España - Madrid

Sobre un hito fue a caer y se rompió la cabeza

Germán García Tomás
viernes, 19 de febrero de 2021
Luisa Fernanda según Davide Livermore © 2021 by Javier del Real Luisa Fernanda según Davide Livermore © 2021 by Javier del Real
Madrid, sábado, 13 de febrero de 2021. Teatro de la Zarzuela. Luisa Fernanda. Comedia lírica en tres actos. Música: Federico Moreno Torroba. Libreto: Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw. Nueva producción del Teatro de la Zarzuela. Dirección musical: Karel Mark Chichon. Dirección de escena: Davide Livermore. Escenografía: Giò Forma. Vestuario: Mariana Fracasso. Iluminación: Antonio Castro. Coreografía: Nuria Castejón. Diseño audiovisual: Pedro Chamizo. Reparto: Maite Alberola (Luisa Fernanda), Javier Franco (Vidal Hernando), Rocío Ignacio (Duquesa Carolina), Alejandro del Cerro (Javier Moreno), María José Suárez (Doña Mariana), Nuria García-Arrés (Rosita), Emilio Sánchez (Don Florito), Antonio Torres (Luis Nogales), Didier Otaola (Aníbal), César Diéguez (Bizco Porras), Román Fernández-Cañadas (Don Lucas), Francisco José Pardo (El Saboyano). Coro del Teatro de la Zarzuela. Director: Antonio Fauró. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Ocupación: 65%.
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Hay que reconocer que no corren buenos tiempos para la lírica española. Esta época del covid19 obliga a que las producciones en el Teatro de la Zarzuela, como ocurre con los conciertos en los auditorios, se ofrezcan sin intermedio y no duren más de dos horas, con lo que, si no se programan obras de género chico (de poco más de una hora) o aquellas otras de género grande que no sobrepasen entre texto hablado y números musicales ese par de horas, el título que se haya elegido puede ver amenazada su integridad en cuanto al primer elemento que lo conforma se refiere. 

Si a eso se suma la experimentación escénica y el cambio de ubicación de la trama original, el ataque inmisericorde ya está servido, como los bayonetazos que se intercambiaban realistas y liberales en la Gloriosa.

El comentario viene a cuento porque esta nueva Luisa Fernanda que encargó en su día el coliseo de la calle Jovellanos al exdirector artístico del Palau de les Arts de Valencia, Davide Livermore, es uno más de los absurdos y estrepitosos fracasos que aumentan la nómina de la era Daniel Bianco

El Madrid revolucionario de 1868 que destrona a la reina Isabel II, y que es una de las grandes bazas del argumento diseñado por esa pareja prodigiosa de libretistas formada por Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw, lo sustituye el regista italiano por una ambientación mucho más naive y glamurosa, la que brinda el extinto Cine Doré (actual Filmoteca Española), por lo que el furor de la gran pantalla se asocia así a aquel 1932 de la II República cuando el Teatro Calderón vio el estreno del título escénico más taquillero de Federico Moreno Torroba. Una conexión temporal innecesaria y que demuestra su ineficacia, ya que no funciona desde ningún punto de vista.

Luisa Fernanda. Producción de Davide Livermore. © 2021 by Javier del Real.Luisa Fernanda. Producción de Davide Livermore. © 2021 by Javier del Real.

Un bombardeo de proyecciones cinematográficas de la época aturullan al espectador desde el minuto uno, un blanco y negro que se extiende en la pantalla, al revestirlos de la categoría de estrellas de película, a los propios cantantes que están dando vida a los protagonistas de la comedia lírica. El ridículo es tal que cualquier mención a Isabel II en esa década de los 30 en la que se nos sitúa -con un Bizco Porras que se reconvierte en un alocado Groucho Marx que no para de deambular por la escena- hace inverosímil lo que desfila por nuestros ojos por puro anacronismo, un despropósito tal que se apoya en un recorte despiadado de las partes habladas, reducidas al mínimo, lo que escamotea gran cantidad de información al espectador y le priva de la mayor parte de los parlamentos, tanto del elenco principal como del jugoso texto de los secundarios. Lo que parece ignorar Livermore, o simplemente confunde, es que Luisa Fernanda no es una comedia musical, sino una comedia lírica, y los códigos del music hall y la revista lírica no casan con una zarzuela que posee un contexto político meridianamente claro.


La propuesta escénica da más vueltas que el escenario giratorio de la fachada del Doré firmada por Giò Forma, que convierte a los personajes más en ocupantes de una especie de tiovivo desenfadado que de una historia seria, coherente y comprensible. Porque la inteligibilidad de la obra es prácticamente nula: el triángulo amoroso, las relaciones entre los cuatro protagonistas y el trasfondo político se desdibujan y se desnaturalizan los hechos. 

Luisa Fernanda. Producción de Davide Livermore. © 2021 by Javier del Real.Luisa Fernanda. Producción de Davide Livermore. © 2021 by Javier del Real.

Ante tal tesitura, resulta hasta halagador que Livermore deje de marear tanto la perdiz y nos evoque de manera más o menos acertada, pese al omnipresente marco de la fachada del cine, la dehesa extremeña de Vidal Hernando en el tercer y último acto, respetado escrupulosamente hasta en el emocionante hablado sobre música final. Como también la Mazurca de las sombrillas, que por medio de la atractiva coreografía de Nuria Castejón conserva parte de sus esencias, pese a que en el número anterior que abre el segundo acto el escenario esté vacío de figurantes, con filmaciones históricas de fiesta y jarana, y con los vendedores pregonando sus mercancías fuera de escena.

El segundo reparto que pudimos presenciar de esta Luisa Fernanda presentó un desequilibrio notable. La soprano Maite Alberola posee un instrumento interesante, de gran amplitud y agudo consistente, pero a su prestación, de gran convencimiento actoral, le faltan ciertas dosis de refinamiento y contención en la línea de canto. Aun así, pudo conseguirlo y agradó, rayando a altura, en el dúo más hermoso de toda la partitura, “Cállate corazón… Subir, subir”, del tercer acto. Correcta pero no emocionante fue la recitación de su monólogo hablado dirigido a la Duquesa en el que Luisa aboga por un cambio de orden social. 

Luisa Fernanda. Producción de Davide Livermore. © 2021 by Javier del Real.Luisa Fernanda. Producción de Davide Livermore. © 2021 by Javier del Real.

A su despreciable e inconstante amante, el coronel Javier Moreno, le dio vida el tenor Alejandro del Cerro, un cantante que sabe aprovechar hasta el más pequeño detalle las bellezas melódicas que le destina el compositor madrileño. Desde la romanza de entrada, “De este apacible rincón de Madrid”, hasta el dúo aludido, desplegó un canto con clase y distinción, luciendo el fraseo más exquisito y más pleno de intencionalidad de todo el reparto, pese a faltas leves de emisión poco limpia. Su voz de lírico no es grande en armónicos pero proyecta con determinación, exhibe un agudo generoso y goza de gratitud en el timbre.

El barítono Javier Franco no fue el Vidal deseado. Su canto resulta monótono y ayuno en matices, con emisión leñosa, pese a momentos de cierto brillo, pero a su voz en general le falta empaque, brillo y redondez. Pareció cantar de forma más estilizada en el Coro de vareadores, al menos modulando en parte, y, actoralmente reservado en todo momento, aprovechó casi únicamente la escena final. 

Lamentablemente, la Duquesa Carolina de Rocío Ignacio (proveniente del primer reparto) presentó poco atractivo musical, pues su instrumento, de gran carnosidad, lo resiente el vibrato y la explosividad en la emisión, a lo que se suma escasa fantasía en el frasear. Su faceta conspirativa aquí apenas se intuye. Buen rendimiento el del resto del reparto, sin que nadie descollase. Aunque efectiva, la Doña Mariana de María José Suárez es un calco de cualquiera de sus otras prestaciones cómicas, Antonio Torres sirve un Luis Nogales gallardo y algo engolado, y Didier Otaola es un simpático y motivado Aníbal. 

Como ellos, por verse privados de gran cantidad de texto, apenas se luce en el plano hablado el siempre convincente actor Emilio Sánchez como Don Florito. El enmascarado Coro del Teatro no presentó el empaste ideal de otras ocasiones pero demostró su gran desenvoltura teatral, y la batuta invitada de un distinguido director de ópera como es Karel Mark Chichon extrae bastante brillo a una plantilla reducida que no resta peso y profundidad a la partitura, aunque algunas escenas, caso del final del primer acto o la subasta, son llevadas de forma un tanto atropellada y deslavazada. Concluyendo, y parafraseando a Vidal en su dúo con la ladina Duquesa, podemos aseverar sobre el señor Livermore que, con esta Luisa Fernanda

sobre un hito fue a caer y se rompió la cabeza.

Luisa Fernanda. Producción de Davide Livermore. © 2021 by Javier del Real.Luisa Fernanda. Producción de Davide Livermore. © 2021 by Javier del Real.


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