España - Galicia

El sonido del pasado

Cristina Iglesias

viernes, 12 de julio de 2002
Santiago de Compostela, martes, 9 de julio de 2002. Iglesia de San Martín Pinario. La Capella Reial de Catalunya. Hesperion XX. Jordi Savall, director. Alfonso X El Sabio, compilador, 'Caantigas de Santa María': 'Santa María, strela do día' (CSM 100), 'Pero cantigas de loor'(CSM 400), 'Instrumentación' (CSM 123), 'Muito faz grand'erro' (CSM 209), 'Por nos de dulta livrar' (CSM 18), 'Instrumentación' (CSM 142), 'Pode por Santa María' (CSM 163), 'Miragres flemosos faz por nós' (CSM 37), 'Instrumentación' (CSM 77-119), 'De toda chaga ben pode guarir (CSM 126)', 'Pero que seja a gente (CSM 181)'. IV Festival Internacional de Galicia. Asistencia: 80%
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En el incomparable marco de la iglesia de San Martín Pinario, tuvimos el gusto de asistir al concierto que ofreció Jordi Savall junto a la Capella Reial de Catalunya y Hespèrion XX. A las 21h dio comienzo un recital sin pausa, de una hora y media de duración aproximadamente, en el cual se pudo apreciar a la perfección como la formación es un 'ser vivo' cambiante y modificable por doquier. Desde la última vez que tuve ocasión de verles actuar en Santiago han variado los componentes del grupo y realmente no sabría con cuales quedarme, porque todos ellos son realmente músicos de excelente calidad. Entre lo integrantes del coro en el programa figuraba la hija del maestro, Arianna Savall, que por indisposiciones a última hora tuvo que ser sustituida por Mercedes Hernández (mujer del tiorba Fernando Reyes). A la que eché en falta fue a la mujer de Savall, la soprano Montserrat Figueras que normalmente le acompaña en este tipo de giras. Siempre es agradable el comprobar la permanente presencia de Pedro Estevan a la percusión, porque es un espectáculo verle ejecutar los acompañamientos rítmicos de las obras.La acústica que posee San Martín Pinario para este tipo de actos musicales merece ser comentada. De todos es sabido que los auditorios están hechos para albergar este tipo de espectáculos pero quizá haya sido de gran acierto el haber ubicado este concierto en la iglesia de San Martín Pinario por su buena acústica cuando el sonido emana desde el crucero de la misma. De este modo tanto instrumentistas como coro vieron que sus voces se volvían eco al expandirse por aquella bóveda y duraban más de lo normal, consiguiendo de este modo un efecto mucho más arcaico y apropiado para la interpretación de música antigua.Jordi Savall se mostró en toda su plenitud, y a pesar de los años (que no pasan en balde para nadie) se ofreció como un torrente de vitalidad y precisión tal que sorprendió a los que nunca le habían visto antes y reafirmó la idea de calidad de los que ya le conocemos desde hace tiempo. Fue curioso el modo de iniciar cada una de las Cantigas de Santa María que se interpretaron en el concierto, ya que cada pieza tuvo una introducción instrumental o vocal solista diferente que permitió el recreo y lucimiento de cada músico del grupo. Algunas cantigas comenzaron con el sonido de la chirimía y las muzzettes, otras con el sonido del rebab, otras con el laúd, la flauta de madera, las campanillas…etc.Todas las piezas, tras el carácter y ambiente íntimo creado por el instrumento/voz solista introductor de la misma se convirtieron en verdaderas explosiones de música y calidad vocal que produjeron en los espectadores el gusto por un tipo de música que nunca pasa de moda, es como si nos encontrásemos ante una canción perpetua que nunca deja de tener importancia y nunca nos cansamos de escuchar. Las voces en canon resultaron tan perfectas que ayudaron a resaltar la belleza de este tipo de piezas. En cuanto a los instrumentistas destacar el papel del arpista que verdaderamente ejecutó su parte con una calidad extrema, aunque el resto de sus compañeros no se quedaran atrás.Un concierto muy buscado por la gente, deseado a juzgar por el hecho de que no quedaban entradas a la venta, y completamente agradable y reparador. El modo de unir con intermedios musicales los tiempos muertos entre una cantiga y otra hicieron que el público estuviera atento en todo momento y no se produjeran los incordiosos aplausos en el medio de cada pieza. De este modo el ambiente medieval se fue conformando gracias al sonido del pasado proveniente de aquellos instrumentos artesanales surgidos de la invención y las miniaturas de los códices.

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