España - Andalucía

El sol para tener vida, abril para tener rosas

José Amador Morales
jueves, 18 de marzo de 2021
Pablo García López © 2021 by Orquesta de Córdoba Pablo García López © 2021 by Orquesta de Córdoba
Córdoba, miércoles, 3 de marzo de 2021. Gran Teatro. Pablo García-López, tenor. Orquesta de Córdoba. Carlos Domínguez-Nieto, dirección musical. Pablo Luna: El niño judío (“La canción española”, versión orquestal); Oscar Esplá: Canciones playeras; Antón García Abril: Canción de la noche blanca; Eduardo Toldrá: Tres canciones castellanas; Jesús Guridi: Amorosa; Frederic Mompou: Combat del somni; Joaquín Turina: Poema en forma de canciones op.19; Manuel de Falla: El sombrero de tres picos (“Jota”); Ramón Medina: La adelfa.
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Cuatro meses después de la cancelación de la primera fecha prevista por el arrecio de la pandemia, este atractivo concierto a cargo de Pablo García-López y la Orquesta de Córdoba finalmente pudo tener lugar en su concepción inicial, bien que con todas las medidas sanitarias de seguridad y una hora, las cuatro de la tarde, ciertamente desacostumbrada. Ambas cuestiones evidenciaron una merma del aforo pero en absoluto redujeron el interés y el disfrute de lo que ha sido, musicalmente hablando, un trabajo muy bien hecho. No en vano, gran parte de las melodías ofrecidas en este concierto aparecían ya en el reciente trabajo discográfico del cantante cordobés que, grabado poco antes del pasado verano y bajo el título Rutas, recoge la esencia de "la canción española de concierto", eso sí, aquí acompañado – con gran acierto - por el piano de Aurelio Viribay. 

En palabras de nuestro protagonista, 

necesitamos volver a regar nuestras raíces para seguir creciendo, hacer que estas canciones estén presentes en nuestra actualidad musical es la única manera, no solo de que evolucione su interpretación (vocal e instrumental), sino de compartirlas y darlas a conocer a nuevos públicos si no queremos que desaparezcan en el olvido. Fue en Madrid, hace algún tiempo, cuando la soprano María Bayo que acababa de grabar un álbum con orquesta y muchas de estas canciones, me animó a sumergirme en ellas debido al color de mi voz y mi dicción. 

Y así, sencillo y cercano apareció Pablo García-López sobre el escenario de su tierra para ir desgranando estas hermosas piezas españolas y embelesando al público asistente en un crescendo de complicidad. Algo que no impidió ni el parapeto de mamparas que rodeaban al tenor, ni la ausencia de las letras tanto en el programa como en sobretítulos (sí, son también importantes en este tipo de conciertos además de en las óperas), ni el volumen de un viento metal puntualmente algo descontrolado a pesar del esfuerzo de la batuta. 

Más bien al contrario, pues Carlos Domínguez Nieto hizo un trabajo soberbio en el ajustado acompañamiento orquestal y en la mera calidad tímbrica, con un sonido de gran brillantez. En los fragmentos puramente sinfónicos, destacaron sobremanera la versión cálida y evocadora de la Amorosa de Jesús Guridi y el tremendo empuje de la conclusiva Jota de Manuel de Falla (lo que nos hizo pensar que tal vez hubiese sido conveniente intercalar piezas más contrastadas en la primera parte para contrarrestar el carácter contemplativo e inmensamente lírico de las canciones).

La voz eminentemente ligera de Pablo García-López ha ganado sutilmente anchura en el registro central, lo cual le permite, de un lado, un mayor realce expresivo y, de otro, un punto más de volumen. Todo ello a despecho del fraseo acerado así como gran musicalidad y buen gusto de los que siempre ha hecho gala. Pudimos comprobarlo tras las introductorias Canciones playeras de Óscar Esplá, con una sensual Canción de la noche blanca de García Abril en donde la simbiosis entre tenor y orquesta brindó un momento mágico que antecedió a las más apasionadas Tres canciones castellanas de Eduard Toldrá, con las que García-López exhibió su carisma dramático también sobre el escenario. 

En la segunda mitad de la velada, que se ofreció sin intermedio, el tenor cordobés atacó el introspectivo Combat del somni de Mompou al que dotó de una acertada intensidad dramática, si bien alcanzó cotas expresivas aún más interesantes con el Poema en forma de canciones de Joaquín Turina, obra que cerraba oficialmente el programa. 

No obstante, ante el entusiasmo de un público puesto en pie, los intérpretes regalaron una versión de La adelfa. La entrañable canción del célebre compositor cordobés Ramón Medina (1891-1964) que, con letra del genial poeta - también cordobés - Carlos Clementson, estrenara la soprano Carmen Calvo, toda una institución lírica en la ciudad de la Mezquita, fue servida en una conmovedora versión por parte del tenor, espoleado sin duda por la ocasión y por la radiante orquestación de Domínguez-Nieto.

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