Portugal

Mucho aperitivo y poca 'chicha'

Maruxa Baliñas

miércoles, 23 de septiembre de 2020
Porto, sábado, 19 de septiembre de 2020. Casa da Música de Porto. Sala Suggia. Denis Kozhukhin, piano. Piotr Chaicovski, Álbum de la juventud. Xavier Montsalvatge, Sonatina para Ivette. Robert Schumann, Escenas infantiles. Maurice Ravel, La Valse. Ciclo de Piano de la Fundação EDP.

Desde que escuché a Kozhukhin por primera vez en 2012 me quedé fascinada con su estilo de tocar el piano. A pesar de que entonces aún estaba muy marcado por su participación en concursos y tendía a hacer un repertorio brillante que acaso no era el que más le fascinaba, pero sí el necesario para alcanzar la fama que le permitiera desarrollar sus propios intereses, resultaba ya muy interesante por la personalidad que estaba desarrollando y que a menudo se echa en falta en pianistas mucho más brillantes e incluso superiores técnicamente. Es un pianista sólido, con un estilo personal y en evolución (algo que también resulta positivo, ya que hay muchos artistas en el mercado actual que pasan los años y siguen sonando siempre igual, por supuesto muy bien, pero igual). 

Sin embargo el programa de esta noche no permitía apreciar muchas de estas características. Tanto las Escenas infantiles de Schumann como el Álbum de la juventud de Chaicovski, que tiene mucho de homenaje a Schumann (se subtitulan: "24 piezas fáciles à la Schumann"), tienen como destinatarios, aunque no de un modo exclusivo, a los estudiantes de piano que con estas piezas pueden desarrollar su sensibilidad artística (algo que con Czerny, por más útil que sea, no se alcanza). No es Kozhukhin el único pianista que se ha planteado hacer en concierto o disco las Escenas infantiles de Schumann, o incluso el Álbum de Chaicovski, pero basar una parte tan importante del concierto en estas obras no me pareció buena idea.

El Álbum de la juventud especialmente, con sus 24 piezas y poco conocido por el público no ruso, resultaba aburrido, tocado así de un tirón. No creo que Chaicovski pretendiera este tipo de interpretación 'completa', sino simplemente ampliar el repertorio para niños -entre ellos su propio sobrino Vladimir, que estaba empezando a tocar el piano- y pianistas aficionados, dejando aparte que este tipo de piezas resultan sencillas de componer y generalmente son muy rentables para el compositor. Para quien no las conozca, las piezas son muy bonitas y yo creo que más sencillas de tocar que las de Schumann, y en una álbum tan amplio siempre es posible encontrar algunas especialmente afines a la sensibilidad de cada uno. Pero claramente no son obras de concierto, y su corta duración -en total suman unos treinta minutos, o sea que muchas piezas duran apenas uno- tampoco facilita el llegar a introducirse en las piezas. 

Luego Kozhukhin interpretó la Sonatina para Ivette de Xavier Montsalvatge, acaso porque la preparó durante sus años de estudio en la Escuela Reina Sofía de Madrid (en Mundoclasico.com se publicaron a partir de 2002 varias críticas de sus conciertos estudiantiles allí). Esta es una obra que he oído bastante a menudo, pero casi siempre a los alumnos de Música en Compostela (alguien me ha dicho que ahora ya no se toca casi nunca), por lo que oírsela a un gran pianista en concierto es siempre un placer. Además me gusta Montsalvatge y me alegra que sus obras sean también interpretadas por pianistas no españoles (Kozhukhin la tocará nuevamente en Hong-Kong dentro de un mes). Pero, como las obras anterior y siguiente, es una pieza 'infantil' -aunque en este caso no destinada a ser tocada por niños- y tampoco resultó brillante, o por lo menos no todo lo brillante que yo esperaba de Kozhukhin. 

Las Escenas infantiles de Schumann sonaron francamente bien y Kozhukhin utlizó numerosos recursos expresivos -incluídos rubati casi chopinianos y un uso del pedal cuidadísimo- que no son accesibles a estudiantes. Recientemente (mayo de 2019) Kozhukhin ha grabado las Piezas líricas de Grieg y las Canciones sin palabras de Mendelssohn en un disco que ha obtenido diversos premios y nominaciones; y acaso alguna de estas piezas hubiera funcionado mejor como acompañante de estas Kinderszenen, porque el concepto es similar. Resulta difícil destacar alguna pieza del conjunto, acaso las dos más poéticas, 'De tierras y gentes lejanas' y 'Habla el poeta', pero yo me quedé más con 'Junto al fuego' y 'Montando en el caballo de cartón', que si no se tocan bien pueden resultar banales. 

Pero sin duda el gran momento de la noche llegó con La Valse de Ravel, donde Kozhukhin hizo una interpretación antológica, llevando los casi 14 minutos de la obra de un tirón, sin caídas de tensión ni secciones. Y sólo este cuarto de hora compensó el viaje a Oporto porque fue de esas interpretaciones que uno sospecha que no volverá a disfrutar nunca. Como pasa en estos casos, ya lo decía Benedetti -de quien el pasado 14 de septiembre se celebró el centenario de su nacimiento-: "en estos casos es bravo / decir algo que realmente no sobre" en su poema Los formales y el frío. Y yo también creo que sobraría intentar analizar este momento. Ocurrió y ya está. 

No quiero con ello decir que el resto del concierto no fuera interesante, simplemente que -como antes apuntaba- Kozhukhin cambia y en este momento sus intereses no apuntan al virtuosismo pianístico, aunque siga siendo muy capaz de usarlo cuando lo necesita, como en La Valse

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