España - Cataluña

Otra vez ‘La Bohème’

Jorge Binaghi
lunes, 21 de junio de 2021
Ollé, La Bohème © 2021 by D. Ruano / Liceu Ollé, La Bohème © 2021 by D. Ruano / Liceu
Barcelona, lunes, 14 de junio de 2021. Gran Teatre del Liceu. La Bohème (Teatro Regio, Turín, 1 de febrero de 1896), libreto de L.Illica y G. Giacosa y música de G. Puccini sobre la obra de H. Murguer. Puesta en escena: Álex Ollé/Susana Gómez. Escenografía: Alfons Flores. Vestuario: Lluc Castells. Intérpretes: Anita Hartig/Maria Teresa Leva (Mimí), Atalla Ayan/Giorgio Berrugi (Rodolfo), Valentina Nafornita/Katerina Tretyakova (Musetta), Roberto De Candia/Damián del Castillo (Marcello), Goderdzi Janelidze(Colline), Toni Marsol/ Josep-Ramon Oliver (Schaunard), Roberto Accurso (Benoit/Alcindoro) y otros. Coro (preparado por Conxita García), Coro de niños (director: Xavier Puig) y Orquesta del Teatro. Dirección: Giampaolo Bisanti.
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El ‘otra vez’ tiene una explicación que ya he dado hace cinco años. Empiezo repitiéndome:

“Teatro lleno para la primera de la serie y muchos aplausos. En un teatro como éste con la tradición que tiene (incluso alguno de los repartos -el primero- de la pasada reposición) una versión de este tipo, discreta, correcta o bastante buena (siendo generosos, pero no más allá), carente de relieve, tendría que haber suscitado poco o ningún entusiasmo y sólo una discreta aceptación. Pero Puccini es el hombre de teatro que sabemos (aunque a veces nos propine golpes bajos) y el efecto sobre el público funciona siempre. Si después uno lee la evocación de los fastos pasados en el Liceu o echa un vistazo a las grabaciones que se recomiendan (se esté más o menos de acuerdo son todas importantes) el respeto por el autor luqués aumenta. Pero debo decir que en mi caso la seducción tarda cada vez más o tiene un efecto menor.
 Y es que si nada llegó a estar mal, tampoco estuvo muy bien. Quizás salvo la extraña falta de respeto por algunas frases clave del texto (en los actos primero y cuarto se cambian los destinatarios de réplicas y con ellos el sentido, y como a Mimí nada le sucede en su llegada al piso de los bohemios toda la escena carece de sentido), lo mejor fue la conocida producción de Miller (que salió a saludar al final visiblemente envejecido) porque, pese a lo señalado y a las incongruencias cronológicas (poco se puede hacer con ‘La Barrière d’Enfer’ si se trata de los años 30 del siglo pasado y no del XIX, y naturalmente la escena de las lecheras queda en el aire) en general funciona muy bien.”

Es extenso, pero ¿por qué decir lo mismo con otras palabras? Sólo que ahora, en este caso, está la ‘novedad’ (relativa) de la puesta en escena, y los nuevos intérpretes (vi el ensayo general con el segundo reparto. Habrá una tercera Mimí, pero por lo que sigue está claro que no voy a verla).

Empecemos, cómo no, por la nueva producción, que el primer día resultó sonoramente abucheada. Anunciada como ‘audaz y subversiva’ no tiene nada de eso. Es equivocada, más que la de Miller (parece que en época de pandemia está muy bien gastar dinero en una nueva producción de un título tan popular -estaba por escribir ‘trillado’ que es lo que ocurre cuando en un ‘Gran Teatre’ no se busca la ciertamente imposible excelencia en el aspecto musical). Estaría bien, o mejor, pongamos, para Rent. Pero supongo que todavía alguien recuerda que una ópera no es un musical (género respetabilísimo por cierto y que yo valoro mucho). 

Primer reparto de 'La Bohéme' de Puccini. Dirección musical, Giampaolo Bisanti. Puesta en escena: Álex Ollé/Susana Gómez. Barcelona, Teatro del Liceu, junio de 2021. © 2021 by D. Ruano / Teatro del Liceu.Primer reparto de 'La Bohéme' de Puccini. Dirección musical, Giampaolo Bisanti. Puesta en escena: Álex Ollé/Susana Gómez. Barcelona, Teatro del Liceu, junio de 2021. © 2021 by D. Ruano / Teatro del Liceu.

Ese inmenso decorado de un edificio más propio de Nueva York o de las periferias de algunas ciudades europeas (París incluido, ya que estamos) no sólo ‘aleja’ al espectador (no se me movió un pelo en toda la velada, y no creo que el ideal de Puccini y sus libretistas fuera un teatro épico tipo el de Brecht -que aún no había aparecido en esos años) sino que destruye el efecto de la entrada de algunos de los artistas. Pensemos qué ocurriría si viéramos a Musetta zascandilear por la escena antes de su entrada. Pues pasa lo mismo con Mimì y Benoît: la intriga o el misterio y el consiguiente efecto se pierden (menos ocurre con Colline y Schaunard porque aparecen pocos instantes antes de sus respectivas primeras frases). 

El tercer acto es el más reacio a ‘modernizarse’ porque hay que explicar qué hacen los aduaneros en el medio de una ciudad, y si aquí se resuelve bastante bien con los trabajadores de la limpieza urbana (adviértase cómo el uso del lenguaje de modo 'correcto' es más largo y menos eficaz que el supuestamente despectivo ‘basureros’), pero mucho peor con las vendedoras de productos lácteos que aparecen como señoras ebrias que salen de un bar (que viene a ser el hotel, y tan sospechoso como él). La presencia de prostitutas es una constante en las últimas ‘versiones’, pero aquí se exagera la nota (si no me equivoco la señorita alta aludía a la presencia también de travestis -cosa que en sí no tiene nada de ‘malo’, pero sí que sea malvad@ con Mimì cuando ella le pide que avise a Marcelo que se encuentra allí. Por suerte el pensamiento mágico funciona y el pintor aparece como por arte de magia). Dejo el famoso carruaje que Puccini ilustra con una frase musical clarísima que si está puesta porque sí es un dislate musical y dramático. Naturalmente los vendedores del segundo acto son manteros perseguidos por la policía (la música no parece sugerir nada, y menos el texto, de tal tipo), lo que favorece a Mimí que pese a la negativa explícita de Rodolfo a comprarle ‘quel pezzo di corallo’ se queda con él, involuntariamente, en la mano e intenta devolverlo a su no sé si legítimo poseedor. 

Por supuesto que si se quiere silbar se silba, pero yo pienso que esto sería mejor recibirlo como se recibió -durante la obra- la actuación: aplausos escasos y poco convencidos. Al final, como por arte de magia, estábamos en presencia de grandes artistas, salvo las pobres tres señoras que recibieron impertérritas las protestas. El responsable principal es artista en residencia del Liceu. Yo nunca (me) he preguntado cuáles son sus funciones y deberes, y al parecer ese día tenía la presentación de un evento importante. Sin embargo me da la impresión de que con una fecha fijada tanto tiempo antes debería haber hecho un esfuerzo por estar y salir él a recibir aplausos (que los hubo) y protestas. Por otra parte la ‘novedad’ era relativa ya que esta producción se había ya presentado en el teatro Regio de Turín (donde la ópera se estrenó en su origen). Tal vez haya habido algún cambio, y por supuesto no vamos a pedir a un director de escena que en poco tiempo cambie sus elucubraciones (si así fuera quizá los resultados fueran peores). 

Y basta, porque ya he caído en la trampa de presentar el espectáculo como lo realmente importante. Y no. Sin música de Puccini (no de Rent) no hay posibilidad siquiera de deformarla. Y aquí también hemos descendido de niveles anteriores nada conspicuos. Por empezar, la dirección de Bisanti me ha parecido la más desacertada de las que le he escuchado aquí. Un director debe tener en cuenta las voces del escenario. En algún momento empecé a temer que estuviera confundido yo de compositor y me encontrara en el mundo de Richard Strauss. La orquesta sonó bien y demasiado fuerte. 

No sé tampoco (seguro soy ingenuo) por qué se insiste en dos o tres directores italianos cuando no se ha vuelto a traer a Luisi o Mariotti y nunca hemos visto a otros ‘nuevos’ que dirigen, por ejemplo, en París, Pésaro, Venecia, Múnich y hasta los Estados Unidos, salvo a alguno(s) impuesto(s) por Netrebko y curiosamente no los mejores. El coro estuvo correcto, lo mismo que el Coro de niños del Palau de la Música preparado por Xavier Puig. 

Primer reparto de 'La Bohéme' de Puccini. Dirección musical, Giampaolo Bisanti. Puesta en escena: Álex Ollé/Susana Gómez. Barcelona, Teatro del Liceu, junio de 2021. © 2021 by D. Ruano / Teatro del Liceu.Primer reparto de 'La Bohéme' de Puccini. Dirección musical, Giampaolo Bisanti. Puesta en escena: Álex Ollé/Susana Gómez. Barcelona, Teatro del Liceu, junio de 2021. © 2021 by D. Ruano / Teatro del Liceu.

En el escenario, en el primer reparto dominaron Anita Hartig (en lo que también ha sido su actuación menos interesante hasta la fecha, pero con voz sana aunque escasa en medias voces) y Valentina Nafornita, una buena Musetta, pero no tan buena como su Norina hace algunos años: la voz es adecuada, pero parece más pequeña que entonces, y la artista es muy desenvuelta. 

Ayan había ganado un premio en el Viñas hace algunos años. Canta mucho Rodolfo y en teatros importantes y tiene una figura ideal. La voz también parecía reducida, pero sobre todo con poco esmalte y poco brillo. No logro entender qué ha pasado con el normalmente buen cantante y actor que es De Candia, cuyo Marcelo fue una desagradable sorpresa en los dos primeros actos (su última frase en el primero es la peor que me haya sido dado presenciar, pero no la única) y mejoró en los otros dos, pero fue una encarnación basta en lo vocal y escénico. Toni Marsol fue un correcto Schaunard, y Janelidze un buen Colline algo enfático (que se encontró con que el público ya no se da cuenta de que tras ‘Vecchia zimarra’ hay una pausa para el aplauso). Accurso es sin duda un excelente cantante-actor para las dos partes bufas, pero me pregunto si realmente no hay nadie en los países catalanes, en el reino de España e incluso en Portugal - que uno de estos días algún/a descerebrado/a va a empezar a reclamar - que pudiera haber tenido una oportunidad. Imagino que todo es cuestión de agencias. 

En el segundo elenco Berrugi tiene una voz de auténtico lírico italiano aunque el agudo no esté libre de tensiones (en particular cuando intenta, loablemente, filar el sonido) y el timbre pierda calidad. No tiene una figura ideal, pero se mueve correctamente. Leva había debutado aquí en un papel terrible -Butterfly- y en circunstancias nada ideales gracias a irresponsabilidades ajenas. Mimì le cae mejor y sus medias voces fueron excelentes, pero el resto de su canto fue opaco. Tretyakova fue una buena Musetta también, convenientemente alocada, y si su voz parece haber ganado algo de peso el agudo me pareció más metálico y fijo. Damián del Castillo resultó sumergido por la orquesta cada vez que le tocaba dar un agudo, que no he podido oír, y por lo demás fue un Marcello estimable. Gratísima (‘una tantum’) sorpresa el Schaunard de Oliver, tal vez algo claro para la parte, pero muy bien cantado e interpretado en una demostración de un camino ascendente.  

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