Musicología

Músico-lógica iberoamericana para tiempos de Covid-19

David Coifman
martes, 19 de enero de 2021
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a Quino

Introducción

Gracias a Dios (bendito mío), y a las becas obtenidas de las únicas prestigiosas universidades del mundo porque se piensa en inglés (bien lo dijo un sabio: la mejor versión de El Quijote está en inglés), que me han permitido leer traducidos a este hermoso idioma los libros sobre música latinoamericana escritos en Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Guatemala, Uruguay, Paraguay, Perú y Venezuela, es decir, en los marginales territorios de Tierra Firme que formaban el paisaje sonoro de la Nueva España —aunque los mejores libros escritos sobre música latinoamericana, como bien sabemos, han sido publicados en España, Inglaterra y Australia—, puedo ahora decir con orgullo que he descubierto al Bach de los Andes, al Mozart de la Amazonía, al Beethoven del Orinoco y al Chopin de la Atlántida. 

Personaje único porque, como paso a contar de manera inédita a continuación, utilizó de forma magistral el estilo Galante. Y bien sabemos que en la historia musical de nuestra reconocida historiografía no existen más las inútiles diacronías para facilitarle la existencia a quienes ya no necesitan analizar formas ni estilos musicales mal llamados “europeos”, porque descubrimos finalmente que el único estilo de importancia cubre un período geo-histórico llamado Iberoamericano porque es más grande geográficamente que Europa y abarca el tiempo de entre 1700 a 1850. Fechas obviamente ampliables si el compositor de referencia utilizó, por ejemplo, contrapuntos a la Palestrina en sus Misas zamacuecas postcoloniales (excepto en Cuba que, como dictan las que de verdad saben, se utilizaron hasta el color y la talea al estilo galante-napolitano-vienés-francés-español-latinoamericano a un mismo tiempo en todas las obras nacionales pre-independentistas, esto es, desde 1492 hasta 1895).

El único problema fundamental en la escritura de la biografía de este indiscutible niño prodigio latinoamericano se debe a que escribió más de 100 sonatas, más de 500 sinfonías, más de 700 cuartetos, más de 800 canciones nacionales en sus muy escasos 35 años de vida musical ¡idéntico a Mozart! de sus 60 y pico años de existencia. Si bien de su magnífica obra destacan más de 1.000 canciones patrióticas galantes porque los malditos usurpadores no terminaban de morirse o salir corriendo de nuestro envidiado continente a pesar de que los próceres y libertadores intentaron exterminarlos por traidores a la patria (excepto en Cuba que bien sabemos siempre eran amados per secula seculorum en España, amén).

Todas estas obras las hallé en un baúl del bis-ta-ta-ta-ta-ta-ra-nieto del músico, robadas por una avariciosa prima decimoctava que las quería vender al mejor postor extranjero para no morir de inanición, pero que, ¡Gracias a Dios (bendito mío)!, evité a tiempo comprándoselas por una módica cantidad para el bien de mi universidad privada. Obras que en su época nadie quiso escuchar porque el público disponible eran los obtusos pueblerinos del mísero pueblo donde nació y murió este genio compositor. Público que, por matar el tiempo en reconstruir sus naciones tras las innecesarias guerras de Independencia, no podía saber, como ahora sé yo, y voy a explicárselo a ustedes de manera inédita dado que nadie lo supo tampoco, que este prodigio americano merecía ser reconocido mundialmente como el más importante músico jamás nacido en tierra americana. Razón por la cual he decidido utilizar todos los alcances de la musicología moderna y la globalización digital para reivindicar su merecidísimo honor y debido prestigio continental como el Vivaldi, el Bach, el Rossini y el Beethoven de Iberoamérica. Cabe decir que no lo he podido denominar el Haydn de Latinoamérica, como se merece, porque, como bien es sabido, cada país latinoamericano tiene el suyo. Así que, como este honor ha estado siempre muy reñido en nuestro continente, el seudónimo final se definirá en un duelo de musicólogos nacionalistas interesados en la auto-legitimación de sus mejores propuestas hagiográficas, para no cambiar la norma. Por eso, el nuevo músico de moda que ahora he descubierto será, por siempre, ¡Gracias a Dios (bendito mío)!, el único e irrepetible Mozart de América, porque no solo su nación me toca las fibras del corazón sino también porque los archivos que guardan su música y sus datos biográficos no están sometidos a una dictadura de turno.

Métodos

El pensamiento fuertemente científico de corte empirista de este escrito, ¡Gracias a Dios bendito mío!, proviene como dije de las más prestigiosas universidades de habla inglesa, cuyos profesores me motivaron a buscar, de manera inédita y sin precedentes, la desconocida acta de nacimiento del músico-héroe en cuestión. Mi preocupación era que había hallado en un periódico local que el abuelo del músico tenía 8 hermanos, que 5 habían sobrevivido a la infancia, que solo 3 se habían casado y otros 2 se habían ido a la guerra, y que todos tuvieron muchas amantes, novias y primas, con quienes habían tenido un aproximado de 27 hijos naturales y 23 legítimos, entre quienes se contabilizaban los nacimientos de alrededor de 100 nietos, de los cuales más de la mitad fueron bautizados como “párvulos ilegítimos” de “padres desconocidos” en el siglo XIX. Así fue como reconocí, de inmediato, que uno de ellos era mi músico-prócer latinoamericano. Niños nacidos en pueblos como el que vio nacer a mi Schumann de América donde, como es tradición española, se mezclaban promiscuamente los prestigiosos apellidos europeos, como por ejemplo González-Pérez, Pérez-González, Pérez-Pérez y González-González, y terminaban por ser denominados, lógicamente, por todas estas combinatorias al haber sido criados principalmente por sus abuelas, madres y primas. De aquí que los pueblos deriven su nombre, para el deleite de las feministas modernas, del apreciado apellido de las abuelas, madres y barraganas que los criaron: las gonzaleras, las rodrigueras, las perezuelas, etc. Así fue como pensé, por primera vez de manera inédita gracias a la lógica propia de una mente instruida en la fuerte tradición musicológica inglesa, que un tema tan novedoso e inédito como éste, y de tanto interés histórico para la humanidad, merecía un artículo científico en una importante revista internacional gracias a la subvención de la prestigiosa beca Alien Musicology Research for American First creada especialmente para hallar al compositor mas importante en la historia americana porque su obra se conservó escondida a la espera de que las estúpidas e innecesarias guerras de Independencia acabaran para poder hacerla famosa y debidamente reconocida mundialmente como el más importante de Latinoamérica, objetivo principal de este paper.

Gracias, pues, a Dios (bendito mío) y a las becas americanas bien concedidas de manera inédita a un musicólogo nacido en un país bananero, hallé en una carta que mi Bach de América le había escrito a una prima de la segunda mujer de su tercer hermano, que de los 47 tíos que hubo en total en la familia, y no los 50 que decía el ignorante texto publicado en el rotativo local, solo 20 de ellos habían sobrevivido a la infancia y que todos eran hijos naturales (a otros los llamó hijos de p…, pero aún no he descubierto el significado científico de esta “p”). Algo evidentemente extraño pasaba en esta inédita historia latinoamericana que merecía ser aclarado. Así descubrí, en una carta del tataratío de mi Rossini de América firmada por un tal Melquiades, que escribió a una prima cercana llamada Úrsula, que el verdadero significado de El Dorado no provenía del oro, la plata y las piedras preciosas saqueadas a los naturales en las tiendas de compra de oro ubicadas en una plaza dedicada a honrar al Sol y al grado cero imitando a los aztecas, por el devaluado valor original para ayudarlos a vivir en un país para blancos españoles, como de todo ello informan los canales digitales gracias a los limpios de toda mala sangre, de raza y de credo que integran la Real Presidencia y el Real Congreso de la siempre moderna monarquía parlamentaria española actual. El Dorado era pues, escribió acertadamente este sabio oriundo de Manoa, la música Galante latinoamericana. Y dado que fue Cristóbal Colón el que se había equivocado en la búsqueda de este verdadero tesoro americano, tocó a los musicólogos españoles reiniciar el proceso moral de reparar este grave error histórico-económico con el Re-Descubrimiento musical de América con el erudito estudio de las novedosas hagiografías implantadas por los extranjeros en ese gran bazar de música colonial llamado hoy “¡Viva la Nueva España!” de Méjico —que los naturales insisten en escribir erradamente como “México”—, y que paso a detallar a continuación ¡Gracias a Dios (bendito mío)!

La metodología de estudio aquí aplicada proviene de la hermosa tradición latinoamericana llamada “Guamán Poma de Ayala”, basada en que las barbaridades españoles contra los naturales denunciadas de manera artística quedan todas así completamente justificadas. Se trata, además, de un método inversamente proporcional al utilizado por el líder musical de una nación subdesarrollada que estúpidamente se interesó en convertir el oro amarillo proveniente del oro negro, guardado inútilmente en los bancos americanos, ingleses y suizos (donde, por casualidad, se estudia buena musicología) en algo mucho más útil para el pueblo latinoamericano muerto de hambre. Es decir, utilizarlo para que los niños marginados a la alimentación básica, casi un 80% de la población del territorio en vías de desarrollo a lo europeo, salieran a diario de sus ranchos y chabolas (los nativos de los Andes las llaman “casas” ¡qué absurdo, si no tienen piscinas!), sin baño interior, para que, al menos, comieran tres veces al día, haciendo con la música europea para orquesta lo que les viniera en gana (¡oprobio dijo un inglés!). Lo que nunca supo este imitador de Melquiades es que este no-método musical utilizado (el de convertir el oro amarillo americano guardado en Europa en algo realmente útil para la población marginal latinoamericana) sería del interés de alguien sorprendido (el Otro) de que los niños que venían de sus chabolas a las orquestas, tan acostumbrados a ver a sus padres a hacer el amor (“acto antinatural a ser escondido” se lee en un diccionario etimológico traducido del inglés), propio de la pobreza crítica en las “casas” de los países latinoamericanos, consideró que esta “conducta” traída desde “allí” a temprana edad era una degeneración social de interés mundial y muy inadecuada para definir los métodos educativo-musicales de una orquesta latinoamericana que iba a tocar ante los intachables religiosos del Vaticano y los honorables miembros de la Corona Inglesa. Después de todo, criticar a este no-método utilizado por las orquestas de un país super-subdesarrollado nunca es hablar mal de toda la gente que habita su marginal territorio en vías de desarrollo porque no la identifica, era pues lógico investigarlo y sacarlo a la luz pública internacional para estudiar las raras conductas musicales de estos (in)naturales americanos acerca de la degeneración social en la vida de los países pobres a través del no-método musical orquestal (orquestado socialmente), dando por frutos las excelentes interpretaciones musicales de fama internacional que, por lo mismo, no nos interesó para nada estudiar porque no constituía una fuente de escándalo mundial. Músicos latinoamericanos que, por alguna razón hasta ahora desconocida, nunca logran hacerse ni ricos ni famosos con sus propias riquezas naturales y artísticas como, por ejemplo, con la transcripción de sus partituras coloniales (¡qué inútiles son!). ¡En Europa, en cambio, ya serían como mínimo Consejeros de Estado!

Tal prestigioso descubrimiento del pensamiento científico en inglés, y por lo mismo impensable entre los naturales latinoamericanos de habla disque española, me permitió darme cuenta de que algo semejante se podía llevar a cabo con mi Liszt de América. Así fue como decidí utilizar el dinero bien ganado en el extranjero (como el oro amarillo latinoamericano guardado en las bancas extranjeras) para servir de modelo de musicólogo entre los naturales para que dejen de hacer sus marginales estudios que a nadie interesa porque están escritos en español propio de la pobreza mental en la que viven. Y a pesar de que adquirí, como es debido, el último modelo de ordenador de máxima capacidad, el último modelo digital de cámara, y pagué las viviendas de alto standing más cercanas a los archivos locales, cercanos además a los lujosos restaurantes donde pudiera tener mis merecidas tres, cuatro o hasta cinco comidas diarias, ninguno de los naturales me ha imitado en estos científicos métodos de estudio musicológico (valga preguntar: ¿por qué será que los nativos no quieren prosperar imitando nuestras excelentes metodologías de investigación europeas?). Fue así como, una vez bien acomodado en mi habitación de lujo, es decir, lejos de la criminalidad y la pobreza generalizadas en Latinoamérica, me avoqué a la ardua y muy difícil tarea de investigar la música del pasado de América— donde, por cierto, jamás me iría a vivir ¡Dios me libre! Estoy por todo ello convencido de que mis libros escritos en inglés, que luego serán traducidos debidamente al único español posible, el de España, les ayudará a los nativos a mejorar su lenguaje y sus metodologías de trabajo, para que dejen de usar expresiones como “a pesar de” y las cambien por “pese a”, así como la horrible palabra “costo” por “coste”, “computadora” por “ordenador” y la palabra “carro” del siglo XIX por “coche”, entre tantas otras expresiones obsoletas porque no sirven para nada en nuestra globalización digital española. Así fue como me avoqué a por enseñar y difundir la correcta escritura española a través en mis investigaciones a por el encuentro con la música de mi Beethoven de América.

Estudio

Pese a, y sin duda a pesar de, las 2.000 obras desconocidas de mi Paganini de América, decidí reducir el presente trabajo al estudio de su único Requiem. La razón de este interés se debe a que, como bien saben, gracias al estudio de esta obra recibí el prestigioso premio internacional “Chabola de América”. Difícil premio por la rigurosa aplicación no solo del doble ciego sino también del triple y hasta del cuádruple ciegos (se entiende por triple ciego al proceso de quien lo leyó en español siendo su lengua natural la inglesa; y el cuádruple ciego debido a que lo leyó ya en braille). Proceso particularmente difícil para la tutora de mi tesis doctoral cuando, como integrante del jurado que me otorgó el premio, debió llevarse la enorme desilusión de descubrir que bajo el seudónimo “El musicólogo de América” que identificaba a alguien que escribía casualmente igual que yo, que pensaba casualmente como yo, y que, como yo, tenía transcrita esta obra completa después de llevarnos diez años de trabajo en reconstruirla porque sus partes están desperdigadas por todo el mundo, tema del que hablamos en su casa en los cinco idiomas con el que este anónimo autor escribió su estudio premiado imitando el estilo de mi tesis doctoral (en inglés de Miami, en portugués de los barrios de Brasilia, en griego antiguo de García Bacca, en latín moderno para el uso exclusivo de las escuelas primarias católicas de la Amazonía y el mejor español de Cataluña), pues descubrió, para su enorme sorpresa y la del resto del jurado, que sí, que era yo y no otro el que se camuflaba bajo este difícil seudónimo luego de que me concedieran el premio de manera indiscutible.

El Requiem de Mozart es ciertamente único, y no me refiero al compuesto por el Mozart de América, obviamente. Por eso, no esperen escuchar similitudes entre ambas obras. El Requiem de nuestro Mozart de América es diferente porque está escrito en el siglo XIX. Lo más sorprendente es que lleva incluida además la guitarra milonguera, que el original Mozart jamás utilizó en su orquestación. Aunque ahora no les puedo explicar la razón que me lleva a sorprenderme ante semejante diferencia histórico-sonora cuando ambos utilizaron el estilo Galante, se debe a que fue dedicada a la muerte de Simón Bolívar, el héroe de culto por excelencia de nuestro Continente. Y si Mozart tocó para María Antonieta antes de que le cortaran la cabeza, nuestro Mozart también toco ante este gran Rey también antes de que le cortaran su condición de cabeza pensante en la Gran Colombia. Lo interesante es que la guitarra utilizada por el Mozart de América era de cinco órdenes y no de seis. Este hecho se verificó en todos los instrumentos de cuerda de América después de que Bolívar se reuniera secretamente con San Martín en Guayaquil (para mayor información véase lo que un sabio argentino escribió sobre este particular acontecimiento traducido al inglés por la prestigiosa editorial University Press).

La palabra Requiem, como saben, viene del latín descanso, y no tiene nada que ver con la mala traducción hecha al español como Misa de difuntos. Este género de “descanso” en Latinoamérica, muy celebrado en la Nueva España por los mexicas de Méjico (valga aquí la aclaratoria porque se resisten a escribir mejicas como debe ser en buen español), tema fonético de enorme importancia porque nos ayuda a hablar y escribir mejor en musicología, pero que en Venesuela no se aplica a pesar de que los naturales no saben ni quieren pronunciar bien la “zeta” por la profunda deformación que han hecho de nuestro hermoso idioma. Para mayores aclaratorias, recomiendo que lean a nuestro gramático más internacional, el escritor español Andrés Bello, gracias a los prestigiosos estudios sobre fonética española publicados en España bajo su autoritativo nombre provincial.

En la época de nuestro Mozart de América, el “descanso” era muy utilizado en las iglesias de pueblos porque la mísera gente iba a descansar a ellas de todos los problemas diarios con la excusa de cantarles a sus muertos, a pesar de que los remataban con su horrible voz. Como los cantantes e instrumentistas se iban a la guerra y se morían como carne de cañón dirigidos por Bolívar y por San Martín, estos debían ser sustituidos constantemente, y por eso nuestro Mozart de América compuso solo un “Descanso”, porque a todos (músicos y pueblo) les parecía siempre una obra renovada. ¡Una privilegio musical exclusivo en tiempos de guerra!

En cuanto a la factura, baste decir que el “Descanso” está escrito en el famoso estilo musical Galante resumido por la prestigiosa University Press en su Style como el famoso tema 1, 2, 3…¡cántelo otra vez! Y como nuestro gran compositor fue niño prodigio, si bien debió esperar hasta duplicar la edad del engreído salzburgués para comenzar a componer medianamente bien a los 35 años de edad, no cabe duda alguna que merece ser llamado el Mozart de América. Aclaratoria que hago en caso de que alguna feminista interesada en alguna niña prodigio del piano nacida en Venesuela, pretenciosa amiga de Liszt, Brahms, Grieg, Bülow, etc., pueda pensar que en un continente machista hispánico como el nuestro se le vaya a permitir el honor que solo puede tener mi macho-man Mozart de América. En resumen, quiero dar las Gracias a dios (bendito mío) por haberme dado los conocimientos necesarios y exclusivos para hallar y dar a conocer del único Haydn de América, verdadero prócer de nuestra indiscutible Independencia.


Conclusiones

El Vivaldi, el Bach, el Haydn, el Beethoven, el Rossini, el Chopin, el Schumann, el Liszt de América fue, como he dejado en evidencia, un músico no solo único sino irrepetible en nuestra historia musical iberoamericana. Y ya sabemos que en América ningún pianista, músico y compositor que no sea hombre (porque las mujeres no cuentan) merece este honor porque compuso mucha música Galante que, aunque nadie escuchó en su época, poco importa actualmente para definirlo como se merece como el único Mozart de América. Por eso, es necesario dejar de lado las envidias y tener un obvia objetividad en este estudio, como la que yo ahora ofrezco, para reconocer las semejanzas y no las diferencias con el engreído niño prodigio de Europa. Al fin y al cabo, nuestro héroe compositor supo muy utilizar, como ningún otro niño prodigio, 35 años (¡igual que Mozart, no lo olviden!) de su longeva vida, para cultivar el magnífico estilo Galante iberoamericano, y con esto ya está absolutamente todo dicho acerca de este genio de la música. Les invito, pues, a transcribir y a estudiar las restantes 1.999 obras de mi Mozart de América, siempre y cuando salga publicado debidamente escrito en inglés, para que una vez por todas se consolide su genialidad en una prestigiosa editorial de partituras globalizadas que le otorgue el indiscutible prestigio que debió tener en su época, pero que no tuvo por culpa de los ineptos pueblerinos de su generación que no supieron entenderlo ni hablar en el hermoso inglés moderno para disfrutar de su obra a nivel mundial, y de esta manera llegue finalmente a ser debidamente conocido más allá del pueblo latinoamericano donde nació y murió.

P.D.1: Pido disculpas a los musicólogos que no se sientan aludidos con este escrito. Mea culpa

P.D.2: ¡Gracias a Dios (bendito mío)!

Bibliografía

God, The Bible, University Press

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