Alemania

El coronavirus aluniza en el MIR de Gelsenkirchen

Juan Carlos Tellechea

martes, 27 de octubre de 2020
Gelsenkirchen, sábado, 5 de septiembre de 2020. Gran sala del Musiktheater im Revier (MIR) de Gelsenkirchen. Frau Luna, opereta de Paul Lincke con libreto de Heinz Bolten-Backers, nueva versión del texto de Thomas Weber-Schallauer, estrenada el 1 de mayo de 1899 en el Apollo-Theater de Berlín. Régie Thomas Weber-Schallauer. Escenografía Christian Rolland. Vestuario Yvonne Forster. Vídeo Volker Köster. Iluminación Stefan Meik. Coreografía Bridget Petzold. Dramaturgia Anna Chernomordik. Intérpretes: Fritz Steppke (Sebastan Schiller), Pannecke/Theophil (Joachim G. Maaß), Lämmermeier (Patricia Pallmer), Frau Pusebach (Christa Platzer), Marie, su sobrina (Anna Schmid*), Frau Luna (Bele Kumberger/Petra Schmidt), Stella, la doncella de Frau Luna (Dongmin Lee / Lisa Maria Laccisaglia), Prinz Sternschnuppe (Martin Homrich), Mondgroom (Lina Hoffmann), Venus (Alfia Kamalova), Mars (Vivien Lacomme), Space-Corps (Pauline Dorra, Nele Koschany, Chiara Patronaggio, Connor Rittgen, Lara Schulte, Louisa Skowron). * Miembro del elenco juvenil del MIR. Coro de la ópera del MIR preparado por Alexander Eberle, Arreglos Henning Hagedorn y Matthias Grimminger. Orquesta Neue Philharmonie Westfalen. Director Peter Kattermann. 25% del aforo, reducido por forzosas medidas de sanitarias de prevención contra la pandemia del coronavirus.
Frau Luna © 2020 by MIR

Hay un ansia enorme por reanudar las actividades culturales en Alemania, tras más de cinco meses de interrrupción por la pandemia. Por fin, el Musiktheater im Revier (MIR) , y no sin escasos esfuerzos, abrió de nuevo sus puertas a un público ávido de admirar directa y personalmente buen arte con una versión actualizada de la célebre y taquillera opereta burlesco-fantástica Frau Luna, del compositor berlinés Paul Lincke, con libreto original de Heinz Bolten-Baeckers, con régie de Thomas Weber-Schallauer (Wels/Austria, 1960), quien adaptó asimismo el texto a la realidad de nuestros días.

Lincke es considerado el creador de la opereta berlinesa; esa que a finales del siglo XIX destilaba más el espíritu de la capital alemana con su acertada mixtura de farsa, burla y revista, en comparación con el estilo engreído, irónico o indulgente, según los casos, más parecido al universo del vals, de sus predecesores, Johann Strauss, en Viena, y Jacques Offenbach, en París.

Frau Luna respira esa peculiar atmósfera del Aire de Berlín (Berliner Luft), título además de una de sus más populares marchas, convertida ya en el himno no oficial de la más populosa ciudad alemana.

La orquesta Berliner-Philharmoniker la toca invariablemente siempre en los bises, al cierre de sus tradicionales conciertos de Año Nuevo o de verano, al aire libre, en el Waldbühne (cerca de las instalaciones olímpicas de Berlín), y su estribillo es silbado con gran entusiasmo por el público.

Sin deformar demasiado la pieza Weber-Schallauer, formado en arte dramático en el Max-Reinhardt-Seminar, de Viena, logra transferir con mucho humor a la era cibernética la sencilla historia sobre el mecánico Fritz Steppke (Sebastian Schiller), quien en un globo aerostático de propia construcción vuela a la Luna con dos amigos suyos, Lämmermeier (Patricia Palmer) y Pannecke (Joachim G. Maaß) para vivir una deliciosa aventura intergaláctica hasta que su prometida, Marie (Anna Schmid) lo hace descender abruptamente a la realidad de los hechos presentes, ante la hilaridad de la platea.

Steppke es aquí un adicto a las computadoras que hereda una pequeña suma de dinero, echa por la borda su trabajo como programador y trabaja en su loft en la creación de un vuelo virtual por el cosmos. Sentado sobre un sofá con sus dos amigos y munidos todos de gafas de realidad virtual, así como de pantallas de protección facial contra la pandemia, emprenden un maravilloso periplo mientras comen pizza y beben cerveza. El panorámico viaje lo experimenta también el público en pantalla gigante con la proyección de un espectacular vídeo de Volker Köster, 

Cuando Lincke dirigió con gran éxito el estreno el 2 de mayo de 1899 de Frau Luna en el legendario Apollo Theater (hoy un edificio de viviendas en la Friedrichstraße al 218, en el distrito de Kreuzberg) de Berlín estaban de moda las revistas inspiradas en la Luna (Mondrevuen), bajo el influjo de la novela De la Terre à la Lune (1865) de Jules Verne. Bolten-Backers le había presentado en 1897 a Lincke un libreto de la pieza bajo el título de Venus sobre la Tierra, con la misma trama; pero para no perder el paso de lo que estaba en boga entonces fue rebautizada como Sra. Luna (Frau Luna). Más de 600 veces subiría a escena Frau Luna en el Apollo, tras aquella memorable primera función.

La obra sería readaptada posteriormente en varias oportunidades hasta que en 1922 alcanzaba su pulida versión definitiva, actualizada ahora con acierto por Thomas Weber-Schallauer. No faltan, como no podía ser de otra manera, las composiciones musicales pegadizas como Glühwürmchen-Idyll (El idilio de la luciérnaga) de la opereta Lysistrata (1902) y el dúo Schenk mir doch ein kleines bisschen Liebe (Dame un poquito de amor).

Dicho sea al margen, en 1922 fue incluido el ballet aéreoacrobático Grigolatis de fama mundial, que gerenciara desde 1893 (el entonces director del Apollo Theater, Friedrich Zschiegner, marido de la acróbata Preciosa Grigolatis) que había participado en la Feria Universal de Chicago y que desde entonces realizó giras con tres troupes, una asentada en los Estados Unidos, otra en París y la tercera en San Petersburgo.

En un arreglo especial para 14 instrumentistas, escrito por Henning Hagedorn y Matthias Grimminger, los músicos de la orquesta Neue Philharmonie Westfalen, dirigidos por Peter Kattermann, desarrollaron desde el foso una muy buena labor interpretativa. El reducido conjunto permitió que los cantantes lucieran magníficamente y sin gran esfuerzo sus voces, muy diáfanas e inteligibles en la clara transmisión del texto.

Marie, quien es tan escéptica sobre los sueños de su amante Fritz como su tía, la señora Pusebach (Christa Platzer), dueña y arrendataria del loft, es retratada con traje azul oscuro como una mujer de carrera que realmente no condice con el hombre vestido informalmente, con largos cabellos y gorra de lana. No sorprende, por lo tanto, que tras fallar su computadora Steppke se pierda en un sueño en el que vuela al espacio en su sofá con sus amigos y Frau Pusebach a cuestas.

Los selenitas y sus invitados galácticos aparecen con trajes brillantes e imaginativos sobre los cuales la vestuarista Yvonne Forster colocó armazones que recuerdan a los de los miriñaques. La régie no pasa por alto el problema de la basura en el espacio. Los visitantes lucen un tocado hecho con botellas de PET y Venus (Alfia Kamalova) entra con un creativo sombrero confeccionado con diversos desechos plásticos.

La Sra. Luna (Bele Kumberger) viste elegantemente, cambia de vestuario y encandila a los presentes con numerosas luces brillantes en su atuendo. Cuando el Príncipe Sternschnuppe (radiante el tenor Martin Homrich) arriba en su burbuja esférica se mueve detrás de una colorida proyección y da la impresión de estar paseando por el espacio.

De ese fantástico universo es sacado Fritz Steppke a tirones por Marie, quien llegó a la Luna con el Príncipe, y lo devuelve a la oscura realidad del loft de su tía, Frau Pusebach. El sueño intergaláctico estalla como una pompa de jabón, algo así como la destrucción del cosmos, antes de que Steppke regrese a los brazos de Marie sobre el sofá y abjure de su onírico periplo. No queda claro si ella termina creyéndole o no.

La transpolación de la trama al presente le presentó algunos problemas a Weber-Schallauer que se podrían arreglar quizás con la incorporación de un actor más en el elenco (los papeles de Pannecke y Theophil son encarnados por Joachim G. Maaß que parece predestinado para ambos roles, pero esta doble función conduce a algunas inconsistencias escénicas tras el alunizaje que la régie trata de subsanar más o menos con proyecciones de vídeo. Tal vez el director escénico haya querido enfatizar en que Frau Pusebach desea a Theophil, pero en realidad sueña con el conserje Pannecke; aunque no queda demasiado claro.

En cambio, el papel del sastre Lämmermeier lo interpreta brillantemente Pallmer con voz grave, un acertado dialecto berlinés, mucho talento histriónico y gran comicidad, dándole consejos a Stella (Dongmin Lee), la criada de Frau Luna, y a Venus sobre el buen vestir.

Todo el elenco se consagra por entero y contribuye con mucho humor al excelente estreno de la obra . Christa Platzer, quien se despide del MIR, hace una Frau Pusebach maravillosa, fresca, ingeniosa, típica berlinesa (con mucho parloteo sin decir mucho), entona la famosa canción O Theophil, o Theophil de forma encantadora, y se pasea grotescamente por la superficie lunar calzando patas de rana.

Cinco aperturas y cierres de telón clausuraron la hermosa velada entre estruendosas ovaciones y exclamaciones de aprobación de toda índole de los centenares de espectadores presentes. El MIR hace siempre honor a su buen nombre de teatro musical en pleno corazón de la Cuenca del Ruhr que presenta fantásticas puestas en escena que no se ven en otras óperas.

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