España - Madrid

Rococó rocambolesco

Germán García Tomás

martes, 22 de septiembre de 2020
Madrid, domingo, 6 de septiembre de 2020. Teatros del Canal (Sala Roja). Maestrissimo (Pagagnini 2). Idea original, creación y dirección: Yllana. Dirección artística: Juan Ramos y David Ottone. Intérpretes (cuarteto de cuerda): Eduardo Ortega, Jorge Fournadjiev, Isaac M. Pulet, Jorge Guillén “Strad”. Diseño de iluminación: Fernando Rodríguez Berzosa. Diseño de sonido: Oelstudios. Escenografía y diseño de vestuario: Tatiana de Sarabia. Coreografía: Carlos Chamorro. Texto: Rafael Boeta. Fragmentos de Vivaldi, Bach, Mozart, Beethoven, Paganini, Monti, Brahms, Strauss (hijo), Sarasate, Albéniz, John Williams, Jenkins, The Beatles, Metallica y The Police. Ocupación: 75%.
Maestrissimo © 2020 by Yllana

Decía el ilustre Goethe que un cuarteto de cuerda es una conversación entre cuatro personas inteligentes. Quizá la inteligencia es lo que ha despuntado una vez más en el último espectáculo musical de la compañía Yllana, que ha tenido como protagonista al formato rey de la música de cámara. Inteligencia sazonada con originalidad, porque, como es acostumbrado en esta factoría teatral, resulta asombrosa su capacidad para deconstruir o descomponer un género como la ópera (en The Opera Locos) o una época concreta de la historia de la música (el Barroco o el primer Clasicismo en este Maestrissimo) en clave humorística o de entretenimiento.

Estas propuestas teatrales no tratan de glosar el pasado a modo de reportaje o crónica histórica, sino de presentarlo bajo el prisma del presente, la mayor parte de las veces de forma completamente irreverente, pero sin engañar al espectador en ningún momento sobre la intencionalidad paródica de la creación artística que se muestra. Pagagnini 2, estrenado inicialmente en función única en el Teatro Auditorio de San Lorenzo de El Escorial (Madrid), dentro de su Festival de Verano, y recuperado durante dos semanas en la Sala Roja de los Teatros del Canal de la capital, se subtitula muy esclarecedoramente Espectáculo allegro e molto vivace, mezcla de concierto de cámara, comedia satírica y retrato de época.

Nos relata las vicisitudes de cuatro instrumentistas de cuerda muy diferentes entre sí, que, con todo el copete y la pompa asociada a la galantería y a la elegancia del estilismo dieciochesco (en unos figurines de Tatiana de Sarabia refinados y pulidos hasta el detalle), muestran sus apabullantes atributos virtuosísticos que rompen todas las convenciones sociales de la época cuando irrumpen sin pudor en los códigos y comportamientos de las bandas de rock, lo que se ve favorecido por la amplificación del sonido, convirtiendo en todo un orgiástico torbellino interpretaciones como el movimiento inicial del Invierno de Vivaldi con que da comienzo la exhibición, un remix de Mozart, la Danza húngara nº 5 de Brahms, Asturias de Albéniz o las Csárdás de Vittorio Monti, piezas todas ellas de gran aparato exhibicionista y que, no obstante, despiertan admiración en el impresionable espectador que suele acudir a este tipo de propuestas teatrales más desenfadadas.

La sencilla historia ideada por Juan Ramos y David Ottone gira en torno a la figura de un maestro-compositor de segunda fila que, integrado en la estructura rígida del cuarteto de cuerda, pretende buscar fortuna componiendo alguna pieza de impacto para poder obtener el codiciado título de Maestrissimo. El brioso Zapateado de Sarasate sirve para definir algunas de las divertidas particularidades o clichés asociados a los integrantes de este singular cuarteto, como el vanidoso y pretencioso concertino que siempre se lleva la parte de mayor lucimiento, o el tercer violín, que procura emularle o burlarse de él a sus espaldas hasta el punto de llegar ambos a retarse a golpes de zapateado en el escenario. Frente a ellos el soñador Maestro, cuya inspiración intenta infructuosamente hacer brotar una melodía del clavecín con la que pueda alcanzar el ansiado galardón, para lo que será de gran ayuda precisamente la iniciativa del tercero, que idea inicialmente melodías de estilo galante, pero que en un arrebato de inspiración es capaz de hacer aflorar para sorpresa y admiración de todos la melodía de la Tocata y Fuga BWV 565 de Bach.

El violonchelo por su parte personifica al instrumentista que eternamente tiene que tocar el mismo y obsesivo diseño rítmico de acompañamiento (alusión a la convención de la época), circunstancia que le lleva a desinhibirse en solitario interpretando aguerridamente los primeros acordes del primer movimiento de la Quinta beethoveniana, y que, tras oírle uno de sus compañeros, le lleva a tacharlo de lunático. De nuevo será el tercero en discordia el que le haga mover el arco hasta llevarle a conseguir la melodía del Preludio de la Suite para chelo nº 1 de Bach, que en uno de esos pocos momentos de descanso de este show rococolesco se ve fusionado con el famoso tema Yesterday de The Beatles en un ambiente nocturnal bellamente recreado por la iluminación de Fernando Rodríguez Berzosa. Porque la tónica dominante de este Maestrissimo es el incontable catálogo de saltos, piruetas y precisión coreográfica con que los solistas acompañan sus ejercicios virtuosos, con lo que la categoría de saltimbanquis puede asignársele muy acertadamente al sobresaliente y entregado trabajo que realizan por igual Eduardo Ortega, Jorge Fournadjiev, Isaac M. Pulet y Jorge Guillén “Strad”, cada uno dentro de sus papeles asignados auténtico showman en el sentido pleno del término.

En todos los espectáculos de Yllana la interacción con el público es una seña de identidad, y en este caso no podía ser una excepción, pese a las limitaciones y medidas impuestas por la pandemia, que obligan al distanciamiento físico y el uso de mascarillas. Aquí esa interpelación al público no sólo se limita a esos guiños al sonido de los móviles que degeneran en explosiones rockeras (con la inevitable referencia al vals de Francisco Tárrega del que la compañía Nokia extrajo su famoso politono y desarrollado en una composición propia de este cuarteto), sino que asistimos como es acostumbrado a la participación activa de los espectadores, bien emitiendo sonidos a demanda de los cuatro virtuosos, o bien siendo víctimas elegidas por il Maestro para su ensayo con campanitas del tema principal del Danubio Azul straussiano.

Resulta risible, en el buen sentido, que este personaje consiga el cotizado premio de manos de un inexistente monarca con una melodía que vio tocar previamente a su tercer violín en una partitura en apariencia del puño y letra de éste: el hermoso tema principal de La lista de Schindler de John Williams, y cuya inserción al propio compositor y director de orquesta estadounidense a buen seguro le habría hecho mucha gracia presenciar en un espectáculo en el que, contrariamente a lo que podría sugerir el título con el nombre en sentido chistoso del considerado violinista del diablo, no es una glosa suya y apenas suenan unos pocos acordes de su Capricho nº 20 (hay más presencia del “Paganini español”, Pablo Sarasate). El violín tercero es por tanto el digno merecedor de la estola que reconoce el título de Maestrissimo, aunque los cuatro instrumentistas demuestran conjuntamente que hoy, por hoy, el pequeño formato es una fórmula de éxito llevada a cabo con creatividad e implicación máxima de unos comediantes francamente asombrosos que logran, eso sí, más entretener que ilustrar, pero, es que con Yllana ya saben ustedes a lo que han venido.

Entre otras, a divertirse e impresionarse con un virtuosismo descaradamente hiperbólico pero que sus cuatro integrantes consiguen convertir en impactantes traducciones con categoría de performance y atractivo colorido sonoro, como la interpretación de la pieza que corona con gran apoteosis todo el espectáculo: el Allegretto que abre la neobarroca Palladio de Karl Jenkins, y que nuestro cuarteto de cuerda, tras transitar anteriormente por los modos metaleros de Metallica o The Police que impregna a sus extrovertidas revisitaciones clásicas, parece un homenaje final a las sofisticadas puestas en escena de Freddy Mercury con Queen, otro artista que manifestó su entusiasmo con esto que algunos llamamos música culta, y que con la inteligencia anteriormente aludida el mundo de los clásicos puede llegar a tener una muy agradable convivencia con la llamada cultura pop. Maestrissimo así quiere ponerlo de manifiesto, maridando en esta jugosa ensalada de tempo allegro e molto vivace lo satírico, lo histórico y lo meramente concertístico con técnica epatante. Bravi tutti.

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