Italia

Concierto en la masía

Jorge Binaghi

jueves, 13 de agosto de 2020
Martina Franca, jueves, 23 de julio de 2020. Masseria Palesi. ‘Il canto degli ulivi’. Concierto de canto y piano. Obras de Monteverdi, Purcell, Haydn, Mozart, Cherubini, Bellini, Wagner/Liszt. José Maria Lo Monaco, mezzosoprano, y Michele D’Elia, piano
José Maria Lo Monaco © 2020 by Clarisa Lapolla

Este era el último de los conciertos con el nombre de referencia, 'El canto de los olivos', y realmente en estas masías más próximas o lejanas de la ciudad se pueden oír los olivos cuando hay algo de viento.

Fue un recital que no estuvo a punto hasta poco antes de su realización ya que la cantante prevista, Veronica Simeoni, fue llamada a sustituir a una colega en la vecina (no tanto) Macerata y tuvo que posponer su participación en el Festival.

Lo Monaco es un nombre que suena con cierta fuerza hace tiempo y está vinculada en particular al repertorio barroco (la oí el año pasado en Buenos Aires como Octavia en L’incoronazione di Poppea), de modo que es lógico que predominaran en el concierto esos autores o algunos otros que, en el aspecto serio, guardaban todavía alguna relación con él. Así, la única excepción fue el aria de Adison e Salvini de Bellini, que cerró el concierto y estuvo bien pero sin mucha fantasía… Curiosamente, lo que mejor resolvió o donde menos ‘distanciada’ (a lo mejor fue el efecto de estos terrores al virus que se han apoderado de muchos de nosotros) pareció fue en la gran escena de Neris de la Medea de Cherubini (‘Solo un pianto’, en la versión italiana). En los lamentos de Ariadna y de la ninfa de Monteverdi estuvo distinguida, pero no conmovió. Y lo mismo ocurrió con una buena versión (más interesante en los cantables que en los recitativos) de la cantata (no podía faltar en este Festival) Arianna a Nasso de Haydn.

El ‘distanciamiento’ tal vez para algunos sea adecuado a la muerte de Dido de la ópera de Purcell, pero hay versiones donde la ‘distinción’ real (cuando la había, en el mito claro) no está reñido con el pathos. Curiosamente las cosas fueron más relajadas y ‘próximas’ en el gran rondó de Sesto de La clemenza di Tito mozartiana (‘Deh, per questo istante solo’).

En el programa había dos números pianísticos: la Fantasía en re menor K.397 de Mozart y una de las célebres paráfrasis operísticas de Liszt, en este caso la correspondiente a la canción a la estrella vespertina del último acto del Tannhäuser de Wagner.

D’Elia es muy conocido como acompañante, y realmente en todo el concierto estuvo felicísimo y pendiente totalmente de la cantante (no por nada los artistas lo aprecian tanto), y él sí distinguió perfectamente períodos y estilos; pero si la fantasía de Mozart confirmó la impresión (era la primera vez que lo oía en vivo), el fragmento de Wagner/ Liszt resultó deslumbrante por los matices y colores y los tiempos que hicieron de una obra aparentemente ‘menor’ del húngaro una perla (como creo que son esas paráfrasis, fruto de un conocimiento y una admiración por las obras de referencia). Bravo.

En los bises hubo más Monteverdi, Sì dolce è il tormento, que concluyó la velada, pero antes el fragmento más encantador por la forma en que Lo Monaco lo dijo, liberada de toda reticencia, la canción siciliana de Rosa Balistrieri, Cu ti lu dissi. El público aplaudió agradecido.

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