España - Cataluña

Notas de un concierto ruso

Meritxell Martí

martes, 2 de julio de 2002
Barcelona, sábado, 22 de junio de 2002. Palau de la Música Catalana. Orquestra Simfònica del Vallès. María Lluïsa Cantos, solista. Salvador Brotons, director. Programa: D. Cabalevsqui: Obertura "Colas Breugnon",. A. Jachaturián: Concierto para piano y orquesta en re bemol mayor. D. Shostácovitch: Sinfonía n. 5. Ciclo "Concerts Simfònics al Palau". "URSS 1937". Ocupación: 95%.
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Al concierto de Beethoven sabía que podía ir con cualquier acompañante. Pero dudé mucho antes de decidir con quién iría a escuchar música eslava. Tenía que ser alguien con el alma dispuesta al heroísmo, con facilidad para el movimiento y la acción, pero también con un tono crepuscular. Tenía que ser alguien en quién el intelecto y la pasión establecieran una dialéctica constante. Pero ¿quién? ¿Quién?Al final encontré a la persona, y fuimos juntos al Palau, a escuchar a Cabalevsqui, Jachaturián, Shostácovtch.No necesité explicarle demasiadas cosas. De vez en cuando, suave al oído, le dejaba caer algún sintagma: gemido del oboe, lamentación del clarinete, para que se concentrara entonces en aquellas pequeñas notas por encima del grupo orquestal. Pero el propio argumento de las obras nos elevaba a los dos por encima de la concentración. Por la contundencia, por lo inusual. Me costaba tomar notas:Motivo impresionista del piano.Líneas contrapuestas, tensión rítmica.Los contrabajos retienen las última palabras de la frase orquestal y se obsesionan con ellas mientras el fagot ...Sencillamente quería dejarme ir, y me resultaba casi imposible mantener un hilo de presencia intelectual al margen de la música.Jachaturián crea el contraste con todos los elementos posibles: oponiendo el tutti al solista, los acordes a la melodía, la disonancia a la consonancia perfecta e invariable, los fortes a los pianos, una familia de instrumentos a otra, una combinación rítmica a otra ... todo.Porque si cerraba los ojos, la sensación abstracta que provoca el sonido por un lado y la imágenes por otro (estepas y tundras surcadas por miles de mujeres y de hombres deportados), secuestraban mi conciencia durante muchos compases. Aún así, seguía:La tonalidat es la clave. El color del re bemol tiñe el Palau con una atmósfera inquietante.Un respiro de diez minutos (copa de cava, brioche con mantequilla) y la Quinta de Shostácovich. Conozco bastante bien esta obra. No puedo evitar interpretarla con la cabeza y los dedos, discretamente, y que los dos primeros movimientos desaparezcan por encanto. Anoto a posteriori:Los estragos de esta estridencia son compensados por la expresividad del ternario: contrafagot, pizzicatto. Y durante el Largo no puedo evitarlo, la emoción me inunda, pero escribo aún:Sólo el dolor y el miedo pueden dar a luz esta imagen sonora.Intermusicalidad: Adagio para cuerdas de Samuel Barber.De repente, bajo la neblina del tremolo originada por la cuerda, surgirá un espectro anunciado por la percusión. Pero entonces salía el sol (tonalidad mayor) y estallaba el cuarto y último movimiento.Recupero a mi acompañante. Le había olvidado, y él a mí, cautivados los dos por la música. Recupero el Palau: entero a pesar de la explosión final de esta sinfonía.-¿Te ha gustado?-¡Vaya, sí. Es realmente intenso!Por suerte, hemos asistido a este programa en el día del solsticio de verano y no una tarde tormentosa de noviembre. El aguacero y la inundación se han producido sólo en el interior. Fuera, reina el azul.

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