Reportajes

Albert Einstein, el músico

Ylsa Peña

viernes, 9 de junio de 2000
Música es un ejercicio aritmético del alma, sin saber que está contando (Leibniz)Ante la idea de que el alma pueda hacer ejercicios y que esta no lo sepa, podríamos pensar en la existencia de una audición arquitectónica de la música, y que el alma ante la imposibilidad de valerse de la razón, se deje llevar ciegamente por los andamios impredecibles que solo la música es capaz de construir.El alma no necesita signos ni formulas y puede prescindir de la razón y el lenguaje. El alma no podría definir que es la música, solo podría, repasando el cromatismo de las emociones, sentir lo que la música hace. Si fuéramos a situar el alma de Albert Einstein dentro en lo que su alma sabía o no sabía, caería justo en el medio: su alma "intuía". Su intuición fue el elemento esencial de donde él partió desde verdades convencionales de la realidad física, hacia verdades nuevas para definir el mundo, y es esta misma intuición la que lo llevó a sumergirse en el arte de los sonidos.Se daba en Einstein un raro caso: el inusitado entusiasmo de un físico por la música. Es natural (sin dejar de ser inusitado) que siendo judío se acercara a la música, pues este arte y sobre todo el violín, tienen una gran importancia dentro de la cultura y liturgia judía. Su madre al igual que su hermana eran pianistas aficionadas, en cambio Einstein prefirió este pequeño instrumento de cuatro cuerdas, diminuto si se quiere, pero dotado de una gran capacidad expresiva.Nos cuenta el novelista George Duhamel que hacia el año 1919, un grupo de amigos filarmónicos llamados “El cuarteto de los doctores” se reunían a leer y hacer música. Estudiaban con pinzas y escalpelos las sinfonías juveniles de Beethoven y por supuesto las de Mozart. El grupo, conformado por escritores y científicos, giraban alucinados como las lunas de Júpiter alrededor de la sinfonía #41 de Mozart que lleva ese nombre. Una noche, al ensayo en la casa del matemático Jacques Hadamar, llegó un violinista nuevo:Einstein se colocó en su puesto (dice Duhamel), cerca de mi atril de flautista. Y mientras yo contaba mis compases de espera como un alumno aplicado, lo miraba por encima de la partitura. Observaba al nuevo músico. También lo escuchaba, y me maravillaba al ver como se integraba al conjunto. Era muy buen músico, como suelen serlo ciertos matemáticos. Tocaba con limpieza y rigor, observando sus entradas con absoluta precisión pero sin hacer el menor esfuerzo por ponerse en relieve. En los momentos de inactividad alzaba su noble rostro, llevaba un cuello de celuloide, y sentía que para él, todo aparato vestimentario carecía de importancia. Pero la música sí tenía importancia para su espíritu. ¡Cuanta devoción, cuanta modestia, había en la personalidad de ese maestroEinstein alzaba su rostro, contaba. Él, quien descubrió la estructura esencial del cosmos, probablemente “contaba” y hacía ejercicios aritméticos valiéndose de los esquemas musicales, las cifras de notas por compás o del diseño estructural de la obra.Según sus compañeros Einstein tenia la capacidad técnica de un concertino, sin embargo su manera de hacer música corresponda mas a añadir eslabones armónicos en vez de hacer lucimiento de su destreza, lo que demuestra la importancia que tenían para él la armonía y las estructuras dentro y fuera de la música.A un novelista como Duhamel difícilmente se le hubiera escapado el rostro de Einstein. Su humor así como su rostro, poseían un encanto fascinante. En su semblante se conjugaban rasgos humorísticos y únicos que podrían encontrar un paralelo este arte que le era familiar y más específicamente la música de W.A. Mozart, su compositor preferido. Einstein disfrutaba también de la belleza de la música de Schubert, pero rechazaba al Beethoven en plena madurez, atormentado por el dolor de una sordera impuntual e injusta. ¿Qué vinculaba a Einstein con Mozart y lo hacía alejarse del patetismo tenso de Beethoven? La transparencia, el humor y la exactitud.La música de Mozart posee una extraordinaria claridad y belleza, y no por esto deja de ser armónicamente rica ni carece de expresión y peso en los temas que elabora y desarrolla. En el proceso de confección de la teoría de la relatividad, Einstein sufrió varios ataques de ansiedad, estaba poseído ante la idea de encontrar un esquema unificado que abarcara todas las leyes de la física. En esta transparencia, Einstein encontró ausencia de angustia y descanso en un espacio musicalmente despejado, con el cual podía transitar con facilidad del caos a la armonía.El humor de Einstein (a veces mordaz) tiene un paralelo con el humor que desplegaba este compositor: Mozart es uno de los pocos compositores que escribió una broma musical. Él fue aún más lejos: viviendo entre vieneses (tan dados a inclinarse y reverenciar) tituló el canon K. 231 para 6 sopranos Leck mich dem Arsch [Lámeme el culo] y como para que a nadie dudara de lo que trataba de decir compuso otro canon K. 233 para 3 sopranos, titulado Leck mir den Arsch fein recht schön sauber [Lámeme el culo hasta dejarlo lustroso].Por otro lado Einstein se comportaba de manera humorística aún en ocasiones donde la etiqueta era el ”pase” adecuado. En una ocasión se encontraba en una recepción adonde llegaban fétidos olores provenientes de la calle. Janos Plesch, alcalde de Berlín quiso excusarse ante él, y Einstein contestó: ¡no se preocupe señor alcalde, de vez en cuando yo me desquito!Einstein había confrontado problemas al tratar de traducir problemas de la física con métodos matemáticos y de alguna manera se arrepentía de no haber escuchado los consejos de su amigo, Marcel Grossman cuando le sugirió que asistiera a cátedras de matemática en sus años juveniles. En esta búsqueda de soluciones Einstein cayó bajo lo que hoy conocemos como "El efecto Mozart". Según estadísticas observadas por algunos científicos modernos, la música de Mozart de produce un mayor rendimiento en el razonamiento matemático. ¿Pudo Mozart haber ayudado a Einstein? ¿Pudo Einstein haber escuchado música sin saber que estaba contando? Esto no lo sabemos, pero ciertamente Einstein intuitivamente se apropio del efecto que la música mozartiana puede producir y pudo resolver problemas (que ya empezaban a preocuparle) concernientes al aparato matemático de su teoría general de la relatividad.Si hablamos de exactitud en Mozart, tendríamos que referirnos a la extensión y equilibrio de todas las partes que intervienen en su discurso musical. Es como si su música pudiera desarmarse y volverse a armar de otra forma y no sobrara una nota. Así también la duración de sus sonatas y conciertos poseen con exactitud la extensión con la cual no satura al oyente y coloca el acorde final justo donde la resistencia auditiva necesita el descanso. Mozart mantiene siempre equilibrio entre la profundidad y altura, extensión y final del desarrollo temático. Estos son aspectos que a un genio como Einstein, quien poseía una excepcional capacidad de análisis, pudo identificar y asociar con su trabajo científico.Dentro de la música hay un fenómeno que aunque se ha establecido dentro de las metodologías musicales hace pocos años, pudo ser llamativo para Einstein muchos años antes y que se relaciona con el concepto de relatividad: Dentro de los siete sonidos musicales la nota sol o cualquier otra puede convertirse en do o en cualquier otra al ser ejecutada o cantada. Todo depende del punto de referencia desde donde se observe o se entone, reajustando el sistema en que se desenvuelve. Entonces la nota sol ahora puede ser do con solo considerar la nota anterior como si y la subsiguiente como re. Es un do que se mueve. Pero es un do absoluto. De manera que decir que re es re y solo re, es relativo. Así los sonidos mas primarios de la música, poseen una relación relativa, un mudar su identidad sonora con respecto de otra.La musicalidad que poseía Einstein, le permitía asociar elementos remotos y unirlos con significado. Percibía armonía interna, fraseo y belleza aun dentro de los linderos de la física. En su trabajo Pensamiento Científico, Einstein dice: siempre hay que buscar el elemento poético. La apreciación de la buena ciencia y de la buena música demandan, en parte, procesos mentales similares. La música, quizás llevó a Einstein a pensar que el universo lo mismo que la física y sus leyes, son esencialmente simples. Por que: ¿qué es más simple que cuatro cuerdas de un violín? ¿No son esas cuerdas un breve e infinitesimal espacio en comparación con los sonidos capaces de producir? Y de ahí se ha creado casi toda la música del mundo.Si yo no hubiera sido físico, -decía Einstein- hubiera sido músico. Pienso constantemente en la música, veo mi vida en formas de música y obtengo el mayor goce de la vida a través de ella. Si Einstein hubiera sido músico, su producción musical hubiera puesto en entredicho todo un capitulo de la música contemporánea, él hubiera encontrado armonía allí donde otros solo encontraron disonancias y descripciones catalíticas de la sociedad moderna. Su exploración con los sonidos hubiera sido interminable y en esta búsqueda quizás hubiera encontrado la octava nota.Albert Einstein, hubiera dejado escrita la música de las esferas.

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