Alemania

Vissi d'Arte, por amor a la ópera

Juan Carlos Tellechea

lunes, 12 de octubre de 2020
Düsserldorf, viernes, 2 de octubre de 2020. Opernhaus Düsseldorf. Deutsche Oper am Rhein Düsseldorf Duisburg. Estreno mundial. Vissi d'Arte – una declaración de amor al escnario de la ópera, velada escénica de Johannes Erath. Régie, concepción, escenografía y equipamiento escénico Johannes Erath. Vídeo Bibi Abel. Iluminación Volker Weinhart. Asistencia en vestuario Inga Gürle. Dramaturgia Anna Melcher. Intérpretes: Morenike Fadayomi (soprano), Heidi Elisabeth Meier (soprano), Maria Kataeva (mezzosoprano), Andrés Sulbarán (tenor), Stefan Heidemann (barítono). Cécile Tallec (piano) y Wolfgang Wiechert (piano). Coro de la Deutsche Oper am Rhein, preparado por Gerhard Michalski. Orquesta Düsseldorfer Symphoniker. Primer violín Andrea Kuhnlein-Clemente. Segundo violín Jutta Bunnenberg. Viola Christian Atanasiu. Violonchelo Laaurentiu Sbarcea. Contrabajo Markus Vornhausen. Clarinete / saxofón alto Ege Banaz. Arpa Sophie Schwödiauer. Timbales Bert Flas. Percusión Alexander Nolden. Dirección musical y arreglos Wolfgang Wiechert. Aforo reducido al 25% forzosamente por disposición de las autoridades sanitarias para la prevención, higiene y protección contra la pandemia del coronavirus.
Morenike Fadayomi © 2020 by Monika Rittershaus

Si hay algo de positivo que pueda rescatarse de esta trágica pandemia del coronavirus es el estímulo que ha dado a los artistas para empeñarse en superar las dificultades y poner de manifiesto su arte y su talento creador por encima de todas las limitaciones impuestas. Erath no solo ha concebido este programa con gran acierto, sino que también se ha encargado de los aspectos escenográficos y del equipamiento de la velada, con la colaboración de Inga Gürle en el vestuario.

Un personaje femenino (la brillante mezzosoprano Maria Kataeva) yace adormecida sobre el escenario antes de que se abra el telón. La figura se incorpora parsimoniosamente, abre con cierta timidez la caja del acordeón que tiene a su lado, mira su interior con enorme asombro, extrae con gran fervor el instrumento y comienza a tocarlo.

La plataforma del foso sube paularinamente y por los altavoces suena el Vorspiel, Erster Aufzug de Lohengrin, de Richard Wagner, una grabación de noviembre de 2011 de la orquesta Düsseldorfer Symphoniker bajo la batuta del maestro Axel Kober. En vivo, el violonchelista Laurentiu Sbarcea, miembro del referido colectivo musical, interpreta su parte acompañando la banda sonora. Simultáneamente se va abriendo el cortinado detrás suyo y los enseres colocados en escena aparecen cubiertos con láminas de plástico semitransparente como si hubieran estado hibernando durante largo tiempo.

Así comienza esta apasionada declaración de amor al escenario de la ópera, una peculiar puesta concertante, en medio de la nueva regularidad pandémica, que ha montado ingeniosamente Erath con un pequeño ejército de utileros -también merecidamente ovacionados por el público al final de la función- seis buenas voces solistas, un maravilloso coro reducido a poco más de una decena de integrantes, y 12 excelentes músicos, incluyendo a los dos pianistas (uno de ellos Wolfgang Wiechert).

Subiendo y bajando las dos o tres plataformas del escenario y del foso, el espectáculo sorprende minuto a minuto a la platea, mientras van desfilando fragmentos y arias de óperas, así como de operetas y la célebre canción de una comedia musical.

De Erich Wolfgang Kornbold se interpreta un pasaje de Die tote Stadt; de Wolfgang Amadé Mozart la obertura y las arias de la Reina de la Noche, de La flauta mágica; de Giacomo Puccini la celebérrima aria Vissi d'Arte, de Tosca, que presta su nombre a esta amalgama escénica.

El programa sigue con el aire de Niklausse y el final de Les Contes d'Hoffmann, de Jacques Hoffmann; el preludio del primer acto de La Traviata, de Giuseppe Verdi; algunos compases de Werther, de Jules Massenet; el tema Embraceable you, de George e Ira Gershwin utilizado en el musical Girl Crazy.

Vinieron más adelante la danza y el aria Ah! Ich habe Deinen Mund geküsst, Jochanaan, de Salomé, de Richard Strauss; el aria Los labios callan, de La viuda alegre, de Franz Lehár; y, además de Lohengrin, la despedida de Wotan, Leb wohl, du herrliches, kühnes Kind, de La valquiria, en un arreglo para dos pianos de Max Reger, y el Erlösungsmotiv, III. Aufzug (Finale) de El ocaso de los dioses, de Richard Wagner.

Las extraordinarias voces y dotes histriónicas de las sopranos Morenike Fadayomi y Heidi Elisabeth Meier, la mezzosoprano Maria Kataeva, el tenor Andrés Sulbarán y el barítono Stefan Heidemann permitieron que el espectáculo se desarrollara con una fluidez maravillosa. En medio de la función, un Montage a cappella de Sulbarán y un Assemblage que incluía además fragmentos de El oro del Rin, de Parsifal y de Rigoletto.

La atención del público se mantuvo despierta en todo momento para no perder detalle de lo mucho y muy variado que ocurría con rápidos cambios sobre el escenario. Los elementos dramáticos, melancólicos y cómicos que parecían ornamentados con arranques espontáneos de los intérpretes, me traían a la memoria en algunos momentos a los happenings de mediados del siglo XX. En otros me parecía estar en medio del rodaje de una película de Federico Fellini.

Al preludio del comienzo antes mencionado le seguían la famosa aria Glück, das mir verblieb, de Korngold, en un arreglo para piano solo de Hermann Rebay; la obertura de la Flauta mágica, de Mozart en otro arreglo para dos pianos de Hermann Behn; y un arreglo más para piano solo de Wolfgang Wiechert de Vissi d'Arte.

Habrían pasado tal vez unos 20 minutos hasta que se oía la preciosa voz de Kataeva interpretando Vois sous l'archet...C'est l'amour vainqueur, el aire de Los cuentos de Hoffmann, en una inteligente versión para cuerdas, arpa, clarinete, piano y percusión escrita especialmente para este espectáculo por el director musical.

Erath establece en su pieza un bello equilibrio entre el arte lírico y el dramático. No permite que la velada caiga en un mero recital de arias, común y corriente. Los sugerentes vídeos de Bibi Abel y la iluminación de Volker Weinhart contribuyen a ello. En toda esta multiplicidad de acciones, Vissi d'Arte muestra con sutil encanto algo así como un ensayo con piano que va repasando poco a poco la historia de la ópera.

Cécile Tallec y Wiechert despliegan gran entrega, concentración y coordinación en sus respectivas partes. Tal vez, con algunos más de los exquisitos arreglos de Wiechert la pieza hubiera quedado todavía más redondeada. Pero así, tal como la ideó y montó Erath entusiasmó al público sobremanera por su frescura, buen humor y lo risueño de la producción.

Muchos momentos fueron realmente muy divertidos, tal como los interpretarían los mismos personajes de una ópera en una actuación informal, entre ellos, para quitarles toda seriedad al asunto. Ahí no faltaron ni el kitsch ni los oropeles dorados ni las bolas giratorias reflectoras de luz de las discotecas ni las faldas de tul ni los disfraces de payaso ni el personaje del médico-brujo, con larga barba, como para evocar los tiempos de la peste en el Medievo.

Por último, las puertas de acceso a la sala se abrieron de pronto ante el sorprendido público, y desde los pasillos el coro de la Deutsche Oper am Rhein, muy bien preparado por Gerhard Michalski, entonaba el apoteósico y maravilloso coro final Des cendres de ton coeur...on est grand par l'amour, de Los cuentos de Hoffmann, en un arreglo para cuerdas, arpa, clarinete, timbales y percusión de Wolfgang Weichert. Las ovaciones del público no se hicieron esperar y se prolongaron, se prolongaron y se prolongaron por interminables minutos.

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