Francia

Desteñir Aida

Jorge Binaghi
viernes, 26 de febrero de 2021
París, jueves, 18 de febrero de 2021. Opéra Bastille. Aida, El Cairo, Opera, 24 de diciembre de 1871. Libreto de A. Ghislanzoni y música de G. Verdi. Dirección escénica: Lotte De Beer. Escenografía: Cristof Hetzer. Vestuario: Morine van Beek. Marionetas: Mervyn Millar . Intérpretes: Sondra Radvanovsky (Aida), Jonas Kaufmann (Radamès), Ksenia Dudnikova (Amneris), Ludovic Tézier (Amonasro), Dmitri Belosselsky (Ramfis), Soloman Howard (Il Re), Roberta Mantegna (Sacerdotessa) y Alessandro Liberatore (Messaggero). Orquesta y coro del Teatro (maestro de coro: José Luis Basso). Director: Michele Mariotti
0,0006646

Esta producción de la obra de Verdi era uno de los puntos culminantes de la programación de la Opéra para esta temporada que sigue cancelándose (hasta abril ahora) por etapas con algún espectáculo ofrecido en streaming

Dada la importancia (y mi admiración por autor y título) decidí verla de la mejor manera posible y hacer una reseña.

Y debo volver a quejarme de que en los ‘títulos de la película’ se me obligue a poner antes el aspecto escénico que el musical. Y este caso vuelve a ser otro donde el rendimiento musical –no siempre al mismo nivel tal vez- hizo honor a las promesas y el teatral lastró fuertemente el resultado. 

Lo peor es que me veo obligado a hablar de ello en primer término. 

Aida. Producción de Lotte De Beer. © 2021 by Vincent Pontet.Aida. Producción de Lotte De Beer. © 2021 by Vincent Pontet.

Lotte De Beerfutura directora de la Volksoper de Viena me era ya conocida por su insensata producción de Los pescadores de perlas en Barcelona, tras la cual no parece que ningún joven o persona ‘alejada’ de la ópera haya mostrado interés ni por el título concreto ni por el género. Aquí, porque todo es posible sobre todo para mal, las cosas si cabe empeoran. 

Sondra Radvanovsky y su marioneta en el papel de Aida. © 2021 by Vincent Pontet.Sondra Radvanovsky y su marioneta en el papel de Aida. © 2021 by Vincent Pontet.

Obviamente no se puede maquillar de negros a los etíopes y la magistral solución es que los cantantes vayan severamente vestidos de negro tras unas marionetas (excelentes en sí mismas y muy bien realizadas, en especial la de la protagonista) que expresan los sentimientos mientras los cantantes se limitan a poner alguna cara y a cantar. Muy teatral. Pero además por querer ser antirracistas caemos en lo contrario o en el absurdo. 

El criterio alcanza para el rey (Amonasro) y su hija (Aída), pero no para los prisioneros etíopes. Por otro lado el bajo que encarna al faraón tiene la piel oscura (no sé cómo hablar para que no se me acuse de supremacista) y mientras su hija y demás egipcios son blancos (Amneris blanquísima) yo esperaba una marioneta blanca, pero no apareció. 

Como los preconceptos suelen traer cola, estamos probablemente en la época de la creación de la ópera y en París (será porque ahí es donde se daba la ópera en este momento): sacerdotes no hay, sino una especie de casta de poderosos banqueros o industriales, con un jefe militar un tanto neurótico (Radamés, obligado a hacer una serie de tonterías supinas en el acto del triunfo), y por supuesto tampoco hay sacerdotisas (no sé quién es la que canta desde dentro en el cuadro en el templo de Ftah, convertido en un paseo por las vitrinas de un museo en el que destaca la superficialidad de Amneris –no vaya a ser que ese cuadro sea sólo de dos protagonistas masculinos). 

Aida. Producción de Lotte De Beer. © 2021 by Vincent Pontet.Aida. Producción de Lotte De Beer. © 2021 by Vincent Pontet.

En la obra hay dos ballets, uno largo (de egipcios) en el cuadro del triunfo y uno corto, la danza de los negritos (perdón, pero se la llamaba así), que obviamente hace tiempo no se realiza (y si aquí se hubiera hecho imagino el caos de marionetas con bailarines por detrás). 

Pues ninguno de los dos, así que no hablemos de coreografía. Todo con citas a cuadros famosos, en especial franceses, y muchas veces dentro de un marco como si todo fuera un cuadro y obviamente estuviéramos en un teatro. No pienso seguir, salvo que al final, como marca el libreto, Aída cae en brazos de Radamés para morir: pero aquí es la dichosa marioneta, mientras la soprano se aleja con total indiferencia hacia el fondo. Pese a que la función contaba con pocas presencias la talentosa directora decidió no salir a saludar, vaya uno a saber por qué. Hubo una época en que los directores de teatro intervenían si las cosas se desmandaban. No hablo de los intérpretes ni del director musical porque ellos ya saben que si dicen algo lo más sencillo es sustituirlos…

Sondra Radvanovsky y su marioneta en el papel de Aida. © 2021 by Vincent Pontet.Sondra Radvanovsky y su marioneta en el papel de Aida. © 2021 by Vincent Pontet.

Esta vez la única sustitución de importancia (aunque nadie la mencionara) fue el cambio de Amneris (debía ser, si no me equivoco, el debut de Elina Garança en la parte): Dudnikova es una voz importante de italiano deficiente (las consonantes dobles no existen) y emisión demasiado gutural (que no es cuestión de escuela o de orígenes lo demostró en su momento la mejor Amneris que he visto en mi vida, Olga Borodina) y hace esfuerzos por dar convicción a su personaje, pero lo tiene difícil por la dirección de actores y sus propias limitaciones.

Era la tercera vez que veía a Radvanovsky en la protagonista, e insisto en que es el rol en que siempre me ha gustado más aunque esta vez (no era su culpa) parecía menos involucrada y tal vez las notas filadas fueran algo más cortas y claramente debidas a la técnica con su punto de artificiosidad.

Aida. Producción de Lotte De Beer. © 2021 by Vincent Pontet.Aida. Producción de Lotte De Beer. © 2021 by Vincent Pontet.

Kaufmann no me ha parecido nunca un tenor verdiano, y no será su Radamés el que me haga cambiar de opinión. La voz suena oscura, mate, sin brillo alguno, áspera, y sus famosos pianísimos-falsetes aparecen puntualmente en momentos álgidos como el final de su célebre aria o el dúo del tercer acto y el final, donde el color pasa al blanco y la emisión cambia manifiestamente. Para mi sorpresa, donde mejor estuvo es en el difícil dúo con Amneris en el cuarto acto.

No entiendo por qué dos cantantes afirmados como Mantegna y Liberatore fueron escogidos para los pequeños (aunque importantes) roles de la sacerdotisa y el mensajero (habría sido tal vez más comprensible que se eligiera a dos jóvenes promesas del canto francés, y más en una situación precaria como la actual).

Los dos bajos estuvieron bien sin arrebatar: a Howard lo escuchaba por primera vez y no tengo otra referencia; fue correcto y potente. El Ramfis de Belosselskly demuestra que es un cantante de importancia que no termina de encontrarse. Incluso para un rol que es casi de comprimario falta autoridad en el canto e imponencia en el grave.

Lo cual nos lleva al Amonasro de Tézier, el mejor que he visto en mi vida, a un nivel en el que sólo recuerdo a Cornell McNeil. Voz bella, pastosa, homogénea, amplia, extensa y capaz de humanizar a uno de los barítonos probablemente menos interesantes de Verdi en el único momento en que –cínicamente, claro- recuerda su condición de padre en el dúo con Aída en el tercer acto.

Basso, a punto de partir para Nápoles, agregó otro diamante a la corona del coro de la Opéra y lo mismo se puede decir de la batuta de Mariotti al frente de una excelente orquesta: seguramente impresionan más los pasajes líricos o intensos y algunos tiempos rápidos o la ‘contención’ que evitó excesos o desbordes orquestales casi siempre inevitables pueden no haber convencido a los amantes de la superficie, pero es que la genial Aida –indestructible, marionetas o no- tiene mucho más que ofrecer que una apariencia bonita (basta sólo con la gran escena de Amneris y el final de la ópera con su pedido de paz para entenderlo si se quiere).

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.