Alemania

Alle maskiert! Ossía cómo reír del coronavirus y de Trump

Juan Carlos Tellechea

jueves, 12 de noviembre de 2020
Mönchengladbach, domingo, 11 de octubre de 2020. Theater Mönchengladbach. Alle maskiert! Wir können ein Lied davon singen! Revista para reírse del coronavirus, de Ulrich Proschka (autor de los textos de las canciones, aires y arias, así como de los diálogos). Régie Helena Jackson. Escenografía y vestuario Udo Hesse. Dramaturgia Andreas Wendholz. Intérpretes: Debra Hays (Heide Schmitz-Böckelt, productora de los canales de televisión NOVO 1 y NOVO 2; Desirée Respirateur, ama a hombres enmascarados; Cilly Anröchter, animadora de après-ski-party de Ischgl, Austria); Gabriela Kuhn (Regula Sause, periodista y locutora del noticiero de la televisión; Daniel Pfühl, madre de cuatro niños en Home-Office; canciller alemana Angela Merkel; Penny Anröchter, animadora de après-ski-party de Ischgl; Corona Crisenstab, hada y encargada de la lucha contra el coronavirus); Markus Heinrich (Martin Janz, presentador del Late-Night-Show “Janz schön spät“; Gerd Grimmler, cultivador de espárragos; Dennis Vorsten, virólogo; Puntila Wildmann, mitólogo de teorías conspirativas); Matthias Wippich (Finn Loosen, pasante; actor de spots publicitarios; ministro presidente de Baviera Markus Söder; Günther Grimmler, cultivador de espárragos; Raoul Ruffini, peluquero; Donald Trump, presidente de los Estados Unidos; Hamster Kauf, miembro del gabinete de crisis por el coronavirus y asistente de animales). Director musical Michael Preiser (piano, acordeón, contrabajo, percusión). Aforo reducido forzosamente al 20% por el incremento exponencial de las infecciones por la pandemia del coronavirus.
Alle maskiert! © 2020 by Theater Krefeld Mönchengladbach

Hay algo que ya sabemos por nuestros abuelos, pero que tenemos que experimentar en carne propia y grabárnoslo muy bien en nuestras mentes: no olvidar la risa, aún en las circunstancias más difíciles de la vida; porque reír produce sinergías con efectos positivos, saludables y benéficos de toda índole.

Ulrich Proschka, con quien ya nos hemos desternillado de la risa en Let's Stop Brexit – Keep Calm and Drink Tea en este mismo Teatro de Mönchengladbach , ha montado ahora una revista titulada Alle maskiert! Wir können ein Lied davon singen! (¡Todos enmascarados! ¡Podemos entonar una canción sobre ello!), para mofarse del coronavirus, que ha hecho deslomarse a carcajadas a la platea (ocupada solo en un 20%, debido a las medidas de higiene y prevención de la pandemia del coronavirus) este 11 de octubre.

Bajo la precisa régie de Helena Jackson, quien debuta con esta pieza, y dirección musical de Michael Preiser, cuatro experimentados intérpretes de comedias musicales, Debra Hays, Gabriela Kuhn, Markus Heinrich y Matthias Wippich , han logrado 90 minutos de entretenimiento, solaz y desahogo tan oportunos en estos tiempos de sindemia que el público, antes de que cayera el telón, se puso de pie para aplaudirlos, aclamarlos y vivarlos prolongadamente con las más diversas expresiones de aprobación. ¡La puesta es todo un éxito, por el entusiasmo, la velocidad, la entrega y el buen humor mostrados!

Con el incremento exponencial de las infecciones por el COVID-19 en estos momentos en Alemania y el nuevo confinamiento dictado por las autoridades para este noviembre, a fin de prevenir la propagación descontrolada del virus, las funciones de esta excelente revista han pasado para diciembre.

Mientras que en la comedia sobre el Brexit la música era exclusivamente de Gilbert & Sullivan, ¡Todos enmascarados! que toma el nombre de uno de los números de Una noche en Venecia, la única opereta de Johann Strauß estrenada fuera de Viena (el 3 de octubre de 1883 en el Neuen Friedrich-Wilhelmstädtischen Theater de Berlín), se pasea por el mundo de la lírica, desde Wolfgang Amadé Mozart, pasando por Gioachino Rossini, Jacques Offenbach y Richard Wagner, hasta llegar a compositores e intérpretes modernos como John Davenport, Eddie Cooley y Pete Seeger.

Musicalmente, Michael Preiser, un hombre-orquesta situado un piso más arriba en el escenario, acompaña con gran virtuosismo a los solistas, tocando sucesivamente varios instrumentos (piano, acordeón, contrabajo, percusión) en los 17 títulos musicales y melodías seleccionados para esta revista, todos clásicos desde la ópera hasta la chanson, entre ellos Madamina, Je suis grise, Ich habe noch einen Koffer in Berlin, Fever, Jonny y Guantanamera.

Originalmente la Comunidad de Teatros de Mönchengladbach y Krefeld tenía previsto el estreno en abril pasado de una nueva producción de Una noche en Venecia, pero el COVID-19 desbarató todos los planes y los responsables artísticos tuvieron que ingeniárselas para armar este espectáculo sustitutivo.Proschka reescribió los textos de arias, aires y canciones para hacerlos girar en torno al coronavirus e incluso para burlarse, de paso, de las payasadas del presidente saliente de los Estados Unidos, Donald Trump, cuya figura, gestualidad y estilo de comediante se prestan a las mil maravillas para estas piezas reideras y satíricas (se le va a echar mucho de menos cuando no esté más). No hay que olvidar que la ciudadanía norteamericana lo eligió en 2015 por lo que es. Las bromas caen desenfrenadas sobre el parqué. El fogueado director escénico, a todas luces, es capaz de hurgar a fondo la historia de la música con ingenio y contar nuevas historias, todas ellas divertidas.

Jackson y Proschka, con un potencial inagotable de ideas y muy buen ritmo, sitúan la trama en el estudio del canal de televisión NOVA (nombre ficticio). Los dos presentadores titulares del noticiero en el canal 1 están enfermos y deben ser subrogados por dos colegas suyos. El director de la estación decide que el ególatra y divo del programa nocturno de entrevistas en el canal 2, Martin Janz, debe ayudar como co-presentador en las noticias, mientras que la presentadora Regula Sause, quien sustituye al titular del noticiero, debe colaborar en el espacio nocturno. En ambos casos los programas son en vivo.

Las luces parpadean, los practicables giran. Durante las pausas de publicidad y los segmentos grabados, los estudios se cambian rápidamente (escenografía Udo Hesse, también vestuario), por lo que el caos es inevitable y se constituye en una de las fuentes más idóneas para la comedia. Debra Hays hace algunas veces de productora de televisión, otras de joven (y estúpida) animadora de los nefastos partys-après-ski de Ischgl (Austria) donde se contagiaron centenares de personas a comienzos de año con el coronavirus y propagaron las infecciones por Alemania y Austria, entre otros países.

La actriz y cantante estadounidense suspira Fever, de John Davenport y Eddie Cooley, acompañada por el solo de contrabajo de Preiser. Más tarde parodia a Marlene Dietrich con acento francés en Ich hab im Schrank noch etwas Chloroquin (con la melodía de Ich hab noch ein Koffer in Berlin), para escarnio del ignorante Trump que recomienda a los infectados tratarse el COVID con detergentes clorados. Jonny, de Friedrich Hollaender, se convierte en la voz de Hays en un lujuroso y anhelante arrullo hacia un hombre enmascarado en forma de manequí.

Gabriela Kuhn está deliciosa en sus papeles de presentadora del noticiero, madre de cuatro niños, melosa hada, corajuda militante en la lucha contra la pandemia, así como de canciller Angela Merkel, y de otra imbécil animadora de Ischgl, mientras Preiser hace volar fogonazos y centellas desde el piano.

Merkel habla ante las cámaras después de haber acordado las medidas de confinamiento por la pandemia con los primeros ministros de los 16 estados federados alemanes (Bundesländer). Pero después llama por telefonillo a su marido y en esa conversación dice todo lo que realmente piensa y calló antes oficialmente, sin percatarse de que las cámaras seguían captándola.

Se trata de un fallo de esos que todavía no le han ocurrido a la jefa de gobierno alemana, muy inclinada a dirigir a camarógrafos y reporteros de la televisión cuando se trata de posar de la mejor manera (tal como ella quiere) durante las conferencias de prensa.

Dicho sea al margen, y esto no es chiste, cuida mucho su imagen y, por ejemplo, nunca o raramente las cámaras toman un primer plano de sus manos, ya que desde hace tiempo tiene el hábito compulsivo de la onicofagia que trata de ocultar o disimular de la mejor manera posible.

Heinrich y Wippich se entrecruzan excelentemente en sus respectivos roles protagonistas. Éste último es el que además del peluquero Raoul Ruffini (quien canta a las mil maravillas Platz dem Factotum - Largo al factotum della cittá, del Barbero de Sevilla, de Gioachino Rossini) encarna asimismo al golfista Trump, fascinando a la platea con sus guasadas. Igual que lo hace el despótico tuitero, autor de noticias falsas (fake news) e inquilino saliente (por desahucio) de la Casa Blanca con sus alelados acólitos.

Son innegables las cualidades completamente vacías de contenido que posee Trump como entertainer, showman, cómico, clown o circus performer. Hay que reconocerlo, son papeles que ha venido cumpliendo tan bien en estos últimos cuatro años, como ningún otro mandatario estadounidense en la historia de ese país. Está vergonzosamente impagable, por ejemplo, en el rol de Nerón, cuando pregunta a la chusma qué hacer con el inmunólogo Anthoy Fauci, una eminencia mundial en su campo, y la plebe enardecida le responde fire Fauci, fire Fauci, fire Fauci! ¡Es inolvidable verlo disfrutar en sus diabólicos devaneos y en su delirio, sin pensar por un instante en que el bumerán se le puede venir encima!

La melodía de Guantanamera, en la versión de Pete Seeger, se convierte en la canción humorística Máscaras de protección respiratoria, interpretada por Wippich en esta revista. La historia del Santo Grial, con las notas de In fernem Land, de Lohengrin, de Richard Wagner, suena inquietantemente hermosa en la voz de Markus Heinrich con texto de Proschka sobre teorías conspirativas en tiempos del coronavirus; lo mejor de lo mejor en esta velada.

Heinrich, por su parte, se destaca además como el virólogo Dennis Vorsten (parodiando a uno de los más destacados consejeros científicos del gobierno alemán en estos momentos) o al mitólogo de teorías conspirativas, Punttila Wildmann, uno de esos personajes que lamentablemente proliferan en estos días de confusión e incertidumbre entre un público escéptico, desinformado e influenciable.

El resultado es una tarde para reírse del COVID-19 a mandíbula batiente, no demasiado profunda ni demasiado exagerada, con tonterías muy bien arregladas, en la que durante hora y media se pueden dejar fuera del teatro las realidades cotidianas que a todos nos afligen.

Orden de los temas musicales (textos reescritos)

1. Alle maskiert!, de Eine Nacht in Venedig, de Johann Strauß

2. Fieber - Fever, de John Davenport y Eddie Cooper

3. Corona BavariePatrona Bavariae, del Original Naabtal Dúo

4. Jonny, de Friedrich Hollaender

5. Ich sitze im Daheim-Büro - I am the very model of a modern Major General, de Pirates of Penzance, de William Gilbert & Arthur Sullivan

6. Veronika, es ist schon März Veronika der Lenz ist da, de los Comedian Harmonists

7. Wir haben eine Krise - Je suis grise, de La Périchole, de Jacques Offenbach

8. Platz dem Factotum - Largo al factotum della cittá, de El barbero de Sevilla, de Gioachino Rossini

9. Um unseren Urlaub zu geniessenUm einst Alkmenen zu betören, de Orfeo en los infiernos, de Jacques Offenbach

10. Weil ich mich für dich interessiereSchenk mir doch ein kleines Bisschen Liebe, de Frau Luna, de Paul Lincke

11.  Ich hab im Schrank noch etwas ChloroquinIch hab noch einen Koffer in Berlin, de Hildegard Knef

12.  Als es noch keine Pandemie gabAls ich no Prinz war von Arkadien, de Orfeo en los infiernos, de Jacques Offenbach

13.  Meine HerrenMadamina, de Don Giovanni, de Wolfgang Amadé Mozart

14.  AtemschutzmaskenGuantanamera, de Pete Seeger

15.  In fernem Land, de Lohengrin, de Richard Wagner

16.  Hurra, hurra, Corona ist bald wieder da! - Hurra, hurra, der Pumukl ist bald wieder da!, de Howard Carpendale

17.  Reprise Alle maskiert!, de Una noche en Venecia, de Johann Strauß

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