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Perspectivas sobre Donald Trump

Sorprendería que Trump se retirara sin intentar su golpe de estado fascista con su ejército en las sombras

Juan Carlos Tellechea
martes, 19 de enero de 2021
Den Himmel zum Sprechen bringen © 2020 by Suhrkamp Den Himmel zum Sprechen bringen © 2020 by Suhrkamp
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Los desvíos son las rutas más directas hacia el centro, afirma el destacado filósofo alemán Peter Sloterdijk, a quien no le sorprende que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, haya incitado a una insurrección fascista antes de dejar la Casa Blanca ni que sus más leales seguidores se radicalicen y busquen, al igual que él, nuevas vías y formas ilegales de movilización en el mundo digital y provocar una revuelta en todo el país con su ejército en las sombras.

No solo las plataformas de comunicación social se apartan de los extremistas de derecha (algo cuestionable jurídicamente en materia de libertad de expresión en una democracia), también el Deutsche Bank no quiere saber más de negocios y se distancia de su endeudado cliente Trump, cuya cuenta está desde hace bastante tiempo en números rojos (más de 340 millones de dólares, a fondo perdido).

En su nuevo libro Den Himmel zum Sprechen bringen (Hacer hablar al cielo)*, publicado por la editorial Suhrkamp, de Berlín, Sloterdijk sostiene que 

lo irracional quiere crear símbolos tangibles en los que se manifieste (…), y (...) Trump, es un cínico consumado que instrumentaliza cualquier símbolo para adaptarlo a su presentación ególatra (verbigracia la Biblia)

por no mencionar que los evangélicos han metido siempre la mano en la Casa Blanca desde los tiempos del predicador Billy Graham.

Para el filósofo y catedrático emérito de la Universidad de Diseño, de Karlsruhe, el ataque al Capitolio, con un saldo de cuatro muertos y decenas de heridos, 

no es un punto de inflexión para las democracias occidentales, pero sí un incidente que dio el salto desde lo fantástico a lo calculado

Para no pocos latinoamericanos, este es el pago a la miseria de la política estadounidense en general y Trump uno de sus productos. O como dijera el presidente Franklin D. Rossevelt en 1939 para referirse al dictador nicaragüense Anastasio “Tacho“ Somoza que venía de visita a Washington: “es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta“.

El por qué de nuestra ceguera

El nuevo libro de Sloterdijk podría recomendársele a cualquiera que carezca de respuestas para muchas cuestiones inexplicables, como por qué la religión sigue con nosotros, tanto en la vida pública como privada, mucho tiempo después de la muerte de Dios; si bien su mismo autor tiene que reconocer que el ser humano, por esencia, necesita siempre creer en algo material, inmaterial o espiritual (para responderse por qué y para qué está en este planeta).

El estudio de los dispositivos estilísticos poéticos que utilizan las religiones en sus narraciones requiere una reevaluación que deja atrás las tesis de Karl Marx. Los elementos reunidos por Sloterdij en su crítica llegan al núcleo de las brasas del presente, en el que los hechos, las fábulas y los hechos alternativos se pelean entre sí. Trump no hace más que seguir los consejos del tenebroso ministro de Propaganda de Adolf Hitler, Joseph Goebbels:

cuando se cuenta una gran mentira y se la repite con suficiente frecuencia la gente finalmente la creerá

Y así está ocurriendo.

Por su parte, y ante este complicado estado de cosas, el político, economista, compositor musical y polímata Jacques Attali advertía recientemente: 

si la Unión Europea no es capaz de dotarse de los medios de un verdadero Estado, con un ejército y con una política de investigación, innovación e industria con los que desarrollar los sectores económicos de la vida, se dejará dominar, política y económicamente, por fuerzas mayores, las de Estados Unidos y China y sus grandes empresas.

Pero volviendo a los incidentes del 6 de enero en el Capitolio, se sabe ya desde hace mucho tiempo que hay movimientos muy anti-Washington en los Estados Unidos y que los impulsos vienen de los estados individuales que cuestionan la estructura federal. No hay que olvidar que la realidad política de los Estados Unidos es más propia de los estados que de la capital. Por eso no sería de extrañar que se susciten muchos más incidentes graves en el futuro próximo en ese país, sobre los que han alertado ya el FBI y los servicios secretos internos norteamericanos. También peligrosos y solitarios  "chacales" andan sueltos.

El bastión de Florida tampoco es un milagro

La explicación es muy simple. Los estados de América se formaron antes que la nación, la mayoría de ellos sólo fueron incluidos gradualmente en la nación americana. Cuanto más al oeste y al sur están esos estados, más fuerte es la necesidad de independencia que se siente en ellos. Desde la perspectiva del psicohistoriador, no es ni mucho menos una coincidencia que el movimiento profundamente anti-político de Donald Trump tenga su bastión en Florida, afirma Sloterdijk. Aquí, donde va a residir el perturbado ex presidente en el futuro, es el Sur más profundo, donde las plantaciones interiores, entre ellas las de cítricos, todavía están en funcionamiento, donde las conexiones con la América puritana del Norte todavía no se han completado.

Para Sloterdijk, formado en las universidades de Múnich y de Hamburgo, y discípulo entre 1978 y 1980 en el áshram (monasterio) de Bhagwan Shree Rajneesh (más tarde Osho) en Pune (India), el asedio y el asalto al Capitolio no fueron hechos inesperados. ¡Lo contrario me habría sorprendido: si Trump hubiera dejado el cargo sin hacer ningún gesto golpista!, agrega. La intentona de Trump, perfectamente tramada y planeada, es a todas luces una afrenta aún mayor al orden constitucional.

Si hubieran sido negros o izquierdistas habría habido una matanza

Lo que llama la atención de la operación es que las autoridades locales no clasificaran a los atacantes como revolucionarios, terroristas o rebeldes que hubiera habido que tomar en serio, de lo contrario habrían abierto fuego. Aparentemente pensaron que todo era un gran espectáculo de payasos. Los activistas se beneficiaron de un indulto al no ser tomados en serio. Este es el punto: si hubieran sido atacantes de izquierda o negros, hoy estaríamos debatiendo sobre la gran cantidad de muertos y heridos que se habría registrado.

La decisión de adoptar un procedimiento de destitución contra un presidente que de todos modos tiene que entregar su cargo en unos días tiene poca utilidad práctica, si bien le impediría asumir cargos públicos en el futuro y presentar una nueva candidatura a la presidencia en 2024. El veredicto en el Senado solo llegaría después de su salida de la Casa Blanca. Tomaría asimismo mucho tiempo y energía para el nuevo presidente demócrata Joe Biden y el Congreso liderado por su partido; tiempo y energía que les harán falta para encarar las cuestiones políticas verdaderamente prioritarias que tienen por delante, entre ellas la lucha contra la pandemia.

No hay alternativa a la democracia

Si bien lo sucedido pudiera servir de lección a las democracias occidentales, éstas no tienen alternativas plausibles. 

Otras formas no son realistas para nosotros. Otro mundo es posible, sin duda, pero por ahora solo como algo peor. ¡No se puede vivir en una revuelta permanente! Las instituciones requieren estructuras que sean resistentes a largo plazo, y esas estructuras no pueden ser creadas por una multitud inquieta.

A este respecto, la palabra alternativa se utiliza en la mayoría de los casos de forma totalmente incorrecta, lo que por cierto también se aplica en el caso del partido ultraderechista y neonazi alemán que usa el término en su nombre (Alternative für Deutschland). El partido tiene el carácter de un movimiento parásito de las instituciones existentes que no puede desempeñar ningún papel en la creación de instituciones útiles.

Ignorarlos o bajar su presión con válvulas de seguridad

La cuestión que se plantea entonces sería la de cómo enfrentar a estos grupos subversivos, extremistas, conspiranoicos, QAnon, racistas, antisemitas, xenófobos, extremistas de derecha y nazis. Ignorarlos no sería lo adecuado. Pero sí establecer funciones de válvulas de seguridad; en cada sociedad es importante tener estos sistemas para poder liberar la sobrepresión irracional. Esto solía aplicarse en celebraciones motivadas por la religión o en los carnavales. Así era posible capturar parte de la dimensión irracional de la política en los códigos religiosos.

Hacer que hable el cielo

Uno de los hechos de nuestra civilización que sería difícil de esclarecer a supuestos visitantes extraterrestres sería el de que nuestras universidades todavía tienen facultades de teología, además de las de filosofía, ciencias, lenguaje y medicina. Pero, por qué no de alquimia, de otras tradiciones mitológicas como la de los dragones o de astrología, se preguntarían los visitantes, a quienes también les resultaría muy extraño que en tantos países, bajo la presión de la pandemia, los teatros y salas de concierto estén cerrados mientras que las iglesias permanecen abiertas.

La llamada profundidad del discurso religioso, que rara vez deja de tener efecto incluso entre los ateos, no es, según el análisis de Sloterdijk, más que una característica de ciertos juegos del lenguaje. Los llama "teopoéticos", y con ello se refiere a cierto tono de poesía autorreferencial enriquecida con citas - a la que inmediatamente se le atribuye resonancia metafísica, sobre todo porque los seres humanos 

nos hemos enseñado a hacerlo desde la antigüedad: Siempre que quería hacer hablar al cielo, el Hombre hablaba de esta manera.

Dios y el Hombre

Esto incluye el intento de hacer visible a Dios de alguna forma y de que se manifieste. 

Por cierto. Lo irracional quiere crear símbolos tangibles en los que se manifieste. Visto de esta manera, la historia humana puede ser interpretada como una gigantesca suma de intentos de transformar lo no dicho en lo dicho y de atribuir los fenómenos perceptibles a lo invisible

sostiene el académico, para quien su escritura no podría concebirse sin la experiencia transformadora e irreversible que tuvo en la India.

La dimensión poética implica la libertad de dejar de lado la cuestión de la existencia del más allá. La tesis de la realidad es absorbida por la poesía. Mientras se rece por ello, lo que se reza existe. Y mientras se celebren los cultos, los participantes del culto en juego están en el polo superior como dioses y en el inferior como creyentes.

El Jesús histórico

En este sentido Jesús -quien también pudo haber estado en la India durante todo ese tiempo del que se desconocen detalles de su vida, como después de su crucifixión- proporcionó una especie de esbozo de texto para el trabajo poético de los evangelistas. Más aún. Ha proporcionado un programa de entrenamiento para la gente que quiere creer que vivió una vida digna de ser imitada.

La idea de "imitatio Christi" se basa en decisiones básicas muy desafiantes: Uno ve a un joven, que falleció a los 34 años de edad, como Señor, Maestro y Ejemplo. Los dioses son entrenadores con los que un grupo de seguidores trabaja para poner sus vidas en forma ritual, y el mundo está lleno de tales grupos de entrenamiento, sostiene.

Bajo vigilancia

Sloterdijk afirma que el creyente está bajo observación permanente. Se entrena siempre bajo la mirada del entrenador. Por supuesto, es diferente si entrena con Wotan, con Buda o con Cristo. Las enseñanzas de los maestros dan como resultado programas de entrenamiento y conceptos de observación completamente diferentes. En consecuencia, las historias educativas de los discípulos resultan ser diversas; aunque el entrenador del cristianismo es una figura paternal. El creyente incluso puede tutearlo como en el Padre Nuestro.

Es notable que el cristianismo haya logrado concebir a Dios de tal manera que se hace íntimo y también sabe cómo dirigirse al niño en el Hombre -y por otra parte puede ser altamente mayestático y elevarse a la competencia de lo cósmico, según el predicado de "Creador". Este rango entre la intimidad y la majestad es uno de los logros especiales de la imagen cristiana de Dios.

El cinismo consumado de Trump

Interesante resulta también ver a quién atraen los programas de formación con la perspectiva de tales conclusiones finales. Probablemente a las mentes más atentas o a la gente en formas sociales pre-individualistas que tienden a los cultos confesionales; como algunos grupos de la población de los Estados Unidos de América. Tales cultos florecen más que nunca en las clases bajas norteamericanas y en las capas más pobres de América Latina. En ellas, las confesiones representan algo así como un seguro de vida metafísico. Las personas bien aseguradas de Europa Occidental se han vuelto extrañas a estas expresiones religiosas.

A uno le asalta la pregunta de si Trump habría tenido en mente a los que carecen de seguro de vida metafísico cuando posó sosteniendo una Biblia para dejarse fotografiar frente a una iglesia evangélica en Washington. 

Estoy seguro. Trump es un cínico consumado, adicto a instrumentalizar cada símbolo para adaptarlo a su presentación ególatra. ¿Por qué no una Biblia? Por no mencionar el hecho de que los evangélicos han estado metiendo las manos en la Casa Blanca desde los días del “beato“ Billy Graham.

Él también cree en algo aunque quiera negarlo

Peter Sloterdijk, «Du mußt dein Leben ändern». © 2012 by Du mußt dein Leben ändern.Peter Sloterdijk, «Du mußt dein Leben ändern». © 2012 by Du mußt dein Leben ändern.

La comprensión de Sloterdijk de todo lo que la religión hace para atraerse a sí misma es despiadada, pero no carece de simpatía. Rastrea el fenómeno en una serie de investigaciones elegantemente interconectadas que se remontan a sus primeras manifestaciones en los dioses supremos del teatro griego y al presente. Cómo llegaron a existir los sistemas sagrados de pensamiento menos plausibles, por qué algunos de ellos prevalecieron y otros no; cómo es posible

que de escritos de evidente carácter de cita y compilación, así como de carácter figurativo abiertamente poético, surgidos de la incorporación de poesía anterior y actualizados en recreaciones performativas de liturgias más antiguas, puedan surgir absolutos formadores de sociedades, determinantes de la civilización y formadores de almas, que logren hacer invisible su carácter poético, ficticio o mítico.

Como corresponde a una cuestión tan compleja, "Hacer hablar al cielo" no esboza una simple teoría social de la religión. Más bien, el libro abarca una red de pensamiento entre el antiguo Egipto, donde se inventó el fenómeno de la observación constante de un solo, y único, individuo (a saber, el faraón) por los cielos, la antigüedad tardía con sus creaciones de lenguaje "teopoético" en el drama y la prosa, el furor conquistador monoteísta del Islam, así como el protestantismo y su "fe en la gramática" - siempre marcada por la claridad, la ironía y la alegría creativa del gran estilista.

Aunque sus obras encajan entre sí, lo hacen de forma bastante orgánica: Un libro central es probablemente Du musst dein Leben ändern (Tienes que cambiar tu vida)*, publicado en 2009, en el que Sloterdijk desarrolla una teoría de la praxis y define al Hombre como un ser que se entrena a sí mismo hacia una meta que siempre es inicialmente imposible.

Qué es un creyente

En este contexto, también se pueden entender sus reflexiones sobre la religión: El creyente es aquel que se percibe a sí mismo como plenamente percibido y dirige su conducta en consecuencia en la práctica constante. Aquí es también donde reside la dimensión creadora de moralidad del sentimiento religioso por el mundo: las personas observadas se comportan más decentemente que las no observadas.

El punto de vista de Sloterdijk es de una gran visión general, pero repetidamente golpea las líneas de fuerza desde el inesperado enfoque en los detalles: 

Incluso cuando se reveló singularmente en el modo de convertirse en Hombre, [Dios] traicionó las inclinaciones orientadoras; Belén y su (estrella) cometa son quintaesencialmente orientales en términos religioso-geográficos. Dios no podría, solo por razones cronológicas, haberse hecho hombre en Husum o Reykjavik

Para aquellos que les gusta analizar el humor, notar que lo más gracioso de esta frase no son los dos nombres de ciudades nórdicas, sino el "solo por razones cronológicas" que los precede con el ligero toque de su pluma.

Pero el hecho de que con toda probabilidad Dios no existe en absoluto en todo esto y que cada revelación es en última instancia una creación humana, Sloterdijk no tiene nada que explicar específicamente en ese sentido, a diferencia del profesor e ilustrado divulgador científico Richard Dawkins. Eso es evidente entre la gente razonable para la que el filósofo, también creyente en algo más o menos difuso, escribe sus libros.

Creer en un gurú

Como se siente tan libre de cualquier tendencia a ser un maestro de pueblo, Sloterdijk también puede permitirse el lujo de mirar el atractivo del discurso religioso no con un frío ojo analítico, sino con empatía:

El ofensivo 'monoteísmo', ya sea el antiguo iraní, judío, cristiano o islámico en código, [. .] habló, especialmente cuando llamó a Dios el Misericordioso, sobre todo a los condenados de esta tierra y a los que agonizan por la herida nunca curada de los no amados.

Para ellos se aplica el dictado de Karl Marx , según el cual la religión es la mente de un mundo sin corazón. Marx cautivó a los cansados y a los agobiados tan pronto como comprendieron: 

la fe significa que se les permite sentir una oportunidad a pesar de todo en un mundo sin compasión y sin hermanos, condenado a la ruina.

Una y otra vez el lector evoca, más por la actitud que por el tono, al famoso maestro de Sloterdijk: Chandra Mohan Jain, quien se llamaba a sí mismo Bhagwan Shree Rajneesh y más tarde Osho. El joven Sloterdijk visitó el áshram de Bhagwan en Pune, y después vistió el manto naranja del sanyasi por un tiempo. Pero sigue siendo un creyente, como cualquier ser humano.

Su alegato

Quien ahora perciba a Bhagwan/Osho no solo como el fundador de una posterior comunidad sectaria disfuncional, sino que además lea sus conferencias o incluso escuche las chispeantes y enigmáticas entrevistas de este hombre, percibirá un lejano eco de su alegría antimetafísica, su aguda ironía e incluso su amor por la paradoja en el último libro sobre religión de su discípulo alemán, quien lo ha superado ya hasta convertirse en uno de los pensadores más importantes de nuestro tiempo. Si Sloterdijk no le hubiera concedido ya a Osho el título de "Wittgenstein (pensador loado por los Rosacruces) de la religión", el filósofo germano se lo habría concedido a sí mismo con mucho gusto después de este trabajo.

El libro termina con una alegato, no por la abolición, sino por la 

sorprendente, edificante y escandalosa inutilidad de la religión en la sociedad secular. Lo que queda de las religiones históricas son escrituras, gestos, mundos sonoros que todavía ayudan ocasionalmente a los individuos de nuestros días a relacionarse con la vergüenza de su existencia única con fórmulas suspendidas. El resto es apego, acompañado por el deseo de participar.

Nada hay que añadir a esta fórmula por excelencia, excepto quizás que un estado de conciencia que pueda producir tal libro -tan sereno, tan amigable hacia los estados de ánimo que reconoce como superados- es quizás realmente la última etapa en el largo camino de la iluminación: no la lucha contra la religión, como la que Voltaire y Denis Diderot tenían todavía en mente, sino su apreciación burlona y alegre como una reliquia fascinante. Sólo cuando tal cosa es posible, Dios (a imagen y semejanza de los Humanos) está realmente muerto. Y ¡por Dios!, asqueado Él también de oír la hipócrita palabra religión de boca de los Hombres, esa no sería una tan mala noticia.

Notas

1. Peter Sloterdijk, «Den Himmel zum Sprechen bringen - Über Theopoesie», Berlin: Suhrkamp, 2020, 352 Seiten. ISBN: 978-3-518-42933-4

2. Peter Sloterdijk, «Du mußt dein Leben ändern - Über Anthropotechnik», Berlin: Suhrkamp, 2009, 723 Seiten. ISBN: 978-3-518-46349-9

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