Discos

La tercera sinfonía de Bruckner por Thielemann y otras historias

Carlos Ginebreda
viernes, 18 de junio de 2021
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Anton Bruckner: Sinfonía número 3 en Re menor (versión de 1877, ed. Nowak). Orquesta Filarmónica de Viena. Christian Thielemann, director. Un disco compacto de 61 minutos de duración, grabado en el Musikverein los días 27 a 29 de noviembre de 2020. Sony 94398-61382
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El sello discográfico Sony acaba de publicar en disco compacto la Tercera Sinfonía de Bruckner interpretada por la Filarmónica de Viena bajo la dirección de Christian Thielemann. Este registro forma parte del ciclo completo que tienen previsto registrar y que finalizará en 2024. Ya se ha publicado la Octava Sinfonía, y parece ser que ya se han registrado las sinfonías más tempranas en la sala dorada del Musikverein de Viena. Esta Tercera se grabó en condiciones de confinamiento en noviembre de 2020 a puerta cerrada, por restricciones debidas a la pandemia que hicieron imposible el concierto público.

En esta reseña quisiera aprovechar la ocasión para para recordar algunas circunstancias históricas que van unidas a esta imponente sinfonía.

La partitura de 1877 y las otras revisiones

Thielemann y la orquesta han elegido la versión o partitura de 1877. Parece razonable la elección toda vez que Bruckner dejó entre los documentos de su herencia testamentaria el cuarto movimiento completo -que se halla en el Archivo Imperial de Viena- y esta misma versión de 1877 fue la que utilizó Gustav Mahler para la transcripción de la obra al piano, siguiendo dicha partitura. El musicólogo y compositor Robert Simpson decía con evidente perspectiva de futuro que la versión más fiel es la de 1877.

De todas formas y para los no iniciados, cabe decir –aunque sea con varios matices y variaciones- que básicamente existen tres versiones de la Tercera Sinfonía de Bruckner, a saber: 

1.- La original de 1873,* en la que se escuchan varios motivos wagnerianos y cuya mejor representación discográfica es la dirigida por Eliahu Inbal para Teldec, aunque también ha sido seguida por directores brucknerianos tan acreditados como el nonagenario Blomstedt o el visionario Tintner. 
2.- La versión de 1877, con la posibilidad de añadir la coda en el Scherzo, como ésta de Thielemann, la de Haitink con la Filarmónica de Viena para Phillips y también Solti o Harnoncourt. En este grupo existe la variación de la partitura modificada por Fritz Oeser en 1878, sin la coda en el Scherzo, interpretada entre otros por Kubelik o Barenboim. 
3.- La partitura de 1889, en la que han desaparecido prácticamente los motivos wagnerianos y que es la que se ha grabado abundantemente por parte de un buen número de directores, buenos conocedores de la obra del compositor de Ansfelden como Böhm, Jochum, Skrowaczewski, Wand o Celibidache.

Debo dejar constancia aquí de que existen otras partituras con otras modificaciones. Para conocerlas aconsejo acudir a la página abruckner.com

La versión Schalk de 1889-1890

Hay que añadir una cuarta versión: la muy criticada de Franz Schalk de 1890, que es la que más cortes y modificaciones. Schalk (conjuntamente con su hermano Josef) era amigo y discípulo de Bruckner. El composiyor había quedado tan insatisfecho el día del estreno, que fue aceptando poco a poco todas estas modificaciones. Schalk se aplicó a fondo. Nos quedan a día de hoy registros discográficos de Knappertsbusch, Schuricht, Horenstein o Szell. Son especialmente interesantes y emotivos los registros de Kna, que siempre fue fiel a la tradición.

La labor de su discípulo y amigo Franz Schalk (y de su hermano Josef) para presentar una versión ejecutable no hizo más que enturbiar el asunto. Schalk era un un director elegante, lucía una barba de chivo y tenía estilo. Dirigía con severidad, claridad y precisión. Un tipo duro propio de la época. Pero con Bruckner se equivocó. 

Su responsabilidad se puede dividir entre “Culpa in eligendo” ya que eligió las tijeras para infligir cortes y añadir adaptaciones melodiosas diferentes a la voluntad original del compositor, y “Culpa in vigilando” ya que se convirtió de forma continuada en una especie de vigilante guardián y custodio de la obra hasta que falleció en el año 1931. De todas formas, la perspectiva del tiempo bien sea por la vía de la prescripción o bien por buena fe o amor al arte dan lugar a un veredicto de absolución y sobreseimiento. Al menos por quien esto escribe. Tal y como recuerda Georg Tintner,* en el Festival de Salzburgo de 1929, cuando ensayaban con Schalk la Misa número III en Fa Mayor, al inicio del Benedictus, aquel riguroso director empezó a llorar e interrumpió el ensayo. Se derrumbó y se acercó a una ventana para intentar secar sus lágrimas. Luego siguió con el ensayo visiblemente emocionado.  

El estreno el 16 de diciembre de 1877 y su estrepitoso fracaso

El estreno de la versión de 1877, promovida por el editor Rättig el 16 de diciembre del mismo año, fue un auténtico fracaso. El director previsto era Herbeck, pero falleció el 28 de octubre anterior, y fue una mala idea encomendar al propio Bruckner la dirección del estreno. La orquesta ejecutante – nunca mejor dicho – fue la Filarmónica de Viena. Bruckner dirigió inseguro y los profesores de orquesta no le seguían. Los músicos más jóvenes de la orquesta se reían. Por entonces era costumbre aplaudir tras la interpretación de cada movimiento. Los espectadores -aprovechando las interrupciones- se fueron marchando, algunos visible y audiblemente molestos. Parece ser que al terminar quedaron sólo 25 personas, y Anton Bruckner –destrozado- pensaba que le iban a agredir. Muchos de ellos muy al contrario felicitaron al abatido Bruckner. Aquello fue un desastre sin paliativos.

No llego a comprender que se programe esta obra tan poco en las salas de concierto.* Es evidente el problema de las diferentes partituras que se pueden utilizar, pero las tres que básicamente se interpretan tienen valedores solventes. Deryk Cooke decía que era la menos perfecta de las sinfonías de Bruckner, añadiendo continuación que era una obra magnífica.

Sin embargo, lo más importante del asunto es que la Tercera Sinfonía del genial Bruckner en su versión de 1877 marca un punto de inflexión esencial. A esto se le puede llamar madurez, pero el caso es que está dotada de un material temático de gran riqueza. Esta partitura del organista de Linz es fenomenal, pero le produjo sinsabores y amarguras. En este fracaso del estreno, está el mismo origen de la necesidad ineludible por parte de Bruckner para dotar de fortaleza a la obra. Ángel F. Mayo lo expresa muy claramente cuando dice que 

Desde ese momento el compositor Bruckner deja de ser dueño de sus destinos y pasa a quedar unido a los vaivenes de Austria como potencia musical.* 

Es decir, aquel hijo de pacíficos maestros del terruño, excelente organista y genial sinfonista, se da de bruces con la cruda realidad. Su única salida es su descomunal talento y se aplicará a fondo en ello a fondo.

Thielemann y la Filarmónica de Viena

La interpretación de Thielemann es buena. Conoce de sobras el permanente latido bruckneriano y deja respirar a la orquesta. La colocación de la orquesta dispuesta por el director y los músicos ha consistido en ubicar a los primeros y segundos violines a su derecha e izquierda, los violoncelos al frente, los timbales muy a la derecha y los contrabajos alineados a la pared del fondo del Musikverein. Creo que esta grabación es algo mejor a la que el propio Thielemann ha hecho para DVD y Blu Ray con la Staatskapelle de Dresde en el Auditorio de Colonia. Es evidente que la sala del Musikverein tiene mejor acústica con una reverberación casi imperceptible. 

Con Dresde la duración de los movimientos son 21:25 16:35 7:25 y 15:57. En esta de Viena las duraciones son 20:24 16:20 7:32 y 16:57. Por su parte, las Haitink con la misma Filarmónica de Viena (Philips) son 21:21 16:58 7:30 y 15:40. Pero la cuestión no estriba en la minutación. Thielemann utiliza contrastes, acentúa los silencios y los diminuendi son extraordinarios. A propósito de las pausas o silencios, cabe decir que esta Tercera Sinfonía tiene tantas pausas como la Segunda del propio autor. 

A Thielemann le gustan las pausas. Fue memorable la del “Wach…Auf!” de Los Maestros Cantores en Bayreuth en el año 2.000, o el silencio antes de la entrada de los contrabajos en el cuarto movimiento de la Novena de Beethoven cuando se inicia suavemente por los contrabajos el motivo de la alegría. Thielemann nos ofrece una visión flexible e imaginativa pero sin excesos. Haitink -en su maravillosa grabación con el sello Phillips de la partitura de 1877- hace una versión más objetiva, dotada de claridad y más meditada.*

La toma de sonido es magnífica y la actuación de la Filarmónica vienesa es soberbia. Los músicos de la Filarmónica de Viena tocan esta Tercera Sinfonía de Bruckner como los mismísimos ángeles, como ya lo hicieron en su día con Bernard Haitink, esta es la pura verdad. Como decía Antonio Machado “La verdad es la verdad, la diga Agamenón o su porquero”.

Por lo demás, el diseño de la portada sigue el propuesto para la Octava Sinfonía, es decir el número tres en dorado brillante como si fuera un globo hinchable para una fiesta infantil de aniversario en un Happy Park. No se sabe si a Bruckner le gustaban los niños. Pero este bendito compositor sí tenía a veces la ingenuidad y la inocencia propias de la infancia. En fin, ha habido diseños peores, pero éste no ha sido el más afortunado.

En resumen, una buena Tercera de Bruckner, solvente y con sustancia. La música de Bruckner es benéfica y salvífica para todo tiempo o dimensión. Que Bruckner nos acompañe por muchos años.

Notas

1. El Andante de esta versión de 1873 es de una belleza conmovedora y alcanza su momento de máxima emoción cuando aparece el motivo del coro de peregrinos de Tannhäuser. Cuando Radio Nacional de España (Radio Clásica) emitió un programa sobre las sinfonías de Bruckner con guión de Ángel F. Mayo, la sintonía de cada episodio venía precedida por el citado motivo de Tannhäuser. Ángel F. Mayo ha sido el mejor crítico bruckneriano que ha tenido España y ha dejado testimonio en numerosos artículos y reseñas que merecerían ser publicadas para las generaciones futuras. Unía tal sabiduría y pasión al servicio de Bruckner que contagiaba a sus oyentes y lectores.

2. Así se explica la biografía de Georg Tintner escrita por su viuda Tanya Buchdahl Tintner, bajo el título “Out of Time. The Vexed Life of Georg Tintner” , Wilfrid Laurier University Press (2023)

3. En más de cuarenta años de afición musical la he escuchado en concierto sólo en cuatro ocasiones: Kurt Masur con la Gewandhaus de Leipzig (versión 1889), Sinopoli con la Staatskapelle de Dresde (versión 1878), Erich Bergel – en sustitución por enfermedad de Vaclav Neuman- con la Filarmónica Checa, y Riccado Chailly con la Gewandhaus de Leipzig (versión de 1889). En mayo de 2022 la OBC (Orquesta Sinfónica de Barcelona) tiene programada la Tercera Sinfonía de nuestro admirado Bruckner en la versión original de 1873.

4. En 1994 tuvo lugar en Madrid entre el 13 de enero y el 21 de mayo, la interpretación del ciclo de las sinfonías de Bruckner (De la 1 a la 9). El programa de mano es de muy buena factura. En el mismo aparece publicado un artículo del que se ha sacado la cita cuyo autoría corresponde a Ángel F. Mayo bajo el título de Esbozos para un Finale de “El caso Bruckner”. Es uno de sus mejores artículos sobre Anton Bruckner y su lectura es clarificadora y altamente recomendable.

5. En el número de marzo de 1991 de la Revista Gramophone se incluye la espléndida reseña de Richard Osborne de la grabación de Haitínk.

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