Chequia

Lady Macbeth del distrito de Mtsensk en Ostrava

Robert Ferrer Llueca

viernes, 16 de octubre de 2020
Ostrava, viernes, 2 de octubre de 2020. Teatro Antonín Dvořák. Dmitri Shostakovich: Lady Macbeth del distrito de Mtsensk, ópera en cuatro actos y nueve cuadros. Libreto de Alexandr Preis y Dmitri Shostakovich a partir de la novela homónima de Nikolai Leskov. Estreno: San Petersburgo, 22 de enero de 1934. Producción del Teatro Nacional Moravo-Silesio de Ostrava. Dirección escénica: Jiří Nekvasil. Escenografía: Daniel Dvořák. Videoproyecciones: Otakar Melčoch. Vestuario: Marta Roszkopfová. Coreografía: Marek Svobodník. Martin Bárta (Boris Timofejevič Izmajlov, comerciante), Josef Moravec (Zinovij Borisovič Izmajlov, su hijo), Iordanka Derilova (Katěrina Lvovna Izmajlova, mujer de Zinovij), Alexey Kosarev (Sergej, mancebo), Soňa Godarská (Axiňja, manceba / Una convicta), Lukáš Zeman (Viejo mancebo / Suboficial), Jakub Kettner (Barrendero / Inspector de policía), Václav Morys (Primer jornalero / Maestro), Aleš Burda (Segundo jornalero / Cochero), Erik Ondruš (Tercer jornalero / Mensajero), Rudolf Medňanský (Campesino desgastado), Martin Gurbaľ (Sacerdote / Viejo convicto), Petr Urbánek (Guardia municipal), Martin Holík (Invitado borracho), Roman Vlkovič (Centinela), Anna Nitrová (Sonětka, convicta). Ballet, Coro y Orquesta del Teatro Nacional Moravo-Silesio de Ostrava. Director del coro: Jurij Galatenko. Dirección musical: Jakub Klecker.
Iordanka Derilova © 2018 by Martin Popelář

El Teatro Nacional Moravo-Silesio de Ostrava puso en escena su última representación de la ópera Lady Macbeth del distrito de Mtsensk de Dmitri Shostakovich. Estrenada ya hace más de dos años en este coliseo operístico del noreste de la República Checa, esta producción con dirección escénica de Jiří Nekvasil –también director artístico de este teatro– será la última que se verá en Ostrava al menos en dos o tres semanas, pues el gobierno checo ha decretado un nuevo estado de alarma que prohibe cualquier espectáculo donde participen voces. Pero bueno, quizás algún día la situación se normalice del todo conservando a ser posible la salud, también para no acabar completamente locos a causa de tantos cambios y cancelaciones.

Lady Macbeth del distrito de Mtsensk trata de las vivencias y artimañas de una mujer acomodada de la Rusia del siglo XIX. Katěrina, casada con Zinovij, se enamora por aburrimiento del mancebo Sergej, envenena a su suegro Boris y asesina después a su propio marido para, finalmente, verse arrojada a un supuesto suicidio.

Si bien el estreno de esta ópera de Shostakovich en el Teatro Maly de Leningrado en 1934 obtuvo bastante éxito, dos años después sería censurada completamente por el régimen estalinista, provocando su exclusión del repertorio durante al menos veintiséis años.

Durante toda la ópera encontramos momentos magistralmente conseguidos para elogio de lo grotesco, expresado tanto desde el propio contenido del libreto como especialmente a nivel musical. Sin llegar a las fabulosas excentricidades de la posterior ópera Le grand macabre de Ligeti, en ella asistimos ya a explícitas violaciones, actos sexuales, azotamientos y demás.

La producción de esta magnífica ópera de Shostakovich fue ofrecida en el ruso original, dentro del interesante ciclo titulado “Hitos operísticos del siglo XX”. Ahí se espera también para la presente temporada una nueva producción de La ciudad muerta de Erich Korngold, igualmente aplazada por la actual situación de crisis.

En Lady Macbeth del distrito de Mtsensk, la dirección escénica de Jiří Nekvasil destacó por su gran inspiración y variedad en los movimientos escénicos, con una destacada y dinámica escenografía de Daniel Dvořák totalmente adecuada al desarrollo de la historia.

Tanto las videoproyecciones de Otakar Melčoch como el cuidado vestuario diseñado por Marta Roszkopfová hicieron el resto para crear una escena realmente atractiva. Y las coreografías de Marek Svobodník fueron muy divertidas para los varios ratones que aparecían siempre aprovechando los distintos interludios musicales.

En cuanto a los solistas, destacó sobre todo la voz bien cultivada y potente de la soprano búlgara Iordanka Derilova (Katěrina), quien encarnó fantásticamente el papel principal, ese gran personaje de la primera mitad del siglo XX que es Katěrina y que nos recuerda inevitablemente a la protagonista de la Káťa Kabanová de Leoš Janáček, compuesta previamente en 1921.

A su lado, el tenor ruso Alexey Kosarev (Sergej) exhibió unas cualidades canoras no menos impresionantes, aunque su timbre en los agudos no fuera tan redondo e interesante como el de su amante en escena.

El barítono Martin Bárta (Boris) hizo gala de una voz especialmente sonora y vibrante en el centro, mientras que Soňa Godarská (Axiňja) y Anna Nitrová (Sonětka) exhibieron sus excelentes cualidades escénicas y unas voces de gran altura para estos dos roles femeninos de menor importancia.

Todos los demás personajes comprimarios y secundarios actuaron muy bien, destacando vocalmente sobre todo Jakub Kettner (Inspector de policía) y Martin Gurbaľ (Sacerdote).

El coro del Teatro Nacional Moravo-Silesio de Ostrava preparado por Jurij Galatenko estuvo realmente excelente, tanto a nivel escénico como en lo vocal, con sus destacadas voces llenando un espacio escénico no demasiado grande y que, por lo tanto, resulta ideal para representaciones líricas. Su acústica nos recuerda, claro, al Teatro Mahen de Brno. No así al más moderno y espacioso Teatro Janáček, con su acústica algo complicada.

También la orquesta se esforzó mucho por sacar adelante una partitura de tremenda dificultad, quizás fuera de las posibilidades de esta orquesta de teatro provinciano, pues las cuerdas no llegaron a dar la talla y la afinación se escapó en muchos momentos, especialmente en los delicados pasajes de los violoncellos. En efecto, para Shostakovich se necesita una orquesta más numerosa y con total solvencia técnica. No obstante, algunos de los solistas de viento-madera (clarinete bajo, corno inglés, flautas) brillaron especialmente en sus respectivos solos. A destacar aquí también la capacidad de control y seguridad del director Jakub Klecker, tanto con los solistas como con la propia orquesta –incluyendo la banda distribuida en los palcos a ambos lados del auditorio–, labor nada fácil en una ópera tan monumental y con los efectivos a su disposición.

En definitiva, una interesante interpretación de una de las óperas fundamentales del pasado siglo, mucho más destacable en lo escénico que en lo propiamente musical, pero totalmente aplaudida por un público fiel que en Ostrava está acostumbrado últimamente a algunas muy destacables apuestas, a menudo bastante arriesgadas, por títulos menos conocidos del repertorio operístico del siglo XX.

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