Italia

Voz de esperanza

Jorge Binaghi

martes, 10 de noviembre de 2020
Florencia, sábado, 24 de octubre de 2020. Teatro Goldoni. Concierto de cámara. ‘Mélodies’ y arias de Hahn, Berlioz, Massenet, Donizetti, Biscione, Saint-Saëns. Veronica Simeoni, mezzosoprano, y Michele D’Elia, piano.
Simeoni en Macerata © 2020 by Macerata Opera Festival

Uno pensaría que alguien ha elegido este título especialmente para esta época. Pero es, en francés (Voix d’espoir) el nombre de una romanza de Donizetti que da título a un cd, el primero de ambos artistas lanzado en forma comercial por el sello del Maggio Musicale Fiorentino (Maggio Live) que apareciera poco antes del comienzo del confinamiento y debía ser objeto de presentación en este concierto programado para mayo, y que finalmente, ‘de penalti’ tuvo lugar el último día -en algunos lugares penúltimo- en que se podía ir a una función teatral o cinematográfica aunque con limitaciones (la noticia llegó al final del concierto).

En realidad, si bien la mayor parte de las obras se encuentran en dicho cd, aquí se presentaron un fragmento pianístico y tres arias de ópera de la misma época y autores, supongo que por aquello ya dicho de que el público espera siempre algo lírico. Pero me parece importante señalar que es la primera vez en mucho tiempo, si no me engaño, en que dos artistas italianos graban un repertorio de cámara, en este caso francés.

La capacidad de Simeoni para este repertorio viene avalada por su dominio del idioma que ya le ha permitido abordar exigentes papeles del romanticismo. Se puede asegurar que hoy por hoy es la mezzo más versátil de las que ya tienen hecho su nombre en la península. D’Elia, igual que en sus conciertos, denota gran capacidad técnica y estilística (véase su ‘Meditación’ de la Thaïs Massenet en versión para piano).

El programa, sin pausa, tuvo la intervención de algunos críticos que comentaron aspectos de autores de música y textos (el salón musical de la época) coordinados por Federico Biscione, autor de ‘Trois esquisses lyriques por chant et piano’ del 1992, que llegado el momento explicó la motivación de la composición de los tres fragmentos sobre poemas de Baudelaire, Verlaine y Rimbaud, y que se proponían, creo, en primera audición (al menos en el disco).

Los tres Hahn fueron vertidos con la delicadeza y melancolía que requieren. Los tres números de Les nuits d’été de Berlioz (primero, segundo y último) resultaron excelentes en sus tres modos tan opuestos. Siguieron dos arias imponentes del mismo autor, la gran escena de Dido en Los troyanos y la célebre de Marguerite en La condenación de Fausto (‘D’amour l’ardente flamme’) en perfecto estilo y de gran impacto expresivo.

Luego vino la mencionada melodía de Donizetti, que es nada más ni nada menos, que el autor insistió luego para poner en boca del protagonista de El elixir de amor convirtiéndola en uno de los ‘hits’ de la música operística (por supuesto me refiero a ‘Una furtiva lagrima’).

Siguieron los tres fragmentos de Biscione, atractivos y bien calibrados, y el concierto terminó con una versión de notable fuerza vocal y gran fraseo del recitativo y aria iniciales del segundo acto de Sansón y Dalila (‘Amour!Viens aider ma faiblesse’) donde el carácter de la sacerdotisa de Dagón quedó perfectamente plasmado.

Ante el entusiasmo de un público no numeroso (las restricciones seguían vigentes, y, con todo, eran preferibles a un cierre) pero atento se agregó un número fuera de programa, y única excepción lingüística. Las comparaciones son odiosas y estúpidas, y sin embargo, a veces necesarias para entender algunas diferencias. Los artistas decidieron dedicar un lied a la memoria del recientemente fallecido Luca Targetti, una personalidad en el mundo lírico italiano del que siempre se ha valorado sobre todo la honestidad. Por supuesto que no habrá muchos más adecuados a esta oportunidad que ‘Ich bin der Welt abhanden gekommen’ de Mahler.

Curiosamente fue el número que dos días antes cerrara el programa oficial de Jonas Kaufmann en la Scala, comentado aquí mismo. La pertinencia de la obra para el tenor estaba descontada y su versión fue notabilísima. Alguien muy entendido, cerca de mí, que también había presenciado ese concierto, se dio vuelta y me preguntó: “¿Se podrá decir que este de hoy supera al de Kaufmann?”. Era pregunta semirretórica porque en ambos conciertos me había visto y oído gritar ‘bravo’. El ‘plus’ estuvo en la forma de tocar el piano y de cantar. Por un momento temí que Simeoni no pudiera terminar -se sabe, la voz es aun más traicionera y frágil que los dedos- porque al promediar el lied me puse a pensar para tratar de calmarme en el famoso estribillo de la égloga I de Garcilaso ‘salid sin duelo, lágrimas, corriendo’.

Cuando la evocación de un muerto (y estamos en días propicios por varias razones) provoca semejante reacción podemos estar seguro de la clase de persona que era…y también del tipo de cantante y personalidad del intérprete (el pianista no tenía necesidad de decir nada puesto que fue el protagonista del largo recital que se hizo en la iglesia de San Marco de Milán y en el que Simeoni debía participar, pero otros compromisos se lo impidieron). El final del lied, para quien no lo conozca o recuerde, dice: ‘Ich leb allein in meinem Himmel,/in meinem Lieben, in meinem Lied’ . (Yo vivo solo en mi cielo, / en mi amor, en mi canción). Me gusta especialmente el último …. En mi amor, en mi canción. Ah, Rückert y Mahler, qué dos. Después alguno tendrá la osadía de decir que ‘sólo se trata de cancioncillas’…. 

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