Entrevistas

Aleksandra Mikulska: interpretar a un compositor es un deber sagrado

Juan Carlos Tellechea

jueves, 1 de octubre de 2020
Aleksandra Mikulska © 2019 by RA Robert Naucke

Si Aleksandra Mikulska fuera actriz en lugar de pianista, sería la figura ideal para interpretar el papel de la heroína Aleksandra (Oleńka) Billewiczówna, de El diluvio, segunda novela de la trilogía del Premio Nobel de Literatura Henryk Sienkiewicz sobre la epopeya polaca contra las invasiones suecas del siglo XVII, llevada al cine y nominada en 1974 al premio Óscar de la Academia Cinematográfica de Hollywood a la mejor película de habla no inglesa.

Tras el notable éxito de su más reciente disco compacto, Reflections, con música de Frédéric Chopin y Franz Liszt, Mikulska se refiere en una entrevista exclusiva con Mundoclasico.com al deber sagrado de todo intérprete de servir de medio entre el creador y el público. Este es el diálogo que mantuvimos con ella vía correo electrónico:

Juan Carlos Tellechea: ¿Que reflexiones te inspira este parón de las actividades culturales en general y los conciertos en particular por la pandemia del coronavirus? ¿Que balance (positivo y negativo) extraes de la situación?

Aleksandra Mikulska: El tiempo se ha detenido, también el espíritu y el alma necesitaban urgentemente esta pausa para recuperarse, para dirigir la mirada a los valores más elevados. El tiempo es en realidad una invención humana sobre la Tierra, Dios no conoce ningún tiempo. La pandemia de coronavirus me hizo comprender claramente que nuestra vida solo puede ser valiosamente vivida si lo hacemos aquí y ahora. Solo en el ahora podemos influir sobre nuestros actos. A partir de este lema me he puesto muy motivada a realizar las tareas que tenía largamente postergadas y que gracias al tiempo que concede esta pausa podré llevar a término.

El foco de mi atención está dirigido ahora a los trabajos de renovación de mi imagen artística y de las tareas de relaciones públicas, así como el estudio del nuevo repertorio. Por fin puedo dedicarme a las obras para las cuales no me quedaba tiempo, debido a los numerosos conciertos que tenía agendados con uno o dos años de anticipación. Esto me hace muy feliz. Estudio ahora a Alessandro Scarlatti, Robert Schumann, Julian Fontana, Joseph Haydn y Johann Sebastian Bach. Físicamente he cargado baterías en las últimas semanas y he aprendido de nuevo a estimar muy especialmente a la naturaleza. Ella nos da fuerza para respirar y para vivir, así como la necesaria inspiración.

Cuando comparo las pérdidas financieras con las medidas de ayuda (ndlr: dispuestas por las autoridades de Alemania) a los artistas por el COVID-19, el balance de la actual situación es muy positivo. El dinero es importante desde el punto de vista existencial para vivir, pero no lo es todo y precisamente esta dificil fase nos muestra que el ser humano puede vivir con mucho menos y ser feliz. El ser humano tiene que redefinir sus fuentes de energía y de felicidad. Esas fuentes no se encuentran en las ventas, en el comercio y en el gozo superficial, ellas se hallan mucho más hondamente, en el corazón, en el alma y en su unión con el universo.

JCT: ¿Que proyectos tenías en marcha, como has tenido que modificarlos, y cuales puedes emprender todavía?

AM: Tuve que cancelar mi gira de conciertos por América Latina, así como mis presentaciones en Alemania, Liechtenstein y Austria. En lugar de ello, recibí una invitación espontánea para tocar en Zúrich a comienzos de julio en un concieerto al aire libre. Mi nuevo disco compacto Reflections con las dos sonatas de Chopin y Liszt fue lanzado el pasado 3 de julio y mi nuevo programa de conciertos es cada vez más variado y colorido. Descubro nuevos e interesantes compositores modernos y, por otro lado, me ocupo mucho actualmente de la música del Barroco. Esto le hace muy bien a mi espíritu y me hace volver a las raíces; dirijo mi atención a lo esencial y tranquilizó mi espíritu.

En las últimas semanas he grabado también nuevos discos compactos y vídeos y he ofrecido muchas entrevistas. El 25 de julio estuve en la Radio de Hesse (hr2), donde hablé sobre mi nuevo CD. Muchos de los conciertos agendados fueron pasados para comienzos de 2021.

La gran dificultad en la situación actual es la gran inseguridad. Los organizadores tienen dificultades para planificar y fijar fechas, tienen que luchar con grandes problemas existenciales y de organización. Las severas regulaciones y las medidas de prevención contra el coronavirus complican aún más la labor de organización y el riesgo para el público sigue manteniéndose a pesar de todo.

Sin embargo, mi primer concierto tras la reapertura, en Zúrich, lo disfruté mucho. Los espectadores están sedientos de música y cultura, y se sentían verdaderamente muy felices de que el concierto hubiera tenido lugar.

Mi último concierto tuvo lugar el 17 de septiembre en el castillo de Spielfeld, ceerca de Graz, en Austria, donde toqué el Concierto para piano número 4 en sol mayor de Ludwig van Beethoven. Entretanto me ha dado mucha satisfacción tocar desde mediados de agosto en la Orangerie de Darmstadt con la Mainzer Kammerphilharmonie, en la St. Peter Kirche de Zúrich y en Dülmen, cerca de Münster. Espero que se realicen los próximos recitales en Geseke, Biberach, Weinheim y Frankenberg. Lamentablemente, cada pocos días me llegan cancelaciones y postergaciones.¡Sería mi mayor deseo poder ejercer de nuevo plenamente mi maravillosa profesión!

JCT: ¿Piensas que es posible solucionar el problema de las distancias que hay que mantener entre los músicos y los demás artistas, así como con el público para evitar contagios?

NF: En el área de la organización de conciertos es muy dificil en estos momentos dar una garantía de protección. Nadie puede protegerse contra el coronavirus al 100%. La desinfección del teclado, las regulaciones sobre la distancia a mantener entre las personas, la distancia que hay que mantener en el vestuario y durante la cena son las medidas más simples entre los músicos.

El público es distribuído en la sala, dejando entre cada espectador varias butacas vacías y se solicita mantener la distancia entre los espectadores mientras conversan. En grandes concentraciones de público es muy dificil, lamentablemente, implementar esas reglas. Lo que parece más importante es fortalecer personalmente el sistema inmunológico y mantener una buena higiene.

Contribuye al buen desarrollo de estas medidas asimismo el hecho de que no se sirven más bebidas durante los intervalos y se prescinde de las mesas en el área de la gastronomía, así como el guardarropas y la venta de entradas en boletería. Las billetes se pueden adquirir vía internet sin necesidad de hacer cola ante las ventanillas a la entrada.

La higiene y la toma de distancia en el uso de los reservados sería también de mucha ayuda. Las conversaciones en la mesa donde se venden los discos compactos deben hacerse también con mayor distancia y precaución. Lo demás está fuera de las posibilidades humanas de prevención.

JCT: ¿Si fueras actriz, cual sería tu papel ideal?

Aleksandra (Olénka) Billewiczówna, en Potop (El diluvio), la segunda parte de la trilogía de Henryk Sienkiewicz, llevada también al cine con el mismo título. Mi nombre de pila me lo puso mi madre por la lectura de esa obra. El libro vale veraderamente la pena leerlo y trata sobre la guerra polaco-sueca entre los años 1655 y 1660.

JCT: ¿Cuando llegaste a Alemania desde Polonia y por que? ¿Como te sentiste en aquel entonces en Alemania? ¿Te adaptaste rápidamente. ¿Donde está tu patria? ¿Se puede afirmar que la música es tu vida?

AM: En 1996 conocí en un curso magistral en Varsovia a quien sería posteriormente mi profesor de piano, Peter Eicher (hoy emérito). Las clases con el profesor Eicher eran tan fascinantes y enriquecedoras que decidí continuar tomando clases con él en el Conservatorio de Mannheim, inmediantamente después del curso magistral. Eso planteaba para mi familia un gran desafío financiero, de modo que para costear mis frecuentes viajes a Mannheim (desde Varsovia) solo los podía hacer en autobús. Al comienzo me acompañaba mi madre. Ella tenía un corazón muy abierto por el arte. El comunismo en Polonia colapsó en 1989, pero la mentalidad de la gente, que nos marcaban a nosotros los jóvenes, como nuestros padres, maestros, profesores, estaba todavía muy influenciada por ese sistema.

En Alemania fue siempre posible el intercambio entre artistas internacionales, lo que no ocurría lamentablemente en Polonia. Fuí muy criticada por mi forma de tocar, especialmente con las obras de Chopin. Hubiera tenido que doblegarme completamente para tocar a ese compositor tal como me lo dictaban mis maestros, en lugar de hacerlo tal como lo sentía. Ese fue el motivo para mi orientación inequívoca a ese otro maestro.

Para mí, los viajes a Alemania eran como la puerta de entrada al mundo, donde el público por fin sabía estimar mis interpretaciones de Chopin. En Alemania tocaba siempre Chopin, pero en mi patria lo evitaba, allí tocaba más bien Bach, Johannes Brahms, Schumann, así como todos los clásicos de Viena, pero no Chopin.

Fue una suerte en la desgracia. Así fue como conocí muy bien a los clásicos alemanes y románticos. Al profesor Peter Eicher lo estimo mucho. Pasé siete fructíferos años con él durante los que me formé y me marcaron. Debido a un accidente, el profesor Eicher no podía tocar piano, pero podía motivar a los estudiantes con su lenguaje, motivándolos e inspirándolos. Le saqué mucho provecho a sus enseñanzas. No tenía que copiar nada, no tenía que imitar nada, no tenía que tocar como él, sino implementar lo que expresaba con su lenguaje. Su lenguaje era como una poesía, muy lírica y pictórica. Eso despertaba la fantasía en mí, a buscar y seguir nuevos caminos y a alcanzar nuevas mezclas de colores. Todo esto fue increíblemente bueno para mí.

Durante mi bachillerato se dió una situación complicada. Mi maestro se encontraba en Alemania, mientra yo como alumna de una clase de estudiantes superdotados del Liceo de Música de Polonia debía rendir exámenes ante una comisión polaca. Esto condujo naturalmente a conflictos. Así que intenté presentar a compositores alemanes, pero aún así tenía grandes dificultades. Mis interpretaciones al piano eran para los maestros polacos demasiado inusuales y por ello no aceptables.

Comprendí entonces que no podía permanecer por mucho tiempo más en Polonia. En ese momento surgió un lema vital para mí: mantener la tradición, pero partiendo de ella desarrollar lo innovador. Mis ideas nunca hubiera podido desarrollarlas, si no hubiera venido a Alemania paara mi formación.

Los viajes a Alemania eran para mí la salvación, no sentía como agotadoras esas 22 horas de viaje en autobús, porque al otro día estaba en otro mundo y podía huír de mi jaula interpretativa. Allí era yo misma. Cuando en 2000 terminé mi bachillerato mantuve una seria conversación con mi profesor: ¿sabes lo que te sobreviene si dejas todo?, me dijo. ¿Has pensado todo bien? Siempre le quedaré muy agradecida por aquel encuentro. Confié en mí misma y me fuí de Polonia.

Fue como vivir en un nuevo mundo, nada era tan inamovible, nada era tan compulsivo, como entonces en aquella época postcomunista. Si me tuviera que decidir otra vez, lo haría de nuevo exactamente así. Con 18 años me fuí sola a estudiar a Alemania. Fue muy duro para mí, ya que soy una persona que vive muy feliz en familia y estoy muy unida a mis padres. La importancia de mi ida la comprendí medio año después de estar en Alemania. A pesar de que era muy feliz, gozando de mi arte y disfrutando de libertad, me faltaba cada vez más mi familia. Pero mi amor por la música era mayor que el dolor, es sencillamente mi vida.

JCT: ¿Sobre el escenario se te ve extraordinaria, como si te movieras en la sala de estar de tu casa?

¿A que se debe, cuando comenzaste a ofrecer conciertos? ¿Tiene algo que ver con el público?

AM: Me alegra mucho escuchar de que se me percibe así. Viene de forma muy natural, sino que yo haya hecho algo especial para ello. A través del contacto regular con el público se desarrollan muchas cualidades que se esconden en uno, que de pronto se activan y se experimenta una rutina de escenario hasta que uno se siente realmente libre y se siente a gusto. Desde mi niñez siempre fue mi sueño tener la posibilidad de tocar música para la gente. Es posible que esa idea positiva y la alegría en mi trabajo se hace evidente para el espectador.

JCT: ¿Como desarollas tus interpretaciones? ¿Trabajas intuitivamente?

AM: Eso depende siempre de la obra a interpretar. Mayormente trabajo de forma intuitiva e intento captar lo mejor posible el lenguaje del compositor y su mensaje. Sobre la base de la formación y de los conocimientos del estilo correcto de las épocas, así como de los instrumentos técnicos una interpretación se deja desarrollar rápidamente en la fantasía.

Heinrich Neuhaus escribía en su libro Die Kunst des Klavierspiels, que lo decisivo es tener un claro concepto musical. Este debe desplegarse como un vuelo de pájaro sobre toda la obra. La implementación de esa visión dura un poco más cuando se trata de piezas complejas. Esas obras necesitan mucha experiencia de escenario y rutina, necesitan el diálogo vívido con el público.

El pulido y la forma última de la interpretación se crea a través de un perfeccionamiento consecuente y perseverante, y un duro trabajo en los detalles, así como en los correctos medios de expresión. Es fascinante observar cómo cambian las obras en determinadas fases de la vida o cómo dependen de la acústica y del estado de ánimo momentáneo. Esos espacios libres se basan ya en una firme estructura previa en el intelecto que determina la interpretación. El camino, dicho sea abreviadamente, va desde el corazón y la fantasía, pasando por la mente para llegar a los dedos.

JCT: ¿Analizas tú, generalmente, informaciones sobre el entorno de una obra? ¿Eres curiosa?

AM: Naturalmente me intereso mucho siempre sobre todos los componentes que contribuyeron a la creación de una obra, ya sea la historia, el estilo de la época, la cultura, el lenguaje, la patria del compositor, sus predilecciones, ideales, conceptos y sus mensajes, su postura política y su estilo de vida. Todo eso nos permite un mejor conocimiento de su espíritu y de su carácter. Interpretar una obra significa para mí mantener un diálogo íntimo con el compositor, conocerlo como ser humano, escuchar su lengua materna y explorar sus anhelos. Esos mensajes se funden durante mi trabajo con mis propios sentimientos y conceptos.

Mi tarea, un deber sagrado, es traducir las intenciones y expresiones del compsitor a la realidad actual. Tenemos siempre que pensar que los sentimiento y las vivencia del compositor en su época eran absolutamente idénticas a los nuestros de hoy. El alma humana reacciona de forma idéntica a las decepciones, la alegría, la felicidad o la tristeza. Todo eso, con los medios de hoy, con buenos instrumentos y salas de muy buena acústica, forma parte de las tareas más importantes y sagradas de un intérprete. Somos un medio entre el creador, el compositor, y el público.

JCT: ¿Hay piezas que quizás no tocas, porque no encuentras un acceso a ellas?

AM: La vida es corta como para tocar todas las obras, de ahí que, uno lamentablemente, no tenga más remedio que hacer una selección. Esto no es siempre facil. Lo importante para mí es sentar marcas claras y dejar ciertas huellas. A menudo me pregunto qué ideas o mensajes deseo transmitir a mi público hoy en día, qué quiero constituir, qué es lo especial en mí y cómo puedo contribuir con mi fantasía en la música de hoy. Mi objetivo no es dejar la milésima e idéntica interpretación de una obra para piano, ya que esas están ya desgastadas; por eso busco siempre piezas que me llegan profundamente. Allí percibo mayoritariamente de forma intuitiva, si vale la pena en mi interpretación mostrarlas públicamente. Hay también siempre obras en las que busco la puerta para entrar a ellas durante largo tiempo u obras que primero tengo que desmenuzar intelectualmente hasta que las he comprendido y entendido verdaderamente. Esas demandan en la mayoría de los casos años de arduo trabajo.

JCT: ¿Que elaboras y por que?

A.M.: Por fin me puedo dedicar a muchas obras para las cuales no había tenido tiempo hasta ahora debido a la constante actividad de ofrecer conciertos, con programas agendados uno o dos años antes. Esto me hace sentir muy feliz. En estos momentos estoy estudiando nuevas sonatas de Scarlatti, repito los Sinfonische Etüden de Schumann, estudio las perlas desconocidas de Julian Fontana, sonatas menos conocidas de Haydn y ensayo la sexta Partita de Bach. Descubro muchos interesantes compositores modernos, como el germano-danés Søren Nils Eichberg (Stuttgart, 1973) y me ocupo mucho actualmente con la antigua música barroca. Esto le hace muy bien a mi espíritu y me devuelve a las raíces, dirijo mi mirada hacia lo esencial y tranquiliza mi espíritu. La música barroca fue compuesta sobre la base de una orientación del ser humano hacia un ser superior-Dios. El ser humano intérprete vuelve un poco a las sombras y aprende a conocer la humildad. Esto me hace en estos momentos muy bien y me posibilita una nueva visión, fresca y tranquila de la literatura pianística.

JCT: Muchas gracias Aleksandra Mikulska por tus declaraciones.

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