina Sofía-Música de Cámara con Piano. Ludwig van Beethoven, Trio op 1 nº 3. Max Bruch, Ocho piezas op 83. Serguei Rachmaninov, Trío élégiaque nº 1. Dimitri Shostakovich, Quinteto en Sol menor op 57 (movimientos 1, 2 y 3). Robert Schumann, Märchenerzählungen op 132. Bohuslav Martinu, Cuarteto para oboe, violín, cello y piano. Johannes Brahms, Quinteto con piano op 34 (movimientos 'Scherzo-Trío' y 'Finale'). Trío Mozart. Trío Amadeus. Trío Dvorák. Grupo Allegro. Grupo Valentia. Grupo Albéniz. Aforo: 100%
0,0001982 Nuevamente, los alumnos de la Escuela Superior de Música Reina Sofía, de Pozuelo, se enfrentaron a un ambicioso programa de música de cámara, bajo la tutela de la profesora Marta Gulyas, a cargo de la Cátedra de Música de Cámara para grupos con piano. El rendimiento de los siete grupos que actuaron fue menos homogéneo que los grupos de cuerda de la víspera, lo que atribuyo al hecho que hacer música de cámara con piano es menos laborioso que con cuerdas solas. El piano 'tapa' muchas imprecisiones, y el trabajo necesario para poner a punto una obra en que interviene el piano es significativamente menor, de ahí los rendimientos desiguales. En cuerdas se oye todo, con el piano no tanto. Pero aún así hubo algunas actuaciones muy remarcables, y hasta algunos destellos geniales. Veamos:El Trío Mozart, formado por Alberto Menchén, violín, Blanca Coines, cello, y Antonio Ortiz, piano, tocó los dos últimos movimientos del Trio op 1 nº3 de Beethoven. La versión fue muy buena, gracias al excelente pianista, que pudo con todos los arpegios y escalas, como si fueran perlas, leves, elegantes....El conjunto trabajó bien, pero los así llamados piano subito tan típicos de Beethoven, habría que hacerlos con más enjundia. Con todo marcaron un nivel muy alto, como teloneros, por la calidad instrumental de cada uno.De las Ocho piezas op 83 que Max Bruch escribió para clarinete, viola y piano, existe la versión para violín y viola, de la cual oímos tres, las número 1, 2 y 4, a cargo del Trío Amadeus formado por Santa Mónica Mihalache, violín, Alexandru Bota, viola y Héctor Sánchez, piano. Piezas muy románticas, todas, recibieron una interpretación esmerada, sentida, que sonó muy bien. Hubo excelente cohesión, dentro de un clima íntimo realmente agradable.De Serguei Rachmaninov se tocó luego una obra de juventud, el Trío élégiaque nº1 en sol menor, para violín, cello y piano, a cargo de Erica Ramallo, Antonio Martín, y Laia Masramón, respectivamente, que forman el Trío Dvorák. Compuesto a los diecinueve años, este movimiento naturalmente hace protagonista al piano, el instrumento del autor, y deja al violín y al cello roles que alternan entre acompañamiento, o exposición de los temas, y poco más. La pianista desempeñó su parte con gran dominio, y gracias a ello pudimos disfrutar una versión con empuje y energía. ¡Muy logrado!.Y para terminar la primera parte del concierto, los primeros tres de los cinco movimientos de que consta el Quinteto en Sol menor op 57 de Dmitri Shostakovich, a cargo del 'Grupo Allegro', formado por Liana Tretiakova y Marta Hernando, violines, Alexandru Bota, viola y Diego Hernández, cello, con Angel Cabrera en el piano. El primer movimiento, 'Prelude' marcado Lento-Poco piú mosso y el tercero 'Scherzo' marcado Allegretto recibieron una interpretación fresca y agradable, pero la 'Fuga' (Adagio) del segundo fue, a mi juicio, tocada con demasiada lentitud, y como la música de este movimiento es de por sí bastante monótona, esto resultó ser en extremo soporífero. Menos mal que el Scherzo chispeante que sigue consiguió despertarnos nuevamente.La segunda parte del maratoniano concierto (dos horas y media largas) se inició con las cuatro piezas que forman el ciclo Märchenerzählungen, para clarinete (violín), viola y piano, op 132, de Robert Schumann, interpretadas por Gerardo Ubaghs, Katalin Madak y Denis Kozhukhin, que forman el Grupo Valentia. Obra de 1853, con la salud mental del compositor ya seriamente afectada, se nota que hay ahí giros poco racionales, y si no hubiera sido por la actuación superlativa del joven pianista Denis Kozhukhin, esto podría haber sido un fiasco. Pero no lo fue -todo al contrario: la parte complicada del piano fue tan bien resuelta que las partes de violín y viola, un tanto relegadas a segundo plano por el compositor, pudieron hacerse valer en sus intervenciones, con plena libertad y a pesar del cúmulo de notas que fluían, casi sin cesar, del teclado. En resumen, ¡muy bueno!La penúltima obra programada era el Cuarteto para oboe, violín, cello y piano de Bohuslav Martinu, obra de 1947, compuesta en los EEUU, pero en un período de gran productividad del compositor. Consta de dos partes, un 'Moderato poco allegro' y luego un breve 'Adagio' como introducción a un 'Allegro' final. Los intérpretes fueron Nora Salvi, en el oboe, Alexander Pavtchinskii en el violín, Carmen Maria Elena, chelo y Victor del Valle, piano. La versión fue correcta, aún cuando en el movimiento final el tema se habría prestado a algo más de picardía mediante algunos rubatos o respiros puntuales. Martinu -como también otros compositores checos- dejan al intérprete bastante libertad para hacer de las suyas. Habría que aprovechar esto para hacer más interesante esta música, bien escrita, pero en la cual hay mucho para leer entre líneas. Naturalmente, esto requiere mucho tiempo y mucha dedicación. Gracias al buen quehacer de la oboísta, la sonoridad fue agradable y el conjunto técnicamente intachable.Y para el fin, dos movimientos del famoso Quinteto con piano op 34 de Johannes Brahms: Las dos obras más conocidas como marco para este concierto: Beethoven y Brahms Si bien las cosas empezaron bien con el Beethoven, no se puede decir los mismo del Brahms. Puede, por si acaso, servir de excusa que hubo que hacer cambios de elenco a última hora por enfermedad de uno de los integrantes. Mis principales objeciones son de tipo sonoro, dinámico, y rítmico. Los movimientos elegidos fueron el 'Scherzo-Trío' (Allegro) y el 'Finale'. En aquel, para citar un ejemplo, hay un 'fugato', marcado pp en toda su extensión, siendo la intención del compositor que solo se oiga el tema, de forma suave. Solamente pocos compases antes del fin de este pasaje hay un breve pero violento crescendo. Además se puede leer entre líneas que la tensión aumenta a medida que se incorporan más voces: ojo, ¡la tensión pero no la dinámica! ¿Cómo lograrlo? Esto tendrán que pensárselo para una próxima oportunidad los integrantes del Grupo Albéniz: Joan Espina y Marta Hernando, violines, Iustina Bumbu, viola, Teresa Valente, cello y Enrique Bernaldo de Quirós, piano. El tema del último movimiento fue tocado muy bien por la cellista, y auguraba promisoriamente. Pero, esto se frustró ante la adhesión demasiado estricta al metrónomo: los cambios de tempo marcados por Brahms -y hay muchos- fueron obedecidos con demasiada parsimonia y, como ya se sabe, cuando Brahms marca muchos cambios, uno puede hacer unos cuantos más por cuenta propia. Pero, nuevamente, para eso hay que tener tiempo y paciencia.Me dirán que se trata de alumnos, y si tocan correctamente han cumplido. Pero no hay que olvidar: 'Noblesse oblige', la escuela tiene actualmente un listón impresionantemente alto en materia de calidad, y -así de exigente es la música- hay que tratar permanentemente de elevarlo aún más. Sobra decir, que el conjunto tocó correcta y afinadamente. O sea: labor de conjunto -sin asumir mayores riesgos- intachable. Pero.....Terminó la temporada 2001/2002 de estudios y de actuaciones. Durante los últimos años, que he seguido de cerca la labor realizada en Pozuelo, el nivel se ha ido elevando, y ha habido realizaciones de calidad que se pueden dejar ver y oír en cualquier sala de conciertos internacional de categoría. Esto, de por sí, es extraordinario. Si consideramos además que esto ocurre aquí, en las afueras de Madrid, en España, donde la enseñanza musical hace de 'Cenicienta', parece además increíble. El modelo de escuela que logra semejantes resultados es digno de ser copiado, imitado y emulado, y no me cabe la menor duda que eso ha de suceder. Felicitaciones en el 10º aniversario de la Escuela Reina Sofía, que ha significado la consagración definitiva de una idea brillante. ¡Y buenos augurios para el futuro!
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