España - Cataluña

Contra los varios virus, música

Jorge Binaghi

martes, 6 de octubre de 2020
Barcelona, miércoles, 30 de septiembre de 2020. Recinto modernista del Hospital de Sant Pau. Pau Armengol (barítono) y Álvaro Carnicero (piano). Obras de Schumann y Schubert. Kate Royal (soprano) y Joseph Middleton (piano). Canciones para las 24 horas del día. Inauguración del Life Victoria 2020
Kate Royal © 2020 by Life Victoria

Uno termina el día -cualquier día- cansado y harto de la mascarilla y de llegar tarde a todos los sitios por olvidarla, hastiado y disgustado de las astucias torticeras (me resisto a llamarla maldades, porque eso supondría cierta inteligencia, aunque Sócrates decía que el malo lo era por ignorante, y entonces tal vez podría ser) de algunos políticos que dicen representarnos (‘no en mi nombre’) y, también, de las de ciertos jueces más que caducados caducos: comparados con el dichoso virus y la mascarilla de las narices son mucho más letales. Y entonces se produce el milagro: llega casi corriendo a este concierto y la música que se hace, y en muchos momentos cómo y por qué se la hace, no sólo es un bálsamo, una cura reparadora, sino que consigue el milagro del lifting del espíritu (ese que no se ve y por eso, cuando se produce, siempre sale bien).

Unas ochenta personas fueron todas las que pudieron admitirse en el recinto que estaba completo. Me sigo preguntando por qué no puedo estar cerca de personas que conozco o que denotan responsabilidad y seriedad aunque me sean ajenas y sí en cambio en los aviones con según qué tropa. En dos horas ininterrumpidas de música hubo un carraspeo y un bolso se deslizó al suelo. Todos como facinerosos con mascarillas de variado tipo y color.

Los valores jóvenes que inician cada concierto realizaron una labor estimable y permitieron apreciar aptitudes y logros que seguramente desarrollarán y perfeccionarán.

Pero la gran sorpresa, el gran efecto fue el programa que por primera vez Royal y Middleton (que ya habían pasado por el Life) interpretaban en público. La soprano fue muy clara al final al agradecer nuestra presencia porque era la primera vez que cantaba en público desde el pasado marzo en tanto que para el pianista era el segundo concierto en vivo, y un debut absoluto en ese programa tan curioso, bien concebido, largo, difícil, realizado con excelencia sobre la base de una canción por hora desde las seis de la mañana de un día a las cinco del siguiente.

Autores, estilos y épocas muy diferentes, desde clásicos conocidos a autores poco o nada interpretados pasando por canciones menos conocidas de grandes músicos conformaron un conjunto sólido, bien avenido e interpretado con gran sensibilidad por ambos intérpretes.

Royal continúa en buena forma vocal (tal vez su única debilidad sea la articulación -sorprendentemente el inglés y el francés fueron menos reconocibles que el alemán y el castellano), tiene una técnica formidable y un buen sentido del estilo y del fraseo, pero es en este último y en su expresividad (incluso facial) donde me pareció observar un desarrollo notable desde la vez anterior. Recitó unos versos en inglés, idénticas, al principio y al final del programa tomados de un poema de Emily Dickinson, I’ll tell you how the sun rose.

Y pasamos de las 6 de la mañana de un día a las 5 del día siguiente. Pone en la vida de un joven, no sé si por la índole de los poemas, pero a mí me parece que es aplicable también a la vida de una joven (o jóvena, a ver si me pongo ‘à la page’).

Claro que hubo dos excelentes y conocidos Mahler ‘(Frühlingsmorgen’, ‘Ging heut’morgen übers Feld’), un muy buen Brahms (‘In stiller Nacht’), un curioso Liszt (Ihr ‘Glocken von Marling’), tres Guastavino (en especial merece mención ‘Bonita rama de sauce’), un raro y extraordinario Wolf (‘Morgenstimmung’) junto a otro más conocido (‘Mein Liebster), un conocidísimo Schumann (‘Mondnacht’) y una menos conocida Clara Wieck (‘An einem lichten Morgen’), un fantástico Grieg (‘Lauf der Welt’) y un rarísimo Korngold (‘Mond so gehst du wieder auf’) y un ‘Wanderlied’ de Carl Loewe. Pero hubo también músicos ingleses, salvo Britten (el magnífico ‘At the mid hour of night) y Vaughan Williams (‘Silent noon’, que yo desconocía), y el americano Bernstein (‘Rabbit stew’, genial), todos poco o nada conocidos y menos interpretados: Finzi (Oh fair to see) parece casi frecuente comparado con Roger Quilter y su entrañable Love’s Philosophy, Jonathan Dove (‘All you who sleep tonight’), o Ivor Gurney (‘Sleep’). Por su parte, el francés Lalo (Chanson à boire; la más ‘masculina’del ciclo en la gran tradición de las canciones báquicas francesas) archiconocido frente a Jacques Leguerney (‘À son page’ y ‘Paisible et solitaire la nuit’). Hubo un bis de Frank Brige, ‘Love went a-riding), y mucho aplauso del público.

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