España - Madrid

Beethoven, fin de fiesta navideña

Germán García Tomás
jueves, 31 de diciembre de 2020
Eduardo Fernández © 2018 by Fundación Baluarte Eduardo Fernández © 2018 by Fundación Baluarte
Madrid, lunes, 21 de diciembre de 2020. Auditorio Nacional de Música (Sala Sinfónica). Eduardo Fernández (piano), Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid. Víctor Pablo Pérez (director). Monográfico Beethoven: Concierto para piano y orquesta nº 5 en mi bemol mayor op. 73 “Emperador”, Cristo en el Monte de los Olivos (coro final), Fantasía para piano, coro y orquesta en do menor op. 80. Ocupación: 60%.
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Con este último concierto del año, la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid han rendido homenaje a Ludwig van Beethoven en el año en el que se culmina su 250 aniversario y han aprovechado a la vez para felicitar la Navidad al público de la capital. 

Al frente de los conjuntos madrileños se ha puesto al frente de nuevo su aún titular Víctor Pablo Pérez (conocíamos recientemente el nombramiento de la polaca Marzena Diakun para agosto de 2021), y el solista invitado ha sido el joven pianista Eduardo Fernández, cuyo protagonismo fue muy destacado.

Hay que reconocer que no podía haber habido sorpresa más grata que la propina conjunta final, una composición del gallego Juan Durán intitulada Merry Christmas BTHVN que combina con una originalidad y una creatividad pasmosas diversos temas beethovenianos con algunos de los no menos populares villancicos. 

Lo curioso es que todo parecía apuntar que al acabar el concierto Fernández iba a ofrecer en solitario la bagatela Para Elisa cuando apreciamos que la orquesta y el coro se le unen en contrapunto con la melodía de Jingle Bells, y a partir de ahí las fusiones se suceden en un magistral tratamiento de las superposiciones y las transiciones, hasta culminar con la Oda a la Alegría de la Novena fusionada con Adeste fideles y que rubricó la espontánea felicitación navideña de los profesores al público.

Pieza enlazada

La cita había comenzado con el Concierto “Emperador”, en una lectura que podríamos calificar de ciertamente heterodoxa, pues Eduardo Fernández se alejó de todo virtuosismo y efectismo gratuito, como ya anticipaban las frases de la cadencia inicial, que fueron ejecutadas con nítida precisión. 

Víctor Pablo, dirigiendo sin batuta como es su costumbre, imprimió ritmo y vitalidad al discurso de la orquesta, flexible, marcial, ben marcato, cuyo compacto sonido se plegó al pianista en un general entendimiento. Fernández primó el toque delicado y diáfano de sonoridades etéreas a la grandilocuencia y la pirotecnia tan asociada a estas obras de carácter épico de Beethoven, algo que potenció la sonoridad transparente de la formación madrileña, que distinguió la variedad de planos en el primer movimiento. 

Fue realmente con enorme y exquisita ligereza la forma en que abordó el solista ciertos pasajes, como los misteriosos acordes que llevan a la majestuosa irrupción de la reexposición, aunque por breves instantes las notas del piano perdieron su igualdad con la orquesta. En el Adagio un poco mosso, Fernández desgranó el tema de forma susurrada como si de un nocturno chopiniano se tratase, con una respuesta orquestal en la que Víctor Pablo siguió primando lo staccato. Óptima alternancia de tutti y piano en el Rondó final, que coronó una muy digna interpretación.

Las voces del enmascarado y separado coro, reducido pero suficiente en número (contamos 24) brindaron un correcto empaste en el número final, una especie de Te Deum o exultante canto de acción de gracias que acusa no poca influencia haydniana, del oratorio Cristo en el Monte de los Olivos, esa rara avis sacra del músico alemán que pide una oportunidad en las salas de concierto para ser rescatada íntegramente. 

La siguiente obra, la Fantasía Coral, famoso “ensayo” del cuarto movimiento de la Novena Sinfonía y partitura bastante infrecuente en los programas quizá por su inclasificable género y su naturaleza híbrida entre pieza concertante y coral, se sostuvo excelentemente desde la sensacional introducción pianística, que Fernández abordó con aplomo y mayor garra en la digitación y el volumen instrumental que en el concierto precedente, abriendo paso a una bien trabada disección de Víctor Pablo a través de todos los atriles que se reparten la irresistible melodía, remembranza inequívoca de aquel himno universal a la concordia y que aquí versiona el coro en una loa al propio Arte. 

Buen trabajo de los miembros solistas de la coral madrileña: las sopranos Sandra Cotarelo y Anabel Aldalur, la contralto Paz Martínez, los tenores Fran Braojos y Karim Farham y el bajo David Rubiera, que se unieron a sus compañeros en excelente conjunción. Afortunado tributo al genio de Bonn el que ha planteado la ORCAM con el que prácticamente despedimos su año escaso de conmemoraciones por los estragos de la pandemia. Brindemos por muchos más en el entrante. Y Feliz Navidad.

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