España - Castilla y León

El relato

Samuel González Casado
jueves, 6 de mayo de 2021
Joana Carneiro y Rosana Wisniewska © 2021 by Fundación Siglo Joana Carneiro y Rosana Wisniewska © 2021 by Fundación Siglo
Valladolid, viernes, 30 de abril de 2021. Centro Cultural Miguel Delibes. Sala Sinfónica Jesús López Cobos. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. Roxana Wisniewska Zabek, violín. Joana Carneiro, directora. Britten: Concierto para violín, op. 15. Shostakóvich: Sinfonía n.º 5 en re menor, op. 47. Aforo reducido por el COVID19. Ocupación: 95 %.
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El abono n.º 14 de la temporada de primavera de la OSCyL cosechó, en su turno 2, un éxito difícil de prever, pese a que Roxana Wisniewska Zabek es conocida y querida por el público del auditorio, y pese a que la Quinta de Shostakóvich se presta a provocar emoción. La clave de ese éxito realmente estuvo en el entendimiento y empatía que hubo entre intérpretes y orquesta, y sobre todo en el intenso trabajo de organización y comprensión de la música.

Desde las primeras notas de la obra de Britten ya se apreció que el sonido no tendría que ver con el del concierto a abono anterior, sobre todo en lo referente a volumen y claridad entre familias: todo se mostró transparentemente, y la interpretación orquestal seguía un plan perfectamente concebido, expuesto y ejecutado. Los efectos sonoros de las maderas llegaron con intencionalidad y con un impulso integrador respecto a la parte solista, a la que la orquesta arropó magníficamente para auparla a un lugar desde el cual Wisniewska Zabek apareció como una artista rigurosa, en perfecta sintonía con los presupuestos de Joana Carneiro.

Estos supuestos pasan por una entrega musical ajena al sentimentalismo y en un enriquecimiento del discurso con detalles que casi siempre son estructurales y rítmicos, lo que se traduce en fraseos que hacen que todo fluya y el público pueda sentirse inmerso en una narración cada vez más interesante. La violinista vallisoletana estuvo fantástica especialmente a partir del Vivace, resueltas algunas pequeñas inexactitudes del comienzo. La cadencia se ejecutó brillantemente y en la Passacaglia Wisniewska Zabek sacó gran partido a un sonido que es sólido y delicado a la vez, y que parece contener en sí mismo un ilimitado abanico de posibilidades, que la artista irá desarrollando y que en parte ya son una realidad, pues poder interpretar con estos resultados un concierto tan complejo requiere un grado de madurez indiscutible. Se trató, por tanto, de un gran debut en la temporada de abono de la OSCyL que fue muy calurosamente aplaudido por el público, sobre todo si tenemos en cuenta que el concierto de Britten no es de los más conocidos en general y ha aparecido poco en el Centro Cultural Miguel Delibes (exactamente en dos ocasiones, interpretado por Midori y Vilde Frang).

Después de escuchar la Quinta de Shostakóvich dirigida por Joana Carneiro ya no hay excusas: la orquesta puede sonar muy bien, aunque haya mamparas, separación entre los profesores y ubicación en el nuevo espacio escénico. Se puede calibrar el sonido para que todo se muestre límpidamente. Carneiro ha evolucionado y va mucho más allá de una directora prometedora: es una artista que sabe exactamente lo que quiere y lo logra. Sus característicos gestos, hiperexpresivos, pueden engañar, porque el resultado no es grandilocuente, sino rabiosamente moderno en lo referente a Shostakóvich: no hay arrebatos, no hay puesta en escena, no hay historia paralela o reinterpretada; hay música, trabajada desde dentro con un compromiso repleto de planificación. El efecto está integrado en ella, y no hay nada que despiste, que nos distraiga del relato, que es una finalidad esencial de la música.

Quizá falte introducir pequeños detalles, alguna sorpresa en la combinaciones tímbricas, cosillas que redondeen e individualicen el sello Carneiro; pero veo muy difícil que alguien se pueda quejar de esta versión, en la que se oyó prácticamente todo en su justa medida, la organización dinámica se benefició de un virtuosismo técnico admirable y hubo incluso tiempo para la emoción más reconcentrada en el mahlerianísimo Largo, una experiencia tan dichosa como lujosa en la actualidad. La orquesta estuvo fantástica, y la cuerda grave mostró un poderío en distintos momentos de la sinfonía casi ignoto hasta hoy, por ejemplo en el comienzo del Allegretto, arrollador. La maderas también se lucieron, y pueden mencionarse especialmente las maravillosas intervenciones de la flautista Marta Femenía. Estupendos percusión y metales, y realmente todo el conjunto, lo que contribuyó a un éxito que no se veía hace tiempo, con parte del público puesto en pie; y es difícil que esto ocurra en la Sala Sinfónica Jesús López Cobos, máxime cuando las restricciones de aforo hacen que en general la gente no muestre su lado más expresivo. 

Ojalá Wisniewska Zabek y Carneiro tengan la oportunidad de poder ir desgranando otros repertorios en las futuras temporadas de la OSCyL, porque el público está sediento de noches como esta.

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