Vox nostra resonat

1. «Era una persona que necesitaba encontrar almas gemelas»

Paco Yáñez

lunes, 9 de noviembre de 2020
Enrique X. Macías en 1975 © 2020 by Familia Macías Alonso

Con motivo del vigesimoquinto aniversario de la muerte de Enrique X. Macías (Vigo, 1958-95), el realizador Manuel del Río (Santiago de Compostela, 1974) ha presentado, en el marco de las tres jornadas dedicadas al compositor gallego dentro del VIII Festival de Creación Musical Contemporánea Vertixe Sonora, su documental Enrique X. Macías. A lira do deserto (2020), un mediometraje con el que en su día colaboré realizando una serie de entrevistas a músicos, escritores, artistas y familiares que accedieron a compartir con nosotros sus recuerdos sobre Macías.

Tras el estreno de Enrique X. Macías. A lira do deserto , el pasado 6 de noviembre en Vigo, Manuel del Río ha cedido a mundoclasico.com la posibilidad de transcribir y publicar al completo el conjunto de las entrevistas realizadas para aquel documental, cuya duración excedía con creces el metraje del mismo (40 minutos); de forma que las iremos publicando en sucesivas entregas a lo largo de las últimas semanas del año 2020 para conmemorar el cuarto de siglo transcurrido desde el fallecimiento de quien fue una de las principales figuras de la música gallega en el periodo de la Transición.

La primera entrega de esta serie tiene como protagonista a Javier Macías Alonso (Vigo, 1964), uno de los seis hermanos del compositor, cuyos recuerdos proveen apuntes biográficos con los que enmarcar algunos de los hitos fundamentales en la vida y en la trayectoria artística de Enrique X. Macías. Esta entrevista fue realizada en Vigo el 23 de julio de 2018.

Paco Yáñez. ¿Qué nos puede contar sobre los orígenes familiares de Enrique X. Macías?

Javier Macías. Nosotros somos una familia de Vigo, aunque originarios, como muchos vigueses, de Ourense. Creo que mi tatarabuelo procedía de un pueblo cerca de Ribadavia, llamado Vieite; pero bueno, ya realmente mis abuelos y mis padres vivieron en Vigo, por parte paterna, por parte de los Macías. Por parte de los Alonso, mi madre nace en Argentina, hija de emigrantes. Mi abuelo era relojero y tuvo una relojería en la Plaza de la Princesa, en Vigo, que se ha trasladado de calle: es una relojería que lleva abierta cerca de ochenta años; y ésa es la parte materna de nuestra familia. Pero sí es verdad que en ninguna de las dos partes hay relación alguna con la música, que nosotros sepamos. Estuvimos investigando, y parece ser que había un familiar en la banda militar; pero no hay realmente constancia de ese tema.

Los Macías Alonso somos una familia de siete hermanos, y hay un lapso de años entre mi hermano Paco, que es el cuarto, y mi hermano Enrique; y entre Enrique y mi hermana Reyes hay como cinco años, más o menos. Los últimos, entre los que incluimos a Enrique, nacimos en una casa que hay en la calle Taboada Leal, una casa que había construido mi abuelo. Allí vivimos unos años, hasta que nos trasladamos a la calle Camelias, donde Enrique ya empieza a ser un adolescente relacionado con la música.

Para mí, en ese momento hay una figura importante en la vida de Enrique, que es Manolo Álvarez, que fue, en su día, el impulsor de Juventudes Musicales en Vigo: una persona a la que todos debemos de agradecerle mucho, porque hizo bastante para que se pudiera escuchar música en Vigo en un momento en el que esto era un páramo, aunque lo sigue siendo bastante; pero bueno, en aquel momento, todavía más. Manolo Álvarez es una figura muy importante, gracias a la que Enrique empieza a tener relación con Juventudes Musicales; y fíjate, yo pensé que ahí es donde había conocido a Julián Hernández; pero un día, hablando con Julián, me dice que no, que Julián conoció a Enrique en unos conciertos que se habían hecho en el auditorio de lo que era la Caja de Ahorros Municipal de Vigo, al que se entraba por la calle Marqués de Valladares, y que ahí lo conoce: que él iba con un compañero del instituto a unos conciertos, y parece ser que había una obra de Enrique para guitarra; o sea, nos estamos remontando a los inicios, y que ahí él y su amigo deciden ir a conocer al compositor, porque la obra les había llamado mucho la atención, y es cuando entran en contacto con Enrique. Es verdad lo que comenta Manolo Romón: que ellos conocen a Julián Hernández a través de Enrique, cosa que yo desconocía, porque yo pensé que Enrique había conocido a Julián Hernández a través de Rompente; pero no, fue otra conexión.

Paco Yáñez. Esos primeros contactos de Enrique con la música, ¿hasta qué punto sorprenden a sus padres?, ¿cómo es la reacción familiar a la vocación de Macías?

Javier Macías. La reacción no es, precisamente, la que Enrique querría. Nosotros provenimos de una familia de clase media, donde hay una empresa familiar, porque por parte de mi abuelo paterno venimos del mundo de la electricidad: mi abuelo tenía una tienda en el centro de Vigo, al lado de Teatro García Barbón, una tienda que se llamaba «La Dinamo», que era una tienda de aparatos eléctricos: una de las primeras tiendas de electricidad que hubo en Vigo. Mi padre trabajó allí, se independizó, montó su empresa y siempre quiso que los hijos continuáramos esa empresa, pero ninguno quisimos, la verdad, salvo mi hermano Paco, que estuvo trabajando bastantes años con él; y Enrique, por supuesto, no quiso. Para mi padre eso era como un fracaso por su parte, y sí hubo choques importantes, porque él no entendía que alguien pudiera vivir de la música; a pesar de que mi padre era una persona muy aficionada a la música, en su estilo: le gustaba mucho la zarzuela, por ejemplo. Entonces, siempre hubo esa oposición. ¿Qué ocurre?, pues que Enrique era una persona muy persistente, y tenía claro lo que quería; y digamos que ahí también contó, un poco, con la ayuda y la protección de mi madre, que era una persona que intentaba canalizar esa tensión para que no se masticara tan duramente. Y así, poco a poco, fue metiéndose en el mundo de la música, y yo creo que fue una persona valiente; incluso, a pesar de las duras críticas que recibió en su momento en una ciudad como la nuestra. Pienso que él estaba, no voy a decir por encima, pero que tenía claro lo que quería hacer, y ese tipo de críticas no le importaban absolutamente nada.

Entonces, como te decía, empieza a tener relación con Juventudes Musicales; empieza a tener relación con Jorge Peixinho y con Emmanuel Nunes, y ahí digamos que se comienza a forjar su carrera musical, por decirlo de alguna forma; y muy pronto se empieza a marchar fuera. No te puedo decir con seguridad hasta qué año vive en casa con mis padres. Enrique se casó donde está el actual MARCO, en la calle Príncipe, y sé seguro que uno de los testigos fue Manolo Romón, y creo que el otro fue Julián Hernández; por lo menos, ellos dos, seguro. En ese momento ya se va a vivir a la casa de García Barbón, que fue donde vivió los tiempos que estuvo en Vigo. No es una persona que se prodigara mucho por la ciudad, cuando estaba aquí, a nivel de moverse; era una persona que estaba mucho en casa. Sí que ha trabajado y ha escrito cosas en García Barbón, pero creo que la mayor parte de sus obras, o, por lo menos, las más interesantes, las composiciones de mayor madurez, las ha escrito todas fuera. Cuando estaba aquí, la verdad es que no se prodigaba tampoco mucho en salir: iba a casa de mis padres, que en aquel momento se habían trasladado a Playa América, y era, un poco, un entorno familiar. Enrique siempre fue una persona que odió muchísimo las Navidades, y yo sí recuerdo que muchas Navidades no estaba en casa, no le gustaban nada. Así como le gustaba la familia, y disfrutar de la familia, nunca le gustó la Navidad, así que prefería estar fuera, trabajando fuera, o desconectar un poco de ese mundo de fiesta, por decirlo de alguna forma.

Paco Yáñez. ¿Qué recuerda de su niñez con Enrique, aunque él era algo mayor que usted?

Javier Macías. Enrique era una persona muy meticulosa, muy ordenada. Recuerdo que compartíamos habitación, pero, como te digo, era una persona tan meticulosa, que llegaba y tenía que, fuera la hora que fuera, dejar todo organizado. Yo despertaba al oírlo llegar, y él empezaba a contarme las cosas que había hecho. Era una persona muy entrañable pero, al mismo tiempo, muy introvertida: Enrique era una persona muy afable, una persona a la que le gustaba conversar y estar con los amigos; pero, por otra parte, una persona muy introvertida; yo no le llamaría complejo, pero, ¿sabes lo que pasa?, que Enrique siempre se sintió, incluso desde los tiempos del colegio, y nosotros estudiamos en los Maristas desde pequeños, como el patito feo, como la persona un poco rara: él sentía que no encajaba mucho en ese mundo. De hecho, yo he tenido algún contacto con compañeros de Enrique, ya de mayor, que me preguntaban: «¿Tu hermano, bueno, ¿qué pasó?», que lo veían como una persona, a lo mejor, valorándolo, con el paso del tiempo, pues algunos compañeros se sentían, fíjate lo que es la vida, como que yo no he llegado a ningún lado, y este hombre, finalmente, ha llegado: el raro, al final, ha llegado. Después, a nivel de los hermanos Maristas, era considerado como una persona un poco especial, aunque yo siempre tuve a mucha honra aquello de que «ya está el hermano de Enrique, que lleva las mismas trazas que su hermano», porque éramos personas un poco, quizás, no rebeldes, pero vamos a ver: en la situación que había aquellos años, en los Maristas, tú eras una persona con una mente un poco más abierta, querías ver más allá, y ahí veías hasta donde se podía ver, y no se veía más. Entonces, sí: a Enrique ese tiempo le costó. Fíjate, Enrique, en un momento dado, hasta se pudo llegar a haber planteado estudiar una carrera, sobre todo, relacionado con la filología; pero, finalmente, pudo hacer lo que él quería hacer.

Paco Yáñez. Un día, Macías llama a la puerta de Antón Reixa, pero, según se puede leer, porque el propio Enrique lo escribió, hasta entonces se consideraba una persona prácticamente aislada del mundo. ¿Cómo vivía usted esa desazón en su hermano?

Javier Macías. A mí Enrique siempre me pareció una persona con un alma muy melancólica. Yo no te diría una insatisfacción, pero no estaba lleno, completamente. Recuerdo grandes tardes en su casa, de grandes risas merendando; para Enrique la merienda era algo fundamental: un buen té y grandes tardes de charlas; pero sí lo notabas como una persona siempre un poco melancólica. Yo tengo muchos hermanos, y los quiero muchísimo a todos, pero Enrique es una persona, para mí, especial; quizás, porque siempre llevé el sambenito de «¡Ah, el hermano de Enrique!». A mí me ha llegado a saludar por la calle gente a la que yo no conocía, que me habían confundido con mi hermano: fíjate, a pesar de que Enrique era una persona mucho más alta que yo. ¿Qué ocurre?, que, si no nos veías habitualmente, pues nos podías confundir, y a mí siempre me enorgulleció mucho. Para mí es, un poco, mi hermano especial, con una sensibilidad especial; y quizás, porque no está aquí, lo echas más de menos. Pero yo, a pesar de todo, sigo hablando con cualquier persona como si mi hermano estuviera presente, porque la forma de que la gente no desaparezca, y en el caso de Enrique, todavía más, sería escuchar su música y hablar de él; lo que no podemos hacer es: vamos a darle la vuelta a las fotos y nos vamos a olvidar; no: la gente tiene que seguir viva, en la medida de lo posible. Me gustaría saber cómo sería Enrique en el año 2018, me encantaría: me encantaría ver la evolución que habría tenido. No sé si lo hubiera soportado, por otra parte, tengo mis dudas.

Paco Yáñez. En ese momento en el que Macías llama a la puerta de Antón Reixa, tiene usted que empezar a notar mucha diferencia en su convivencia: pasa más tiempo fuera y entra en otro mundo.

Javier Macías. Sí, además es curioso porque Reixa, más adelante, empieza a dar clase, fue profesor de filología gallega y mi tutor. En aquel momento, Reixa y Rompente eran unos personajes importantes en Vigo y, como tales, rompedores; y Enrique yo creo que llega a ellos como buscando una tabla de salvación; o sea, Enrique era una persona que, a pesar de esa melancolía y de esa soledad, creo que necesitaba encontrar almas gemelas, un poco para justificar que no soy tan raro, que hay gente igual que yo en este mundo. Yo creo que fue, un poco, esa necesidad. Entonces, sí es verdad que, a nuestra familia, a mis padres, determinadas cosas que hacía Enrique le parecían muy raras. Mi padre era bastante reacio a ir a los conciertos, pero a alguno ha venido, y es verdad que le parecían cosas muy raras, que él no entendía, pero que sí respetaba. Desde el momento en que mi hermano fallece, te puedo decir que, por supuesto, mis padres nunca vuelven a ser los mismos, y quizás mi padre tuvo un poco como una especie de sentimiento de que no le he dicho o no he hecho con él lo que debería haber hecho; o sea, he sido injusto. Después, conmigo pasó un poco lo mismo; pero, al final, él entendió que cada uno tenía que seguir su camino. Por supuesto, estaba súper orgulloso de su hijo. Recuerdo cuando se inauguró la calle dedicada a Enrique, que estaba Carlos Príncipe de alcalde, y mi padre, aunque no falleció muy mayor, sí estaba muy enfermo, y estaba súper emocionado, porque, claro, para un padre...; así como para nosotros, para mí, ya sabes, toda esa pantomima, porque Enrique no era una persona de esos temas; pero en ese caso, mis padres se emocionaron muchísimo, como cuando se hacían conciertos, y ya no te digo fuera, pero quizás dentro: que para mis padres se estrenara una obra de mi hermano en el Teatro García Barbón, en Vigo, era súper importante. Entonces, él entendió que Enrique había sido muy tenaz en querer hacer lo que él tenía clarísimo; y al final, por conversaciones que he mantenido con mi padre, sé que estaba muy orgulloso, pero él sentía que había sido injusto; pero bueno, es la vida, y yo espero que cada uno tenga claras sus cosas y que cada uno esté tranquilo con su tema, que es lo más importante.

Paco Yáñez. Sin embargo, una vez que Macías muere, hay como una especie de desierto musical, se programa su música muy escasamente, ya no sólo en Vigo, sino en el conjunto de Galicia.

Javier Macías. Sí, y por supuesto que lo único que se intentaba programar antes era fuera de Galicia. Para nosotros está ahí la figura de Miguel Azguime, que es una persona muy importante, porque, aparte de la relación profesional con Enrique, tenía una muy buena relación personal. Yo, que soy una persona ajena al mundo de la música, y hablo aquí de Enrique como hermano, te cuento que Enrique y yo tuvimos, una vez, una conversación sobre las personas-vampiro, porque yo había tenido una relación profesional con alguien, que un día yo le dije: me pasa esto con esta persona, es como que necesita tenerme a su lado, y me absorbe la energía. Y Enrique me decía que a él le había pasado con otra persona relacionada con el mundo de la música, que le había defraudado muchísimo. No es el caso de Miguel, sino todo lo contrario: Miguel ha hecho una labor importantísima; incluso, con la última obra, con Clamores y alegorías, que gracias a Miguel se pudo tocar; si no, no se hubiera podido programar.

Sí es verdad que en Galicia desapareció la música de Enrique, no se tocaba absolutamente nada, pero por una razón: porque Enrique era la primera persona que hacía porque su música se tocara, y ahí se perdió. También es verdad que, por parte de la familia, pues por desconocimiento, porque no somos personas del mundo de la música, y porque hay un momento inicial en el que nosotros nos quedamos KO total, y te tienes que recuperar de un golpe bestial para el que no estábamos preparados, ni muchísimo menos. Una vez que, más o menos, todo se estabiliza, pues intentamos hacer cosas, aunque era dificilísimo, esto era un desierto, y gracias a Miguel se hicieron cosas fuera. Gracias a Miguel, la obra se llevó para Lisboa, porque aquí tampoco teníamos ningún sitio donde guardarla; y sí llegó un punto en el que Miguel dijo que era el momento de que recuperásemos la obra y de que se hiciera algo con ella. Miguel es alguien que quiere que se haga algo: aparte de una fundación, pues que se pueda hacer una web, moverlo. Pero yo entiendo que Miguel es una persona que también tiene su trabajo, y lo entiendo y lo respeto. Ha hecho muchísimo por el trabajo de Enrique. Creo que va a hacer tres años que fui a Lisboa a traer todo el material, aunque no hemos conseguido traerlo al completo. Estuvimos con Miguel en su casa, y él me dijo: «Javier, no lo entiendas como que yo me quiero desprender de esto, sino todo lo contrario, pero para mí esto es una responsabilidad muy grande, y a mí me puede pasar algo. Yo no sé si te das cuenta del valor que tiene esto para mí, y del valor que esto tenía para tu hermano. Esto no puede estar así». Fue cuando optamos por traerlo para aquí, y no es que lo tengamos en mejores condiciones que como lo tenía él, pero sí está más cerca de Vigo, y ahora tenemos que intentar pensar o decidir qué podemos hacer con eso. A mí me gustaría que se hiciera algo, no que sólo estuviera ahí. En su día, pensamos en el MARCO; pero el MARCO, en estos momentos, es un edificio que está ahí y no se sabe para qué. Es un edificio al que se le ha hecho una reforma que tampoco tiene sentido, porque, vamos a ver, si lo vas a tirar completamente, haz un edificio nuevo. El MARCO tuvo, a través de su historia, muchas utilizaciones, y a lo mejor había que mantenerlo, no sé. Creo que, en principio, no nació con mala idea; pero, después, cada vez fue degenerando más, y en este momento la situación es impresionante entre ayuntamiento y artistas. Después, hay como diferentes facciones, y entonces es un totum revolutum que es una pena, porque realmente no se está haciendo nada; pero, bueno, eso es lo que nos toca vivir en esta ciudad.

Paco Yáñez. En todo caso, esa ciudad, Vigo, le dedicó en su día una calle a Macías, como antes nos ha contado.

Javier Macías. La calle fue una propuesta a título de Carlos Príncipe, siendo alcalde de Vigo. Por supuesto, yo no me adscribo a ninguna formación política, por lo que no tengo nada que deberle ni al señor Príncipe ni a ningún político, pero sí es verdad que en aquellos tiempos se hacían más cosas por la cultura que las que se están haciendo en este momento en la ciudad, eso también es verdad. Después de un encargo que se había hecho a Enrique de una obra, que se estrenó en el Teatro García Barbón, se decidió, a propuesta del alcalde, que en aquel momento era Carlos Príncipe, dedicarle una calle, y hubo unanimidad de toda la corporación. Se hizo una inauguración en la que estaba el alcalde; también, Guillermo García Alcalde, que dijo unas palabras, y fue un momento emocionante, sobre todo, para mis padres, pues para ellos que su hijo tuviera una calle en su ciudad era un tema importante. Es una calle bonita, como un pequeño boulevard; una calle por la que paso a menudo, porque queda muy cerca de mi casa. Es una calle peatonal, muy pequeña, que está llegando a un instituto, con lo cual, fenomenal, porque está siempre llena de gente joven, algo que a Enrique le hubiese gustado, aunque es una calle que está un poco abandonada, como algunas. Y, después, hay que decir que todo el mundo se confunde con el nombre de la calle, porque todo el mundo dice que es la calle de Enrique Xabier Macías, y Enrique tiene la «X» porque lleva los dos nombres de sus dos abuelos: Enrique, por su abuelo paterno; y Xerardo, por su abuelo materno. Hay una anécdota muy curiosa: llegó un mensajero un día a casa de mi hermana a dejarle un paquete, y le dijo que venía de la calle Enrique Xabier Macías, y mi hermana le dijo que no, que no se lo iba a decir a ella, que era su hermana, que era la calle Enrique Xerardo Macías. Normalmente, Enrique siempre firmaba como «Enrique X. Macías», y por supuesto que estaba muy orgulloso de llevar los nombres de sus dos abuelos.

Paco Yáñez. Estamos hablando mucho de Vigo, pero también están sus viajes.

Javier Macías. Esos son momentos complicados en mi casa, porque Enrique empieza a viajar relativamente joven. Nosotros somos una familia que hemos viajado con mis padres, si bien, Enrique, menos, porque creo que era una persona como muy individual, que iba mucho por libre. Pero es verdad que Enrique empieza a viajar pronto; y, además, no empieza por viajar a lo típico, a París; empieza a viajar a Darmstadt, a Cracovia, que en aquel momento era un sitio muy complicado, en plena época de Jaruzelski. El viaje a Finlandia fue, también, bestial, porque estuvo mucho tiempo en Finlandia; y para unos padres es un golpe, porque, de repente, piensan que este hombre se va allá tres meses y que de qué va a vivir, pues ellos lo veían como a un hijo. Él iba con unas ganas tremendas, y venía con más energía, y estaba aprendiendo muchísimo: yo creo que fue una de sus etapas de formación más potentes, y que es lo que le ha permitido después ir asentando su trabajo y que su trabajo fuera más reposado y como más denso. En casa, los hermanos pequeños vivíamos esos viajes como una aventura, decía: «me voy tres meses a Finlandia»; y cuando llegaba, nos contaba: «Javier, aquello era tremendo, cuarenta grados bajo cero». Pues eso, la relación de un chaval que tenía veintidós años, y que su hermano tenía cinco años menos. Aunque éramos físicamente parecidos, como personas éramos muy diferentes, pero para mí Enrique siempre fue como un pequeño ídolo; pero un ídolo en el sentido del tesón y de la constancia, cosa de la cual yo carecía. Siempre me pareció una persona que iba a llegar a conseguir lo que quería, porque se le metía en la cabeza y ahí seguía hasta el final, que para mí es un tema importante.

Paco Yáñez. Tras esos viajes, sus regresos a Vigo fueron, muchas veces, problemáticos.

Javier Macías. Por eso te comentaba antes que Enrique era una persona que no se prodigaba mucho en salir de casa. Su casa en García Barbón era un poco, en aquel momento, como la cueva en la que él se metía y no salía, pues por eso: por todas esas críticas. Digamos que Vigo era una ciudad de provincias, con todo lo que ello acarrea, con una programación cultural escasita, en la que el Teatro García Barbón ya no era lo que había sido. Se programaban sólo cositas, y Enrique digamos que era una rara avis en esta ciudad. Entonces, quizás lo que hacía, encerrándose en casa, era ponerse una barrera y recibir a sus amigos. Era una persona, como comentó en su momento Manolo Bragado, que prefería recibir en casa y tertuliar, o ir a casas de amigos. Tampoco era una persona que se prodigara mucho en bares y cafeterías, no era una persona a la que le gustara ese tipo de ambientes, y prefería estar con un grupo de amigos, o incluso en casa de sus padres tranquilamente, charlando, que estar por ahí. Yo creo que es, un poco, también por esas críticas que tenía, y que a él no le agradaba ir por la calle, porque esto es una ciudad muy pequeña, y la calle García Barbón es una calle que está muy céntrica y que es el epicentro de la ciudad: las fuerzas vivas de la ciudad se mueven en ese submundo, por lo que yo creo que era, en cierta medida, escapando de ese tema.

Paco Yáñez. Y desde que Macías entró en contacto con Rompente y hasta el que fue el final de su vida, ¿notó usted algún cambio en su forma de ser?

Javier Macías. Enrique es una persona que cambia visceralmente, en el sentido de que sus viajes le hacen aprender a moverse por el mundo, y creo que lo hacen madurar, a pesar de que Enrique fallece muy joven, con 37 años. Es una persona que, por su contacto exterior y por el trato con la gente con la que se relacionó, como en su día comentó Pedro Amaral en la mesa redonda de Santiago de Compostela [25 de junio de 2018], con un mundo europeo, que choca con el mundo que se encuentra aquí. A pesar de querer mucho a su ciudad y de sentirse muy gallego, como creo que dijo Pedro Amaral, Enrique fue un compositor europeo, y conoció a personas mucho más interesantes por el mundo, desgraciadamente, de lo que se podía encontrar por aquí, y eso lo forma.

A Enrique, además de considerarlo un compositor, lo considero un intelectual: es un avidísimo lector, con una biblioteca gigantesca. Sí es verdad que, como era una persona muy tímida, pues le costaba; pero, en el momento en que se encontraba a gusto y relajado, era una persona a la que le encantaba conversar y debatir. Sí es verdad que antes de entrar en contacto con Rompente era una persona como muy aislada, para la que el acercarse a Rompente fue como un «Pido ayuda, ¿me dejáis un hueco?». Enrique, y en su día lo hablé con Manolo Romón, no fue rompiendo relaciones; simplemente, Enrique fue moviéndose por otros caminos que lo alejaron de esa gente, pero no porque hubiera nada, o porque quisiera romper con ellos, y Manolo Romón me lo corroboró: que simplemente llevaron caminos diferentes. Incluso, en el caso de Antón Patiño y Menchu Lamas fue que, al llevar caminos diferentes, Enrique se encontró con otras personas en el mundo de la pintura, como Carlos Maño; pero siempre tuvo relación con pintores, sobre todo, de aquí, como Goyanes o Amando; siempre se relacionó mucho con ese círculo de artistas y nunca renegó de su ciudad. Pero sí es verdad que también gente que conoció por el mundo adelante le ayudó a coger esa seguridad.

Después, hay la relación de Enrique con Portugal, que eso es un mundo y aparte. Europa es una cosa, pero Portugal es, yo creo, su segunda casa; y te diría que, en algunos momentos, su primera casa. Portugal, en general; pero, sobre todo, Lisboa. Enrique tiene una relación con Lisboa no de amor/odio, sino de amor: era un enamorado de Lisboa, de la ciudad en sí, de sus paisajes y de la gente; y, después, de gente con la que mantiene contacto en Lisboa: desde Jorge Peixinho a Emmanuel Nunes, como corroboró Pedro Amaral. Todo ese mundo a Enrique lo enriqueció muchísimo, ya no sólo profesional, sino personalmente: Enrique era una persona a la que le gustaba mucho esa gente, siempre te hablaba de ellos como personas súper cariñosas, personas muy agarimosas, que daban mucho cariño, y Enrique era una persona muy mimosa que necesitaba mucho cariño; quizás, por lo que hablábamos al principio: porque yo creo que se sentía, un poco, no voy a decir una persona rara, pero sí una persona especial, un poco diferente.

Paco Yáñez. Tras todo este recorrido, llegamos a 1995, un año en el que Macías tiene una intensa actividad musical, con el encargo y el estreno de Itinerario de luz, en el Centro Galego de Arte Contemporánea, así como el de Clamores y alegorías, en el Festival de Canarias. Tenemos, también, su potente incursión en la pintura: en 1995 está en pleno desarrollo, con Carlos Maño, de los monotipos de la serie Exequias (1993-95); pero, sin embargo, Enrique X. Macías decide poner fin a su propia vida en noviembre de 1995, ¿cómo nos lo explicamos?

Javier Macías. Yo creo que el final no es un final decidido en el año 1995. Creo que ese tipo de finales, por lo menos, no son finales que se eligen en un momento, es un proceso. ¿Por qué?, no te lo podría decir. Sí es verdad que es un año muy importante, por lo que tú has recalcado: el tema de Itinerario de luz, que fue un estreno magnífico en el CGAC, con la London Sinfonietta y Mark Foster; y el encargo de Clamores, pero él sufrió mucho con esa obra, porque iba un poco todo contrarreloj, y eso le ejerció mucha presión; de hecho, al final no pudo ni verla estrenar, y yo creo que tampoco hubiera estado muy contento con el estreno, pero bueno.

Como te digo, no creo que el detonante fuera en el año 1995, yo creo que fue un proceso, y no quiero justificarlo. Yo viví los últimos momentos, que nadie sabía que eran los últimos momentos; pero bueno, él estaba en un momento complicado, un poco en una montaña rusa: subíamos y bajábamos, y pasábamos de momentos de euforia a momentos muy fastidiados, y un buen día tomó su decisión y a mí me cogió fuera de juego. Cuando pasó, ya fue inevitable, hasta el desenlace final. Yo no tengo ningún problema en hablar de este tema, pero sí es verdad que, por respeto a mis padres, mientras mis padres vivieron la familia tomamos, por decirlo de alguna forma, la decisión de proteger un poco el ambiente, pero no por nosotros, sino por mis padres. Yo, de una persona que toma la decisión que tomó Enrique, no me tengo que avergonzar, en absoluto; yo nunca me avergonzaría, sino todo lo contrario: para mí, mi hermano es un grandísimo tipo, independientemente de su trabajo como compositor; como hermano, es un grandísimo tipo del cual yo he disfrutado, y es una pena que no lo haya podido disfrutar más; pero, bueno, él ha tomado su decisión, y yo no tengo el poder sobre nadie para imponer lo que debe de hacer. Por supuesto, me gustaría que siguiese aquí. También te digo, y vuelvo a lo que he comentado hace un rato: no sé si Enrique soportaría la situación actual de la música, no sé si Enrique soportaría la situación actual del mundo. Enrique era una persona muy preocupada por la situación del mundo y muy involucrada: yo creo que en su trabajo también se notan ese tipo de cosas; era una persona muy activa, por decirlo de alguna forma; y, quizás, en ese sentido, Portugal lo ha forjado un poco más.

Tomó esa decisión, y ya digo: a lo mejor hasta fue lo mejor para él, porque no sé hasta qué punto en este momento podría vivir en este mundo tan caótico y tan de vorágine: un mundo de tiburones. Lo que sé del mundo musical, lo he podido saber por Enrique. Después, cuando se han programado cosas de Enrique y me he metido un poco por el medio, he visto que aquí hay unas puñaladas tremendas, y no sé hasta qué punto él hubiera dicho que yo de esto no quiero saber más; pero supongo que no, porque para él lo más importante era su trabajo. Es una decisión que él tomó, y en su momento se respetó, por el tema de mis padres, pero yo no tengo ningún problema en hablarlo; para mí, el suicidio es una decisión que toma alguien personalmente, y algún día, si podéis, se lo preguntáis a él y que os lo justifique: es una forma de intentar tomármelo con otro tono. En su momento, para mí fue un golpe tremendo, porque Enrique era una persona muy importante en mi vida; entre otras cosas, porque el día que yo me marché de casa de mis padres, me dio asilo en su casa, lo cual es muy importante: éramos, un poco, como almas gemelas hasta ese punto. Es una decisión que él tomó, que yo respeto, por supuesto; aunque es una pena, porque nos hemos quedado sin escuchar muchas cosas que podría haber escrito, algo que, en el fondo, es un tema importante. Me duele, sobre todo, en mi caso personal, que mis hijas no pudieran conocer a su tío, porque era un tipo muy cachondo, muy divertido. A pesar de esa apariencia de tipo serio, tenía un doble tremendo que era muy divertido.

Paco Yáñez. ¿Qué pediría, a día de hoy, la familia Macías Alonso en lo que se refiere a la memoria de Enrique?

Javier Macías. Lo que os pedimos es que consigamos que no se olvide el trabajo de Enrique; para mí, es lo más importante. A mí me parece triste que, a veces, me dice mi hija Clara, la pequeña: «Papá, hoy en clase de música hablamos del tío Enrique»; y yo le contesto: «¿Y eso?»; y me dice: «La profe nos ha dicho que, como sabéis, tenemos una calle aquí al lado..., y todos mis compañeros no sabían quién era»; yo le digo: «Bueno, Clara, es así, en este mundo...». Eso es lo que, realmente, sí me da pena; es más, me daría igual que no identificaran su cara, pero que sí conocieran su trabajo. Yo he hablado muchas veces del tema de la música contemporánea con mucha gente, que si es un tema complicado; pero yo creo que es igual que el arte contemporáneo: la gente, hace veinticinco o treinta años, en una ciudad como Vigo, hablabas de arte contemporáneo, y era como hablar chino; pero la gente se ha ido educando, y se hacían exposiciones, más de las que se hacen: la gente podía ver, y podía disfrutar, y podía aprender, pues, como en todo, hay que aprender. Si no escuchamos nunca música contemporánea, ¿cómo nos va a gustar?, si no tenemos la posibilidad ni de escucharla. Eso es lo que realmente nos duele, y eso es lo que la familia, de alguna forma, pedimos. Nosotros, en la medida que podamos, y siempre digo lo mismo, dentro de nuestro desconocimiento, porque ninguno de los hermanos estamos relacionados con el mundo de la música, pues dentro de nuestro desconocimiento, en todo lo que podamos ayudar, lo haremos para difundir el trabajo de Enrique.

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