España - Galicia

Esto no es una crítica. Alicia de Larrocha, de nuevo en Santiago

Maruxa Baliñas y Dolores Pérez

miércoles, 10 de julio de 2002
Santiago de Compostela, lunes, 8 de julio de 2002. Auditorio de Galicia. Alicia de Larrocha, piano. A. Soler, Sonata en sol menor nº 87 (revisión del Padre Rubio) y Sonata en re mayor nº 84. I. Albéniz, Iberia: 'Evocación' y 'El Albaicín'. X. Montsalvatge, Impromptu en el Generalife y Sonatine pour Ivette. E. Granados,Libro II de 'Goyescas' (revisión de Alicia de Larrocha): Balada 'El amor y la muerte', Epílogo 'Serenata del espectro' y 'El pelele', una goyesca. IV Festival Internacional de Galicia. Aforo, 1.000 localidades. Asistencia, 90 % (en la segunda parte)
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Se preguntaba ayer, 8 de julio, el diario 'El Correo Gallego' en un artículo de fondo "¿Qué comunidad puede reunir en siete días a Caballé y Larrocha?" y atribuía al Festival de Música de Galicia el mérito de convertir "a Galicia en referente en el mundo de la música en este atípico verano". Y sin negar los méritos de esta IV edición del Festival -faltan aun muchos conciertos- me vienen a la memoria las declaraciones que han realizado varios de los artistas invitados al Festival.En la rueda de prensa de Montserrat Caballé, la víspera de su concierto del 1 de julio en Santiago, la artista nos habló de su primera visita a la ciudad hace cuarenta años porque aquí estaban su maestra Conchita Badía, profesora de Canto del curso de 'Música en Compostela', y Alicia de Larrocha, profesora de piano en el mismo curso, quien también había influido mucho en sus intereses musicales.El pasado 8 de julio fue Jordi Savall, también en rueda de prensa, el que comentó que fue en 'Música en Compostela' en 1965, recién terminados sus estudios de violonchelo en el Conservatorio Superior de Barcelona, donde los profesores García de Viana y Antonio Iglesias le hablaron de la 'viola da gamba' y el amplio repertorio de la música antigua española, lo que le hizo replantearse su carrera.La vinculación de Alicia de Larrocha con Santiago es tan obvia que casi sobra cualquier explicación. Coincidiendo con esa etapa en que su vida profesional y personal se desarrolló en buena medida en EEUU, Larrocha empezó a pasar en Santiago, como profesora de 'Música en Compostela', buena parte de su mes de agosto y todavía hoy es una figura muy apreciada personal y artísticamente entre los aficionados santiagueses y gallegos.Por eso resultó una pena que su concierto en el Auditorio de Galicia se viera 'gafado' para un considerable número de aficionados que se perdieron la primera parte del concierto por una suma de problemas estúpidos: unos cortes por obras en la Autopista del Atlántico, insuficientemente anunciados, que retrasaron a parte del público que venía desde Pontevedra y Vigo, al que se sumó el caos de aparcamiento provocado en buena medida por los guardias de seguridad de la propia organización del Festival -como suele pasar, los 'mercedes' y demás coches caros, aparcaban fuera de los sitios marcados sin que nadie les dijera nada- y finalmente la descoordinación del personal encargado del control de las entradas y del acceso a la sala (a Maruxa se le informó que "en este concierto no se admite prensa". Finalmente, pudo pasar a la segunda parte). Algunos recurrían a los empleados del Auditorio de Galicia, sede del concierto, quienes -aunque muy acostumbrados a resolver este tipo de agobios- no podían hacer nada puesto que el Festival tiene su propia organización.Musicalmente el concierto fue un éxito. Es cierto que Alicia de Larrocha ya no es joven, y que a sus manos proverbialmente pequeñas se le añaden ahora problemas físicos en ellas, pero de alguna forma consigue seguir tocando como siempre lo hizo: con un dominio de la melodía pero sobre todo del ritmo que la convierten en la referencia por excelencia para cualquier interpretación de música española, en este caso catalana, y ni siquiera las dificultades técnicas de las dos piezas de Iberia -capaces de poner en serios aprietos a Barenboim, según recordamos todos los que lo escuchamos tocando esta obra en Santiago- la hicieron vacilar.Pero el principal atractivo de esta primera parte del concierto estaba en el homenaje a Xavier Montsalvatge, recientemente fallecido, con quien Alicia de Larrocha siempre mantuvo una gran amistad. De hecho la Sonatine pour Ivette, aunque formalmente dedicada a su hija, siempre ha tenido en Larrocha una de sus intérpretes más entusiastas. No es una música que se escuche a menudo en España, lo que convirtió en un doble placer la interpretación.Entrañable fue también la segunda parte, dedicada exclusivamente a Enrique Granados, de quien siempre se ha dicho que ella es su discípula 'indirecta' -estudió con Frank Marshall- más directa, y de Granados eran también las dos 'propinas' que concedió. Nadie como Alicia de Larrocha, y no es simple palabrería, es capaz de hacer revivir de tal forma a un compositor que siempre estuvo a medio camino entre el piano de salón decimonónico y el comienzo del pianismo moderno. Ni que decir tiene que los aplausos fueron entusiastas, y que todos -pero especialmente los que sólo pudimos escuchar la segunda parte- hubiéramos deseado seguir mucho más tiempo disfrutando de este concierto, hasta ahora -y que me perdone Montserrat Caballé- el mejor del Festival.

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