Ópera y Teatro musical

Por una programación narrativa

Aitor Merino Martinez
lunes, 24 de mayo de 2021
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El Teatro Real acaba de presentar su temporada número 100, y no puedo sentir más que perplejidad por esta oportunidad perdida. 

Si algo nos enseñó Mortier durante sus años como director artístico es que el teatro debe mirar a la ciudad, y que esta debe verse reflejada sobre las tablas. Tanto los títulos seleccionados como la forma de llevarlos a la escena deben aludir, de manera directa, a los conflictos más presentes de nuestra sociedad. Las temporadas para Mortier debían tener una narrativa que justificase por qué la selección de esos títulos y no otros. Cada montaje era un capítulo para la argumentación de una tesis más compleja. 

Sin ir más lejos, las 2 últimas óperas que Mortier vio sobre el escenario del Real, el Tristán wagneriano y el estreno mundial de la ópera Brokeback Mountain de Wuorinen, pretendían contraponer 2 formas de amar: el amor romántico y normativo por antonomasia frente al amor homosexual y disidente de estos dos pastores de ovejas. Entre ambas obras había otra conexión, ambas lanzaban un grito de amor eterno que ni la muerte de uno de los protagonistas podía acallar. Esto creaba una historia, hacía de su programación un alegato que necesitaba obligatoriamente contraponer estos títulos y traía ambos libretos al presente.

El Teatro Real podría (y debería) haber ofrecido en esta temporada una reflexión sobre la enfermedad (y haber recuperado así La Peste de Roberto Gerhard que cayó la última temporada) o sobre las diferentes formas de afrontar la muerte. Podría haber aprovechado igualmente para hacer, de manera más clásica y menos experimental, una temporada aludiendo a los momentos más importantes de su historia (tanto las noches de gran éxito como los títulos sorprendentemente aun no estrenados en el Real). En su lugar, nos ofrece una sucesión de títulos sin relación alguna entre ellos, títulos que además se han podido ver ya en el Real recientemente como La Bohème (temporada 17/18) o Las Bodas de Fígaro (temporadas 08/09, 10/11 y 14/15). 

El día que entendamos que la gestión cultural no consiste en elegir de forma arbitraria títulos, si no que la gestión cultural tiene la capacidad de crear narraciones, proponer tesis e ilustrarlas, haremos de nuestros teatros una herramienta crítica y reflexiva. Hasta entonces... nuestros teatros serán espacios en los que acoger obras de repertorio entendidas como un mero entretenimiento sin potencial reflexivo alguno.

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