España - Castilla y León

Pedantería ad libitum

Xoán M. Carreira

lunes, 10 de agosto de 2020
Zamora, sábado, 25 de julio de 2020. Castillo de Zamora. Triópera3. 'Detrás de los párpados', música de Sergio Bardony y textos de Pilar Martín Gila. 'Una persecución en la sombra', música de Alberto Arroyo y textos de Guadalupe Grande. 'Conservaba en la retina el negativo de su imagen circular', música de César Camarero y textos de Menchu Gutiérrez. Marta Knörr (mezzosoprano). Raúl Marcos (actor). Naphta Dúo: Javier Gregori Arriaza (violín) y Juan Aguilera Cerezo (cello). Mario Prisuelos (piano). Festival Little Opera Zamora 2020
Cartel de Triópera3 © 2020 by Little Opera Zamora

El encantador festival Little Ópera Zamora ha conseguido superar las consecuencias del COVID haciendo aún más modestas sus ya de por sí modestas posibilidades. El doble programa estrella del festival tuvo que representarse sin orquesta en el foso e importantes restricciones de escena y en el aforo que no afectaron al éxito de la representación. Esa misma noche se representó en el espacio del foso del Castillo de Zamora un espectáculo, Triópera3, alternativo al inicialmente previsto. Una producción multimedia que articula tres breves piezas de teatro musical con música de tres compositores masculinos y textos de tres mujeres, circunstancia destacada en la promoción de este espectáculo, desarrollado en el proyecto EPOS Lab y estrenado en 2018 en el Centro Cultural Conde Duque de Madrid. 

'Fracaso' es la palabra más adecuada para calificar la representación de Triópera3 en esta noche de Zamora. El aforo, muy reducido por el COVID, casi se completó pero se fue reduciendo sensiblemente por las abundantes deserciones que se produjeron tanto en los intervalos entre las minióperas como durante las propias representaciones. No hubo protestas pero tampoco el menor signo de entusiasmo: los aplausos fueron escasos y cortos, apenas al límite de la cortesía. La producción resultó torpe e ingrata, en gran parte debido a los modestísimos medios técnicos, un defecto incapacitante en unas obras sostenidas por el vídeo y el sonido pregrabados, así como por la iluminación. Las limitaciones técnicas impusieron un largo preludio y dos interludios durante los cuales los espectadores, deslumbrados por los reflectores enfocados hacia ellos, escuchaban fragmentos inconexos de conversaciones provenientes -según nos informaron- de los ensayos de las tres obras, aunque más bien parecía tratarse de reflexiones y divagaciones de los compositores y libretistas. 

La penuria de medios técnicos perjudicó enormemente la recepción y comprensión de Marta Knörr, una espléndida cantante-actriz que sacó adelante las dos primeras obras: Detrás de los párpados y Una persecución en la sombra. Su buen hacer dejó en evidencia al protagonista de Conservaba en la retina el negativo de su imagen circular, Raúl Marcos, un actor de limitados recursos vocal y escénicamente. En la parte instrumental, la competencia y buen hacer del dúo Naphta no bastó para compensar las muy desafortunadas intervenciones del pianista Mario Prisuelos, quien exhibió una falta de control agógico, dinámico, de ataque, y de igualdad. A pesar de ejercer de director de la pieza de Camarero, Prisuelos fue incapaz de concertarse con violín y el chelo. 

Detrás de los párpados de Sergio Bardony (Madrid, 1965) es con diferencia la obra más elaborada y mejor realizada del tríptico. Es evidente el equilibrio entre el concepto, proceso compositivo y resultado, y es muy probable que representada en unas condiciones adecuadas técnicamente y que permitan entender el texto -que no era el de la poesía de base, al contrario de lo que ocurría en las otras dos obras- sino una reflexión sobre un texto ya de por sí evocativo. Fue la obra más aplaudida del concierto y la que menos deserciones tuvo.  

Menor interés y capacidad para retener la atención del espectador tiene Una persecución en la sombra de Alberto Arroyo (Barcelona, 1989), concebida prestando mayor atención a los sistemas de creencias de las vanguardias de la Guerra Fría que a la capacidad de comunicación del producto final. Pernicioso resultado debido en buena parte a la torpe realización de la obra, que se limita a ser un simple catálogo de recursos y estilemas de dichas vanguardias. Basándose en una hermosa poesía de Guadalupe Grande, la escritura vocal de Arroyo deconstruye el texto tornándolo incomprensible y privándolo de todo su sentido sintáctico y semántico. Supongo que la atención del público hubiese mejorado si se hubiesen instalado unos subtítulos que permitiesen entender el poema, pero soy escéptico acerca de que unos mejores medios hubiesen mejorado significativamente la obra. Además Una persecución en la sombra sufrió en mayor medida los ruidos del público, que sentado en sillas de plástico sobre un suelo de cantos rodados especialmente sonoros, asediados por los mosquitos y con una cigarra o cigüeña haciendo su música propia, no consiguió 'entrar' en la pieza. 

La música de César Camarero (Madrid, 1962) para Conservaba en la retina el negativo de su imagen circular tiene una calidad semejante a la del texto de Menchu Gutiérrez, que es reiterado hasta la saciedad por el locutor, Raúl Marcos, que parece ser incapaz de atender a las comas y signos de puntuación del texto, y que exagera los detalles visuales que en Menchu Gutiérrez pueden ser simplemente una imagen evocativa o simbólica, hasta llegar al histrionismo y casi el ridículo. ¿Imaginan ustedes la representación exacta de este texto una decena de veces consecutivas?

El mago hace su aparición en la arena del circo. Las luces comienzan a bajar de intensidad, comienzan a comprimirse los átomos blancos hasta invertirse… hasta que, bajo la carpa, sólo queda iluminado el círculo de arena que ahora parece un agujero blanco. El mago guarda silencio en el centro del agujero, ceremoniosamente, lleno de una absoluta inmovilidad, una inmovilidad cataléptica -se diría que postrado verticalmente- mientras se somete a un ejercicio de concentración coriácea. El público, ingrávido, desmaterializado, sólo atiende al imán del agujero, y espera, espera obligado por la fuerza de lo inevitable. Transcurrido el círculo del tiempo, el mago extrae de su boca una palabra. Se oye:“blanco” (del libro Viaje de estudios de Menchu Gutiérrez)

Pues eso es lo que hacen Camarero y Raúl Marcos una y otra vez, provocando que durante días las palabras "inmovilidad cataléptica", "postrado verticalmente" y "concentración coriácea" provoquen una risa difícil de contener. Si en el texto de Gutiérrez "El público, ingrávido, desmaterializado, sólo atiende al imán del agujero, y espera", en la realidad creo que la rápida retirada del público tras el concierto tuvo más que ver con el hartazgo de esa "espera" y la constante repetición de los gestos y palabras de la obra, que con el deseo de volver a sus casas a una hora en que las tórridas temperaturas zamoranas menguan y resulta más agradable estar en la calle. 

Conservaba en la retina el negativo de su imagen circular es una prueba evidente de que un concepto sin interés, una realización torpe y una pésima interpretación sólo pueden obtener el fracaso como resultado. Algo semejante ha sucedido con la programación de Triópera3 en el Festival Little Opera Zamora 2020. Como antes he dicho, las circunstancias estaban en contra y hubo que prescindir del espectáculo programado para la noche. A mi entender cancelar la cita nocturna en el castillo hubiera sido preferible a representar en estas condiciones estas obras, que independientemente de su calidad, requerían un espacio y unos medios técnicos muy diferentes de los ofrecidos. 

Post Scriptum 

El gran musicólogo Richard Taruskin nos ha enseñado que la vanguardia, al igual que el nacionalismo, es una superstición que conduce inexorablemente a la intolerancia y el autoritarismo. No se me ocurre el menor motivo racional para incorporar un proyecto tan marginal como Triópera3 en una programación recoleta como la de Little Ópera, y menos aún en las circunstancias impuestas por el COVID. Las administraciones públicas tienen que ser enormemente prudentes con las programaciones culturales y no pueden imponer gustos estéticos de ningún tipo y bajo ningún pretexto, especialmente cuando ese pretexto es la presunción elitista de la 'educación artística' de los ciudadanos, que son quienes pagan la factura y las entradas, y su única recompensa es el aburrimiento y el malhumor que les inducen a abandonar un espectáculo durante la representación. Tras cuarenta años de democracia me parece inmoral que las administraciones públicas sigan reproduciendo las alucinaciones estético-políticas del tardofranquismo (y en general de todas las dictaduras). Al fin y al cabo, "vanguardia" es sólo un concepto militar que nada tiene que ver con la estética. 

Comentarios

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10/08/2020 10:19:38

Excelente y valiente artículo....

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