Entrevistas

La música y las artes siempre nos han acompañado y beneficiado. Démosles la importancia que se merecen

Ainhoa Uria

viernes, 23 de octubre de 2020
Loreto Aramendi © 2020 by Loreto Aramendi

Primer Premio  en el Conservatoire National Superior Regional de París, Mention trés bien en el Conservatorio de Lyon y Medalla de Oro y primer Premio en el Conservatoire National de Bayona, Loreto Aramendi pasea sus certeros dedos por las teclas de instrumentos de EEUU, Japón, Argentina, Canadá y Rusia así como por la mayoría de países Europeos y amablemente, ha accedido a contestar con todo lujo de detalles esta entrevista para Mundoclásico.

Ainhoa Uría. Buenos días Maestra, está de vuelta de un concierto en el órgano sinfónico del Auditorio de Tenerife construido por Albert Blancafort. ¿Cómo ha sido la experiencia de degustar un instrumento tan singular?

Loreto Aramendi. La experiencia ha sido magnífica. Llevaba mucho tiempo queriendo conocer este instrumento tan particular. Tanto su diseño como sus sonoridades y registros sorprenden sobremanera y no dejan indiferente al que acude a escucharlo.

AU. Lleva una vida concertística intensa que se paró en seco en marzo, aunque pudo apurar hasta justo el día antes de la declaración del Estado de Alarma. Imagino que viviría ese último concierto en París con incertidumbre.

LA. Me encontraba en París, ofreciendo un concierto en el órgano Cavaillé-Coll de la iglesia de La Madelaine. Se podía percibir una extraña sensación de incertidumbre en el ambiente. Nadie sabía muy bien lo que estaba ocurriendo y menos aún lo que nos deparaban los meses venideros. En menos de una semana nos encontrábamos todos confinados en nuestras casas sin saber cuándo ni cómo podríamos retomar nuestras vidas.

AU. En julio reinició su actividad con un concierto en Alemania. Cómo fue esa vuelta? ¿Qué sensación produce ver al público tan ordenado, con la distancia medida, sin rostro...?

LA. Me produjo un enorme placer volver a interpretar un concierto y poder regalar un poco de mi música a los oyentes. Ciertamente, me produjo una gran emoción. Es algo que llevaba meses esperando.

También es cierto que se me hizo muy duro no poder tener más contacto con el público. Una de las partes más bonitas de ofrecer un concierto es el momento en el que tengo la oportunidad de dialogar e intercambiar opiniones y sensaciones con las personas que han acudido al evento. La mascarilla y las restricciones impiden que veamos las expresiones y emociones de las personas, no podemos ver las sonrisas, no podemos estrecharnos la mano ni darnos abrazos…es algo que me parece terrible. Es como si nos hubiesen robado una parte fundamental que caracteriza a los seres humanos.

AU. Qué consecuencias cree que tendrá esta situación sanitaria en el futuro?

LA. La cultura es uno de los sectores más afectados ante esta situación. Los músicos estamos sufriendo cancelaciones constantes además de la incertidumbre que sentimos hacia el futuro. La música es parte fundamental en nuestras vidas y no se le está dando la suficiente importancia.

Estamos teniendo en cuenta las repercusiones físicas que acarrea esta terrible enfermedad, tratando de encontrar soluciones mediante vacunas u otros medios pero estamos dejando de lado los patentes problemas psicológicos que este virus está provocando en la sociedad. En mi opinión es un campo importante y crucial al que habría que darle muchísima más importancia. La música y las artes siempre nos han acompañado y beneficiado. Démosles la importancia que se merecen.

AU. Recubiertas de marfil, madera o material sintético, lo suyo,  indiscutiblemente, son las teclas. Estudió en el Conservatorio Superior de San Sebastián los títulos superiores de Música de Cámara, Piano, Clave y Órgano. Dominar tres instrumentos con sonoridades y repertorios tan diversos le habrá dado un bagaje excepcional y una visión de la música muy amplia.

LA. Ciertamente, es una suerte haber tenido la oportunidad de acceder a estos tres mundos tan distintos pero a su vez complementarios. Gracias a ello he podido y sigo pudiendo viajar acompañada de estos instrumentos por todas las épocas del repertorio clavecinístico, pianístico y organístico, desde el renacimiento hasta la música de hoy en día. ¡Es realmente fascinante!

AU. Y no paró hasta tener a toda una orquesta bajo sus dedos. ¿Cómo fue esa evolución?

LA. Desde una temprana edad me ha apasionado el mundo sonoro del órgano, la manera en la que su sonido se expande en el entorno que habita.

Cuando era pequeña acudía con mi abuela a la celebración de la misa dominical en mi pueblo natal, un pequeño pueblo de pescadores en aquél entonces. Recuerdo perfectamente que me quedaba absorta escuchando las sonoridades emitidas por el órgano, instrumento totalmente desconocido para mí en aquella época. Fue en aquel momento cuando decidí que algún día abriría las puertas a ese mundo tan apasionante, al mundo del órgano. Mi sueño se ha hecho realidad.

Comencé estudiando piano y unos pocos años después el clave para finalmente descubrir el mundo orquestal del órgano.

El órgano es como tener a toda una orquesta bajo las manos y los pies, por supuesto. Se tiene acceso a infinidad de sonoridades, registros, colores… pudiendo mezclar todas estas paletas sonoras al gusto del organista, como si se tratase de un chef de cocina que elige sus ingredientes para lograr platos más sabrosos u originales.

AU. Está inmersa en el mundo de la organería. Entrar en un instrumento hasta poder observar el pensamiento de su creador tiene que ser cuanto menos, interesante, ¿no es cierto?

LA. ¡Cierto! Entrar dentro de un órgano es como asomarse a las entrañas de una enorme y compleja máquina llena de secretos. Una máquina repleta de tubos, engranajes, multitud de materiales y gracias a la cual tenemos la suerte de escuchar sonoridades de todo tipo y color. Es impresionante cuando por el mero hecho de apretar un botón y encender el instrumento toda esa maquinaria comienza a ponerse en funcionamiento dispuesta a ofrecernos ese gran regalo: la música.

AU. Ustedes, los instrumentistas de tecla, tocan siempre en instrumentos diferentes porque, por eso del tamaño, no se pueden llevar el suyo puesto. En el mundo del órgano, ¿la variedad de instrumentos es muy amplia?

LA. Los órganos son como las personas, hay infinidad de personalidades, de formas de ser, infinidad de peculiaridades físicas…con los órganos ocurre lo mismo. Cuando descubrimos un nuevo instrumento es apasionante ir descubriendo sus virtudes y defectos, sus manías y costumbres, sus similitudes y sus diferencias respecto a otros órganos. Invertir el tiempo necesario para ir conociendo un instrumento es fundamental antes de interpretar un concierto. Cuanto más tiempo trascurres a su lado mayor es la simbiosis entre intérprete e instrumento y mejor es la comunicación entre ambos.

AU. Tiene varios CD grabados desde diferentes órganos: Orlos, clarines y otros Nazardos, Transcriptions y Santa María del Coro ¿Le apetecería compartir con nosotros su experiencia o alguna anécdota en estas grabaciones?

LA. Las tres grabaciones han sido experiencias muy distintas en lugares muy distintos. Empecé por el órgano de casa, un Cavaillé-Coll con una sonoridad sin igual. Dos años más tarde me decidí a grabar en otro instrumento Cavaillé-Coll, el de Saint Ouen de Rouen. Órgano fabricado por el mismo constructor pero completamente diferente. Allí grabé sobre todo las transcripciones escritas por mi profesor Louis Robilliard, que además de gran organista y músico considero gran persona. Aquella grabación fue más complicada que la primera en cierto sentido. Traté de utilizar el órgano como si fuese una gran orquesta. Tuvimos que hacer realmente un trabajo en equipo en compañía de mis dos registrantes que no paraban de cambiar registros constantemente para poder lograr las sonoridades orquestales previamente elegidas. Por otro lado se escuchaban todos los ruidos provenientes del exterior por lo que teníamos que ir parando cada vez que pasaba un camión o una moto, ¡e incluso por la lluvia!.

Para el tercer disco decidí de trasladarme a la Catedral de Salamanca y a la iglesia de Santanyí, en Mallorca. En Salamanca tuve la suerte de recibir la ayuda incondicional de todo el equipo de la catedral, que pese a los horarios nocturnos de grabación, me dieron carta blanca para trabajar cuanto quisiera en el instrumento. Allí nos encontramos con un nuevo acompañante, un pájaro que comenzaba a cantar cada vez que sonaba el órgano.

En todo caso, han sido experiencias intensas e inolvidables. El hecho de pasar horas y horas en catedrales e iglesias históricas, sobre todo cuando la iglesia está cerrada, sin visitantes, acompañada del silencio nocturno, es algo que considero un privilegio.

AU. Usted es la organista titular del órgano Cavaillé-Coll de Santa María del Coro. ¿Cómo es su vida en este campo?

LA. He de decir que es un regalo tener acceso a este instrumento histórico mundialmente conocido. Tener las llaves de la Basílica representa tener acceso a un preciado tesoro guardado en un templo barroco en pleno corazón de la parte vieja de San Sebastián.

AU. ¿Qué características tiene el Cavaillé-Coll ante el que está al mando?

LA. Aristide Cavaillé-Coll (Montpellier 4 de febrero de 1811, Paris 13 de Octubre de 1899) construyó este instrumento (1863, de 44 registros) entre los de la Basílica de Sainte-Clotilde (1859, 46 registros) la Iglesia de Saint-Sulpice (1862, 100 registros) y el de la Catedral de Notre Dame (1868, 86 registros) todos ellos en París.
Se trata de un periodo clave, tanto en lo que se refiere a la actividad de su taller como al desarrollo de la escuela organística francesa, en el que coinciden la renovación de la factura del instrumento y la de su interpretación y literatura de composición. La obra de su contemporáneo César Franck, cumbre del órgano romántico francés y organista titular de un gran Cavaillé-Coll, el de Sainte-Clotilde, desde su inauguración hasta su muerte, se considera indisociable, en sus composiciones y en sus improvisaciones y conciertos, de las novedosas características técnicas de los órganos Cavaillé-Coll,

Cada inauguración de un nuevo gran órgano Cavaillé-Coll en París suponía un acontecimiento social, motivo de fiesta y de grandes conciertos inaugurales, en presencia de autoridades con la participación de los mejores organistas franceses del momento, César Franck, por supuesto, pero también Camille Saint-Saëns, Charles-Marie Widor y muchos otros, en los que se estrenaban composiciones escritas muchas veces ad-hoc para el órgano a inaugurar.
 

Nacido entre fabricantes de órganos, tradición iniciada por Joseph Cavaillé un tío de su abuelo Jean-Pierre Cavaillé, continuada por este y por su padre Dominique Cavaillé-Coll, su familia lleva una vida itinerante entre Francia y España. Jean Pierre se casa en Barcelona con una catalana, María Francisca Coll, que pasará su apellido a la familia- al hilo de los acontecimientos políticos, entre guerras y revoluciones, de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, hasta establecerse primero en Toulouse y más tarde en París donde Aristide se pondrá al frente de un taller familiar, la casa Cavaillé-Coll, en el que trabajará junto con su padre Dominique y su hermano Vincent.
La producción de la casa Cavaillé-Coll a lo largo de sus años de actividad es ingente – se estima que llegó a fabricar cerca de 700 órganos desde 1838 hasta 1898- e incluye instrumentos idénticos, por lo general de modestas dimensiones, fabricados en serie. No ocurre lo mismo con los órganos de mayor dimensión y más importantes, en los que los problemas de instalación, de volumen, registros, las exigencias arquitecturales y las expectativas del cliente son considerables y suponen auténticos retos para el fabricante, que puede tardar años entre el diseño, la construcción y la instalación del órgano.

Se habla mucho de las innovaciones técnicas introducidas por Aristide Cavaillé-Coll, entre ellos el sistema de fuelles con presiones diferenciales, la máquina Barker y sus derivados y la riqueza y variedad de los registros armónicos. No obstante, más allá de las características técnicas, destaca el esfuerzo constante de Aristide en la búsqueda de la expresividad, del equilibrio de los planos sonoros que convergen en crescendo en incomparables tutti, y de la diversidad de los timbres y sus sonoridades, similares en fuerza y calidad a los de los instrumentos de una orquesta, hasta el punto de que sus órganos llegaron a calificarse de sinfónicos.

El de la Basílica Santa María del Coro de San Sebastián forma parte de los grandes órganos fabricados por la Casa Cavaillé-Coll, no sólo por su tamaño, sino por el cuidado de su instalación -a cargo de Vincent, el hermano de Aristide- y su diseño, muy respetuoso con la arquitectura de la basílica y la tradición del órgano barroco español – guardando incluso la nomenclatura y mensura tradicional de sus registros- tal vez en eco del pasado español de la familia, y la calidad de sus prestaciones. Los trabajos para su construcción e instalación tardaron dos años y medio.

Consta de 44 registros, en tres teclados manuales de 54 notas y pedal de 27, con 2.366 tubos cuyas dimensiones son comparables a los instrumentos de las más grandes catedrales. Es un órgano con una acústica completa, de gran plenitud y potencia, que hace sonar del grave a los agudos todas las frecuencias audibles por un ser humano, produciendo un sonido dulce y bello. Difícil de tocar, se dice que el organista debe unirse verdadera y físicamente a una interminable mecánica que activa el sonido hasta lo más alto de la caja.

Inaugurado por el organista José Antonio Santesteban, que al igual que Franck y Tournemire fue confidente de su pareja organística hasta su muerte en 1906, el órgano de Santa María del Coro de San Sebastián ha sido objeto de la admiración de melómanos, feligreses, organistas y musicólogos, como el Padre Nemesio Otaño (1880-1956) que en 1928 lo consideraba “el primero de toda España por sus cualidades fónicas”. Hoy en día es reconocido internacionalmente como uno de los Cavaillé-Coll mejor conservados del mundo en el sentido de que, contrariamente a otros, ha sufrido escasos cambios desde su inauguración, por lo que se le considera como un referente para interpretar la música romántica para órgano, en particular la de César Franck.

AU. ¿Cómo se presenta su futuro cercano? Hay algún proyecto especial que quiera compartir con nosotros? ¿Teme cancelaciones ante la situación que estamos viviendo?

LA. El futuro es incierto, las cancelaciones se siguen produciendo, el mundo concertístico se tambalea. Pese a todo, debemos seguir adelante, seguir ofreciendo música y cultura a nuestros oyentes.

Tengo intención de comenzar a grabar un nuevo CD el próximo año, de momento sigo trabajando en ello con mucha ilusión. Además, tengo previstas varias giras por Estado Unidos, Japón, Rusia, Canadá, Europa…y conciertos en diversos países. Espero que la situación que estamos viviendo cambie a mejor, que encontremos soluciones para este y tantos otros problemas que conciernen y afectan a nuestro planeta y nos permita a todos llevar una vida más plena y satisfactoria, acorde a las exigencias y limitaciones del mundo en el que vivimos.

AU. John Cage, compuso una obra que pretende estar sonando a través de los tiempos. El pasado 5 de septiembre cambió de acorde, algo que no había pasado desde hacía 7 años. ¿Qué le parece la existencia de esta obra Organ2/ASLSP (As SLow aS Posible) que tocará su fin en 2640?

LA. Es, cuanto menos, interesante e innovadora a mi modo de ver. De hecho, todo el mundo la conoce o ha oído alguna vez hablar de ella. Es, por ahora, la obra musical más lenta y larga jamás interpretada en la historia. No puedo ni imaginarme qué es lo que pensará el hombre del futuro sobre esta obra.

AU. Muy bien Sra. Aramendi, desde Mundo Clásico esperamos que ese futuro sea menos distópico quela situación que estamos viviendo, ahora nos despedimos con el deseo de que su carrera musical deje un gran legado en él.

LA. Muchas gracias!

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