España - Castilla y León

Schumann sobrevuela el ruido

Samuel González Casado
martes, 16 de marzo de 2021
James Conlon © by Weidenfeld-Hoffmann Trust James Conlon © by Weidenfeld-Hoffmann Trust
Valladolid, sábado, 13 de marzo de 2021. Centro Cultural Miguel Delibes. Sala Sinfónica Jesús López Cobos. Orquesta Sinfónica de Castilla y León. James Conlon, director. Brahms: Sinfonía n.º 3 en fa mayor, op. 90. Schumann: Sinfonía n.º 3 en mi bemol mayor, op. 97, “Renana”. Ocupación: 95 % de 470.
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Precioso programa el del concierto n.º 11 de la OSCyL, que se saldó con resultados irregulares. En primer lugar, la Tercera de Brahms mostró la buena disposición de director: matices justos y cuidados, sonido muy armado y buenas dosis de entrega, sobre todo en el último movimiento. Pero la orquesta tuvo problemas de empaste: la numerosa cuerda sonaba muy heterogénea y en los forti había mucho ruido que a veces impedía que la información más importante llegara con nitidez. Probablemente en esto influyeron varios factores, pero desde luego la tendencia del director a que sobresalieran algunas voces secundarias y a contrastar parte de las frases en piano contribuyó no en poco. El final de algunos solos se perdía.

Así mismo, sea por las mamparas de metacrilato para evitar los aerosoles o por la distinta ubicación de la orquesta tras la ampliación del escenario, a mi butaca de la fila 17 llegaban los metales en sus más altas frecuencias, sobre todo la trompeta, con lo que aparecían escindidos del resto, con un resultado no muy agradable. Por ello, por un lado pude disfrutar del concepto del director, en el que se mostraba un trabajo un tanto externo (pausas exageradas, subrayado de llamadas de las trompas algo efectista, fraseos no muy originales) pero con ideas claras y a la busca de un resultado general bien pensado que oscilaba entre la solidez y lo trepidante; muy equilibrado, por ejemplo, el famoso Poco Allegretto, un dechado de buen gusto en las acentuaciones. Pero por otro me fue imposible disfrutar de la tensión dinámica que podía reconocer como bien organizada, porque en los clímax el sonido general hacía que tuviera aguzar el oído para captar lo que más me interesaba.

Todo esto se resolvió en cierto grado con la Renana, y la obra de Schumann se impuso con bastante autoridad a ese murmullo difuso; a Conlon se le notó más a gusto con todo ese color popular inserto en la prodigiosa máquina armónica schumanniana. Tanto la orquesta como el director disfrutaron con todos los pasajes de la obra, repletos de originalidad y creatividad, y su buen acabado y perpetuo empuje caracterizó a la sinfonía con un empaque que permitió degustar esta obra maestra como se merece. En mi caso, además, tenía in mente, por una escucha un par de días atrás, mi versión favorita grabada de la Renana, la de Franz Konwitschny con la Gewandhaus de Leipzig, lo que ensalza más la interpretación de Conlon.

Sí eché en falta algo más de picardía en la cuerda en el último movimiento, algo pesante pese a que el tempo no era lento, pero sin embargo disfruté como nunca con los crescendi armónicos del cuarto, un festival de la modulación del que desde luego Wagner tomó buena nota (estoy seguro de que realmente se conocía la Renana al dedillo). Por tanto, y como ocurre muchas veces, una estupenda interpretación de la última obra dejó buen sabor de boca y demostró que la Tercera de Schumann es una especialidad de Conlon que tuvo a bien compartir con el público de Castilla y León, lo que fue agradecido con largos aplausos.

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