España - Madrid

La música volvió a sonar en el Palacio Real de el Pardo

Juan Krakenberger
jueves, 13 de junio de 2002
El Pardo, martes, 11 de junio de 2002. Palacio Real de El Pardo. Orquesta de Cámara de la Escuela Superior de Música Reina Sofía. Director: Jordi Savall. Arcangello Corelli: 'Concerto Grosso, fatto per la notte di Natale'; Georg Friedrich Händel: 1ª suite de 'Water Music', Heinrich Ignaz Franz von Biber: 'La batalla' y Jean Philippe Rameau: Suite de 'Les Boréades'. Concierto de Clausura del Curso Académico 2001-2002
0,0001635 En un acto celebrado en el Patio de los Austrias del Palacio Real de El Pardo, la Reina hizo entrega de diplomas a los alumnos distinguidos del curso 2001/2002, entregó la Placa de la Escuela al Prof. Rainer Zepperitz – nuevo catedrático de contrabajo – y hizo entrega del Premio Menuhin a la Integración de las Artes y la Educación al conocido director de orquesta británico, Sir Colin Davis. Previamente, la Presidenta de la Escuela, Da. Paloma O'Shea, pronunció los saludos de bienvenida a autoridades y patrocinadores, e hizo un breve resumen de la labor realizada durante los primeros 10 años de existencia de la institución que preside.El 'Laudatio’ de Colin Davis fue pronunciado por Tomás Marco. El director británico agradeció brevemente haber sido distinguido por este premio, y citó unas frases de un poema de Dylan Thomas, que significaron, sucintamente, que lo que no importa es el marco de las cosas, sino el contenido. Mensaje que a mí, particularmente, me encantó. Porque con ellas Sir Colin Davis dio precisamente en el blanco de muchos males que nos aquejan.Citaré a los galardonados, por orden alfabético: José Enrique Bagaria, piano - Dragos Alexandru Balan, violonchelo – Enrique Bernaldo de Quirós, piano – Adriana Coines, violín – Angélica Mansilla, Canto – Enrique Rigau, contrabajo - María Sáiz San Emeterio, violín – Natalia Tchitch, viola. Los dos conjuntos de cámara galardonados fueron el Trío Mozart integrado por Alberto Menchén, violín, Blanca Coines, cello y Antonio Ortiz, Piano, y el Cuarteto Haydn, formado por Nadeja Korshakova y Pablo Martín Acevedo, violines, Alexandru Bota, viola y Diego Hernández, cello. Es interesante constatar que entre los 15 nombrados hay apenas 4 extranjeros, un porcentaje muy razonable. Lo mismo se puede decir de la Orquesta de Cámara, donde el porcentaje de extranjeros igualmente fué del orden del 15%, corriente en cualquier país donde existe normalidad en la formación de instrumentistas, y no 80%, como acontece en España.Y ahora le llegó el turno a la música, justamente en el Día Sin Música : Pues, salió ganando la música, a pesar de todo. Porque se produjo casi un milagro: Los virtuosos de la cuerda, este equipo de elite, sometiéndose con evidente placer a interpretaciones historicistas , sin vibrato, tal como manda el canon, y divirtiéndose con Jordi Savall en las maravillas musicales de esa época. Para empezar, quiero aplaudir la idea de hacer tocar a los alumnos – todos ya casi de alto nivel profesional - en estilo barroco. Creo sinceramente que ningún músico que se precia puede lanzarse hoy a una carrera sin dominar todos los estilos de ejecución, comenzando precisamente por el principio. Y traer para ese cometido a Jordi Savall, un reconocido especialista en estas lides, y dejarle trabajar con tiempo suficiente para lograrlo – casi 40 horas de ensayos – ha sido otro acierto. El resultado fue muy satisfactorio.El programa se inicio con el célebre Concerto Grosso, fatto per la notte di Natale de Arcángelo Corelli. Joan Espìna y Marta Hernando oficiaron de solistas de 1º y 2º violines, de una formación de 6/6/4/4/2, y el bajo contínuo reforzado por una tiorba y un clavecín. Limpio, transparente, buen sonido, esta obra se nos pareció corta. ¡Sonaba tan bien!A continuación. La no menos famosa Water Music (Suite Nº1) de Georg Friedrich Händel, en cuya obra tienen un rol importante los instrumentos de vientos. Sendas parejas de Flautas, oboes, clarinetes, fagotes y trompas se ocuparon de esta parte, los oboes y trompas de la propia escuela, los demás, jóvenes músicos invitados, como también un percusionista. Los cuatro movimientos de esta ‘Suite’ – muy conocidos y nada fáciles de tocar, sobre todo en ‘tempi’ animados, sin concesiones, marcados por Savall, sonaron muy bien en el marco histórico del Patio de los Austrias. Es música festiva si la hay, y luce particularmente bien en este tipo de ambiente. Pequeñísimas pifias en las trompas no empañaron el empeño. ¡Bravo!Sin intermedio, se continuó con La Batalla de Heinrich Ignaz Franz von Biber, el más antiguo de los compositores del programa. Es bien conocido que este extraordinario compositor, al cual se le escucha demasiado poco, tuvo la osadía de introducir métodos revolucionarios en sus obras, y esto se pudo apreciar en algunos de los movimientos de esta ‘Suite’. Luego de la Sonata introductoria, viene una pieza corta que se llama ‘Die liederliche Gesellschaft von allerley Humor’ (la disoluta compañía con humor diverso), que tiene unos contrapuntos completamente disonantes, como si hubiera habido un error. Pero – eso se ve instantes después – todo termina al mismo tiempo, y en armonía. Luego de un Presto viene otro breve movimiento ‘Der Mars’ (Marte) donde los contrabajos baten un ritmo sordo, y el concertino se pasea por fuera del escenario, improvisando adornos. Más adelante, en “Die Schlacht’ (la batalla) los ‘celli’ deben usar pizzicato pellizcado con los dos dedos – lo que hoy llamamos el ‘pizz.Bartok’- lo que confirma una vez más que nada es nuevo en esta tierra Esto suena como tiros – excelente truco. La interpretación fue modélica, muy divertida, un pleno acierto.Y para terminar, una Suite de Les Boréades de Jean Philippe Rameau, con sus contradanzas, gavotas y minuetos galantes. Música muy bien hecha, también escuchada demasiado raras veces, desgraciadamente. Luego del clasicismo italiano, la opulencia inglesa y el humor un tanto pedestre alemán, la elegancia francesa brilla y deleita. Muy lograda versión, nuevamente.Ante los repetidos aplausos, Jordi Savall anunció que habían preparado aún el famoso Aire de Johann Sebastian Bach, y así terminó este concierto con cuerda sola, tal como se inició una hora antes. El mismo Savall se juntó al público para aplaudir a la joven orquesta, que hizo un buen trabajo y del cual pueden estar orgullosos. Quiere parecerme que esta experiencia les ha aportado mucho, en cuanto a afinación, color sonoro, y esa legerezza tan necesaria para coronar un empeño semejante con éxito.El público se reunió luego en un patio vecino para copas y bocadillos, donde junto con los músicos se departía en compañía de Doña Sofía de manera cordial, durante una larga hora más. Una velada agradable, de la cual los aproximadamente 650 invitados seguramente se acordarán aún largo tiempo. El único que tuvo que ausentarse – y se perdió el concierto – fue el alcalde de Madrid, seguramente por asuntos más apremiantes. ¡Él se lo perdió! Sin más comentarios.
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