Italia

Cantar sin público

Jorge Binaghi
lunes, 29 de marzo de 2021
Ludovic Tézier y Thuy-Anh Wong © 2021 by Teatro alla Scala Ludovic Tézier y Thuy-Anh Wong © 2021 by Teatro alla Scala
Milán, domingo, 7 de marzo de 2021. Teatro alla Scala. Recital de canto. Lieder y arias de Schubert, Schumann, Duparc, Fauré, Ibert, Offenbach, Chaicovsky, Verdi, Giordano. Bises de R. Strauss y Wagner. Ludovic Tézier, barítono, y Thuy-Anh Wong, piano
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Seguramente lo más difícil para un concierto de música clásica sin público o con cuatro personas casi fantasmas dispersas en una enorme sala como la del primer coliseo de Milán (y de Italia) es un programa de canto de cámara con algunas arias (como siempre, para no espantar al reticente público esta vez ausente, con todo un programa solamente de ‘canciones’). Esas reverencias obligadas, artificiales en una sala por fuerza silenciosa, además de carecer de todo sentido y estropear aún más el clima íntimo tan difícil de conseguir (incluso para unas arias que requieren extroversión, volumen y extensión, pero que tienen como elemento central el remordimiento, la pasión no correspondida, o la peligrosa seducción del mal) causan en quien ve el streaming directo un sentimiento de profunda tristeza por la falta de comunicación de la que nadie es culpable, pero que no debería seguir por mucho tiempo más, o sólo como recuerdo y repetición bienvenidos de un evento realmente en vivo y en directo.

En todo caso, he asistido a conciertos de este tipo de Tézier, incluso con algunas páginas iguales o similares, y es el que menos me ha interesado porque sobre el gran artista es claro que incide la circunstancia aludida. Si hubiera estado acompañado por Helmut Deutsch, como se anunció en un principio (pero las trabas de circulación por la pandemia decidieron otra cosa), tal vez se habría animado más. Su acompañante, discreta y correcta, pero monótona y poco expresiva (no he escuchado en mucho tiempo unos alemanes tan apáticos o unos franceses tan poco sutiles, para limitarme a la parte de lied y melodía) no lo ayudó en nada. 

Así se pudo admirar su extraordinario instrumento, bello y cálido, adecuadamente oscuro, sin ningún tipo de limitación en extensión u homogeneidad, y seguramente por afinidad no sólo idiomático lo mejor fueron los Fauré (los cuatro números de L’horizon chimérique y Les berceaux) y las cuatro canciones de Don Quijote de Ibert, pero la célebre Invitation au voyage de Duparc la he escuchado por él mismo no mejor cantada pero sí mejor expresada o interpretada.

No había escuchado ninguno de sus Schubert (An die Musik, Meerestille y Ständchen) y sí su Hör’ich ein Liedchen klingen (de Dichterliebe que ha cantado en su totalidad o parcialmente), y personalmente me quedo con la que parecía ‘menos’ indicada y menos conocida en relación con las otras (Meerestille) en tanto que Ständchen fue estropeada por la pianista y An die Musik para comenzar el recital me parece una apuesta innecesariamente arriesgada.

En las arias de ópera su ‘identificación’ fue mayor, pero no seguramente como en un concierto ‘normal’ y no digamos ya en una representación completa. En efecto, tanto su príncipe Yeletski en su gran aria de La dama de picas (Chaicovski) como su Rigoletto (‘Cortigiani, vil razza dannata’) o su Wolfram (la 'Plegaria a la estrella vespertina' de Tannhäuser en su último bis) los he visto y escuchado enteros en Barcelona, Toulouse, y París respectivamente (y aquí lo he contado).

Vocalmente fue igual de soberbio, pero no así en la interpretación. Que yo sepa nunca ha cantado los personajes diabólicos de Los cuentos de Hoffmann de Offenbach, y no creo que vaya a hacerlo nunca, si nadie le permite cantar el maravilloso ‘Scintille diamant’ de Dappertutto por cuestiones filológicas (o, ya que estamos, ‘J’ai des yeux’ de Coppelius, y sobre todo porque así se evita contratar a un barítono o bajobarítono que tenga que tener un sólido registro agudo). Lo hizo con insultante facilidad, pero no se vio por ningún lado el lado peligrosamente seductor de este ‘malvado’. Mejor, por las partituras mismas, más ‘ensimismado’ estuvo en ‘Nemico della patria’ de Andrea Chénier de Giordano (que no recuerdo si ha cantado alguna vez entera, pero en todo caso habrá sido sólo una). 

El primero de los bises fue el célebre Zueignung de Richard Strauss, siempre muy adecuado para agradecer al público ... que no estaba y no pudo demostrar ni su satisfacción anterior ni su agradecimiento posterior al esfuerzo del artista. 

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