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Abrupto final del Life Victoria 2020

Jorge Binaghi

lunes, 16 de noviembre de 2020
Barcelona, lunes, 26 de octubre de 2020. Recinto modernista del Hospital de Sant Pau. Eric Varas (piano): obras de Brahms y Liszt. Winterreise  de Franz Schubert: Samuel Hasselhorn (barítono) y Ammiel Bushakevitz (piano). Festival Life Victoria 2020
Samuel Hasselhorn © 2020 by S. Hasselhorn

Faltaban, para finalizar un programa como siempre denso y variado, quizás un punto más corto este año por la situación que se vive, otras dos versiones de Winterreise, el memorable ciclo de Schubert. La Fundación y el Life se disculpaban así de no haberlo programado nunca hasta ahora con cuatro versiones distintas, tres en dos semanas (barítono, soprano y contratenor) y una cuarta más adelante, que tal vez se salve (tenor). Pues con esta sola nos hemos quedado ya que será difícil recuperar al menos una de las dos que han debido cancelarse, y con ella llegó un final precipitado que por el momento parecía hacer que, por ayuda de los dioses, prácticamente se pudieran realizar todos los conciertos anunciados con algún cambio o modificación.

Para la primera parte habitual tuvimos sólo el piano de Varas, un músico joven y notable que se desempeña igualmente bien como acompañante y solista y, si mis recuerdos son buenos, estudia o estudiaba también dirección de orquesta en Viena (vaya lugar para recordar hoy).

Su recital se dedicó a piezas más bien breves de Brahms, aparte de las Variaciones sobre un tema de Schumann op 9. Se trataba de tres piezas para piano del op.76, la Romanza (nº 5 del op.118) y el Capriccio (nº 7 del op.116). Todo fue pulcro, bien articulado y muy sentido. Al agradecer los aplausos el pianista, ya conmovido, añadió la paráfrasis de Liszt sobre el Tristán wagneriano que dijo admirar en modo extremo (y se notó, tanto en la gestualidad como en el apasionamiento de la ejecución -en algunos momentos 'forte’, no sé si por la acústica o qué el sonido pareció demasiado fuerte y algo borroso).

Después vino el debut de Hasselhorn y el joven Bushakevitz que reemplazó a Malcom Martineau, quien tuvo que respetar las directivas sobre cuarentena en el Reino Unido.

Viaje de invierno son palabras mayores en el repertorio de cámara y, para mí, una de las contribuciones mayúsculas no sólo -desde luego- a la música vocal de cámara sino al conjunto de obras que ayudan a creer que nuestra especie algo de bueno ha hecho (aunque hoy uno sienta dudas más que legítimas). Así me lo pareció muy joven en mi primer encuentro en vivo con la obra total (1966, Teatro Colón de Buenos Aires, última actuación del inmenso Hans Hotter en la Argentina -nadie lo sabía, no sé si él) y así me lo sigue pareciendo hoy después de muchas versiones de todos los niveles y sólo una (muy distinta) que me llevó a los niveles de emoción de entonces cuando no sabía nada de alemán y muy poco de lied -no es que ahora sepa mucho más con el tiempo que ha pasado.

En realidad, es una obra tan grande que uno puede entenderla ya al principio de su juventud como ahora en el ocaso, con la ‘sabiduría’ o ‘ignorancia’ que da el lapso pasado. ‘Hoy’ es aún más estremecedora que ‘ayer’ o ‘anteayer’, y sin duda todas esas interpretaciones, consideradas mejores o no tanto , han ido añadiendo su sedimento a la forma en que el oyente hoy se enfrenta con algo tan monumental como sencillo, como es la obra y la figura de su extraordinario autor. 

Que dos jóvenes intérpretes puedan hoy ya hacerlo de este modo me exime casi de crítica, aunque si el pianista estuvo muy bien la sorpresa -positiva- mayor vino del cantante (que la haya cantado ya en el Musikverein vienés puede ayudar a hacerse una idea, si hoy eso significa lo mismo que antes, porque en la famosa sala de conciertos no sólo actúan los mejores).

No sé si por tradición (no siempre por edad de los intérpretes) se tiene la tendencia a ver a este caminante no tanto como mayor de edad sino como un hombre de cualquier edad con una experiencia terrible de la vida y del amor. Ya he dicho la palabrita. Ya sé que cada vez más todos los cantantes se atreven con todo, y claro que entiendo a todos los que quieren medirse con esta obra. Pero para mí claramente se trata de algo para barítono, más claro o más oscuro. Tal vez la de algún bajo, pero ya con limitaciones. De las versiones femeninas sólo me ha interesado alguna vez (por la intérprete) la de la voz de mezzo. Menos me gustan la de los tenores (aunque algunas hay, y hoy Kaufmann puede ser un buen ejemplo). Y no les voy a negar a los contratenores el placer (si de placer se trata) de cantar el ciclo, pero si ya me producen reparos en Mozart y Rossini salvo algún rol aislado (y de ópera se trata), todos los que he escuchado (y entre ellos incluyo a los mejores que he escuchado como Mehta o Daniels), no en esto, me parecen más que inadecuados cuando se trata de repertorio del romanticismo o de comienzos del siglo XX (está claro que cuando se ha vuelto a escribir para este tipo de voz las objeciones desaparecen, pero creo que habría tener presentes que los compositores de esos años o siglos no tenían para nada en su mente este tipo de voz aunque admitieran las otras). O sea que para mí, de las cuatro programadas, esta era la más -por no decir la única- interesante.

Y lo que me sorprendió de Hasselhorn fue la vitalidad (seguramente ligada a su edad) con que lo interpretó. Es cierto que por momentos fue ‘desesperada’ como era, por ejemplo, la de Pasolini (perdón por traer esta comparación ‘improbable’, pero digo lo que pienso y siento -en este caso en el orden inverso), pero en otros era claramente exaltada, exultante y/o desafiante. Y el efecto que produjo (no sólo en mí) fue enorme: del silencio durante la ejecución al aplauso cerrado e incluso algunos ‘bravos’ al terminar. Yo extrañamente no me sumé a esos gritos de emoción más que de satisfacción porque, como siempre, estaba anonadado por texto y música.

¿Tengo que decir realmente que se trata de una bella voz, bien timbrada y homogénea, bien impostada, sin problema alguno y hasta con una facilidad asombrosa (iba a decir ‘insultante’, pero eso sólo reflejaría el punto de vista de mi edad) para cambiar de expresión? Y, como sucede con los intérpretes que hacen historia (con todos los respetos por los que siguen caminos interpretativos de altos vuelos, pero ya trazados, que también tienen su razón de ser), muy muy personal (propongo en particular los números 4, 5, 8, 9, 13 y 22 del video que incluyo y que no presenta -pese al título- la intervención de Varas, lamentablemente). 

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